El bombero frente al semáforo


Bombero frente al semáforo

                Es la imagen del día y la de este temporal. Ignoro cuál es la secuencia de los hechos, si alguien advirtió del derrumbe del semáforo a los bomberos, o si éste pasaba por allí y ante el peligro decidió sostener él solo el semáforo, en espera de refuerzos o de una ayuda definitiva. El semáforo es el de la calle actor Tallaví, esquina músico Granados, junto al edificio Remartínez. La fuerza del viento desestabiliza y arranca de su base el poste semafórico, el bombero intenta detener su caída libre,  en un desesperado intento de evitar posibles daños sobre viandantes o vehículos. El esfuerzo se nota en su rostro. El semáforo al final se derrumbó, al parecer sin heridos ni percances reseñables, pero el peligro fue evidente, en especial para el bombero que intentó detenerlo. Un colaborador, que estaba allí, en su coche, es espera de poder pasar, nos ha remitido la fotografía.

El anuncio de lo inexistente


El anuncio inexistente

                      Este cartel anunciador de las mil y una excelencias de ocio y compras de nuestra ciudad, anuncia lo que ya no existe y lo que existe,  no lo anuncia. Desconocemos por completo quién gestiona este panel, o si ya solo es un resto de una campaña ya vencida y que nadie se atreve a quitar, entre otras cosas porque ya no pertenece a nadie. A bote pronto, y entre mucha información de dudosa utilidad, se identifican al menos una decena de establecimientos que han dejado de existir hace algunos años. Hemos señalado unos cuantos, pero dejo a los colaboradores y comentaristas del Alminar la identificación de algunos más. Existen dudas acerca de los talleres y establecimientos náuticos de Puerto Noray, pero al carecer de embarcación no puedo confirmarlo. Está situado en la plaza de Menéndez Pelayo. Todavía alguien lo mira, intentando extraer alguna información del mismo. Si las cosas no se vigilan y mantienen, aparte de perder la utilidad para la que fueron concebidas, se convierten en armatostes  en la vía pública.

Historias de dos ciudades


 

        Hay dos ciudades.  Hay dos ciudades en cualquier ciudad.  Una parte de Melilla se pregunta si se ha nacido para el golf, mientras la otra rebusca comida en la basura, o hace arder contenedores y mobiliario urbano para llamar la atención sobre la falta de salidas sociales y laborales. No tengo nada en contra del golf, pero sí mucho en contra del derroche y de la ostentación impúdica de la riqueza. Hay un inmenso muro invisible que separa a las dos ciudades, como en un Ecuador imaginario. Una parte de la ciudad busca como llenar, al menos una vez al mes, el inmenso e injustificable derroche del faraónico Teatro Kursaal, y un ciudadano de la otra apedrea La Comisaría , porque le prometieron un campo de fútbol en su barrio y no lo han cumplido. Hay dos ciudades y también dos mundos.

        Cuando se gasta 14.400€ en caramelos para la Cabalgata de Reyes, o 3750€ en una comilona para los 30 colaboradores del desfile, y ni un solo euro en evitar que «menores» o personas, rebusquen entre los desperdicios, es que algo está pasando. Cuando ya nadie se molesta o siente vergüenza de mostrar a los demás lo bien que le va en la vida, protegido por cuantiosas subvenciones y contratos públicos, es que algo está fallando desde la misma base. Y vuelvo a insistir que no tengo nada en contra del golf. Solo  pretendo llamar la atención sobre el contraste.

    Cada cual puede hacer con su dinero, poco o mucho lo que quiera. Sin embargo, cuando las aficiones personales se pagan y mantienen con dinero público, entonces tenemos el derecho y el deber de exigir explicaciones.

El culto al soldado de los milagros en Melilla


                     Una antigua foto de la tumba del soldado Benito,

       En una de las tardes de las reuniones familiares navideñas, se abren cajas de fotografías y se rebusca en el pasado. En una de esas tardes en las que no se sale de casa, apareció esta vieja fotografía de la tumba del soldado Benito López Franco, muerto en Melilla en extrañas circunstancias en 1950, en las dependencias del cuartel del Regimiento de Infantería de Melilla. Hoy ya está fuera de toda duda que Benito, murió como consecuencia de una paliza, propinada como castigo o disuasión por sus posibles relaciones con la hija de algún oficial de la guarnición de la ciudad. Quizá la paliza se les fue de las manos y tuvo las fatales consecuencias conocidas, aunque en el parte de fallecimiento conste solo la palabra «suicidio».

      El soldado Benito, o soldado de los milagros, murió el 17 de enero de 1950. El pasado 17 de enero, una comentarista, Elsa, escribió este texto en una de las fotos que tengo colocadas en El Alminar: Que tu alma inunde el mundo eternamente de tu luz Benito. Hasta hoy no he caído en que el comentario está escrito en el día de su fallecimiento, fecha a la que no se le suele prestar atención informativa de ningún tipo.

     A la historia del soldado de Cetina el falta absolutamente todo. Conocemos el final, pero no el por qué.  El inicio de su culto,  su consolidación a lo largo de los años y otro buen número de preguntas siguen sin encontrar quién las responda. Su posible novia, o incipiente amor, o quienes sepan qué ocurrió todavía pueden estar vivas/os. Estoy seguro que todavía hay quienes guarden las llaves que abran la caja del secreto mejor guardado de Melilla. Hay una cosa que es cierta, en lo que dice Elsa. La luz de la historia de Benito López Franco recorre el mundo y quizá, gracias al alcance de internet, de su poder de comunicación, y del anonimato que facilita, todavía estemos a tiempo de resolver si no todo, sí parte del misterio.

    PD: La familia del soldado benito edita años tras años estampas que reparten en nuestra ciudad y tiene los derechos de imagen en su propiedad, pero también hay ciudadanos que elaboran las suyas, con motivo devocional o para dar cumplimiento a promesas. También puede verse una pequeña y rústica capillita, hecha en madera, con la imagen del soldado de los milagros, del que se han cumplido 54 años de su muerte o asesinato.                                                           Nota: La fotografía puede ser de la década de 1980.

   (1) https://elalminardemelilla.com/2011/09/14/el-soldado-de-los-milagros/

           

El falo de Melilla


No lo decimos nosotros, son los vecinos de la calle Duquesa de La Victoria los que han calificado de «falo» a este poste inservible en el primer número de la acera de los pares de la calle. En junio del presente año, El Alminar fue advertido por el blog amigo de La Otra Melilla, y escribimos acerca de este poste telefónico que ya no tenía utilidad alguna y que seguía estando en medio de la acera. Estudiamos toda la zona y seguimos minuciosamente el recorrido de todos los cables, y pese a las apariencias, ninguno de ellos (telefónicos y eléctricos) llegaba hasta este poste, que calificamos como de «tendido cero». Las obras de la nueva rotonda han puesto de manifiesto su absoluta inutilidad, y la enorme molestia que causa, porque la acera se ha estrechado por causa de los trabajos que se llevan a cabo en la zona. Este no es el primer cartel que colocan los vecinos, el primero de ellos tenía el siguiente texto: Soy un monumento, me quieren quitar. Este nuevo cartel lo califica como: monumento al falo de Melilla. Quizá esta vez lo quiten. Quizá ya alguien sienta vergüenza.

El falo incomparable de Franco

Tampoco es del Alminar la frase, ni una invención nuestra, ni refleja ninguna obsesión con la figura del Caudillo. En 1937, un exaltado escritor franquista, Ernesto Giménez Caballero, calificó de esta estrambótica forma a la pluma estilográfica del Generalísimo, la misma con la que firmaba una pena de muerte detrás de otra. Con la acción de estos vecinos de Duquesa de La Victoria, me ha sido imposible evitar traer al Alminar esta historia, que demuestra la bajeza de la adulación a la que fueron capaces de llegar algunos. La comparación no gustó ni siquiera al propio e invicto Generalísimo, y el escritor, por decirlo de algún modo, fue postergado.

Notar: https://elalminardemelilla.com/2013/06/02/poste-de-tendido-cero/

Dos barcos y un solo puerto


Tenemos la Estación Marítima más moderna de todo el Mediterráneo. Hoy ha llegado un «presunto crucero» y ya nadie le ha hecho caso. Estamos tan enfrascados con las diversas actuaciones  judiciales que ya a nadie le importa que venga a vernos un crucero más. Hoy había temporal de poniente y los barcos deben atracar en la zona de carga, en la parte trasera del puerto, en donde atraca el barco que llena nuestra ciudad de contenedores de mercancías.

Tenemos dos estaciones marítimas, una vieja que quieren tirar abajo porque dicen que está desvencijada, y otra nueva que costó lo que tres, pero que solo puede albergar un barco cada vez. El asunto es que cuando llega un barco distinto a los habituales, y Acciona tiene preferencia en la Estación Marítima, que no tiene nombre, debe atracar en un muelle que ni siquiera tiene pasarela para pasajeros, aunque van a construir una que va a costar mucho dinero y que no sabemos a dónde llegará, porque el edificio antiguo va a ser demolido para que quepan más contenedores. En días pasados se anunció la suspensión de la visita de otro crucero y tampoco le importó a nadie. Ya no recordamos ni el nombre.

Cuando hay «fuerte temporal de poniente», que no tienen un nombre tan bélico como «el fuerte viento de levante», los barcos deben atracar en el muelle de carga, que tiene mayor calado y protege mejor de las corrientes.

Es solo una imagen y un comentario, de un crucero completamente ignorado. El ciudadano de Melilla ya vive sobresaltado. El lunes había muchos coches oficiales en la puerta del Ayuntamiento y ya nadie pensaba que podía tratarse de una visita protocolaria. Todo el que pasaba por allí tenía la sensación de que iban a llevarse a alguien detenido.

La torre desmochada


Hace unos días (https://elalminardemelilla.com/2013/10/09/la-torre-vencida/), dábamos cuenta de una torre o atalaya ya vencida porque cualquier torre, hasta la más alta y fuerte puede caer, desde la histórica torre de Babel. Luego, detrás de ella fueron las ciudades de La Pentápolis, entre las que se encontraban Sodoma y Gomorra como las más recordadas, pero fueron cinco, de ahí el término griego de «penta». Apenas ha pasado un mes desde la denuncia pública, solo efectuada en El Alminar, y la torre ya está siendo desmochada. ¿Cuántas guardias y vigilias ha albergado esa torre, cuantos centinelas habrán pasado por ella?. En unos días más, solo ser un recuerdo. Es un éxito más del Alminar, es verdad,  y demuestra muchas cosas. La principal es que los que siguen cobrando los sueldo por gobernar, son ellos. Los que nos paseamos por la ciudad, vemos y denunciamos las cosas, nosotros. Algo no está en su sitio y esto también puede ser interpretado como  una parábola.

La torre ha pasado de estar vencida a ser desmochada en tan solo un mes.