El jardín salvaje


 

        La desembocadura del río de Oro y sus inmediaciones dan para todo. Aquí están algunos de los mejores bloques de viviendas de esta parte de la ciudad y algunos de los restaurantes y cafeterías más frecuentados por los melillenses y también por el equipo de gobierno reinante. Esto es el Paseo Marítimo. Por aquí pasa en algún momento u otro de la semana casi toda la ciudad. Esto es parte de nuestro supuesto «escaparate turístico».

        Hace un tiempo había aquí un parque infantil con vigilante, y unos cuidados jardines. La ampliación de la estación depuradora de aguas del río de Oro acabó con esta zona de recreo, que de ser un cuidado y agradable parque, se ha transformado en una zona agreste y en un parque salvaje.

       El césped brilla por su ausencia. la suciedad y el abandono se han adueñado de todo el paraje. El lugar no invita al reposo ni al descanso. El árbol tronchado, con su rama sostenida por el suelo, ejemplifica a qué estado están llegando las cosas en nuestra ciudad. No es un olmo seco, pero sí está hendido por el rayo de la mala gestión.

Tráfico, el infierno en las calles


accidentes en melilla

         Los accidentes de tráfico son constantes y diarios. Jugársela en las calles también. El mal estado del pavimento, la saturación y densidad del tráfico junto a la falta de una regulación efectiva, son males endémicos en la circulación en Melilla. La proliferación de rotondas (algunas de ellas inservibles), la ausencia de una señalización vial permanente, salvo el esporádico repintado electoral, consiguen que casi nadie circule adecuadamente por la calles. La falta casi generalizada de respeto o atención del automovilista melillense hacia cualquier señal o norma de tráfico empieza a ser legendaria. Suele ser normal que en un semáforo pasen más automóviles con la luz naranja o roja, que cuando está en verde. Exaspera ver el tiempo que se toman algunos/as en salir de un semáforo cuando el disco muestra el color verde, o la parsimonia con que  algunos/as salen de los aparcamientos, provocando enormes considerables embotellamientos. Los vicios de los automovilistas melillenses llenarían paginas de una enciclopedia. No todo podemos achacarlo a una gestión pésima.

El estado de la gestión de Melilla


 Esconder el río de Oro

   En este momento podemos afirmar, sin temor a equivocarnos, que no hay una sola calle o plaza de la ciudad que se encuentre en estado óptimo, como debería corresponder a una ciudad que invierte las cantidades publicadas oficialmente en limpieza, obras y mantenimiento de parques y calles.

   Las canículas de mayo apenas han comenzado y los ciudadanos que han acudido a las playas se han encontrado con un inmenso vertedero, o con una papelera inmensa. No están limpias ni las aguas, ni las arenas, ni puestos en orden los servicios de las mismas (duchas, aseos, pasarelas, papeleras). La ciudad se encuentra frente a una gestión catastrófica, en donde ya no da resultado ni los planes de empleo ni inversión alguna.

     Los esfuerzos de la propaganda no logran tapar ni esconder la realidad de una ciudad que ven todos los ciudadanos que deambulan por sus calles, o que intentan disfrutar de un fin de semana de ocio dentro de los estrechos límites de la ciudad.

       El río de Oro lleva cinco siglos infectando la ciudad, por eso se desvió su cauce a finales del siglo XIX. La desembocadura es un punto negro que no han conseguido resolver en los últimos 14 años de gestión popular. Tras años de encharcamientos pestilentes, que en nada o en muy poco ha resuelto la estación depuradora de aguas. La única solución que se ha encontrado es la de esconder el poco caudal existente en un desagüe junto al puente sin nombre.  En ese punto  se esconde el milenario río melillense y va directo a la estación depuradora de aguas, que pasados unos días devuelve el agua, ya depurada, a las aguas marinas en la que nos bañamos todos los melillenses. ¿Son seguras y salubres nuestras aguas de baño?. Llegados aquí,  ya no me atrevería a realizar afirmación alguna.

El requisito de un banco


 

 

         Estamos en la plaza de Adolfo Suárez, en el nombre sin plaza. La existencia de la plaza ha saltado al conocimiento de los melillenses con ocasión del fallecimiento del que fuera el primer presidente constitucional de esta etapa histórica. Este lugar resulta de la confluencia de cuatro calles y avenidas de Melilla. Hasta hace no mucho no era ni una plaza ni tenía nombre, porque no estaba catalogada como tal. Quizá dentro de algún tiempo sí sea una plaza, aunque de momento ya tiene nombre.

                Es un lugar con buena sombra. Sus ficus se tocan por la copas y proporciona una sensación térmica agradable en el inicio de la rigurosa canícula melillense. Un día indeterminado aparecieron allí estos artefactos, que según el diccionario de la Real Academia podrían ser bancos, porque según su definición, la condición para ser un banco no es tener respaldo, sino asiento.

               Está claro que lo que se pretende no es la comodidad del ciudadano, sino que no se detenga en lugar alguno y no cree problemas, como charlar, beber cerveza, jugar los niños/as o conspirar contra el gobierno en ejercicio.

        Nota:  http://laotramelilla.blogspot.com.es/2012/09/no-habia-otros-bancos-mas-comodos.html

El banco malo


 

Sentarse en Melilla

    Sentarse en Melilla y en muchas ciudades empieza a ser algo difícil. Los bancos de sentarse están desapareciendo de las calles, los otros desgraciadamente abundan. En las ciudades cada vez quedan menos asienteos urbanos, porque los alcaldes solo quieren que los ciudadanos transiten y se detengan lo menos posible en las plazas y calles. Por eso, los bancos no se cuidan, no se reponen si se deterioran y si se colocan algunos, no suelen estar a la sombra. Nadie quiere a los ciudadanos sentados, despotricando del gobierno e ideando sabe Dios que revueltas.

       A la derecha, los ciudadanos sentados les parecen sospechosos y más de cinco pueden constituir una concentración ilegal y ser objeto de multas. En Melilla se está perpetrando un nuevo Reglamento de Convivencia que pretende sancionar el comer pipas, no ya tirar las cáscaras al suelo, cosa casi inevitable dada la ausencia de papeleras, sino el hecho de sentarse a comerlas. Sentarse implica la posibilidad de charla y calumniar a los gobernantes, lo que resultaría intolerable.

       La 3ª ley de Melilla dice que: observada una situación de deterioro, lo normal es que pasado un tiempo todo siga igual, salvo que por catástrofe natural o por acción humana, todo haya empeorado de manera irreversible.

       Estos viejos bancos de madera, incómodos como pocos, están justo al lado de la explanada de San Lorenzo y frente a una zona residencial. Hace no mucho pasamos por allí y fotografiamos su estado, que ha empeorado de modo ostensible. Yo creo que no quieren que nadie se siente allí, no sea que se perturbe algún sueño muy principal.

         Yo tengo la sospecha de que la derecha diseña ciudades incómodas para el ciudadano. Existen patrones comunes en aquellas que he podido observar. Eso sí, mientras lo bancos se encuentra en ese lamentable e inservible estado, se instalaban nuevas macetas de adorno en las jardineras.

           Nota: https://elalminardemelilla.com/2013/11/20/nuevas-estampas-insolitas/

Frente a la nada


 ¿Se puede escribir sobre la nada?. Nada no es lo mismo que no escribir. Hay tres personas que han escrito sobre la nada, una fue  Jean Paul Sarte, otra Carmen Laforet y la última Michael Ende. La nada tiene entidad por sí misma, no es solo la ausencia de cosas. Una estación vacía en la que ya hace tiempo que no paran trenes ni acuden pasajeros, es el vacío, pero no es la nada. Acercarse al Alminar y ver que no hay nada, cuando se espera encontrar algo, sí es algo cercano a la nada, aunque es inevitable que la mente se haga preguntas acerca del motivo, lo que disuelve la sensación de enfrentarse a la nada. La sensación de la nada más lograda, la encontré en el vídeo juego de Silent Hill, cuando el protagonista recorre una calle tras otra, todas vacías y cubiertas de niebla, sin que nada que ofreciese alguna explicación sobre lo sucedido. En algún momento se llega a sentir miedo, porque estamos preparados para enfrentarnos a cosas o para superar dificultades. Sin embargo, nadie está preparado para vivir frente a la nada.

Nada sería dejar de escribir durante días o semanas, sin motivo alguno y que quienes nos visitasen, no albergaran ya pensamiento alguno. Pese a todo, lo ya escrito seguiría lanzado ecos y ofreciendo explicaciones. Nada es nada, y es casi imposible aproximarse a ella sin llenarla con algo. Un templo vacío, un edificio abandonado que ya ha dejado escapar sus historias, una vía de tren que ya no lleva a parte alguna; sin son cosas próximas a la nada. Más allá de ella no se puede ir. La nada crece con las cosas que un día fueron. La nada no existe antes de ella misma. La nada solo está después.  La nada a veces es un parapeto  frente al asalto de la realidad, que siempre espera fuera.

Tres edificios modernistas del Real


                   La liquidación de modernismo en el barrio del Real es un hecho. Apenas quedan unos pocos y no se sabe muy bien cuál será su suerte. Hace poco dimos cuenta del derribo de uno que estaba firmado por Enrique Nieto. Por mucho que al reconstruir el edifico se reproduzcan las molduras, o se pretenda colocar una placa que recuerde el edificio anterior, el hecho es que ya no será  el edificio del arquitecto barcelonés afincado en Melilla. No solo se derriban los edificios, sino que desaparece el estilo que inspiró la creación del barrio, del que ya no queda nada. No ha existido una normativa para la construcción de las nuevas edificaciones, no se ha impuesto un patrón a seguir, ni se ha pretendido crear un nuevo modelo de barrio. No hay una sola calle igual en el barrio del Real, no hay dos edificios iguales ni siquiera en una misma calle. El urbanismo es absolutamente desordenado.

                      En la calle Jiménez e Iglesias, antigua calle Mezquita, quedan tres edificios, ya cerrados y en espera de la ruina. Uno es el que fuera el antiguo Cine Español y los otros dos son antiguas viviendas familiares, que tampoco habita ya nadie. El futuro de todo es incierto. Las inminentes obras a realizar en el barrio serán solo un lavado de cara, porque el espíritu del barrio está perdido hace tiempo. Han sido muchos años de descuido y abandono urbanístico. Es raro el mes en que no se autorizan uno o dos derribos. Se desconoce cuál puede ser el tamaño de la lista de licencias de demolición. Los ojeadores recorren el barrio en busca de antiguas viviendas de una sola planta en estado de venta. Muchas ya han sido derribadas y son solo solares, en espera de mejor vida o de mejor PGOU.

                    Nota: (1)   https://elalminardemelilla.com/2013/06/05/el-modernismo-en-el-barrio-del-real/  , (2) https://elalminardemelilla.com/2013/12/11/c7-tocado-d7-hundido/