La Carta a Stalin de Fernando Arrabal


 

 

            Y poco a poco, metódicamente, Putin ha privado a esta nación de sus libertades, mediante leyes y presiones pertinentes. Los periodistas saben lo que no pueden escribir, y los jueces conocen los límites de su independencia. Serguei Kovalev, Gulag

                                  Parábola de cualquier tiempo

             Hace unos días ha estado en su ciudad natal Fernando Arrabal, autor del libro «Carta a Stalin» , una de sus obras más sinceras, íntimas y personales. Fernando Arrabal escribe una carta a Stalin, pero también le escribe a cualquier tirano (también le escribió a Franco), y a cualquier tiranía. Iosif Vissiaronovich, más conocido como Stalin es una de las personalidades históricas más complejas de la historia humana y que no podrá definirse nunca con una sola palabra. No cesan de escribirse libros sobre él, su personalidad, su régimen de terror y su modo de gobierno, el estalinismo. Mientras otros personajes históricos ya han dejado de interesar, o nada nuevo puede extraerse de su investigación biográfica (Franco, Hitler, Mao, Pol Pot, Slobodan Milósevic), sobre Stalin no ocurre eso. El interés sobre su figura no decrece y no cesan de aparecer nuevos libros sobre su vida. El más reciente será la edición completa sobre Stalin, de su enemigo declarado León Trotsky.

            Sobre Stalin hay que hacerse una reflexión, o  quizá varias: ¿Se rodeó de lo peor de la élite revolucionaria bolchevique, o era extraordinariamente hábil para sacar lo peor de cada persona?, o incluso una pregunta más inquietante, si cada persona sacó lo peor de sí misma para mantenerse junto a él. Nadie era inocente en el entorno de Stalin, ninguno de los que le rodeaban eran mejores que él, e incluso algunos fueron hasta peores.

            El ajuste personal de cuentas de Fernando Arrabal es demoledor, y empieza por la propia auto inculpación: «el hombre al que más amamos y padrecito de todos los pueblos». Fernando Arrabal es tan grande, que incluso ha estado por encima de los tardíos homenajes que le han ofrecido en Melilla. Resulta enternecedora, muy provocadora e incluso trascendente, en la ciudad de Franco, su declaración sobre el nombre de Fernando Arrabal puesto al teatro Kursall: «Ahora el nombre de mi padre ya está en Melilla».  Su padre era teniente del Ejército de La Republica, detenido en Melilla, trasladado a Ceuta a la prisión del Hacho, y luego a Burgos, en donde se fugó y en  probablemente fue abatido y dado por desaparecido. Sorprende la poca relevancia concedida a su presencia en la ciudad, pese a las fotos de rigor. Ninguna entrevista o declaración pública. Ninguna recepción oficial. No se comunicó a nadie la agenda de Arrabal en Melilla. Quizá le tenían «pánico», como al género teatral que él creara. Franco y Stalin, los dos hombres que más daño le han hecho en su vida, según sus propias palabras. La novela Ceremonia por un teniente abandonado, es una recreación del padre de Fernando Arrabal, con dibujo de Edmundo Seco, comandante también detenido en Melilla.

                                          Los juicios de Moscú

             Stalin eran conocido por su especial inquina hacia cualquier tipo o clase de oposición, ya fuese esta de izquierdas o de derechas. Los Juicios de Moscú fueron mostrados al mundo entero y consistieron en la eliminación de todo vestigio de oposición, desde la de izquierdas hasta la de derechas, entre 1936 y 1938. Primero se empezó con la de izquierdas, con Lev Kámenev, Grigori Zinóviev y Gueorgui Piatakok, y luego se siguió con la de derechas, en cabezada por Nicolai Bujarin, junto a Alekséi Rýkov,

         Los acusados lo eran absolutamente de todo y en las propias palabras de Anna Larina, segunda esposa de Bujarin, «Ningún delincuente hubiera podido cometer tal cantidad de delitos en toda una vida, no solo porque una sola vida hubiera sido insuficiente, sino porque hubiera fracasado ya en los primeros». La fantasía de Stalin a la hora de imaginar delitos era tal, que ideó uno de su invención: el de actividad antipartidista. El solo hecho de intentar presentar una candidatura alternativa al partido era considerado como traición.

          Nadie era inocente en los círculos de poder de Stalin, sin embargo y pese que a casi todos sabían lo que ocurría allí dentro, intentaron en vano suplicar por sus vidas, como Bujarin, o el más enfermo y desquiciado de sus verdugos Nicolai Yezhov. Algunos se destruyeron a sí mismos autoinculpándose, como Bujarin. Otro como Rýkov afirmaron: Oh, dios mío, hágase tu voluntad (dirigiéndose a Stalin). Está todo clarísimo. Nunca formé parte de ningún grupo derechista, ni de bloque, nunca participé en actividades de destrucción, espionaje, sabotaje o ninguna otra fechoría, y lo seguiré afirmando mientras viva*.

      «Lo que había ocurrido es que las élites del partido, autoelectas y renovadas mediante sistemas de nombramientos jerárquicos y personales, se habían adueñado del mayor poder posible y de privilegios. Los líderes regionales del partido se habían convertido en actores políticos poderosos, en  auténticos barones feudales. En el territorio de su jurisdicción controlaban todo»*.

    «La sombra de Iosif  Vissarionovich. objeto de un culto casi religioso se cierne como un espectro sobre estos acontecimientos. No hay duda alguna sobre su responsabilidad en los acontecimientos….pero ningún gobernante ha puesto en práctica medidas tales de expulsión o destrucción a gran escala, sin el concurso de la sociedad»*.

   *La construcción estalinista de una narrativa dominante (y, con el tiempo obligatoria y monopolística) se llevó a cabo notable deliberación, como medio de control de la sociedad y de su transformación. Incluso tenía un nombre, <la línea general>. Disponía de agencias de propaganda y censura y una red profesional de agitadores ideológicos».

    La paradoja es que luego ya el sistema funciona solo, en La lógica del Terror, Oleg Neumov y Arch Gettty  traen a colación esta cita de Pierre Bourdieu: «En cuanto se ha creado un sistema con mecanismos capaces de garantizar objetivamente la reproducción del orden existente por su propia inercia, la clase dominante no tiene más que dejar que el sistema que domina siga su curso para ejercer su dominio; pero hasta la instauración de dicho sistema, debe obrar de manera directa, cotidiana y personal».

   Nota: * Oleg Neumov y Arch Getty, Memoria crítica.

 

Aniceto Moisés Carvajal Sobrino


         

             

                     Las dos vidas del héroe de Navalcán

Enrique Delgado

      Aniceto Moisés Carvajal era Jefe del Estado Mayor del Ejército del Ejército del Este, a cuyo mando se encontraba uno de los mejores generales del Ejército de la República y de España, Vicente Rojo Lluch, en palabras del coronel ex director de la Academia Militar de Zaragoza, Carlos Blanco Escolá. En marzo de 1939 se encontraba en Solsona (Lleida), cuando se proclamó el cese el fuego y la rendición incondicional de La República. A partir de ese momento, 400.000 efectivos militares republicanos, pertenecientes al Ejército Popular del Este y del Ebro, atravesaron la frontera en dirección a Francia. En Madrid quedaba atrapado el Ejército del Centro a cuyo frente se encontraba el general José Miaja y los coroneles Modesto y Segismundo Casado.

        Existe una historia difícil de comprobar, en  la que Franco habría ordenado que si algún oficial republicano se identificaba como Aniceto Carvajal Sobrino, fuese conducido sin preguntas ni dilaciones a su presencia. No es posible afirmar si se cursó algún cable a la frontera francesa, o a las unidades republicanas en este sentido. Quizá sí, y el general Franco le hiciese vía telegráfica, o mediante alocución, la promesa de perdón, al Laureado héroe de Navalcán (Toledo). Lo que sabemos es que la rechazó, y que decidió marchar al exilio con el Ejército del Gobierno al que había jurado lealtad. Éste es su gran gesto heroico.

         La respuesta a esa extraña distinción, en quien no solía hacerlas con nadie, se encontraba en un lugar remoto en el tiempo, concretamente en Sidi Mesaud, año 1924, lugar en el que por su comportamiento Aniceto Carvajal recibió la más alta y exigente condecoración de las Fuerzas Armadas españolas. La Gran Cruz Laureada de San Fernando en 1929. El hecho militar está relatado en un artículo del periodista melillense Salvador Ramírez,  con información de José Marqués en 2007, en un desaparecido periódico digital melillense, aunque está suficientemente documentando en otras fuentes.

                                    Navalcán, la cuna del héroe

           Navalcán es un pequeño pueblo de la provincia de Toledo, que es la cuna de uno de los más grandes héroes de la historia militar contemporánea española y además en un doble sentido. Allí nació Aniceto Moisés el 4 de septiembre de 1896, hijo legítimo de Segundo Carvajal y de Cándida Sobrino. Tenemos además documentada la existencia de otros dos hermanos, Ricardo y Antonio, también militares. Antonio quedó en zona republicana, por lo que fue expulsado del ejército en 1938 por el infame delito franquista de «auxilio a la rebelión», aunque consiguió anular la sentencia en 1945.

           La evolución de Aniceto Moisés Carvajal lo traería hasta África y concretamente a Melilla, en las operaciones de reconquista del territorio marroquí tras la derrota de Annual. En 1924 se produce el combate de Sidi Mesaud, en donde alcanzaría la gloria militar, que le sería concedida en forma de Cruz Laureada de San Fernando, cuando ya era capitán en el Tercio de Ceuta, en donde cada año, celebran una carrera anual con su nombre. En 1930 su hermano Antonio ingresó en la Academia General Militar.

          El 10 de abril de 1931 contrajo matrimonio con la hija mayor del General Sebastián Pozas Perea*, María Elisa Pozas Camarasa (Reus 1906- México DF 1996). Desde ese momento, su vida militar estará asociada a la de su suegro. En 1936 Sebastián Pozas es Inspector General de la Guardia Civil, y Aniceto Carvajal su secretario particular. Ambos participarán con el Ejército del Centro en las Batallas del Jarama y de Guadalajara. En 1938 obtiene su ascenso a Tte. Coronel y es destinado al Estado Mayor del Ejército del Este, en donde le alcanzará la rendición incondicional, exigida por Franco, del Ejército de La República. La valentía personal la tenía acreditada, la moral la adquirió cuando le dijo «no» al tirano y su promesa de perdón. Prefirió irse al exilio,  con el derrotado ejército del Gobierno al que había jurado lealtad. Esto equivalía a llamar traidor en su cara al propio Franco.

                            México, la vida en el exilio

        El tiempo del exilio fue duro y se inició en febrero de 1939. El buque Frande arribó al puerto de Veracruz en México el 20 de abril de ese año, con el General Sebastián Pozas Perea, su esposa Vicenta Camarasa Arrufat y su hija menor Mª del Carmen Pozas Camarasa, nacida en 1915. Junto a él iba su otra hija, Mª Elisa y su yerno Aniceto Moisés, con sus dos hijos, Ricardo y José Antonio.  México dispensó una fraternal acogida a los exiliados españoles. Tanta fue la gratitud hacia este país hermano, que la escritora Carlota O´Neill, que también arribó a México en 1941, tituló la primera edición de sus memorias como Una mexicana en la guerra de España.

      ¿Cuándo murió el héroe?. Aniceto Moisés Carvajal Sobrino murió un 24 de marzo de 1962 en la ciudad de México. ¿Se atreverá la Comandancia Militar de Melilla, al igual que hizo con el golpista Sanjurjo, a traer los restos del laureado legionario al Panteón de Héroes de Melilla?. Muchos nos tenemos que no. El general Sebastián Pozas murió en México DF el 29 de noviembre de 1946.

      Nota: La información biográfica y las fichas del exilio de las hijas del general Pozas, me han sido proporcionadas por el genealogista mexicano Juan Goméz-Gallardo, y el Ayuntamiento de Navalcán.

(1)http://fotografiasdemelilla.blogspot.com.es/2012/03/el-morabo-de-sidi-mesaud.html; (2)https://melillaizquierda.blogspot.com.es/2012/10/sebastian-pozas-perea-el-olvidado-jefe.html