Alexander Solzhenitsyn


                              Un hombre frente a Stalin

    Recuerdo perfectamente su aparición en un programa de Televisión Española de la década de 1970. El presentador era José María Iñigo. En un momento de la entrevista, el presentador le preguntó  que cómo era la vida en una dictadura, a lo que Solszhenitsyn respondió: «De eso saben Vds, es lo mismo que con Franco». Recientemente en el programa de RNE en el que interviene José Mª Iñigo, reconoció que se quedó blanco con esa respuesta. No supo qué hacer, ni que decir. Recuerdo también, que el  primer libro de Solzhenitsin, entró en mi casa en un tambor de detergente Dixan, que regalaba su novela: » Un día en la vida de Iván Denisovich». Todavía la tengo. Todo el mundo tiene claro que Stalin era un tirano, a nadie se le ocurre ya defenderlo, salvo en Corea del Norte. Sin embargo, la mitad de este País duda que Franco lo fuera, un tirano, e incluso se le defiende y se consienten sus estatuas en la vía pública. Esa paradoja sigue causándome una gran perplejidad.

            La izquierda comunista siempre trató mal a Solzhenitsyn, y le clasificó como a un agente del capitalismo. Conforme ha pasado el tiempo y Rusia ha ido ajustando sus cuentas con el pasado stalinista, la figura de Alexander Solzhenitsyn se ha ido agigantando. Hace unos años compré una vieja edición de su genial novela: «El primer círculo», en la que habla de las relaciones de poder en el círculo del tirano, en el sometimiento de las gentes que rodeaban al círculo íntimo de Stalin, o de cualquier otro ejemplo de tiranía. El culto a la personalidad, la idiolatría que se ejerce en torno al jerarca.

                 Vladimir Putin calificó a Solzhenitsyn como «la conciencia moral de Rusia». Su hierática figura me recordó siempre a la figura del «starets», un  personaje que en la vieja Rusia podría ser el equivalente a un asceta, un santón. El que mejor refleja la figura del starets, es Dostoyevski en Los Hermanos Karamazov. Ludwig Wittgenstein quedó impresionado por la figura del starest y siempre quiso asemejarse al personaje de la inmortal obra de Dostoyevski, el starest Zosimo.

                 Reconozco que tenía una vieja cuenta pendiente con Solzhenitsyn. He ido leyendo cada uno de sus libros y me siguen produciendo asombro.  No solo por la precisión con la que reflejaba cada rasgo de la tiranía de Stalin y de la dictadura soviética, sino también por el modo en que fue recopilando y guardando esos datos. Estuvo doce años preso en un campo de trabajo del Archipiélago Gulag, en los que fue escribiendo y ocultando de manera milagrosa lo escrito. Una vez liberado, enterró sus escritos en el jardín de su casa, hasta que pudo publicarlo todo, una vez derrumbada la Unión Soviética. Nadie se ha enfrentado nunca a un tirano semejente, pero demostró la necesidad moral de hacer frente a la dictadura.

          En el capítulo XXI de: El primer círculo, describe así a Stalin, al que llamaba «el inmortal»: «Por su parte, el inmortal, excitado por grandes pensamientos, caminaba a largas zancadas por el despacho. ¿Descontentos?, quizá hubiera descontentos. Siempre los había habido y siempre los habría. Pero a través de sus conocimientos de historia universal, Stalin sabía que con el tiempo los hombres perdonan e incluso olvidan todo mal, y hasta llegan a recordarlo como un bién… Está bién. Construirse monumentos; todavía más altos, todavía más grandes. Lo que se llama propaganda monumental».

 

      

La ciudad del comercio cautivo


              Melilla, año 2012, sigue sin una gran superficie comercial. La llegada de los productos de consumo, de cualquier producto de consumo, está sometida en Melilla a la ley del embudo. Todo entra por un estrecho pasillo en el que dos o tres firmas comerciales se hacen cargo del transporte de la península a Melilla. Una vez dentro de la ciudad, se ponen en marcha las empresas de distribuciones comerciales. Se compre el producto en donde se compre, el beneficio recae siempre sobre las mismas personas, que son las que dirigen todo el volumen del comercio en Melilla. Las pequeñas tiendas son solo eso, autoempleos de subsistencia familiar. Tenemos uno de los comercios más anticuados de toda España. Toda la ciudad está dominada por monopolios, que sumados, totalizan casi  toda la actividad comercial de la ciudad. Cualquiera que viaje fuera de Melilla sabe de lo que hablo.

               En nuestra ciudad no se puede comprar cualquier cosa. Hay productos que nunca llegan. Se acaparan bajos comerciales en el centro de la ciudad, para impedir el acceso de la competencia en un determinado sector. Si no fuese por la instalación de las franquicias, el centro de Melilla estaría muerto. Subsisten un tipo de comercio, que hace años que ya no se ve en ninguna ciudad de España. Los melillenses no podemos escoger que comprar. Hay que atenerse a lo que hay en la ciudad, en sectores reservados, en donde es casi imposible la competencia, pese a que hay una Ley para la defensa de la competencia. ¿ A quién no le ha sucedido que hasta que no se acaba un determinado producto en los supermercados, no se reponen los nuevos?: ¿ Por qué hay muchas cosas que nadie trae a Melilla?. ¿ Por qué está todo tan controlado que hasta cuando se instala una determinada marca comercial, hay que hacer un sin numero extraño de recalificaciones y permisos?. ¿ Por qué si el IPSI  es menor que el IVA y el transporte está subvencionado una botella de agua mineral es más barata en la península que en Melilla?. ¿ Por qué ya nada es más barato en nuestra ciudad ?.

             No les gusta que lo recordemos, pero el punto 7 de la moción de censura que acabó con Ignacio Velázquez, estaba motivado en haber «intentado una Gran Superficie Comercial en Melilla». Los que están hoy en el gobierno dirigieron esa moción de censura, entre otros por ese motivo,  apadrinados por los Empresarios de Melilla y por la Asociación de Comerciantes. En 1997 declararon el boicot comercial a la Feria de Melilla y declararon un anticonstitucional cierre patronal. Defenderse con «artificios legales» de esa moción de censura, es la causa de la inhabilitación política de Ignacio Velázquez.

                      La situación comercial de la ciudad ya es irreversible. La economía española está basada en el consumo. Lo que nos han negado siempre a los melillenses. O vivir escenas propias de la España de Franco para comprar en un vulgar Lidl. Esa es nuestra modernidad. Con la crisis encima del país ya poco hay que hacer. La oportunidad se perdió hace 15 años

        

La cuestión de las imágenes


              Todos los años, cuando llega la Semana Santa y veo una imagen detrás de otra, ricamente adornadas, a veces excesivamente, surge en mí la misma reflexión. ¿A quíen se le tiene la devoción, a Dios y a la Virgen o a sus representaciónes?. Que nadie piense que la respuesta es fácil, pues esta cuestión llevó a una guerra abierta entre la Iglesia de Roma y la de Bizancio, que supuso a la larga, la ruptura absoluta entre las dos ramas principales de la Iglesia cristiana. Existe otra iglesia , muy santa también, defensora de la misma Fe en Jesucristo y que suele ser conocida como iglesia ortodoxa.

              Aunque no muchos lo conozcan, existe un patriarca, tan antiguo como el Papa de Roma y con la misma categoría ecuménica, que es el Patriarca de Constantinopla, con el título de «primero entre iguales». La prevalencia del Papa de romano, su doctrina de la infalibilidad pontificia, son en realidad,  casi una herejía doctrinal, inaceptable para el resto de las iglesias cristianas, a saber:   El Patriarca de Antioquía,  el Patriarca de Jerusalén,  el Patriarca de Moscú y de todas las Rusias, el Patriarca católico de Georgia,  el Patriarca de Serbia, el de Rumania, el de Bulgaria, el arzobispo de Chipre, de Atenas y de toda Grecia; el metropolitano de Polonia, el metropolitano de Praga y de toda Bohemia, y el arzobispo de Nueva York y de Norteamérica. 

       En toda la iglesia cristiana ortodoxa de Oriente no existe una sola imagen en volumen de Jusucristo, de la Virgen o de ninguno de sus santos. La Virgen no ostenta título alguno, salvo el de María Teótokos (madre de Dios). Es más, el 90 % del santoral romano no es ni siquiera aceptado por ninguna de las iglesias de Oriente. Desde que viajé a Grecia en 1998 y ví las iglesias ortodoxas, llenas de iconos y de velas, tuve la sensación íntima de que si alguien está más cerca de la herejía y casi de la idolatría, es la iglesia de Roma. La lucha entre iconódulos (partidarios de las imágenes) y los iconoclastas (defensensores de su eliminación), tuvo su abanderado más célebre en el emperador Bizantino León III el isaurio, en el siglo VIII. Dicen también que Constantinopla cayó abatida por sus inmumerables pecados, que siempre pesan más que las virtudes, que también fueron muchas.

         El mandato del Padre fue claro: «No haréis imagen alguna ni la adoraréis». Y Jesucristo dijo: «No he venido a abolir la Ley del Padre, si no a hacerla cumplir». La cuestión no es fácil y sigue abierta.  Aparte de la cuestión de las imágenes, existen otras diferencias doctrinales importantes. En las iglesias de Oriente no se acepta el dogma de la Inmaculada Concepción, ni la Asunción de la Virgen. Solo conmemoran «la dormición» de La Virgen. Muchas de las basílicas de Oriente llevan ese título, el de «la dormición». Si alguien me preguntase de qué posición me siento más próximo, diría sin dudar  que del de la cristiandad ortodoxa, más allá de la falta y debilidad  de mi Fe, en el sentido tradicional y romano del término.

             También reconozco la belleza de las imágenes y de la hermosa estética de muchas procesiones, e indudablemente, existe una manifestación de Fe real en ellas. Solo quiero decir que nunca hay una única visión,  y que Roma no es toda la cristiandad, ni su visión es única y excluyente.

              Nota: Web del Patriarcado de Constantinopla. http://www.patriarchate.org/index

Tras el manto de la Virgen de los Dolores


El manto que llegó de Melilla a La Virgen de los Dolores de San Pedro

        Dos años siguiendo el rastro de un manto del que solo tenía la referencia testimonial, proporcionada por Pepe Vacca en 2006. Me decía que era un manto hermoso, espléndido, que procedía a su vez de la Virgen de la Paloma de Málaga. Debió llegar a Melilla en la década de 1940, cuando se reflotó y puso en marcha la Semana Santa melillense. El manto lo lució siempre la Virgen de Los Dolores del barrio del Real, hasta que en 1980, la renaciente Semana Santa de Almería, viajó a nuestra ciudad en busca de tronos, enseres, ornamentos e incluso las propias tallas. Encontraron muchas cosas en Melilla, y la verdad es que le dieron a todo un uso santo. Con el paso del tiempo desaparecieron algunas cosas, se reformaron tronos, ornamentos, pero algo permaneció de modo espléndido, inigualable, porque la hermosura del manto impresiona.

           A pesar de sus 100 años de antigüedad, se ven como nuevas las espléndidas palomas bordadas que hablan del origen del manto, la Virgen de la Paloma de Málaga. Tiene un impresionante escudo de Alfonso XIII bordado en la espalda, que indica la secuencia temporal de su creación. El manto es largo y de una densa tela.  Su textura me recuerda a los tapices del Palacio Real de  San Ildefonso, en Segovia. Desprende el mismo aroma. Se nota el tiempo y las historias que acumula entre sus tramas.

             Me contaba Pepe Vacca que el manto había sido rebordado y restaurado por las Adoratrices de Melilla. Murió sin poder llegar a ver ninguna de las cosas de las que me había hablado y de las que yo desconocía todo. En 30 años nadie fue capaz de encontrar a la antigua virgen de Los Dolores del Real o al Nazareno de Vélez de La Gomera, hasta queen  unas navidades, las del 2008, encontré ambas tallas en la iglesia de La Concepción en Barlerma, localidad de la costa del poniente de Almería.

              El último de esos trabajos de localización era el de este singular, irrepetible y compartido manto (Málaga, Melilla y Almería).  En las navidades pasadas fue iglesia por iglesia de Almería en busca de las vírgenes dolorosas, hasta que en la parroquia de Santiago me informaron de que la virgen y el manto que buscaba, se encontraban en la iglesia de San Pedro. Curiosamente San Pedro tenía las llaves de mi última búsqueda, la que hoy ofrezco y comparto con Melilla. El manto de la Virgen de los Dolores de San Pedro solo lo usa en Semana Santa, en la procesión del Viernes Santo, a la que pienso asistir y buscar.

              Desde el Lunes hasta el Jueves Santo,  la Virgen de los Dolores se encuentra expuesta, con su trono y manto procesional, en la nave lateral de la iglesia, fuera de la capilla en donde pasa el resto del año. Había quedado en Navidad con los encargados de la parroquia de San Pedro, para fotografiar a placer, en Semana Santa,  a la Virgen y a su manto, encontrándome y cerrando con este encuentro, una busqueda que había prometido culminar hace ya más de cinco años.

Carta al director


 

                  Carta abierta a un Presidente ceñudo    

                                          Ignacio Velázquez Rivera  

     Podría haber calificado al Presidente Imbroda  con cualquiera de los miles de adjetivos que, por su manera de hacer política, adornan su personalidad, pero he preferido utilizar este pseudónimo de amenazador para que no dé la sensación de que me siento amedrentado ante  esa deposición que efectuó el otro día, por la que, simplemente, me desterraba de la Ciudad. La  frase que utilizó era de tinte apocalíptico, o sea, revelador: “éste no tiene cabida en Melilla”, refiriéndose a mi persona. Y digo revelador, porque nos enseña el obsesivo deseo de un presidente devorado por el miedo y el despotismo. Miedo a mi presencia y, por ende, hacedor de frases típicas de déspotas medievales: me expulsa, me arroja, me lanza, me despide, me destierra, me excluye, me echa, me prescribe una proscripción, un extrañamiento, tal como los señores feudales solían finiquitar sus cuitas con aquéllos que les quitaban, una veces la razón, otras veces a la dama y, siempre, el sueño.

Todo ello viene a cuento de la tergiversación de mis palabras, cuando dije que Melilla no se merecía un presidente que “le gusta” que un diputado y viceconsejero suyo llame “hijos de puta” a unos periodistas y “maricones y cornudas a sus compinches”, por otras que yo nunca dije: que Melilla no se merecía un presidente como Imbroda.

Pero a la vista de lo visto y oído, voy a tener que darle la razón, no para que no me aplique el extrañamiento, sino porque, efectivamente, Melilla no merece un presidente de tal jaez. Porque Imbroda tiene la mala costumbre o el mal quehacer de no saber separar el ámbito político de las demás esferas del hombre; el discernimiento no es una de sus mejores virtudes y, así, su vituperio lo extiende como una mancha que todo lo inunda en contra de los que no coinciden con su pensamiento, que es único y verdadero, con el intento de anular cualquier voz discrepante.

Yo quiero recordarle al Presidente Imbroda que he vivido 26 años en Melilla, que he sido Jefe del Servicio de Anestesia del Hospital Militar, Adjunto y Jefe de Sección del Hospital Comarcal, Responsable de la Unidad del Dolor, Tesorero del Colegio de Médicos, fundador de la Revista Ánfora Médica, jugador, entrenador, médico y presidente de un equipo de Baloncesto, Presidente de la ciudad durante siete años, ciudadano y promotor del pabellón deportivo que, actualmente, lleva el nombre de su hermano por decisión suya y que, para desmontar al GIL, partido que consideré nefasto para la Ciudad,  lo voté a él en dos ocasiones como Presidente de la Ciudad Autónoma, sin haberme arrepentido de ello. Fundé una familia, estando alguno de mis hijos aún trabajando en la ciudad, aunque otro de ellos tenga que emigrar a Alemania para trabajar, pues ya ha sufrido su política de persecución, de extrañamiento, al no renovarle el contrato que tenía desde hacía más de dos años.

Finalmente, quiero terminar diciéndole que mi decisión de trabajar como anestesiólogo en Melilla es personal y profesional, no política. Melilla necesita más especialistas en anestesiología, Sr. Imbroda. Actualmente, se están incumpliendo las mínimas normas de seguridad para atender las urgencias, pues se precisa un anestesiólogo de presencia física por cada 1.500 partos y no sé si sabe que en Melilla el pasado año hubo 2.600. Son normas de la SEDAR y la SEGO. En Antequera, por ejemplo, hay 9 anestesiólogos; en Motril, 9; en Ceuta, (sé que le irrita) 9; en Guadix, 6; y en Melilla, 5. Todas esas ciudades tienen un menor número de partos y una menor presión asistencial.

El acoso que está ejerciendo para desterrarme sólo contribuirá a que en Melilla disminuya, como ya sucede, la calidad asistencial. Su sectaria, cobarde y miserable venganza política sólo conseguirá que Melilla sea cada vez más pequeña a costa del agrandamiento de su soberbia y de su orgullo, Presidente ceñudo.

PD:  Por cierto, en mi rueda de prensa denuncié las subvenciones dadas a dedo a asociaciones afines y de los insultos vertidos contra periodistas y miembros de la oposición. Su respuesta: la descalificación y el mencionado  extrañamiento. Se califica por sí mismo.

 Nota de El Alminar de Melilla:  El que fuera primer Presidente de la Ciudad de Melilla, Ignacio Velázquez Rivera, nos ha remitido una carta que ya no le publican en ningún medio de comunicación escrito de Melilla. Las cosas han llegado en Melilla a este incalificable  extremo. En las normas del periodismo más elemental, se dice que para que algo sea publicable debe tener uno de estos dos requisitos: «calidad de la noticia o calidad de la persona». Un ex presidente de Melilla, debería tener derecho a que se publique una carta suya. En El Alminar hemos dicho que le daremos voz a los que no la tienen, o se la quitan, como es el caso. Por este motivo incluimos la carta de Ignacio Velázquez.

Pasando por el Arco Iris


                   

       Siempre hay solicitudes para  pasar por debajo de algún arco, o por un aro. Muchas instituciones, la sociedad, otras personas; nos han  solicitado que pasemos  por algún aro, o por debajo de algún arco de triunfo?. Ya lo decía el poema:  » A la gente no gusta que uno tenga su propia fe». Son muchos lo que no se arriesgan a caminar solos, sin la protección que otorga el rebaño, la creencia ciega y aciaga. Caminar contra corriente no suele ser prudente y más si se escribe de modo público, ante el mundo entero, delante de todo aquel que quiera leernos. Mirar en donde otros han mirado y ver lo que otros no han visto, o no han querido ver.  

                      Yo escogí este camino siempre, hace muchos años ( no siempre con el mismo tino y acierto),  allá por 1990, cuando empecé a escribir  en los periódicos de Melilla.  Inmediatamente quedé fuera de cualquier nomenclatura, y en aquella época uno se enfrentaba al «rodillo socialista», que no era ninguna tontería. Hoy estamos frente a «la marea azul».  A lo largo de los años uno va encontrando su lugar, su estilo. Se van corrigiendo errores, puliendo defectos y sobre todo, se va tallando el estilo, la forma de escribir, que es con la que expresamos lo que queremos decir y mostrando aquello que no decimos, pero que también se manifiesta.

                    Parte de mi producción está perdida en el mundo opaco anterior a internet, porque eso también existió, aunque hoy no resulte  difícil imaginar un mundo sin la comunicación total e inmediata que supone internet. 

                    Nunca había visto un Arco Iris en el mar. Fue un regalo visual, una de esas imágenes que a veces nos concede la naturaleza. En el mar no existen los obstaculos que interrumpan la visualización de un fenómeno así. Todo es diáfano  en la circunferencia que nos rodea. Es el máximo campo de visión posible.  La curvatura terrestre (esa que descubrieron los griegos y que el occidente civilizado  y la santa Iglesia tardaron 15 siglos en admitir), concede en el mar la visión  de la mayor  superficie terrestre posible, aunque parezca una antinomia decir que se ve superficie terrrestre en el mar .  Ocurre que en el mar, no hay nada que ver salvo agua. Aunque en este caso no.  Apareció un inmenso e intenso Arco Iris. Luminoso, pleno, gratificante. Y tal y como lo vi, lo comparto en el blog, que eso es también El Alminar.   Por debajo de algunos arcos no importa pasar.

La desaparición del Hospital Militar


           El viejo y clásico perfil del Hospital Militar de Melilla está a punto de desaparecer,  aunque como hospital  dejara de funcionar hace ya unos años. Su entrada era un vinculo a la vieja Melilla que desaparece día a día. En poco menos de dos años, un hospital moderno cubrirá las necesidades de los melillenses para todo el siglo XXI. Sin embargo, con la eliminación de esta entrada desaparecerá también una parte de nuestros recuerdos. El Hospital Militar Fidel Pagés fue fundado durante la campaña bélica del año 1909, utilizándose un modelo de pabellones conocidos como Docker y Hospitalier. Por este motivo, muchos melillenses lo seguían llamando Hospital del Docker.

   Generaciones de melillenses y soldados de todas las provincias españolas han pasado por sus dependencias a lo largo de sus cien años de historia. Una historia que está a punto de concluir fisicamente. En estos días, los ingenieros topógrafos estan procediendo a las mediciones necesarias, para proceder a su derribo y explanación. Una entrada completamente distinta, un helipuerto y otras dependencias, sustituirán a esta emblemática entrada, presidida por la Cruz de Malta, en su versión blanca sobre fondo negro, divisa que corresponde a los Hospitalarios.

       Su actual nombre, que esperemos que no desaparezca completamente, corresponde al médico militar Fidel Pagés, muerto en accidente de tráfico en 1923, que ejerciera aquí parte de su carrera y profesión. En cierta época, se le consideró como uno de los precursores de la anestesia epidural, y era una figura muy venerada por el también médico y militar, Ignacio Velázquez Rivera, ex presidente autonómico de Melilla, que también desempeñó parte de su profesión en este hospital.

         Mucha historia de Melilla, mucha vida, mucho dolor, mucha alegría y también mucha pena, quedará en la bruma de la historia y de los recuerdos, cuando esta legendaria puerta desaparezca de la faz de Melilla.