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Colapso en las fronteras de Melilla


         Las fronteras de Melilla son vitales para el futuro de la ciudad de Melilla. No se ha hecho casi nada en ellas durante los últimos 20 años. Los pasos fornterizos de Farhana, Mari- Guari, Hardú (Barrio Chino), están como a principios del siglo pasado. La renovación del paso fornterizo de Beni-Enzar solo fue estético. Las interminables colas colapsan el tránsito comercial y el intercambio de ciudadanos entre España y Marruecos. Los funcionarios de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado trabajan en condiciones no acordes con el siglo en que supuestamente vivimos.

            La situación es tal, que desborda incluso la carretera de circunvalación, que a veces es necesario usar para trasladarse de un lado a otro de la ciduad, sin vivir o disfrutar los interminables atascos provocados pro las rotondas, o por el estado de obras en cadena.

           Sin embargo, hay días en que el acceso a la carretera de circunvalación está cortado en la zona colindante con Puente Magno (arroyo Mezquita), por lo que no se puede acceder hasta el tramo entre el polígono industrial y el puesto fornterizo del Barrio Chino.

            En el medio día de hoy, el colapso en la frotnera de Farhana era total, con una cola que se prolongaba a lo largo de un kilómetro, hasta el puesto fornteriozo de Mari- Guari. La circulación era peligrosa, porque muchos vehículos invadían el carril contrario de circulación, solo para poder acceder hasta la carretera de Farhana en dirección centro.

             Esto sucede casi todos los días de la semana, repartidos entre los tres puestos fronterizos existentes entre España y Marruecos. La vialbilidad económica de Melilla y de su entorno depende de una aglidad en las fronteras, que no existe. Solo hay colapso y encierro. Son cada vez menos los melillenses que salen o pueden salir hacia Marruecos, y cada vez menos los marroquíes que entran o pueden entrar en Melilla, para poder acceder a sus comercios, o a las posibilidades de ocio que ofrece la ciduad.

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El Alminar de Sidi Ouariach


Es uno de los lugares más históricos y conocidos de Melilla, escenario de la guerra mundial del General Margallo, nombre que por sí solo, ha pasado a la historia como La Guerra de Margallo. Es lo máximo a lo que puede aspirar cualquier ser humano, o sea, a que su nombre no sea olvidado. Sin embargo, antes que Margallo, estaba Sidi Ouariach (el pelo sucio), el santón musulmán llegado de Al Andalus, y que profetizó la caída del mundo musulmán español y que dicen, pero eso solo es leyenda, que habitó en alguna de las cuevas de Melilla La Vieja, en donde advirtió a la población rifeña, de la inminente llegada de los castellanos. Otras fuentes orales hablan de que Sidi Ouariach perdió la vida frente a las huestes de Estopiñán.

En 1893 se provocó la “guerra de Margallo” para evitar que el cementerio, morabito y mezquita quedaran dentro del lado español, y justo 100 años después, se inauguró el primer cementerio musulmán de Melilla, desde la conquista española de 1497. La historia muestra su rueda puede retrasarse, pero nunca detenerse.

En el interior del Alminar de Sidi Ouariach

Melilla es una ciudad de mezquita e iglesias, pero con menor número de campanarios y alminares. ¿Qué se ve desde un alminar?; nada, todo. Lo más importante es que uno solo ve aquello que quiere ver, y que lo que está a la vista no es siempre ni la realidad, ni la totalidad de los hechos. Hay que querer ver la cosas, y querer mostrarlas. Lo primero que llama la atención de este alminar redondo, el único de Melilla, y con clara influencia oriental, es su deplorable estado de conservación y acabado. Las ventanas del mirador no se abren, salvo dos, porque el cemento se ha expandido y las ha bloqueado. Hay partes resquebrajadas y la claraboya del techo ha perdido parte de su acristalamiento y está a cielo abierto, lo que inunda el alminar en las épocas de lluvia.

La escalera interior, de caracol, no tiene los peldaños acabados. Son solo de cemento, sin enlosado de ningún tipo. Carece de barandillas y la subida es algo peligrosa. Las paredes interiores no están enfoscadas ni siquiera pintadas. No habíamos estado nunca en el interior de un alminar y la experiencia ha sido gratificante, pese a que la visibilidad no era excesivamente buena. Es un lugar muy interesante, que podía serlo más si estuviese en un adecuado estado de mantenimiento. No hay luz eléctrica en las escaleras medievales y el pararrayos está a punto del desplome. La diferencia de trato con respecto a los edificios y templos de la iglesia católica es evidente, y eso que este lugar es de titularidad municipal.

Hemos subido hasta la parte más alta, gracias a la amabilidad y beneplácito del almuhédano (clérigo musulmán), que es quien decide si autoriza o no las visitas a los lugares bajo su jurisdicción religiosa.

La Loma del Viento


         La Loma del Viento es el lugar conocido como cerro de la Palma Santa. La primera vez que leí ese denominación fue en el libro “La flora silvestre de Melilla” de los autores José Manuel Cabo, Juan Antonio González y Huberto García. Es un lugar que me gusta, pues conserva todavía una parte de su terreno sin alterar. El barrrio de la Zaouia está a escasos metros, pero todavía el urbanismo no ha hecho presencia en la zona, aunque se aprecian desmontes para  extraer arena y piedra para la construcción.

         Está dentro del territorio melillense surgido tras los acuerdos de 1860, pero físicamente no está dentro del casco urbano melillense. Es una sensación subjetiva, pero Melilla, la ciudad, está al fondo. La continuidad del casco urbano se rompe irremisiblemente al final de los últimos chalets de la carretera de Farhana. Es la única zona en donde se tiene la sensación de estar fuera de la ciudad. A esta sensación se añade la de estar a 63 metros de altura sobre el nivel del mar, lo que concede la posibilidad de obtener unas magníficas vistas de Melilla. Es uno de los puntos más altos de la ciudad, al que solo superan la parte alta de Cabrerizas y el cerro de Rostrogordo.

            Por esta zona se ubicó el primitivo poblado bereber de Farhana, que tuvo que desplazarse tras la firma de los acuerdos de Wad Rass. Hasta 1938 existió aquí una antigua mezquita, muy anterior a la ocupación española del territorio. Los lugareños, todavía recuerdan el emplazamiento de la misma. Las crónicas de la época dicen que fue derrumbada para erigir la actual Zaouía del Cerro de La Palma Santa, pero no se edificó exactamente sobre el mismo lugar.

            Este cerro debería ser preservado. Melilla necesita y debería realizar su propio catálogo de espacios naturales protegidos, aunque el nuevo PGOU (Plan General de Ordenación Urbna), prevé la transformación de casi todo el espacio rústico en urbanizable. Este lugar debería quedar a salvo de todo eso. Una higuera silvestre, cuidada y podada por los lugareños, es la señal natural que abre el paso hacia este entorno apacible, bonito, silencioso  y casi mágico.

El Río de Oro en sequía


 

      Por aquí no suele venir casi nadie a hacer fotografías, sin embargo este pequeño salto de agua artificial de la pista de carros, y la pequeña laguna de junto a la frontera de Mari-Guari, siempre suelen tener agua, y más en esta época del año. Este año la pluviosidad de los meses de septiembre y de octubre ha sido muy escasa. En el año 2009, sin ir más lejos, tuvimos una tromba de agua e inundaciones en octubre, con desbordamiento del Río de Oro o de los meandros, como le llamaban los habitantes de Guelaya.

        El cruce de la pista de carros, que comunica la zona de la carretera de Hidúm y la bajada de Reina Regente con la carretera de Farhana es muy utilizado por los habitantes de las inmediaciones. Nadie entiende porqué no se ha asfaltado jamás, por mucho que la razón aducida sea el del paso de los carros de combate del ejército por la zona. Normalmente es un bancal polvoriento, pero en época de lluvia se convierte en un barrizal y un lodazal intransitable. Es una comunicación directa y corta entre estas dos zonas de la ciudad, que evita el rodeo por la carretera de circunvalación, sobre todo cuando se atraviesa este paso andando, algo que hacen muchas personas a diario, lo que supone un ahorro de tiempo muy considerable entre Hidúm y Farhana.

      El paso alto, el puente sobre la lagunilla de Mari-Guari, suele ser atravesado generalmente solo por vehículos, y la inexistencia de arcenes impide detenerse un momento, aunque sea para ver las escasas imágenes que la naturaleza ofrece en Melilla cuando se remansa aquí el agua. Cuando eso sucede, la zona de llena de pequeñas garcillas y otras aves que dan a la zona un aspecto inusitado y bonito.

          Cuando eso vuelva a suceder, cuando vuelva a remansarse aquí el agua, podrán ver las imágenes desde El Alminar de Melilla. De momento solo hay tierra seca.

La edificación de mezquitas en España


     En abril de 2010 un grupo de fanáticos simuló enterrar un cerdo un una barriada de Sevilla, San Jerónimo, en los terrenos en los que se iba a construir un mezquita. Tres años antes se había hecho algo parecido en “Los Bermejales”. En ambos casos no se construyó la mezquita. En julio de este año, el diario Gara informaba de que un grupo de vecinos de la localidad vizcaína de Basurto, se manifestaba en Bilbao para conseguir que la comunidad musulmana del lugar, edificara una mezquita.

              La receta, enterramiento de cerdos, para supuéstamente impedir la construcción de edificios religiosos musulmanes es ofrecida incluso en páginas web y en foros en los que se hace gala de la defensa de “la marca hispánica”. Olvidan, niegan y quizá también desconocen, que el mundo musulmán fue una de las señas de identidad de la península ibérica hasta el siglo XV. La frontera entre el mundo cristiano y el musulmán se estableció en el río Tajo en el siglo XI y en el Guadalquivir en el siglo XIII. Casi la mitad de Andalucía, Murcia y parte del antiguo Reino de Valencia, llevan bajo la cultura “cristiano occidental” tres siglos menos de los que estuvieron bajo el dominio de la “oriental musulmana”. Esto no es nada más que un dato, pero es un hecho que durante ocho siglos hubo un Islam hispano.

                Sorprende que años de promoción de la “multiculturalidad, del pluralismo, de la tolerancia, incluso en zonas que están fuera de toda duda como Cataluña, salten en pedazos en cuanto un grupo o comunidad musulmana instalada en la zona, o en la región, solicitan los permisos oportunos y pertinente para edificar un edificio de culto religioso islámico. Este es el caso de la localidad gerundense de Salt. Los exegetas del acuden de inmediato con toda una serie de razones con las que pretende dos cosas: “Justificar una decisión injustificable y alejar la sospecha de racismo o de miedo al Islam”, cuando por más que digan, se trata de ambas cosas.

            Para dar una mayor solidez argumental a la decisión de prohibir la edificación de mezquitas, comparable sólo, pero a la inversa, con las órdenes de demolición de las mismas, o de transformación en templos de culto cristiano, decretadas por el Cardenal Cisneros en 1510, se alude a que la solicitud podría estar avalada por determinados grupos radicales islámicos del movimiento sálafi, salfistas. No conozco el caso de que a ningún grupo rigorista y ultra católico, que los hay, se le deniegue la construcción de una capilla o parroquia, sólo por sospechar que forman parte del sector mas conservador de Iglesia Católica.

           Alí Mohamed Laarbi, en “hacia una representación democrática del Culto islámico en España”, detalla que “salvo en unas pocas capitales”, los musulmanes establecidos y afincados en España, rezan en garajes y en locales poco dignos e inadecuados para cumplir con su función de culto religioso”. La situación dista mucho de ser problemática o “cercana a la invasión o de reconquista musulmana”, como interesada y desvirtuadamente se pretende hacer ver en algunos sectores de opinión y medios de comunicación afines.

          PD: Imagen del gran alminar de la nueva mezquita de Farhana.

El pasado industrial de Melilla


                    Los ladrillos de la carretera de Farhana

            Es probablemente la chimenea industrial más alta de Melilla y está tan escondida por las nuevas edificaciones que no es visible, al menos desde la carretera de Farhana. Los vecinos sí la conocen y también resulta visible desde la zona baja de La Cañada de Hidúm. Yo, ni la conocía ni había reparado en ella, aunque tenía noticias de que existió una fábrica de ladrillos en esta zona. Me la encontré por razones de trabajo, cuando buscaba vecinos para una de las muchas encuestas que realiza el INE (Instituto Nacional de Estadística), en Melilla.

              La fábrica fue instalada allí en los primeros años del siglo XX o incluso algo antes, con la expansión de Melilla tras los acuerdos con Marruecos de 1863 y aunque en un uso completamente distinto, están todos los elementos de la misma. La chimenea, los hornos, las instalaciones industriales y el secadero están intactos. Desde luego es un conjunto que debería ser declarado como Bien de Interés Cultural. La chimenea es muy sólida y no corre riesgo alguno, pero no estaría dé más que fuese catalogada y reflejada como parte de la historia industrial de Melilla, de la que ya quedan poquísimos ejemplos.

               Tras la independencia de Marruecos en 1956, la fábrica vivió sus últimos años de actividad, al quedar las tierras arcillosas al otro lado de la frontera. Hoy, todos los ladrillos que se consumen en la ciudad son traídos desde Marruecos. Hay otra chimenea industrial dentro del Acuartelamiento Pedro de Estopiñán, frente al Parque Forestal, pero tiene  aproximadamente la mitad de altura que ésta. Todavía se puede subir hasta la mitad de la torre, por la escalera metálica, y obtener unas espectaculares vistas de todo el entorno de Melilla. Es un lugar interesante y que está dedicado al desguace de vehículos militares en la actualidad.

                PD: Curiosamente, la fotografía realizada desde la chimenea, sirve para descubrir otra situada justo enfrente,  en la ribera del arroyo Farhana y que señalo con un círculo amarillo.