Campos de Melilla


                   Este campo de espigas de cebada está por debajo de la pista del aeropuerto, en su lado sur y por debajo del barranco de Alfonso XIII. Es el último vestigio de un pasado de huertas, antes de la invasión del cemento  y de su gris uniformidad. Desaparecen las tonalidades y el contacto con la naturaleza. El imperio gris parece incluso anular la voluntad de resistencia. Esta zona se correspondería con la antigua huerta de La Abastecedora de Alhucemas; un poco más hacia abajo estaría la huerta de Caballería.

                           El primer día hacía viento y el campo de espigas aparece mecido y ondulante, el segundo no, y las espigas aparecen enhiestas. El silencio y la calma reinantes eran iguales ambos días. El bullicio de la ciudad y del tráfico están a poca distancia, pero suficiente.

                            Trigo y cizaña crecen siempre juntos, por mucho cuidado que se tenga en la siembra del campo. No es posible distinguir una planta de otra a simple vista, salvo para los ojos del experto. Solo en el proceso final, en el de la criba, es posible separar ambos granos mediante un tamiz calibrado, pues el grano de la cizaña es más pequeño y cae al suelo.

                           Mayo está a las puertas, mes de labradores. Debe ser un mes caliente y lluvioso a la vez, pero justo hasta su mitad: San Isidro labrador, quita el agua y saca el Sol. Mayo está cerca y será un mes importante, igual que el de hace cuatro años, en el que, de la nada, fue creado El Alminar.

                             El campo de la victoria y el de la derrota es el mismo para los contendientes. Tras la lucha solo queda la paz y el silencio, como testigos mudos de los sucedido. Después,  todo cambia, en uno u otro sentido.

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4 Respuestas a “Campos de Melilla

  1. Parece que la esencia de El Alminar ha vuelto…

  2. Gracias. Cuando la lucha interior cesa, la calma es absoluta. En estos campos vuelve a reinar el silencio.

  3. Estos apacibles campo vivieron hace poco mas de un siglo batallas feroces, cuyas descripciones alteraron a España entera. Buena reflexión y oportuno regreso.

Lo que se ha podado retoña; lo ahuyentado vuelve, lo extinguido se enciende; lo adormecido despierta otra vez. Poco es , pues, podar una sola vez; es necesario podar muchas veces, continuamente, si es posible.

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