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Camino de la nada


 

            Desde el punto de vista arquitectónico, lo que se vaya a construir aquí tiene tanto valor como lo que se derriba. Sin embargo, se echa abajo una planta para construir tres más y los bajos comerciales. Lo que importa es el suelo, ese es el gran tesoro de Melilla, el gran mercado con valor al alza porque cada ves queda menos, aunque eso sí, hay al menos dos centenas de casas por derribar.

           Se dijo en su momento, que se mantendría la tipología de los edificios, la esencia bajo la que se construyeron estos barrios. Nada de eso se está cumpliendo. La piqueta, la pala excavadora, o el derribo por desmoronamiento no entienden de sutilizas, esencias o leyendas. No hay dos edificios iguales en los barrios del Tesorillo, Real, o en cualquier otro en que se esté derribando y construyendo. No existe patrón ni uniformidad de ningún tipo.

           No siempre da tiempo a adelantarse a lo que se va a derribar, para fijar por lo menos una imagen. En este caso se vieron las intenciones y se puede seguir el proceso de desaparición. Es muchísimo lo que ha sido demolido en estos 7 años, incluidos edificios firmados por Enrique Nieto, o de otros no menos afamados arquitectos. Un proyecto arquitectónico, una idea de ciudad se está disolviendo en la nada, sin que sea relevada por otra. No es la sustitución de un modernismo por otras obras de valor y categoría arquitectónica superior. Es pura y simple especulación urbanística, con la rentabilidad como único horizonte.

             Este nuevo presente no dejará ninguna obra emblemática, ningún edificio para la posteridad, ninguna obra nueva, ningún recuerdo arquitectónico que merezca ser destacado. Cualquier cosa que merece la pena en Melilla tiene ya 100 años. No sucederá lo mismo dentro de un siglo. Hemos escogido este edificio solo como símbolo.   Este presente dejará tras de sí el vacío. Será olvidado al día siguiente de pasar.     

           Nota:https://elalminardemelilla.com/2018/03/13/edificios-historicos-de-melilla/

 

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Edificios históricos de Melilla


                             La ciudad de Melilla y sus destructores

        “Uno de los principales valores de Melilla, y desde luego, el que le da mayor carácter de universalidad, es la belleza de su trazado urbano y la monumentalidad de su arquitectura. Cualquier paseo por alguna de sus calles, nos pone inmediatamente en contacto con una ciudad que fue construida a lo largo del siglo XX con un evidente sentido de la estética y de la armonía”. Esto escribía Antonio Bravo Nieto en un libro fundamental para entender y conocer la arquitectura urbana de Melilla; La ciudad de Melilla y sus autores. El libro solo adolece de una mayor abundancia de una mayor profusión de fotografías, y de una mejor sistema para identificar los edificios y sus autores.

       En días pasado, un comentario de Uno de Melilla rescataba una antigua lista* de 6 edificios de los cuales solo queda ya dos, y uno por poco tiempo, éste de la calle Aizpuru que ya ha sido vaciado, tapiado y señalado para un derribo próximo. Se trata de un bonito edificio que no ha tenido ningún mantenimiento desde su construcción, y que se ha deteriorado de modo irreversible en las últimas décadas. La superficie sobre la que se asienta es grande, y situado en la calle del general Aizpuru, multiplicará por 10 su valor en cuanto las palas excavadoras lo conviertan en un solar.

      La ciudad de Melilla no solo está perdiendo la armonía y estética de la que hablaba Antonio Bravo, sino que también está viendo alterado su trazado urbano con reformas desfiguradoras como la del barrio del Real. Solo en la zona centro hay casi un centenar de edificios que serán demolidos antes de que acabe la presente década. El negocio de esta ciudad, su mina de oro, es el suelo. Lo peor, porque siempre hay algo peor, es que los edificios que sustituyen a los derruidos no tiene estética ni carácter alguno.

       Muchos de esos edificios son solo cajas de zapatos, cuyo aspecto actual es peor que aquellos que fueron derribados, con escaleras inverosímiles, incluso sin ascensor y con un aprovechamiento del espacio que hace difícil entender cómo se les concedió cédula de habitabilidad. El ascensor se hurta con el truco de la entreplanta, a la que se denomina como tal, o con la palabra bajo, para enmascarar la 3ª planta, que sí convertiría en obligatoria su presencia. En Melilla suceden más cosas de las que pueden ser escritas. La desidia y la acedia se ha apoderado de ella.

         La cuenta atrás ha comenzado. En Melilla poner algo en el catálogo, antes que salvarlo, sirve más para que se acelere su demolición.

       Nota:*https://elalminardemelilla.com/2012/10/12/modernismo-en-ruina-tecnica/