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La relatividad


              La medida del tiempo, la influencia de un acontecimiento, es distinta para cada persona y para cada momento. La vida derrota a muchas personas, y tampoco tiene oportunidades para todos. Un mes puede ser corto para unas personas, largo para otras, o incluso hasta eterno en algunos casas. En algunos casos se alberga todavía la esperanza de un futuro mejor, y en otros ya no se espera nada, porque ni hay un futuro posible, ni tan siquiera presente. El día del gran terremoto de Melilla, mucha gente se echó a la calle, a sus coches, o a refugios improvisados, para dormir, o para sentirse  a salvo. Para otros, la calle, un simple banco, es todo su hogar; no hay un más allá. Esta es la frontera que separa dos mundos. En las ciudades hay mucha gente viviendo en la calle. Melilla, la ciudad opulenta, la ciudad del despilfarro, solo tiene un pequeño albergue para personas sin hogar, para los sin techo. Casi un mes y muchos acontecimientos separan estas dos fotografías. La medida del tiempo es diferente para el observador y para el observado.

Teoría de la relatividad


Un mundo hostil

     Me han robado el móvil a las 17h 30 minutos de la tarde, en acto de servicio, mientras buscaba una dirección para mi trabajo. Todo esto ha sucedido en la Carretera de la Vía Láctea, junto al callejón del Universo. Parece “2001 Odisea en el Espacio” , pero solo es 2015 en la Galaxia de Hidúm. Un poco más abajo de donde se ha producido el hecho se encuentran los callejones de Caronte (el barquero del infierno)  y Pandora (la caja que al abrirse esparció los males por La Tierra). Quién puso algunos de esos nombres, acertó casi de pleno, con la situación social latente de éste barrio.

    Hablo de estos barrios y estas calles porque transito mensualmente por ellos, como muchos otros trabajadores: carteros, repartidores, notificadores de La Administración. Lo hago desde hace muchos años, y nunca me había sucedido nada hasta ahora. El mundo se está volviendo hostil. En el Distrito 5º se concentra la mayor parte del desempleo de Melilla. Hay mucha gente, sobre todo joven, sin presente ni futuro. Son muchas horas sin nada que hacer, y eso es tener siempre abierta una puerta al mal.  Los malos ejemplos son siempre mayores que los buenos, y sobre todo, más fáciles de imitar.

       Dentro de la violencia  del suceso, ha resultado la mínima posible. Traigo a colación a Albert Einstein, porque su Teoría de La Relatividad estableció una Ley Universal, como la del callejón. Einstein solo dijo que era relativa la percepción del tiempo según la posición del observador, pero dejó claro que existen tanto el tiempo como el espacio.

           Del concepto de La relatividad se pasó al relativismo social, y esto es algo falso, porque el Bien y el Mal existen, así como las acciones que fomentan uno y otro. Si nada tiene premio ni castigo, entonces todo da igual y nada importa. Esta es la norma que impera. Ahí está el caso de Rodrigo Rato, de Miguel Blesa y de tantos y tantos otros. Los bandidos siguen libres y los jueces que intentaron castigar sus fechorías fueron apartados de sus funciones. El mensaje que se transmite a la sociedad es demoledor.

                                               Lecciones de un robo

           No confío en internet. Es un mundo en el que los hackers se mueven a sus anchas. No realizo  ningún tipo de operaciones a través de ella. Los teléfonos móviles son los más vulnerables de todos. Además puede ocurrir que se pierdan, extravíen o sean robados, por lo que no se deben usar para otra cosa que no sea la que su nombre indica. Por ello recomiendo el borrado y vaciado constante de cualquier cosa almacenada en estos aparatos. A partir de ahora, lo que venía siendo una norma genérica lo convertiré en una ley personal. Si se extravía o lo roban, que sea solo un teléfono lo que se pierde.

             Muchas veces he escrito que no se pueden  abandonar áreas completas de las ciudades a su suerte, como es el caso de Reina Regente, de la urbanización Los Pinares, de La cañada de Hidúm. Caminar, moverse  por estos espacio urbanos es muy inquietante. No hay vida en las calles, ni cafeterías, ni espacios comunes, no hay nadie sentado en los pocos bancos públicos. Todo se lleva a cabo dentro de las casas y a partir de una determinada  hora las calles están vacías. Mientras que en otras partes de la ciudad una papelera caída, o una tulipa de farola rota,  causa alarma social, por aquí, en la Vía Láctea, un coche puede permanecer en este estado durante un mes, sin que nadie siente la necesidad de llamar a los servicios municipales para que lo retiren.