La desaparición del viejo Industrial


     El Barrio del Industrial de Melilla atesoraba gran parte de la historia de la ciudad. Durante algunas décadas, nuestra ciudad, al igual que las grandes capitales tenía dos equipos de fútbol rivales, con aficiones netamente diferenciadas, la UD. Melilla  y el CF Industrial, al que también se conoció por el equipo de «los soldados». La década de 1980 conoció la paulatina desaparición de las grandes naves de salazón de pescado, reconvertidas durante algún tiempo en las primeras discotecas de Melilla. Era un barrio marinero, con el olor característico de la salazón del pescado. Cientos de mujeres melillenses trabajaron en esta industria. Junto a las naves industriales existían también casas matas, de carácter humilde, en la que vivían trabajadores o gentes de mar, siempre con las losetas de la Virgen del Carmen en la puerta.  La desaparición es tan completa, que ha perdido hasta su nombre. Es raro encontrar a quien diga  que «vive en el industrial», lo normal es llamarle ya Paseo Marítimo, o con los nombres de las calles y urbanizaciones. La composición social ha cambiado mucho. En este barrio, y en una tienda de «ultramarinos» que no he logrado identificar, se originó el culto al «Cristo de Limpias». Al morir la dueña se trasladó el busto al cementerio y posteriormente a la Iglesia de San Agustín (hasta su desaparición), que es de la que depende la administración eclesiástica del barrio.

            Hoy quedan muy pocos vestigios de aquel pasado, y algunos de los pocos que quedan,  presentan un aspecto desolador. Un almacén inactivo, otro en funcionamiento (el de Wenceslao García), y unas pocas manzanas de casas, ruinosas unas y habitadas todavía otras. Es una extraña mezcla en donde conviven la excelencia de edificios nuevos y un comercio moderno, junto a la ruina y la cochambre de anteriores viviendas y almacenes.  Es la resistencia a la desaparición, cuyo edificio más emblemático es el de los Talleres Montes. Es uno de los últimos lugares en donde pueden verse tejas en muestra ciudad. Sólo quedan aquí y en apenas dos o tres casas del barrio del Real.

En las trincheras de Melilla


La trincheras de «Los Pinos»

             Melilla,  ciudad de trincheras y ciudad atrincherada. No es usual en las ciudades españolas ver a soldados por el centro urbano, sé que son las llamadas marchas tácticas, diseñadas para mantener a las tropas en óptimo estado y para conferir seguridad psicológica a la población. No critico nada, solo constato el hecho. Tenía una serie de piezas de un rompecabezas que se completó en días pasados, al ver a los soldados «en marcha» por el centro de la villa.  En la pasada primavera  pasamos varios fin de semana en «los Pinos», en donde existen varias líneas de trincheras de la década de 1970. Hasta esos años Melilla no tenía frontera, solo unos hitos y una pequeña alambrada nos separaba de Marruecos. Los melillenses pasábamos andando por el «puesto fronterizo de Los Pinos», en Rostrogordo, para ir de excursión a las contiguas calas marroquíes.

               Hasta la década de 1980, Marruecos era un entorno cercano y amigable, casi familiar. En algún momento, desconozco la causa y los motivos, todo eso dejó de ser así y Melilla se convirtió en la ciudad atrincherada. Una ciudad en permanente defensa frente a un enemigo que no se sabe cual es. Dijeron que todo empezó con la epidemia de cólera de los años 70 del siglo pasado, luego sucedió un extraño episodio, denominado como «crisis de los tanques», en las que un «general» que barruntaba guerra, puso al ejército en disposición de combate y ordenó cavar todas esas trincheras, y edificó unas cuantas decenas de búnkeres, perfectamente identificables y refugio de los sin techos.

               Todo esto se deja notar en la ciudad, demasiado asfixiada y reconcentrada sobe sí misma, sobre sus fantasmas pasados, presentes y futuros. Se nota en las declaraciones de la clase política, calificando un repunte de la inmigración como una invasión. Luego,  ese miedo y esas ideas obsesivas penetran en la población, que percibe todo como una amenaza. El enemigo no está, no aparece por ningún sitio, porque no tiene forma, pero tiene varias nombres: «Liberalismo, insolidaridad, xenofobia, nacionalismo».  Melilla fue en otro momento una ciudad abierta, hoy es una ciudad bunkerizada.

          Nota:    Hace un año. estuvimos en otras trincheras, las de Mari Guari. https://elalminardemelilla.com/2011/11/22/las-trincheras-de-mari-guari/

En el interior de una cueva mora


                  La población bereber del norte de África, presente en la zona desde tiempos inmemoriales, desarrolló una alta capacidad para la excavación de cuevas y túneles, que podían servir como refugios, almacenes, pasadizos de comunicación. Los bereberes, sea cual sea su origen,  constituyeron la base poblacional de la conquista musulmana de la península ibérica. En Guadalajara, en las islas Baleares, en el Reino nazarí de Granada, dejaron abundantes muestras de este tipo de infraestructura, de utilidad tanto poblacional como defensiva. En todos lados se las conoce como «cuevas moras», salvo en Melilla, en donde se las cataloga como  púnicas.

         Toda Melilla está llena de cuevas de este tipo, y muchas de ellas siguen siendo utilizadas para las mismas funciones que antaño. La he visto excavadas en la roca y en uso como cabrerizas, en la zona que lleva ese nombre. He localizado ese tipo de refugios y excavaciones (bien  naturales o artificiales), en el barranco de Horcas Coloradas, que luego fueron utilizadas como infraviviendas por la población española, en los inicios del siglo XX.

             Melilla y en las zonas de España que un día fueron fronteras entre cristianos y musulmanes, servían como parapeto a las incursiones de los ejércitos que se disputaban el solar ibérico. En la España actual, quedan todavía multitud de leyendas sobre tesoros escondidos en «las cuevas moras», ante la inminencia del avance cristiano. Ninguno de ellos se ha encontrado jamás, quizá porque la memoria de su localización se perdió con la población hispano morisca expulsada entre 1492 y 1611.

                                    Interior de una cueva en Melilla

          Esta cueva en la que ha entrado El Alminar la ha visto casi todo el mundo en Melilla. El tramo de las fotografías comunica la plaza de Armas con la Ensenada de Los Galápagos. Es muy angosto y solo puede pasar por ella una persona de mediana estatura  o alguien ágil y esbelto. Su función primordial pudo ser la de comunicación, escape o rápido acceso desde la playa hasta lo que era la zona de comercio o medina de la Melilla musulmana. Con las llegada de los españoles en 1497 toda la zona sufrió una transformación profunda, que llegó a ser total en los siglos posteriores.

             La parte alta de lo que es el auditirium al aire libre, llegó a ser utilizado como prisión hasta el siglo XIX. Los galeotes y desterrados de Melilla cumplían aquí sus penas de rpisión en condiciones tales, que la alternativa solo era la muerte o el intento de fuga hacia el campo rifeño y la conversión al islam. Son los renegados de Melilla, un interesante aspecto de la historia melillense que sólo trata un libro: «Las memorias del ayudante Álvarez».

          Toda la zona se está derrumbando. La rehabilitación consistirá en cegarlo todo y anularlo para su estudio o visita. Pese a que el orígen histórico y los añadidos posteriores se mezclan, la zona conserva un alto interés para los investigadores.

La mezquita del Habús


 

                     La reparación y conservación de una mezquita  

        Es una mezquita de titularidad marroquí en el corazón de Melilla, administrada por el Habús, Institución religiosa de los países musulmanes fundada por el propio profeta Mahoma, y de la que no existen precedentes anteriores al Islám. Una acción o bien material habusado, o cedido en habús ya no puede desligarse nunca de ese fin. Sobre la historia de de esta mezquita se conoce casi todo y también se desconoce en qué momento y la causa por la que fue cedida al Habús marroquí. Al ser un bien habús, implica  que ya no puede transformarse para otro fin o ser cedida de nuevo al Estado español. A esta mezquita, la 1ª construida dentro del territorio melillense, se la ha denominado de diversas formas, pero creo más adecuado llamarla como la Institución a la que pertenece, o sea, mezquita del Habús.

          El objeto, en este caso una mezquita, habusado: «Consiste en la donación voluntaria, de orden religioso o humanitario, del usufructo de una cosa, por un periodo de tiempo igual al de su duración, en provecho de los indigentes, sostenimiento del culto musulmán, fundaciones religiosas, y obras pías de interés general, designadas por el donante y que inmoviliza el bien habusado» (1).

        Esto quiere decir que en algún archivo del Ministerio de Exteriores, heredero del Ministerio de La Guerra, propietario del suelo bajo el que se asienta la mezquita, tiene que existir el acuerdo de donación por parte de España de la mezquita, de su uso y de las condiciones de la cesión.

        La mezquita ha llegado a un estado cercano al de la ruina. Tras  una actuación algo impetuosa por parte de la Ciudad Autónoma, se originó un conflicto de tipo religioso y de competencias. La asociación de la mezquita del Buen Acuerdo actuó en reprentación de los fieles melillenses, y  de los intereses religiosos del Habús marroquí y la Comisión Islámica de Melilla intentó impedir que los funcionarios de la Dirección General de Asuntos religiosos de Marruecos, siguieran adelante con su propósito de reparar la mezquita. Al final, es la propia Institución marroquí la que se ha hecho cargo de la reparación y conservación de la mezquita.

        Tras cubrirse todo con un periodo de silencio, las aguas han vuelto a su cauce y la mezquita, inaugurada en 1927, empieza a lucir un renovado y lucido aspecto. Dentro de la mezquita existen tres viviendas, un baño turco o hamman, y negocio de reparación y venta de nuemáticos. Había un gran caos administrativo, porque algunos locales habían ampliado la superficie del negocio, otros llevaban años sin pagar el alquiles del Habús marroquí, e incluso se dió el caso de la ocupación ilegal de una de las viviendas.

Nota: (1) El Habús, Traducciones y Conferencias de Clemente Cerdeira. Archivo Central de Ceuta.

El Cristo de Lepanto en Barcelona


                 Leyenda de una imagen en la catedral de Barcelona

              El 7 de octubre de 1571 se produjo una de las batallas navales más grandes e importantes de la historia europea, en el golfo griego de Lepanto. Fueron  276 embarcaciones de la Liga Santa cristiana , frente a las 273 otomanas del capitán turco y gran marino Alí Bajá. Del lado de la Liga Santa participaron dos grandes marinos del que tomaron su nombre dos Tercios de La Legión, Juan de  Austria y Alejandro Farnesio. El resultado lo conocemos todos, sin embargo, hay una interesante y curiosa historia que es la que voy a contar aquí.

                                       La leyenda del Cristo de Lepanto

             Es una de las imágenes más veneradas de la Catedral de Barcelona, y al igual que sucede en otras poblaciones de menor empaque, son decenas de personas las que acuden al templo catedralicio barcelonésa solicitar favores personales o ayuda en trances complicados de la vida. Tiene fama de milagroso. Las ciudades, por muy grandes que sean, siguen albergando tradiciones populares. Al final todas también son pueblos pequeños.

        Juan de Austria llegó a la ciudad de Barcelona el 16 de junio de 1571, para dirigir una expedición de 276 navios y 80.000 hombres, entre los que se encontraba Miguel de Cervantes. La lista de embarcaciones participantes está en el Archivo de La Marina, a disposición de todos los ciudadanos (igual que ocurre en Melilla y sus archivos).

     La nao capitana se construyó en los astilleros de las Reales Atarazanas de Barcelona y a la que  se la llamó La Real. El llamado Cristo de Lepanto fue una donación de su hermanastro el Rey Felipe II y ya era considerado milagroso en Madrid, pues recibía culto en una iglesia que se quemó. Esa es la razón de que la efigie presente una aspecto oscuro o ahumado en su mitad superior. La imagen fue colocada en el estanterol de la nao capitana.

     Cuestión distinta es el clarísimo escorzo que presenta la imagen hacia su lado derecho, como si hubiese querido esquivar algo. Aquí ya entra la leyenda. Dicen que un balazo de la flota turca entró en La Real en dirección al Cristo de Lepanto, momento en el que la efigie se desplazó hacia un lado, esquivando la bala otomana. Lo más probable es que o bien en el primer incendio o en el segundo, las altas temperaturas provocadas por las llamas alteraran la madera de la imagen, dándole esa extraña forma o postura. Pero a la leyenda eso le es indiferente.

      PD: Las fotos me fueron proporcionadas por un participante del «foro infausto», cuando yo utilizaba el nick de Lepanto, que residía en la ciudad de Barcelona, y conociendo  la imagen y la capilla,  desconocía la leyenda.  La novena dedicada al Cristo de Lepanto es de 1957, editada por la Catedral de Barcelona y dirigida por el entonces canónigo Joan Boada i Camps.

El poblado legionario de Melilla


                           ¡Dónde acaba Melilla!

   La ecuación es muy sencilla y ya la hemos formulado en otra ocasión. Para saber si la gestión de un gobierno es correcta solo basta alejarse del centro de la ciudad. si por cada cien metros recorridos las deficiencias aumentan de modo exponencial y llegando al límite extremo ésta parace no existir, entonces nos encontramos ante una gestión deficiente. Si las deficiencias se encuentran en el mismo centro de la ciudad, entonces la gestión es muy cuestionable.

      Hay un límite variable pero definido en cada barrio que pudiera marcar ese más allá, esa frontera en donde ya no parece existir ayuntamiento o gestión urbana. El límite varía según las zonas, pero a en un radio de 1000 metros contados desde el ayuntamiento, la gestión parece no existir. Las deficiencias son muy grandes y algunas zonas carecen de inversión o de normas.

                                   El poblado legionario

         La concepción clasista del mundo en la España franquista se notaba aún más si cabe en el ámbito militar. Soberbios pabellones para jefes del ejército en el centro de la ciudad y viviendas para oficiales (con balcones) y suboficiales en el extrarradio, y viviendas míseras para la clase de tropa (Cabo Cañón, las desaparecidas de Alfonso XIII) y este barrio conocido como poblado legionario, aunque ya no sé si esta denominación seguirá vigente. Los nombres de las calles son sonoros: Tte. Arrabal, El Empecinado, Ceriñola, Capitán Ariza, alférez Santa Pau.

          Estas zonas son las olvidadas de la ciudad. No existen columpios para niños, ni embellecimiento urbano de ningún tipo. En el pasado conoció cierto esplendor, los rótulos de viejas tiendas y comercios dan testimonio de ello. En un momento determinado el bar llamado Casa Antonio, estuvo en «la ruta del tapeo». La progresiva reducción de los efectivos militares en Melilla, y la eliminacion del servicio militar obligatorio, acabó con un gran sector de la economía melillense, la que estaba enfocada a la numerosa clase de tropa de Melilla. La instalación en el poblado de un negocio de lavado de vehículos, ha hecho que fluya hacia el poblado algo más de gente.

         En la actualidad solo funciona un pequeño autoservicio, llamado Bandera, por la presencia cercana de las Banderas o compañías del  Tercio Gran Capitán, 1º de La Legión, el que nunca ha salido de África desde su fundación.

         El aspecto positivo, es la capacidad de adpatación de las personas a cualquier situación. La vida siempre se abre paso, y pese al olvido y al abandono del lugar, unos pocos vecinos viven con toda la dignidad posible, en una zona con las mejores vistas de la ciudad. En las calles todavía pueden verse pequeñas huertas, cabras, gallinas e incluso un pavo real. Hace no mucho los vecinos denunciaron la presencia de perros asilvestrados y merodeadores por las inmediaciones. Allí hay escombreras, vertederos incipientes y parece que tampoco podan. 

    Melilla, la de la gestión suntuaria, la de las grandes regatas, queda al fondo a la derecha,  siempre.

          

El Estrecho de Yebel Tariq


 

            Todos decimos, escribimos y le llamamos Gibraltar, que no es más que la evolución fonética de Yebel Tariq ( el monte de Tariq ). Hasta ese momento era conocido como el estrecho o el paso de Las Columnas de Hércules. Más allá se suponía que no había nada. Los fenicios navegaron por la costa africana en dirección sur, pero nadie, que se sepa se aventuraba hacia el frente o en dirección Oeste. Existe un impresionante trabajo de investigación que parece indicar que una expedición china, en 1421 llegó a aventurarse en el océano Atlántico y llegar a algún lugar de la costa americana.

            Según los relatos de Homero, en algún punto de esta zona se encontraba la mítica Atlántida y también Tartesos. El océano se llama Atlántico y en la zona de  Cádiz hay una determinada parte que se denomina como Atlanterra. Todo esto pueden ser sólo reflejos posteriores de aquel eco histórico.

              El caso es que en 711 Musa ben Nusayr y el bereber Tariq ben Ziyab cruzaron el Estrecho desde Ceuta ( la línea blanca en la zona central de la foto), y desembarcaron en alguna zona de la costa sur ibérica. En un principio venían solo a ayudar a una de las facciones en lucha del Reino Visigodo. La realidad es que efectuado el desembarco, con alguna escaramuza reflejada en antiguas crónicas árabes, en el campo de La Janda, junto a Conil de La Frontera, se enfrentaron las huestes de Rodrigo y el ejército arabo-beberer de Tariq y Musa.

                    Ante los recién llegados se abría un panorama totalmente nuevo y que no habían previsto. La ciudadanía hispano-romana estaba, por lo general, bastante hastiada de los visigodos y de sus luchas intestinas y que nunca habían llegado a constituir un Estado. Eso explica que salvo en ciudades muy concretas, las élites gobernantes recibieran con ausencia de temor a los recién llegados. En la mayor parte de las ciudades hispanas, se pactó el cambio de gobierno y la llegada de nuevos gobernadores. Tan solo tres años después del desembarco, las fuerzas de Tariq y Musa ya habían ocupado la ciudad de Astorga. Las sucesivas oleadas de población procedentes del norte de África y la llegada de nuevos contingentes militares y de élites árabes, fueron completando la conquista de la abandonada Hispania visigoda. Nadie echó de menos al Reino caído.

                  Del desembarco que cambió la historia de España se cumplieron el año pasado 1300 años, también se cumplieron 400 de la expulsión definitiva de la población hispano musulmana o morisca. Del segundo de los hechos históricos mencionados he leído y comprado algunos libros y también se han escrito algunos artículos en los periódicos. De la primera de las efemérides no he visto demasiadas cosas, tan solo un libro del algecireño y doctor en Filosofía Antonio Torremocha, titulado: Tariq y Musa, conquistadores de Al Andalus.

                  Sin embargo, los dos hombres que dirigieron la conquista de Hispania y cuyos nombres quedaron grabados para siempre, en montes como el de Gibraltar, sufrieron un amargo final. Tanto Tariq como Musa habían desobedecido al califa de Bagdag, en cuyo nombre se realizaban todas las conquistas. No estaban autorizados para conquistar la península ibérica. Tariq ben Ziyab fue obligado a realizar la peregrinación a La Meca y dicen las crónicas árabes que la muerte le sorprendió en la ciudad santa de Medina. En cuanto a Musa ben Nusayr, que ya había tenido enfrentamientos con los califas de Bagdag, se cree, que acabó sus días pidiendo limosna en la ciudad de Damasco. Su final, en cualquier caso fue muy oscuro. El destino, sin embargo, les otorgó la gloria inmortal a ambos.

                   Cuando el tiempo pasa y transcurren los siglos, todas las querellas humanas se olvidan. Los viejos rencores y rencillas desaparecen. La historia barre todo eso como hojarasca seca y concede, en algunos casos, la inmortalidad del nombre.