Archivo diario: 24 mayo, 2019

El amianto sin control


 

                 Cuando han pasado ya casi dos años desde que desveláramos la presencia masiva de amianto en Melilla, en forma de placas de uralita, no se ha tomado ninguna medida para evaluar la cantidad existente en la ciudad, ni la elaboración de un plan para su retirada. Solo se ha llevado a cabo la retirada en la plaza de toros, en el cuartel Gabriel de Morales y en los barracones del antiguo hospital militar. Tampoco sabemos qué se ha hecho con ese material y en dónde se ha depositado.

                       El fibrocemento en forma de placas de uralita se puede encontrar en toda la ciudad, desde un extremo a otro. La presencia más preocupante es: además de las placas utilizadas como cubiertas en naves industriales, cuarteles, en las casetas de La Hípica, en pabellones deportivos y mercados; la utilización de este material en los bidones de agua para el consumo humano, en todas las casas del centro de la ciudad y de los barrios antiguos. Son miles los bidones todavía existentes y otros tantos los eliminados a lo largo de las últimas décadas. El amianto está en contacto con la población en muchos lugares de Melilla.

                  Además de todo lo que ya se sabe, existe otro problema, y es el de la eliminación clandestina y oculta de las placas de uralita, que han aparecido fracturadas y abandonadas de manera descontrolada, en varias localizaciones de Melilla. La última de la que hemos tenido noticia está en una antigua vivienda de la calle Infantería. La casa está vacía y con las vigas al descubierto. No sabemos si está en obra o en derribo, pero queda claro que la cubierta o parte de ella era de uralita, y ahora yace fracturada en el suelo.

                El amianto conserva su peligro de modo latente, hasta que con el paso del tiempo se degrada y se forma una fina capa sobre su superficie. También cuando se fractura o se intenta eliminar de modo oculto.  En ese momento miles de micro partículas se liberan y viajan por el aire.   Con el fin de la segunda década del siglo XXI, Melilla no ha resuelto ninguno de sus problemas clásicos (paro, contaminación ambiental y futuro económico).

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