La línea del Tajo


 

        La línea que dibuja el río Tajo dividió la España musulmana de la cristiana desde  el año 1085,  fecha en la que el Rey Alfonso VI conquistó la ciudad de Toledo.  Habían pasado 374 años desde la batalla de la Laguna de La Janda, en 711. A la frontera que dividía esos dos mundos se la denominaba como «la marca».  La línea del Tajo fue desde entonces una frontera muy estable  que se consolidó a lo largo de los siglos, pese a las expediciones de conquista en ambos sentidos. Serían necesarios otros dos siglos hasta que se estableciera una nueva marca o linde en otro río, el Guadalquivir, tras la caída de Córdoba en 1235 y Sevilla en 1248. Sin embargo, y pese a las múltiples fronteras que se puede establecer a lo largo de periodos históricos, la del Tajo fue una de las más decisivas.

          La cuenca del río Tajo divide la meseta. El mundo que se abre a ambos lados es muy diferente. El paso del río Tajo es equiparable al del Rubicón italiano. La suerte siempre está echada a ambos lados. No es fácil fotografiar las cosas desde un tren. Todo pasa a demasiada velocidad. En apenas dos semanas El Alminar rebasará la frontera de los tres años. Rebasaremos nuestra línea del Tajo.

El regreso del Resucitado


               Cinco de la tarde, hora lorquiana. El Resucitado regresa a su parroquia por la calle del Alcalde de Móstoles. Ya no hay orden ni concierto, aunque la banda seguía sonando. Lejos quedan ya el esplendor del paso por La Avenida, los ecos de los aplausos, los saludos de las autoridades. Hace calor y la pendiente es dura, pero el mérito y la satisfacción están en su lugar más alto. Ha sido una Semana Santa en la que la climatología se ha reconciliado con todas las hermandades. No han faltado costaleros, ni portadores de tronos y de pasos. El Resucitado y el Rocío son las dos hermandades que hacen recorridos procesionales más largos. La cofradía del Barrio de Bateria Jota abre y cierra la Semana Santa.  Ambas Hermandades son las únicas que tienen dependencias propias.

             La dura cuesta de Batería Jota hace mella en el regreso. Aquí ya no hay focos, ni atención popular. Hace ya varias horas que los artífices de la semana de Pasión celebran y disfrutan el éxito procesional. Las rencillas de otros años han quedado olvidadas. El paso conjunto y al unísono por la avenida principal de la ciudad ha sido un acierto.

              En este duro regreso radica el verdadero mérito. Cuando se pasa frente al público o frente a las autoridades, ya se obtiene esa recompensa. El mérito y la recompensa aquí, es otra.