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Tras el sendero verde de Melilla


 

           El sendero verde de Melilla es o el mayor fiasco de la historia, o el mejor lema publicitario inventando nunca. Si solo se lee lo publicado , la imagen que viene a la memoria es la e un lugar frondoso en medio de la fértil naturaleza, con oasis, puntos verdes e incluso fuentes en donde refrescarse.

            Nunca la realidad y la propaganda estuvieron tan alejadas. El sendero verde solo es una manera original de camuflar la realidad, y de denominar a la pista de “carros de combate” que atraviese el perímetro de la ciudad, entre la explanada de Rostrogordo y las inmediaciones de la Hípica, en cuyas inmediaciones se encuentra en cuartel de Caballería acorazada. En la actualidad ya es raro ver circular a “los carros”. Esta es la razón por la que el sendero verde solo puede ser de arena compacta y prensada.

            El sendero verde es un secarral, una plancha ardiente con pocas posibilidades de reencuentro y reconciliación con la naturaleza. Es un pedregal duro y quizá hace más meritorio el que lo use para correr o entrenarse. Quizá el tramo más infernal sea el que corre paralelo al desviado cauce del arroyo mezquita, seco desde tiempos remotos, y que hace un siglo atravesaba el barrio del Real, en lo que hoy es la calle Jiménez e Iglesias y que siempre se llamó del arroyo mezquita.

           Los Altos del Real, la cábila de Mezquita, el camino hacia Sidi Hamed el Hach y el siempre presente Barranco del Lobo, nombres legendarios en la historia y en las guerras de España.

                               El oasis sucio del arroyo mezquita

            El cauce del arroyo mezquita está lleno de todo, y todo sólido. No sé si será posible que algún día vuelva a circular por allí agua. Todo este conjunto de arroyos alimentaban al río de Oro, el cauce principal, aunque el mezquita no era ningún afluente. Aun así, deben existir algunas balsas en el subsuelo porque se ven pequeños retazos de vegetación. Pese a todo, y lo desolador del paraje, viene a la cabeza qué podría ser esto, si existiera una consejería de Medioambiente.

 

Carros de combate en las calles


Por alguna razón, el paso de los carros de combate y los vehículos blindados ejerce una influencia hipnótica sobre la población. El inmenso ruido y la potente vibración que provocan sobre el pavimento produce una sensación de aturdimiento de la que es imposible abstraerse. Si uno mira fijamente las orugas de un carro de combate, parecen no moverse y solo se ve girar las ruedas dentro de ellas. Cada vez se ven menos porque los recortes presupuestarios están reduciendo al mínimo los desplazamientos. La llamada pista de carros ve pasar cada vez más corredores y menos carros de combate, hasta tal punto que ya se está pensando en asfaltar algunos tramos.

El otro día se podía leer en algún periódico local una protesta ciudadana por los cortes de tráfico que ocasionan los desplazamientos de “los tanques”. Hoy se ha producido uno de esos cortes de tráfico, pero el desplazamiento se ha realizado fuera de las horas puntas en la circulación de la ciudad. Los carros de combate venían desde el Puerto hasta su base del Regimiento Acorazado de Caballería, que muy pronto será desplazado del lugar, para ser alojados en la Base Militar Alfonso XIII. Los carros de combate han desaparecido muy pronto de la vía pública, que no ha estado cortada más de 1/2 hora.

Lo único que no entiendo de todo esto, es el empeño en seguir denominando con el nombre de Alfonso XIII, a acuartelamientos modernos. Es un Rey excesivamente homenajeado, para sus méritos reales (me ha salido un doble sentido en las palabras).