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La losa de Franco sobre España


 

                  Pedro Sánchez desafía a la maldición de la momia

      La inexorable salida del cuerpo momificado de Francisco Franco del Valle de Los Caídos, situaría al presidente Pedro Sánchez al nivel del legendario Howard Carter, o incluso de héroe mítico Indiana Jones. Nadie más se ha atrevido a desafiar a “la momia” del dictador español de un modo tan directo, y a tan escasos días del 20N, jornada de amplias implicaciones políticas e históricas en España. Fue un 20 de noviembre el día señalado por José Luis Rodríguez Zapatero, para las elecciones del años 2011, que no solo supusieron su tumba política, sino también la de todo el Partido Socialista.

      En Melilla, la que fuera Adelantada del franquismo, se sabe todo un poco antes. Por eso en la ciudad existe una vieja leyenda que afirma que: “Quien toque a Franco pierde las elecciones”. Tan tremenda afirmación fue realizada por fray Puñales en 1991, tras un primer intento del Partido Socialista de entonces por eliminar su estatua de las calles. La intentona supuso el descalabro electoral municipal del socialismo melillense.  Este es el motivo por el que en 2018, la estatua melillense de Franco es ya la única existente en toda España. La derecha teme tanto a la maldición, que jamás se atreverá a tocar nada que tenga que ver con la figura del dictador Francisco Franco.

                    El Valle de los Caídos y un viejo libro olvidado

         Apenas a una decena de kilómetros del Valle de Los Caídos, en la provincia de Segovia, discurre el río Moros. El valle en el que se ubicaría el futuro Mausoleo franquista de Los Caídos, se llamaba de “Cuelga Moros”, tal y como descubre el historiador Daniel Sueiro en La verdadera historia del Valle de los Caídos, publicado en 1976. Aquel nombre, probablemente procedente de los tiempos de La Reconquista, no era el adecuado en unos tiempos en los que la deuda del ejército de Franco con el amigo musulmán, era ampliamente reconocida por su “generosa contribución a la Causa Nacional”. Así pues, todo quedó en el más neutro nombre de Cuelgamuros.

        El libro cuenta con el testimonio directo de prisioneros de guerra del ejército de La República, que fueron los que en definitiva construyeron el monumento, para “redimir” las penas impuestas por su defensa de la legalidad vigente. Eran derrotados, pero del gobierno legítimo.

           Uno de esos testimonios es el de Jesús Castelar Canales, soldado de la 132 División, la de Enrique Lister, reflejada en el capítulo 5. En ella se cuenta como Franco solía visitar las obras, sobre todo de noche: “Estábamos subiendo en el ascensor, y sentimos las dos pitadas. Joder, quién será a estas horas. Entonces viene el arquitecto y me dice: ¿No conoce a ese que está ahí al lado?. Pues no, señor, la verdad. Salía del ascensor y estaba aquello. Y ya vi que era Franco”.

         Es un monumento descomunal. La cripta, excavada en la roca, es de 262 metros de longitud y 41 de altura en el crucero. Los evangelistas del extremeño Juan de Ávalos, soldado republicano, tienen 18 metros de altura cada uno y el conjunto pesa 20.000 tm, tallados en piedra. Las proporciones son  colosales pero con el único fin de amedrentar. La santa Cruz se levanta 121 metros sobre el cerro y es visible desde Madrid, situado a 50 kilómetros de distancia. Su perfil se eleva sobre el del la sierra de Guadarrama, que le sirve de espaldón. Está calculada para que dure más de 1000 años sin agrietarse o derrumbarse sobre su base.

       No es un lugar de reconciliación, porque no fue así concebido. El decreto de creación habla de albergar a Los Caídos en la Guerra de Liberación. Los restos de soldados republicanos sacados de las fosas, o de civiles víctimas de la represión, fueron llevados allí a la fuerzas, desenterrados en secreto y en su mayoría permanecen sin identificar. Pasados ya casi 60 años desde su inauguración, probablemente no podrán ser identificados.

                          Pedro Sánchez y la tormenta roja

           El 22 de febrero de 2017, Pedro Sánchez incluyó a Melilla en su campaña para la reconquista del PSOE para la izquierda, pero se lo impidió un espectacular tormenta roja, que le dio a Melilla el aspecto de una ciudad marciana. Entonces nos pareció que la tormenta indicaba que no conseguiría su propósito. El error estuvo en no percibir que la tormenta roja podría ser él, o en no ver que éste hombre, hoy ya presidente del Gobierno de España, era capaz de darle la vuelta a los vaticinios más adversos. No se atrevió Felipe González con 202 diputados, ni Zapatero con 169.

          Con solo 85 diputados, Pedro Sánchez, un político indudablemente audaz y que sabe asumir riesgos, ha decidido enfrentarse en solitario a la maldición que pesa sobre la momia del dictador. Tiene menos apoyos de los que nadie ha tenido nunca, pero es algo que nadie ha hecho y que le corresponde a la izquierda. En este caso es el PSOE, único partido político con las mismas siglas que en la etapa republicana. Es una deuda que les corresponde resolver.

          El momento debería ser con anterioridad al 20N. Lo que ocurra después ya se verá. Con las maldiciones también hay que acabar o arriesgarse a hacerles frente. El premio será pasar a la historia. Una vez que salgan de allí los restos del dictador, la influencia malévola del monumento se habrá acabado y ya solo quedará la estatua de Melilla. Quien venza a la maldición, se hará invencible.

        Nota:https://elalminardemelilla.com/2016/11/23/monumento-a-franco-dictador/

 

 

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Los muertos siempre regresan en julio


                                        Sanjurjo, Franco y José Antonio

Enrique Delgado

                  En julio de 1909 aconteció el desastre del Barranco del Lobo, a escasa distancia de Melilla. En otro mes de julio, pero de 1921, a 80 kilómetros de la ciudad, se produjo la gran hecatombe del Ejército español, en la meseta de Annual. Apenas 16 años después, en una frecuencia casi demoniaca, se inició la rebelión del Ejército de África, también en Melilla y siempre en el mes de julio. Tres enormes sacudidas sobre la Nación y siempre con el mismo epicentro.

                  En alguna entrevista perdida, el militar Francisco Franco afirmó: “Sin África yo no puedo explicarme a mí mismo”. Los exégetas del franquismo en la ciudad, afirmaron siempre que la basílica y diseño del Valle de Los Caídos está inspirado en la cripta del Panteón de los Héroes de África, un Valle en miniatura, situada en el cementerio de la ciudad. Ya es hora de reconocer esta vinculación e idea, que hasta ahora no ha traspasado las fronteras del Mediterráneo. Sin este monumento de Melilla, no puede explicarse tampoco el Valle de los Caídos.

                  El panteón y cripta de los Héroes, acoge los restos de los 3000 soldados sacrificados en masa por los rifeños de Abdelkrim, en la villa maldita de Monte Arruit. Hay que decir que era un ejército que se había rendido y depuesto las armas. Entre aquellos miles de muertos, estaba el capitán Primo de Rivera, Laureado de San Fernando a título póstumo. Todos los nombres ahora en litigio, coincidieron en algún momento de sus vidas en la ciudad de Melilla (Franco, Mola, Sanjurjo, Primo de Rivera). En apenas un mes, más de 10.000 soldados dejaron sus vidas en las ardientes tierras de África, en una carretera de 80 kilómetros, en línea desde la ciudad norteafricana.

                   Bajo los pies de la estatua de la Victoria alada, reposan los tres mil muertos referidas, y un poco más allá, se sitúan dos amplias fosas comunes, en las que pueden estar enterrados otros 8000 soldados y militares. Cuando se va a cumplir un siglo del mayor desastre de un ejército español, el Ministerio de Defensa, antes del Ejército, y antes aún de La Guerra, no han publicado ni una lista oficial de bajas, ni siquiera una aproximación numérica. Todo son especulaciones.

                                                  Franco y Stalin

                   Las comparaciones, salvo sin son correctas, no tienen porqué ser odiosas. La figura histórica que más se acerca a la de Franco es la de José Stalin. Ambos fueron generalísimos, ambos murieron en la cama, y ambos sustentaros sus tiranías o dictaduras, con un instrumento muy preciso: la represión y el terror ejercido contra su propio pueblo. Proporcionalmente, las estadísticas represivas son bastante similares. Ambos usaron los campos de concentración para los presos políticos y sustentaron obras públicas con el trabajo esclavo de los prisioneros. La comparación con Stalin sitúa a Franco en su justo lugar. Ambos gozaron del culto a la personalidad y de un temor reverencial.  En 1956, tras el proceso de desestalinización, el cuerpo embalsamado del dictador soviético fue trasladado desde la Plaza Roja, a una discreta zona bajo las murallas del Kremlin. Hasta en esto acabarán asemejándose los dos tiranos.

     Aunque sea de modo tardío, España debe iniciar ahora un proceso de “desfranquistización”, en un plan común para todo el Estado. Ya es hora de ajustar las cuentas históricas con el franquismo. Stalin también realizó obras públicas, la modernización e industrialización de Rusia, y no por ello se desvanecen ni uno solo de sus crímenes.

                           La cuestión del enterramiento de Franco y Sanjurjo

           La potestad sobre los enterramientos recae al completo sobre el Poder civil y Público. Ya no existen cementerios religiosos ni privados. Solo la Iglesia tiene algunas prerrogativas en sus catedrales y basílicas, pero en consonancia con la Autoridad Pública y el Derecho eclesiástico del Estado. El Gobierno de la Nación, ahora bajo la presidencia del socialista Pedro Sánchez, ostenta todo el poder legítimo y autoridad para decidir sobre el traslado de los restos de Franco, dictador  durante casi 40 años.

            La sentencia nº 000139/2018, de la Sala de lo Contencioso de Iruña/Pamplona, de 27 de junio, es un salto en el vacío, porque pretende anular decisiones legítimas del Poder civil, simbolizado en este caso por el Ayuntamiento de Iruña. El mausoleo en donde reposaban Sanjurjo, Mola y otros conocidos militares y golpistas navarros, podría ser un monumento, pero no un cementerio o un lugar de enterramiento. Desde la promulgación de la Constitución de 1978, toda la legitimidad en España recae sobre el Poder civil.

              Sanjurjo Sacanell reposa en Melilla desde hace más de un año, con el consentimiento y autorización de su hija, en el Panteón de Regulares, cuerpo castrense  al que perteneció en su vida militar. Fue enterrado aquí, con honores militares y en estricto aunque efímero secreto. Emilio Mola fue llevado por sus familiares a un cementerio de Jaén.

                 Francisco Franco, al igual que Stalin, fue Jefe de Estado, pero su figura sigue suponiendo un grave elemento de división en el país, por lo que se hace necesario el traslado de sus restos a un enterramiento familiar, en este caso el panteón familiar de El Pardo. Al tratarse de un jefe de Estado, los derechos de la decisión no están en modo completo en manos de la familia, sino que también el gobierno de la Nación tiene su parte alícuota de legitimidad. Es claro que todo sería mejor con el beneplácito familiar, pero si ésta niega su colaboración, entonces el Estado tiene todo el derecho a decidir su traslado al lugar que considere más apropiado, y en el que mejor se preserven “sus derechos mortuorios”.

                     José Antonio se quedará en el Valle, considerándole víctima de guerra, lo que supondrá, en cierto modo, reconocer la presunta “ilegalidad” y error de su ejecución en Alicante, en  el mismo día que Franco, en esas extrañas paradojas que tiene la historia.

 

 

 

Ni Franco, ni Astray, salvaron a Melilla


   El Regimiento de Infantería de La Corona

Cada 20 de septiembre La Legión celebra su aniversario y como es un cuerpo de sobra conocido, no vamos ni a glosar sus méritos ni a señalar su deméritos, entre otras cosas porque La Legión de 2011 nada tiene que ver con la fundada en 1920 y hoy es un cuerpo muy respetado dentro de Las Fuerzas Armadas españolas,  que se ha ganado un prestigio nuevo y el derecho a una nueva imagen, con su participación en las Misiones Internacionales de pacificación, en las que está colaborando.

Independientemente de que “todo” forme parte de su historia, en nada favorece a La Legión mostrar la vinculación obsesiva con personajes como Franco y Astray, o intentar justificar su bárbaro incidente con el Rector de La Universidad D. Miguel de Unamuno. Tampoco se le deben atribuir méritos que no son suyos, como el de la protección de Melilla en 1921, o que al menos no lo son en su totalidad, porque ese hecho, lo compartieron con otras muchas unidades del Ejército español.

El olvido del Regimiento de La Corona en 1921

En 1921 Francisco Franco era un soldado-oficial mas, de los 50.000 militares que había en la ciudad a a finales de agosto de 1921.   Por tanto el pretendido mérito del comandante Franco en la supuesta salvación de Melilla, cae por su propio peso cuando se repasa el “Telegrama del Rif “ de 1921.

En los días de la llegada de los diferentes regimientos y ejércitos que acudían a Melilla a proteger la ciudad (que no a salvarla), nunca se menciona a Franco, porque no era nadie destacable.

 Los primeros en llegar a Melilla fueron el  Batallón nº 71 del Regimiento de La Corona con base en Almería y los tabores de Regulares de Ceuta. Son estos dos  cuerpos de ejército los primeros que desembarcaron en Melilla, para protegerla de un posible cerco por las tropas de Ab-Del-Krim.

También tuvieron el honor de llegar entre los primeros los batallones de Infantería de Borbón, Extremadura y Granada y por supuesto “El Tercio de Extranjeros”, que es verdad que concitó un especial entusiasmo.

Este reciente y casi desconocido Cuerpo, el Tercio de Extranjeros,que envió a Melilla a sus dos primeras banderas, llegó a la ciudad en el trasatlántico “Ciudad de Cádiz”, con la espectacularidad que le caracteriza. Del Tercio  se destacaba en la noticia, que al frente del mismo se encontraba el Tte. Coronel Millán, al que también se le denomina como Millán Terreros o Sr. Millán. Las diferentes denominaciones se debe a que, pese a todo, no era especialmente conocido. A Franco ni se le menciona.

El batallón de La Corona sí fue el primero, y está absolutamente olvidado en Melilla, pero no en Marruecos, cosas del destino, en donde una población cercana a Alhucemas, tomo el nombre del Regimiento, al quedar establecido en las inmediaciones y todavía se llama Courona, pero  de Franco, en julio de 1921, ni rastro.

La historia del Regimiento

El regimiento de la Corona es de los más antiguos de España, pues fue creado en 1566 con el nombre de Tercio Nuevo de Nápoles. El apelativo de “Nuevo” se le puso para diferenciarle de las Compañías Viejas del Mar de Nápoles, que en 1537 constituyeron la primera Infantería de Marina española.

El Tercio Nuevo de Nápoles era uno de los denominados Grandes Tercios Viejos y fue una de las unidades creadas para combatir en batallas navales y en acciones de desembarco; su función era, pues, de Infantería de Marina, y su escenario de actuación el Mediterráneo. En 1633 adoptó el nombre de Tercio Fijo de la Mar de Nápoles, y en 1718 el de Regimiento de Infantería de la Corona. Historia Militar de España. Tenían su base en Almería, en el acuartelamiento que hay debajo de la alcazaba árabe y sobre el lugar en el que se encontraba la antigua mezquita mayor de almería.

(http://www.ingenierosdelrey.com/unidades/infanteria/delacorona.htm

  PD: El olvido del Regimiento de La Corona en Melilla está a punto de acabar, porque un amante de la historia está finalizando un libro en el que glosa la historia de este Regimiento y su especial contribución a la defensa de Melilla en 1921. El Regimiento de Infantería de La Corona fue  desembarcado  y destinado inmediatamente  a cubrir la 1ª línea de defensa de Melilla, teniendo un 80% de bajas. Su acción fue todo, menos testimonial, sin embargo, la fama y el mérito se le siguen atribuyendo a otros.

          “Era una unidad de reclutas, que superó en combate a otras unidades  profesionales”: La historia secreta de Annual, Juan Pando.

foto cuartel de La Corona:

      http://www.panoramio.com/photo/292703