Juan Antonio Moya, el sacerdote que ve en el interior



La parroquia de San Pedro apóstol en Almería es especial, porque está enclavada en el centro geográfico de la capital, y porque lleva el nombre del primer sucesor de Jesucristo, algo no demasiado habitual en las iglesias españolas. A esa parroquia llegó en 2019, el sacerdote diocesano Juan Antonio Moya Sánchez, el sacerdote escritor. pero también es licenciado en Estudios Eclesiásticos, Doctor en Psicología, especialista en psicología clínica, y profesor de religión en el Seminario de Almería. Lleva mucho tiempo publicando libros, reseñas y artículos, pero solo ahora se ha iniciado en una novela abierta al público. Ha decidido rebasar el límite académico y presentar ante el público, primero almeriense y finalmente nacional, con una novela titulada Oscuros interiores.
La novela, de 151 páginas y XX capítulos, tiene como epicentro la Escuela de Artes de Almería, y como eje la música flamenca, de la que el autor se muestra no solo como entendido, sino también como seguidor apasionado. De hecho la presentación de la obra se efectuó en el salón noble de la Delegación del Gobierno de Almería, con interpretaciones y cantos flamencos, que forman parte de la novela, y que recuerdan a alguno de los personajes, como Susana, Teresa, Lucas, Miguel o Ismael. No son personajes oscuros, son los que vemos a diario. La oscuridad está en algunas intenciones y actos.
No es una novela conjunta, son hilaturas de personajes que apenas convergen entre sí, salvo en espacios y momentos muy concretos, componiendo un tapiz de interiores y exteriores, en los que solo el narrador y el lector aprecian sus colores. Vemos un sinfín de caracteres humanos, que hoy tienen nombres clínicos, y que el autor evita nombrar, pero que el autor describe nítidamente. Como todo tapiz, tiene aspectos o hilaturas muy coloridas, otras más sombrías, e incluso un desgarrón, que será el que propicie el final luminoso, pero no exultante, en la propia parroquia de San Pedro, que es la que abre las puertas del cielo.
La narración discurre de modo continuo, mostrando y dejando líneas abiertas a la vez. Todo sucede así, pero podía haber sido de otro modo. La figura de la madre está presente en la figura de Delia. ¿Libre albedrío o predeterminación? ¿Cuál es nuestro margen real de decisión, o son ambas cosas en realidad?
Una parroquia para la historia de Melilla
En 1978, un grupo de cofrades almerienses se trasladó a Melilla, y compró en almoneda, todo el material procesional de la parroquia de San Agustín del Real, a los Padres Paules, por 125.000 pesetas (750€). Se llevaron todos los enseres procesionales, todos los pasos, las imágenes del Nazareno y de la Virgen de los Dolores, y su espectacular manto, que sigue en uso, y al que localizamos en el año 2012. A día de hoy, ese manto es la joya indumentaria que utiliza cada año, la imagen procesional de la virgen de los Dolores de San Pedro. Cada año, desde 2012, acudimos puntualmente a ver esta imagen con su manto centenario, y permanecemos frente a él, por un espacio de tiempo indeterminado. Esto quiere decir, que conocemos esta parroquia antes y después de este sacerdote narrador, Juan Antonio Moya, que ha imprimido un empuje especial a este emblemático templo.
El 28 de diciembre de 2022, día de los santos inocentes, le hicimos entrega y donación a la parroquia de San Pedro, del verdadero y único busto del Cristo de Limpias, tras ser objeto de un acto sacrílego en 2019, cuando fue retirado de la urna en la que fue bendecido por el obispo de Málaga monseñor Jesús Catalá, en presencia del también obispo Ramón Buxarrais, en el año 2015. Desde entonces reposa, tras ser primorosamente restaurado, en las dependencias parroquiales de San Pedro. El receptor fue el párroco Juan Antonio Moya, el autor de esta novela y de otra, que parece tener relación con todo esto que hemos contado: La herida abierta.
Hay una leyenda en Melilla que dice que: «a quienes cuidan y veneran al busto del Cristo de Limpias les va bien». Y esto hemos podido comprobarlo.