El secreto de Los Secretos


La última noche de los conciertos de «Música a la Luna» escondía un secreto, que no era la presencia del grupo Los Secretos, sino la del presidente Imbroda. Nos fuimos a la parte más alta de la Plaza de Armas y nos demoramos mucho charlando con amigos y conocidos y dejando que las niñas jugaran y corretearan por la zona. Salimos entre los últimos grupos de público asistente y al pasar por el túnel de la plaza, que da acceso al foso del Hornabeque, me fijé en que delante de nosotros, y en coincidencia no forzada, iba el presidente Imbroda, acompañado por dos consejeros de su gobierno (Mateo y Villena), y por su esposa y concejala Paqui Conde. Salvo en muy contadas ocasiones y descartados las artículos y entrevistas hagiográficas, y los únicamente descalificatorios, son contadas las personas que se han atrevido a analizar algún aspecto del «ejercicio del Poder» por parte de Juan José Imbroda.

El caso es que caminé detrás de él, sin atreverme a adelantar a su grupo, y a los dos escoltas que le cubrían la espalda. La providencia había hecho un nuevo regalo al Alminar, pues una imagen casual del Presidente de Melilla, supone una subida inmediata de audiencia. No podía alertar al grupo de mi presencia con la luz del flash, así que tuve que esperar la ocasión en la que la luz del entorno me ayudase. Esta se produjo en el foso del Hornabeque, poco antes de entrar en el túnel de San Fernando. No era mal símbolo, el presidente justo antes de entrar en el túnel.

                                     ¿Cuál es la naturaleza del Poder?

Mucho se ha reflexionado sobre esto. El Poder es algo temporal y se debe estar siempre dispuesto a dejarlo, pero como el ser humano no es capaz de hacerlo por sí mismo, y su ejercicio, aunque sea en Democracia, otorga innumerables beneficios y privilegios, lo normal sería limitar su mandato, en cualquier situación, a un máximo de dos o tres periodos legislativos. Da igual que sea en gobiernos nacionales, autonómicos o municipales. Los mandatos también deberían ser limitados en partidos políticos y sindicatos. Es la única manera de evitar las dañinas nomenclaturas, y el surgimiento de redes clientelares y cortesanas.
                                              Retirarse a tiempo

Es uno de los asuntos más difíciles. Decidir cuando la propia obra personal ha concluido. En España, el caso más ejemplar de esta actitud fue la del más grande de todos los monarcas, el también emperador Carlos I. En cuanto a etapas democráticas está el ejemplo del almeriense Nicolás Salmerón, que dimitió como presidente de La I República, con solo unos meses en el cargo, por negarse a firmar unas condenas de muerte.
Un gran final, en el momento oportuno, elimina la mayor parte de los errores que se hayan podido cometer, y la situación inversa también. Un mal final, puede arruinar todo lo bueno que se haya hecho por una ciudad, nación, o región. En 1970, el diario Madrid publicó un artículo con este titulo y referido al General De Gaulle. Franco entendió el mensaje y ordenó a su ministro Manuel Fraga el cierre del periódico y la demolición del edificio en el que se ubicaba. Ocurre también que después del poder ya no se es nada, y la situación de los ex presidentes los convierte casi en «espectros» vivientes: Felipe González, José María Aznar o Rodríguez Zapatero. Solo uno de ellos designó su propio final, pero coincidió con el peor momento posible, no supo escogerlo. Los otros no lograron hacerlo a tiempo y fueron devorados por su propio éxito el primero, y por su propio fracaso el segundo. En todos destacó la extraordinaria resistencia al cambio en sus ministros y colaboradores, y acabaron pagando los errores de todos ellos. Hay muchas lecciones que extraer de todo, pero todavía no se ha aprendido ninguna.
Todos prefieren ser derrotados, antes que irse por propia voluntad. Todo eso se eliminaría con la limitación temporal de los mandatos. Así, cada mandatario quedaría enfrentado únicamente a sus obras. Uno comete sus errores, pero no los de los demás.

Expulsión en el paraiso homeless



Esta mañana se producía la expulsión en el paraíso homeless del nº 7 de la Carretera de Alfonso XIII, de al menos 10 varones argelinos, que vivían allí refugiados desde la expulsión del Centro de Inmigrantes. Solo han pasado cuatro días desde la denuncia efectuada en El Alminar. La reacción, en este caso, ha sido inmediata por parte de las autoridades competentes. Esta tarde ya se estaba procediendo a la demolición de la vivienda y a la explanación de toda la zona. En pocos días todo será convertido en un solar. Salvo esta pequeña vivienda y el patio trasero, toda la zona está llena de almacenes vacíos, resto de antiguos pasados industriales. Los argelinos abandonaban el refugio camino de la nada. Salían con sus colchones y pertrechos sin rumbo determinado, igual que en la maldición bíblica: «Y vagaréis errantes por toda La Tierra».Lo que queda claro es que nuestra ciudad se encuentra a merced de la inercia. Ya no hay una gestión que esté por delante de los acontecimientos. La situación es la contraria, o sea, que se reacciona según suceden o se denuncian las cosas. No tenía hoy previsto volver a sacar este tema.

PD: Al repasar las fotografías, me he dado cuenta de que en el ángulo inferior derecho, puede verse a personas durmiendo, son los inmigrantes homeless.

Nota: https://elalminardemelilla.com/2013/09/06/del-abandono-al-refugio-improvisado/

El volcán social


Altercado en la Consejería de Servicios Sociales

Los volcanes antes de entrar en erupción suelen anunciarlo, mediante movimientos sísmicos o con largas y prolongadas fumarolas. Hoy ha sido un día extraño. El calor, que tantos deseaban, embota los sentidos y licua las mentes. Esta mañana un hombre hacía un desesperado intento de llamar la atención sobre su propia causa, llevando a cabo un in intento de quemarse a lo bonzo en el Palacio de la Asamblea de Melilla. Apenas unas horas después, un matrimonio o pareja, a quienes los Servicios Sociales habían retirado, ¿temporalmente?, la custodia de uno de sus hijos, protagonizaba un tremendo altercado en la puerta de la Consejería de Servicios Sociales. El padre, preso de la desesperación y la ansiedad, se propinó un brutal cabezazo contra las rejas de una de las ventanas de La Consejería. La gente se está quedando sin recursos, mientras los gestores políticos parecen seguir viviendo en otro mundo y en otra realidad. No es la primera vez que hablamos de la desesperación de la gente en aquí, y tampoco será la última.
Como decían en la Rusia de Stalin, unos se quedaron con la hoz de la siega, y al resto solo le tocó el martillo.
Nota: https://elalminardemelilla.com/2013/04/26/melilla-desesperacion-en-las-calles/

El bosquete marroquí de Sidi Ouariach


                  Marruecos tala y despeja el bosquecillo de Sidi Ouariach

Los morabitos son pequeñas zonas verdes asociadas a un lugar de culto. Tienen una vegetación determinada y no suelen establecerse en lugares desprovistos de vegetación. Los árboles que los rodean suelen proporcionar un ambiente más fresco que el circundante y promueven así una sensación de relajación y de protección. El morabito histórico de Sidi Ouariacha estaba rodeado de: un pequeño bosque de tipo mediterráneo, con cobertura casi del 100% y altura de la vegetación cercana a los 2 m.. Esta descripción aparece reflejada en «La flora silvestre de Melilla», de los profesores José Manuel Cabo, Huberto García y Juan Antonio González. Ese tipo de bosque y de vegetación, debió ser el existente en el territorio de Melilla hasta la llegada de los españoles y la posterior ampliación de 1863. El espacio verde original se fue reduciendo como consecuencia de la acción humana. Los Pinos son solo fruto de la política de repoblación del Protectorado español.
El pasado día, al realizar las fotos desde el alminar de Sidi Ouariach, pude comprobar como Marruecos está talando y eliminando la vegetación del morabito, en el frente más próximo a la valla de Melilla. La comparación de las fotos de 2011 y 2013 no deja lugar a dudas. La incesante presión migratoria desde el año 2005 y las exigencias de colaboración por parte de España, han llevado al talado y eliminación de cualquier vegetación próxima a la frontera, que pueda servir como refugio a los inmigrantes subsaharianos.
El el libro de La flora silvestre de Melilla, ya se determina la irreversibilidad ecológica del territorio melillense, que ahora ase está extendiendo también al otro lado de la frontera.

Un gran barco en Melilla


Buque estratégico Juan Carlos I

El buque de asalto anfibio Juan Carlos I

El pasado domingo llegó a Melilla un gran barco de la Armada Española, el más grande que haya tenido nunca un país, España, que en su día fue la mayor potencia naval del planeta, junto con Portugal o Inglaterra. Llego a una ciudad aplastada por una semana de levante y en uno de sus tradicionales domingos, en los que no hay absolutamente nada que hacer, ni a donde ir. No hay domingos que produzcan más desasosiego que los de Melilla.

La población de la ciudad se volcó con el barco, y hasta 3500 melillenses, entre los que no se encontraba El Alminar, han podido visitarlo a lo largo de dos días. Es un barco al que no subimos, como a tantos otros. Lo intentamos, pero no estaba el destino de nuestro lado.

Las dobles colas y los grupos organizados

La mayor parte de esos 3500 melillenses, unos 2500,  han subido al barco del único modo posible, aguantando sufrídamente la cola y esperando pacientemente el turno.  Como norma general, siempre hablaremos bien de los militares españoles y del Ejército de La Democracia.  La Armada había organizados muy bien las visitas al buque, con un autorcaro grupo cada 45 minutos y en horario de mañana y tarde.

Sin embargo y como dijera Indalecio Prieto, apareció «el vicio de Melilla», el de saltarse cualquier cola o norma impuesta por la autoridad competente, y no esperar nada junto a la muchedumbre.  Se entiende que autoridades y dignatarios hagan visitas fuera de hora y en recorridos y visitas protocolarias.  El caso, es que desde esta tarde de domingo, empezó a aparecer más de un grupo concertado, cuya aparición suponía un retraso de turno para los melillenses de las sufridas colas.  Al final la excepción se convirtió en vicio y los grupos concertados empezaron a afluir de modo constante.

Los marinos españoles acabaron convertidos en «escribanos» y apuntaban a los visitantes del día, y a los que se apuntaban en visitas para el día posterior, con lo cual, al día siguiente aparecían las dobles colas ( los del día y los de cita previa), a los que había que añadir los concertados. Todo un lío.

Nadie contará estas cosas, pero pese a todo, en una ciudad tan necesitada de gestos institucionales, se agradece la presencia en Melilla de tan extraordinario barco.

El levante en San Juan


Dársena de Melilla con levante

           Dicen los melillenses, que el viento presente en San Juan es el que marca y caracteriza a ese verano. La memoria siempre es débil aliado, pero hasta donde recuerdo, creo que he asistido a más noches de San Juan con el levante impregnando de humedad la noche, que a las ventosas y secas del viento de poniente. Este último viento dispersa los fuegos artificiales de la noche de San Juan, y el primero los humedece hasta dejarlos casi irreconocibles. Ambos vientos son muy molestos y enloquecedores, pero como en todo, hay división de opiniones. Muchos melillenses prefieren el poniente, casi la mitad, y otros tantos el levante. De entre los dos, el más dañino es el de levante, ese que casi estuvo a punto de arruinar la conquista de la ciudad en 1497, por la opinión contraria de Cristobal Colón, el almirante de la Mar Océana. Para el egregio marino, el puerto de Melilla no servía de gran cosa, por estar dominado por los vientos de levante, o sea, que para el descubridor de América, de los dos vientos, es el más dominante, como sucede casi con todo en la vida. Los temporales de levante han casi destruido la ciudad en varias ocasiones, porque este viento mueve y mucho, el mar.
El viento de levante fue inmortalizado por Federico Trillo, Ministro de Defensa con José Mª Aznar, durante el incidente de la isla de Perejil, un 17 de julio de 2002, al enviar al Ejército de España a reconquistar el islote, «bajo un fuerte viento de levante».
Aún así, el levante de este año no ha sido demasiado fuerte, lo que permite alguna esperanza en cuanto a disfrutar el verano en las cada vez más exiguas playas melillenses.

Mal tiempo en junio


 Junio, playa de Melilla

             ¿Mal tiempo en junio?. Sí, por supuesto, ocurre simplemente que hemos perdido cualquier vínculo con la naturaleza, con la observación de la climatología y ya no sabemos qué va a ocurrir. Ahora nos fiamos del satélite y como mucho, miramos la aplicación del teléfono móvil o del ordenador que nos indica el tiempo que va a hacer mañana y en los próximos meses, hora por hora si es posible. Queremos asegurarlo todo, incluido el tiempo, y eso es imposible, porque el tiempo, es una de las cosas más impredecibles que existen. Hay otro hecho y es el cambio climático en el que estamos inmersos, y que agudiza cualquier fenómeno climatológico, que correspondiese a ese mes o estación.

            Hace algunos años, compré el almanaque agrícola Ceres, del año 1959, que analiza el tiempo climatológico y las labores del campo correspondientes, mes a mes. La guía ofrece consejos sorprendentes para un habitante urbano, pero no para uno del campo. Todo en ese anuario es interesante, pero releo con especial cuidado los refranes del tiempo en cada mes, y la explicación de los mismos. Este refrán del mes de junio es revelador: Junio, juniete, nublado, nubladete, si no graniza, agoniza. Las plantas, explica la guía, extraen mucha humedad del suelo, con lo que aumenta el calor y los nublados, y éstos las precipitaciones. Hoy en día , quienes extraen la humedad del medio ambiente, son los millones de aparatos de aire acondicionado, lo que hace aumentar el calor en los países en los que se utilizan, y de ahí una de las causas de formación de nublados y de precipitaciones intensas y dislocados.

         En el pasado existía una climatología de desarrollo natural, aunque imprevisible, y hoy existe una climatología alterada por la acción humana, pero igualmente imprevisible. La imagen que ilustra el presente comentario, es de la playa de Melilla, en un día de la pasada semana. Hace mal tiempo y un tiempo extraño. Hablar del tiempo es un recurso en cualquier lugar, cuando no se quiere hablar de otras cosas, igualmente graves. Como decían los persas: hasta el mejor arco necesita ser destensado. Eso mismo hacemos, pero seguimos aquí.

         Nota: ¿porqué no hay cigüeñas en Melilla?. Las he visto en Marruecos, en poblaciones cercanas, pero nunca en nuestra ciudad. Un refrán de junio dice: en junio el pueblo en la era y la cigüeña en la torre. Ya habíamos escrito sobre el mal tiempo y este tiempo extraño. (1)

https://elalminardemelilla.com/2013/01/25/demasiado-mal-tiempo/