Isabel II y Sor Patrocinio


            Mujeres en un mundo de hombres

       La sociedad patriarcal ofrece pocos resquicios en un duro muro de dominio. Las mujeres son las principales víctimas, la gran revolución pendiente,  aunque los hombres tampoco escapan a la construcción de modelos y patrones diseñados para todos y de los que es difícil escapar.

             El 10 de noviembre de 1843 una niña de 13 años, Isabel de Borbón, a la que el Parlamento español, compuesto íntegramente por hombres,  jura el cargo como Isabel II, como Reina de una monarquía absolutista. Su educación fue deficiente y muy escasa en cualquier aspecto. Tres años después la obligarán a casarse, por decisión parlamentaria, con su primo Francisco de Asís, al que despreciaba, en el mismo día en que cumplía los 16 años, el 10 de octubre de 1846. «Pónganse ustedes en mi caso. Este me aconsejaba una cosa, aquel otra, y luego venía un tercero y me decía: ni esto ni aquello debes hacer, sino lo de más allá», le confesará a Galdós, en una citas rescatadas por el libro de Isabel Burdiel sobre la vida de esta ultrajada mujer, un juguete en manos de los más oscuros intereses de la época. «Diecinueve años y metida en un laberinto en el cual tenía que andar palpando las paredes pues no había luz que me guiara. Si alguno me encedía una luz, venía otro y me la apagaba». Isabel II abdicará en 1868, tras el triunfo de la Revolución conocida como La Gloriosa. Dice la autora de la biografía que no es posible ponerse en su lugar y yo creo que sí.

         Mª  Josefa Dolores Anastasia de Quiroga y Capopardo

    Este aparentemente complicado nombre se resumiría muy pronto y cobrará toda su dimensión si la mencionamos por su apodo religioso, Sor Patrocinio, a la que algunos quisieron comparar con la versión española de Rasputín, el monje negro que ejerció una nefasta y perversa influencia sobre la zarina Alejandra.  Mª Josefa Dolores nació un 27 de abril de 1811. Las biografías de la Reina Isabel II y de la monja coincidirán desde los primeros años de su reinado y la biografía de la primera mujer  no puede entenderse sin la de la segunda.

       Fue la época de los espadones, Espartero, Narvaez, O Donnell, Olózaga, su propia madre la regente Mª Cristina y la de tantos hombres a los que describe de esta manera el mejor biógrafo de Sor Patrocinio,  Benjamín Jarnés: «Y más si el espíritu se debate en un mundo grosero, entre hombres rectilíneos o de torpe sinuosidad, como lo fueron casi todos los hombres que nutrieron el ejercicio político de España, durante el siglo XIX».

           El 2 de febrero de febrero de 1852, el sacerdote demente conocido como el cura Merino, intentó asesinar a la Reina en la madrileña calle de Atocha. Sor Patrocinio sufrió también otros dos intentos de atentado en el refectorio,  por parte de intereses tan oscuros, que jamás se llegó a averiguar los motivos o la autoría. A lo largo del reinado de Isabel II, sor Patrocinio sufrió diversos destierros en suelo español, e incluso uno entre 1868 y 1877, que finalizó tras la Restauración de la monarquía en la cabeza de Alfonso XII, hijo de Isabel, a la que jamás se permitió regresar a España.

         La dignidad de ambas mujeres fue atropellada en lascivos panfletos que las representaban en un burdel, caso de Sor Patrocinio, o de prácticas lujuriosas y desenfrenadas, caso de la Reina. Curiosamente, los panfletos se editaron el las imprentas de los hermanos Becquer, y dicen que con el patrocinio (sin doble sentido), del espadón Narváez, que a su vez se hacía pasar por uno de los grandes valedores de Isabel II. El camino para dñar la imagen de una mujer es siempre el mismo. El imaginario machista es cerril y siempre sigue la misma senda, como la de las yuntas de  bueyes.

               La historia del convento abandonado de San Ildefonso

          Jamás pude pensar, que ese fantasmal edificio de granito de la sierra de Guadarrama, cercano a la casa de mi madre, pudiese albergar tantos secretos en sus ya enmudecidas piedras y celosías. El edificio hipnotiza. El eco de los sucesos vividos allí dentro tarda en apagarse, diría que no se ha extinguido aún. Las piedras hablan y a veces llaman, pero hay que estar atentos y saber escucharlas, y también a personas. Hay que buscar las voces de aquellos que conocieron las cosas antes que nosotros. Lo que no se escribe desaparece en la tiniebla del olvido.

             San Ildefonso, o La Granja, fue durante 25 años la capital espiritual del reinado isabelino. Por allí pasaron Sor Patrocinio o monja de las llagas, y el padre Claret. En 1858 Sor Patrocinio fundo 4 conventos entre El Pardo, La Granja, El Escorial y Lozoya, lugares a los que Jarnés llama «los parques reales». Tan solo 10 años después todo estará quemado y destruido.

              Todos los años me acerco allí, y entre sus rendijas intento captar la presencia de algún eco del pasado, de algún fantasma, o de alguna voz no oída de las piedras, en las que todavía hay algo que sigue llamando.

           PD: La importancia del reinado de Isabel II para Melilla es absoluta, pues durante el mismo se firmaron los tratados de ampliación del territorio melillense en 1860. En sus manos se puso el Decreto de la demolición y tala de la mezquita, morabito e higuera santa del cerro de Santiago, el secreto mejor guardado de la historia de Melilla,  hasta que lo desvelamos. Fue la época en la que los espadones españoles camparon a sus anchas por el territorio marroquí.

 (1) http://elfarodigital.es/enrique-delgado/28099-la-mezquita-de-la-higera-147-anos-de-su-demolicion.html#

El retiro del gran explorador


    Con   Miguel de la Quadra Salcedo en Sotosalbos

                Las cosas siempre suceden en un orden determinado. No siempre lo más interesante es el inicio ni lo peor el final. Todo ocurre cuando ocurre. Hay que evitar la tentación de amplificar solo aquello que nos ha gustado y reducir lo menos atractivo. Todo puede ser escrito, pero en el orden en el que sucedieron, para alterar el recuerdo lo menos posible.

              En Sotosalbos, el lugar en el que puede suceder cualquier cosa, pude encontrarme con Miguel de la Quadra Salcedo, en su merecido y escondido  retiro. Hay un antes y un después de la exploración contemporánea  en España tras la aparición de Miguel de la Quadra.  Su abuelo, José Miguel de la Quadra Salcedo, fue un gran arquitecto, fallecido en 1952, que desarrolló casi toda su obra en el Protectorado Español de Marruecos, concretamente en la ciudad de Tetuán. Según me contaba su nieto en su retiro de Sotosalbos, el mercado de Melilla lleva la firma de su ilustre antepasado. La familia tiene concedido el marquesado de Castillejos.

             Poco hay que decir sobre este hombre, pues su nombre habla por sí solo.  Pocas personas hay en España, de mediana edad, tanto mujeres como hombres, que no recuerden el gran bocado que le lanzó la anaconda en el río Amazonas. De la Quadra Salcedo y Félix Rodríguez de la Fuente revolucionaron el mundo de los documentales y de los viajes en España. Hay unos proverbios que dicen que: uno abre el pozo y mil beben de su agua, y otro muy parecido que afirma: uno abre el muro por el que otros pasan. Ambas afirmaciones describen perfectamente la actividad profesional de este singular periodista y gran persona, a la que la fortuna, me ha permitido conocer y saludar, aunque sea en la época de su retiro, que es cuando más se agradecen y necesitan los reconocimientos, aunque sean así de fugaces.

Historia de dos mujeres en Melilla


         Ángeles Ronda y Mª de los Ángeles Bergés

     Las mujeres siempre han quedado desamparadas en épocas de guerra. Los maridos y progenitores o morían en el frente o eran víctimas de la represión política. Sobre ellas se cernían la peores consecuencias de la represión. Eran inmediatas víctimas de la pobreza y de la indefensión. Sin embargo frente al inhumano mundo de los hombres y de la sociedad patriarcal, solían salir a flote, tanto ellas como su prole. Una mujer, una madre, salvo excepciones, no abandona nunca a sus hijos. Este es el caso de Mª de los Ángeles Ronda Castilla, esposa del sargento legionario José Mª Fernández Cloux, y de su hija Mª de los Ángeles Bergés Ronda. La primera luchó por sacar adelante a sus cinco hijos, en una vida matrimonial con muchas dificultades, y sobre todo, tras la ejecución de su marido en 1938.

             La hija de ambos, Mª de los Ángeles Bergés Ronda, fue la depositaria de las confidencias de su madre, la que vio o intuyó cómo su madre pudo sacar adelante a sus hijos, en el perverso y vengativo mundo de la España de Franco. Una mujer con cinco hijos (Ángeles, Amparo, Antonio, Julio y Luis), tenía muy pocos caminos para salir adelante, cosa que sin embargo consiguió. Una red familiar, de vecinos y de amigos, se dedicaba a ayudar en lo posible a las familias de las víctimas de los represaliados, jugándose la vida, arriesgándose a que los espías y esbirros de Falange cayeran sobre ellos, y les hicieran pagar por culpas que no habían cometido.

                  Mientras la madre se hundía en la depresión, una niña, que jamás perdió la sonrisa, Mª de los Angeles, se convirtió en el ángel guardián de su padre. Era la única que recorría a pié la distancia entre si casa (barrio del Real o Cabrerizas), y el Fuerte de Rostrogordo, en dónde su padre estaba preso desde 1937, tras ser trasladado desde el acuartelamiento legionario de Taouima. Ella iban andando sola hasta el fuerte, y entraba en él pese a ser menor de edad. Temía  a los negros cuervos que por entonces poblaban el histórico fortín. Hasta el día de su muerte estuvo dominada por esas pesadillas. Su gran deseo, su legado, fue conservar la memoria de lo sucedido con su padre y buscar una explicación que jamás le dieron. Tampoco la compensaron nunca, ni le pidieron perdón, ni obtuvo reconocimiento alguno de las autoridades de Franco. Ni entonces, ni ahora.

                 Ni esta historia, ni casi ninguna otra, se ha contado todavía. No son el tipo de recuerdos ni de memoria que se promueve en Melilla. Aquí solo interesa la hagiografía militar y la historia de Las Campañas. Eso es lo que se promueve y recompensa, pero si de alguien hay que sentir orgullo, es de estas mujeres y de estos nombres. Ellas conservaron vivo el legado de sus familiares, de sus padres, de sus abuelos. Nadie más lo cuenta. El Alminar sí. Esta historia sólo ha empezado a ser contada.

                PD: En 1956, tras la muerte del dictador Stalin, se declararon nulos todos los juicios del Gran Terror. Se rehabilitó el nombre de los 800.000 fusilados y sus familias fueron recompensadas. Hoy existe la asociación Memorial, patrocinada por el Gobierno Ruso, que se dedica a recuperar los nombres de todos aquellos que fueron víctimas de la cruel represión estalinista. En España, en 2014, se niega el derecho de las familias a buscar y enterrar dignamente a sus padres o abuelos.

             Nota: https://elalminardemelilla.com/2014/03/31/el-doble-castigo-del-legionario-fernandez-cloux/

El doble castigo del legionario Fernández Cloux


 

               En la Legión siempre se ha dicho que «no importaba la vida anterior», y eso era cierto hasta que llegaron los franquistas y su sed de venganza. En La Legión era posible llamarse Juan Antonio Berges del Palacio e inscribirse como José María Fernández Cloux, nombre con el que sería fusilado el sargento legionario, el día 5 y enterrado un día más tarde,  el 6 de marzo de 1938.

              Los franquistas, al igual que la dictadura hitleriana o la estalinista, hacían recaer la supuesta culpa de un condenado por ellos, sobre el resto de la familia. La diferencia es que Alemania renegó de Hitler y sus crímenes en el proceso de desnazificación, y Rusia hizo lo mismo a partir de 1956 con el proceso de desestalinización. Las familias de las víctimas fueron rehabilitadas y compensadas en lo posible, a la vez que ninguno de los verdugos de Hitler o Stalin pudo escapar  a la justicia reparadora, o seguir viviendo en sus países sin tener que cambiarse incluso el nombre.  En España no sucedió nunca esto, y así los verdugos franquistas obtuvieron honores y compensaciones, algunos se hicieron ricos y lo siguen siendo, mientras que las familias de sus víctimas nunca obtuvieron el reconocimiento ni la reparación necesaria.

       Mª de los Ángeles , la niña a la que asustaban los cuervos de Rostrogordo

               Juan Antonio Berges del Palacio era un militar republicano, que había jurado el compromiso de lealtad a La República y también ejercía como abogado. No podemos saber en este momento qué circunstancias le llevaron a alistarse en La Legión con un nombre distinto, aunque era perfectamente legal y admisible en el Tercio de aquellos años. Por lo contado por su nieta Betty Bresse Berges, sabemos que en 1937 fue trasladado desde el acuartelamiento de Taouima en Marruecos, hasta el fuerte de Rostrogordo, en donde estuvo primero en espera de juicio, que se celebró en septiembre de ese año, hasta la fecha de ejecución de sentencia, que se llevó a cabo el día 5 de marzo de 1938. Todas las sentencias de muerte tenían que ser vistas y aprobadas por el dictador Franco, quien estampaba su firma en cada ejecución llevada a cabo en España.

              El doble castigo, el más cruel para un padre, era el ver como el ensañamiento del castigo y de la represión se extendía también hacia su esposa e hijas, que quedaron privadas de amparo y de cualquier medio económico de subsistencia. Así pues, mientras su joven esposa, Mª de los Ángeles Ronda, apenas se sentía con fuerzas para ir a Rostrogordo a visitarle,  sería su joven hija, Mª de los Ángeles Berges, la encargada de esa misión y la que  caminaba casi a diario,  entre su casa y la loma de que albergaba la prisión militar, para encontrarse con su padre, al que llevaba ropa y comida.  Hacer, casi a diario es tétrico recorrido,  era un considerable castigo para una niña de 12 años, e insoportable para su progenitor, quién veía como tras cada encuentro, su hija se tornaba más demacrada y famélica.

               Mª de los Ángeles Berges, nacida en Ceuta el 17 de octubre de 1926, contaba tan solo con 12 años en aquellas fechas. Mientras su madre, Mª de los Ángeles Ronda cuidaba de sus otros cuatro hermanos, ella recorría a pie la distancia entre su casa y el fuerte de Rrostrogordo, a la vez que escribía un diario con sus vivencias de niña, enfrentada a una pesadilla; la que le creaban los cuervos del fuerte de Rostrogordo, que poblaban entonces el histórico cerro.  Los graznidos y la negra silueta de los cuervos la persiguieron durante el resto de su vida, hasta que falleció el mismo día que su padre, un 5 de marzo, pero de 1999.  Fue ella la que vio por última vez a su padre, en Rostrogordo, el mes de febrero de 1938.

              María de los Ángeles es la niña que está a la derecha de su padre en la fotografía. La foto es impactante y todavía transmite con fuerza, el poder del recuerdo y de la memoria, y clama por una injusticia todavía no reparada.

                La historia ha vuelto a la luz, ha roto el espeso muro de silencio y de olvido, con el que los franquistas quisieron sepultar para siempre la memoria de los vencidos, cuyas ansias de venganza no se extinguían ni siquiera con la muerte.  En el mismo mes de marzo en el que fue fusilado, gracias a su nieta Betty, recuperamos su fotografía y su memoria, 76 años después.

El fin de la aventura africana de Tamara Crespo


    Para explicar este blog  hay que remontarse algunos años antes de que existiera.  Alguna vez he escrito: antes de que existiera El Alminar, yo soy, parafraseando al evangelista. Si uno quiere saber si tiene el don de la palabra, o de la escritura inspirada, como dijera San Pablo, debe probarse en ella mucho antes. En esta historia no importan tanto la precisión de las fechas, como el por qué de las cosas. Algunas historias deben ser contadas y otras no.

             En el año 2007 llegó a Melilla procedente de Ceuta la periodista Yolanda Tamara Crespo. Era redactora Jefe en El Faro de Ceuta y fue nombrada para igual cargo en nuestra ciudad. Como siempre, vino acompañada por su inseparable Fidel, fotógrafo, compañero de trabajo y de vida. Una de sus misiones era liderar el traslado de la redacción del periódico desde la calle General Marina a la de la avenida de Castelar y la instalación de la rotativa en el Polígono Industrial. Hasta esa fecha, el diario llegaba vía aérea, procedente de Málaga. No recuerdo en que momento nos encontramos, pero sí recuerdo que fue en la calle Marina. Yo llevaba varios años sin escribir nada, después de mis etapas de corresponsal y colaborador, tanto de periódicos nacionales como locales.

          Tamara Crespo me convenció para que retomara mi escritura pública, que había abandonado en el año 2000. Había empezado ya el año 2007. Decidimos que como  la realidad política ya estaba suficientemente cubierta por los cuatro periódicos existentes en la ciudad, yo buscaría nuevas historias y una visión distinta del mundo. Presenté mi primer trabajo, un texto sobre la necesidad de crear un Museo de Arte Sacro en Melilla.  Fue el primero y último con Tamara Crespo, porque la siguiente vez que la vi fue para comunicarme que se marchaba de Melilla, por propia voluntad y de modo inmediato.  Regresó a Ceuta reclamada por el editor del periódico, como  siempre acompañaba por  Fidel.

       Me quedé compuesto y sin nadie que me amparase. No volví a escribir de inmediato, pero me encontré con Pepe Vacca de modo causal, y me empezó a contar las historias, para mí desconocidas, del mundo religioso cristiano en la ciudad. Así nació la serie sobre «la historia heterodoxa de las iglesias de Melilla», que publiqué en Melilla Hoy. Una año más tarde regresé al Faro de Melilla y puse en marcha el proyecto pensado con Tamara Crespo. Esta colaboración, muy prolífica, se extendió a lo largo de tres años, hasta el 2010;  a uno solo del nacimiento del Alminar.

        En todo ese tiempo (2007-2011), Tamara Crespo abandonó  definitivamente en El Faro de Ceuta, y se pasó, siempre con Fidel, al Pueblo de Ceuta, rival del todopoderoso Faro, como Directora adjunta, en donde ha permanecido hasta el pasado mes de enero, momento en el que se acabó, de modo definitivo, su largo periplo africano, extendido a lo largo de una década exacta.

                  Todo viene a cuento y esta historia había que contarla. Además uno de sus últimos artículos, trata de la odisea de un inmigrante y sobre qué llevarse en un viaje entre África y Europa.

             Preguntaba en días pasados una nueva comentarista, Ave del Paraíso, si era posible llevar a cabo todavía un periodismo serio y decente. La respuesta es sí, aunque las dificultades son cada vez mayores y el ejemplo del que escribo, no haya  acabado del todo bien.

        Notas: (1) http://www.fronterad.com/?q=equipaje-inmigrante-que-llevarse-a-odisea-entre-africa-y-europa&page=&pagina=2

               (2) http://www.fronterad.com/?q=carmina-macein-vende-riad-en-tanger%E2%80%A6-con-algun-picasso-y-miro

El deporte de las mujeres


Patricia Aranda, seleccion Voleibol
Patricia Aranda, colocadora de la selección española de voleibol

El deporte de las mujeres o las mujeres en el deporte, es igual de interesante que el de los hombres, sin embargo no reciben el mismo tratamiento informativo. Es muy raro conocer nombres de integrantes de las distintas selecciones nacionales de cualquiera de las disciplinas deportivas de mujeres. Este año, y tras la ausencia de medallas y de resultados en el mundo masculino de la natación, han brillado las mujeres, tanto en la gimnasia rítmica, como en la piscina. Esto ha propiciado la atención informativa, más frecuente e intensa desde hace algunos años. Todos conocemos nombre de alguna nadadora o de las componente del conjunto de natación sincronizada. También tiene mucho tirón mediático la disciplina de la gimnasia rítmica femenina, al que se ha añadido ahora, el waterpolo femenino.
Confieso que siempre me ha gustado el voleibol. En los Juegos Olímpicos siempre intento ver alguno de los partidos de las selecciones españolas, pese a que estamos muy lejos de los grandes dominadores de esta competición. Nunca había conocido a ninguna integrante de una selección española, pero este año se invirtió la situación y en el Hotel Meliá de Torremolinos, coincidimos con Patricia Aranda (las manos de España), capitana y colocadora de la selección española de voleibol. Desde la ciudad Torremolinos se iba directamente a la concentración de la selección en Madrid, para disputar el campeonato de Europa, para el que han conseguido clasificarse. Patricia Aranda es granadina de Maracena, y jugaba hasta el año pasado en la Liga francesa. La falta de oportunidades y de futuro en el deporte al que ha dedicado su vida, la llevaron a marcharse a Francia, en donde la liga es más potente y competitiva.
Cuando acabe el campeonato de Europa, al que acuden con sus propios medios y equipaciones de años anteriores, se marchará a Perú, en donde le han ofrecido un contrato como maestra (es diplomada en magisterio), y como integrante de un equipo femenino de voleibol de la capital andina.
Es una celebridad en el mundo del voleibol femenino, y hasta la fecha, cuenta con 221 presencias en partidos oficiales de la selección nacional.
Los deportes minoritarios, o quienes así los conceptúan, ya reciben poca atención mediática, pero si además se añade la circunstancia de que pertetencen a la esfera femenina, entonces se cuenta con una doble invisibilidad.
Ha sido una casualidad conocerla, y es una satisfacción darla a conocer a través del Alminar. Esperemos que la competición en la que participan reciba una digna cobertura, y sobre todo, que les vaya bien y queden en la mejor clasificación posible.

Notas: (1)http://maracena.ideal.es/reportajes/1055-entrevista-a-patricia-aranda-jugadora-de-voleibol.html
(2) http://www.spainsn.com/patricia-aranda-las-manos-de-espana

Merche Melilla y la mujeres fotógrafas


              Todas las épocas tienen su retratista, o su narrador. Todos los imperios o reinados tuvieron a su pintor de corte. Algunos, muchos, casi todos, desaparecieron con los monarcas a cuya sombra vivieron. Solo unos pocos, los muy grandes, consiguieron ir más allá, con su nombre, de aquellos a quienes sirvieron. Melilla ha sido siempre una ciudad de fotógrafos, casi todos masculinos. La historia de Melilla está llena de esos nombres que todos conocen y recuerdan. El mayor experto y conocedor del mundo de la fotografía en Melilla es Juan Díez Sánchez.
En un mundo de hombres, es difícil abrirse paso siendo mujer. Pocos son los ejemplos en nuestra ciudad. Tenemos apenas unos pocos nombres de mujeres, uno es Manoli Ferre, hija de fotógrafos, o Carmen Vanesa Vicedo, mujer fotógrafa hecha a sí misma.
El «imbrodismo» es un modo de hacer política, vigente en la ciudad desde hace 13 años, y cuyo nombre se ha extendido más allá del propio origen del término, que no es otro que el propio presidente Juan José Imbroda. Escribimos sin matiz peyorativo, intentando que los términos sean solo descriptivos. El «imbrodismo» tiene a su gran retratista, una mujer, Merche Melilla, que de momento ha conseguido que su nombre sea una marca.
En cualquier evento social, político o cultural que se lleva a cabo en la ciudad, lo normal es encontrarse a Merche Melilla haciendo fotos, a cientos, del acontecimiento, sea el que sea. Lo normal es que sea ella la que te haga una fotografía, antes de que se haya tenido tiempo a reaccionar. Es muy buena y muy rápida. Se mueve a una gran velocidad. En el sentido fotográfico de la expresión, yo he sido cazado por sus objetivos en al menos dos veces. Es una guerra de «francotiradores» que me recuerda a la película de «Enemigo a las puertas».
No es fácil seguirla, y mucho menos retratarla en plena acción. Hay que estar muy atento y vigilante, como Vassili Zaitsev. El otro día conseguí fotografiarla en la procesión de La Virgen del Carmen, el pasado 16 de julio. Así compensé cuando yo fui cazado por sus objetivos, el día de la cuestación contra El Cáncer, junto a la mesa de las mujeres miembros del Gobierno de Melilla. Todavía tiene una en su favor, cuando me pilló sentado en el bordillo, el día del concierto de los músicos Carmona y Pardo.
A Merche Melilla le quedan por superar algunas cosas, una es abrirse al mundo en un blog, y otra, quizá la más importante, sobrevivir a la actual situación política, y prolongar su nombre y trabajo, al margen de la adscripción a una determinada ideología, o modo de hacer las cosas.