



Felipe VI y la reina Letizia visitan la ciudad Melilla
La visita cursada a las ciudades de Ceuta y Melilla, primera en sus 12 años de reinado, iniciado en junio de 2014, soluciona una anomalía institucional e histórica, para con las dos ciudades norteafricanas. Se contarán tantas historias y opiniones como asistentes a los encuentros llevados a cabo en cada ciudad. Nuestro compromiso, el de este blog, es con la ciudad de Melilla, y supone un regalo histórico, el poder cubrir en directo, algunos de esos momentos en las calles de nuestra ciudad, no todos. Por eso seleccionamos dos puntos clave, un la llegada a la plaza de España, en donde ya estuvieron SS. MM. los Reyes Juan Carlos I y Sofia en 2007, y el otro el barrio de La Victoria, un lugar inédito en la visita no solo del actual Rey Felipe VI, sino en el de cualquier Jefe de Estado que haya visitado la ciudad a partir de 1860. Esta ha sido la gran novedad introducida en el viaje de Felipe VI y la reina Letizia, a Melilla, única capital española que no habían visitado hasta ahora.
La entrega con el pueblo, con la gente, con los habitantes de Melilla ha sido total. Han recorrido paso a paso y mano a mano, las filas del público asistente, sin desatender una fotografía, una firma, un selfie, un abrazo, un saludo o una pequeña confidencia o frase amable. Han saludo a más de mil personas una a una, unas cifras insólitas para este tipo de visitas de Jefes de Estado. La población de Melilla ha respondido y ha llenado calles y plazas, a la vez que las dejaba casi vacías de circulación para la comodidad de la visita Real. Quizá esa entrega ha sido una manera de compensar de de reconocer que esa ausencia tan larga, has sido injusta, pero no por la voluntad de la Casa Real. Quién se lea la Constitución vigente sabe que Los Reyes no viajan a donde quieren, sino a a donde les autoriza el gobierno de turno. Lo mismo ocurre con sus discursos. El margen de maniobra es escaso y casi imperceptible. Con esta visita queda todo en paz, y las cuentas afectivas e institucionales saldadas.
Una visita como esta, histórica por sí misma, y con un elevadísimo contenido institucional, no puede desdeñarse, y hay que hacer lo que sea necesario, para dejar testimonio de ella en El Alminar de Melilla. Reconocemos que tras 15 años de escritura constante, este sería un adecuado epílogo, o al menos el principio más digno posible para una etapa final. No va a ser así, o quién sabe, porque todo tiene principio y final, aun cuando a veces, el final sea el principio. Han pasado 15 años, en la otra visita Real, la de 2007, no existíamos, aunque ya éramos. Ahora sí dejamos constancia de ello.
¿Qué imágenes designar entre cientos? ¿Cómo hacer ver que una visita a Melilla es más significativa que 50 a cualquier otra capital? Es difícil. Hay que haber vivido aquí o seguir haciéndolo. Aquí el tiempo se contrae y una década parece un siglo. Una visita intensa, una jornada larga, de esas que no te imaginas o esperabas ver, y que al final ocurre. No se le puede sacar en las fotografías, de entre los miles que se han hecho, pero el personal de Seguridad de la Casa Real ha estado magnífico, atendiendo a los periodistas y sus requerimientos, vigilando a los Reyes y pendientes del público y de cada circunstancia. El Sol se desplomaba con ganas sobre le reinaugurada Plaza de España y ha habido varios desmayos. Contener y vigilar tantos parámetros requiere una dedicación y concentración absoluta.
Estamos en época electoral, los debates afectan a casi todo, y hay campañas a la vista de todos y otras sumergidas en los fondos. Hoy la Casa Real ha hecho campaña por sí misma, y ha superado todas las expectativas. La forma del Estado es un debate secundario, lo que importa es su contenido, y el actual satisface a la mayoría, al menos en los 12 últimos años, con una imagen moderna y dinámica, capaz de contener a todos, que no contentar. El refrendo de la Casa Real, de la Monarquía, es la cercanía y la entrega para con su pueblo, y la manera de ponerlo en valor, es la que hemos visto, con entrega absoluta. Con esta visita damos por cerradas muchas cosas.