Triste feria medieval de Melilla


                   Existía un modelo de feria medieval que se mantuvo durante 12 años, y que contó con el refrendo del público. Había un modelo al que dar continuidad e ir desarrollando año tras año, renovando lo obsoleto, y ensayando nuevas propuestas. Hubo siempre una cabalgata, más vistosa unos años y más reiterativa otros, pero que siempre ofrecía imágenes de las que sacar propuestas, metáforas, e incluso profecías.  Existía todo eso, pero el año pasado las nuevas autoridades de la Cultura local decidieron avanzar una etapa histórica, y pasar la feria de medieval a renacentista, para este año dejarla completamente abandonada a su suerte.

                     La reposición de la cabalgata, tras su eliminación en el 2016, no ha podido ser más triste y más vacía de contenido. No había dragones, ni ingenios mecánicos, ni danzantes, ni nada atractivo, en la cabalgata más deslucida de los últimos 13 años. A este abandono de la feria medieval del presenta año,  ha contribuido el baile de nombres entre la Fundación Melilla Monumental y la Residencia de Mayores. No se ha entendido ni explicado el motivo, y a la vista del resultado, no ha podido ser más inoportuno el momento.

          La cabalgata y la feria del año 2017 se ha organizado en el último momento, con los retales disponibles, y con la mayor desgana. Todo fue anunciado de modo apresurado, cuando ya casi se contaba con la desaparición. Desde El Alminar llevamos 7 años dando cuenta de lo que sucede en esta propuesta lúdica en el espeso verano melillense, en el que también ha desaparecido el «encantador de serpientes», las luchas de caballeros, la participación de voluntarios ataviados con ropajes medievales, los conjuntos de música medieval, y la mayoría de los puestos de productos artesanales del resto del territorio nacional.

            Dar con un modelo, ofrecerlo a la ciudadanía, darle continuidad y sobre todo, perseverar en él. En los últimos años fallaba la propuesta gastronómica, pero este año ha colapsado. Las calles vacías de la ciudad vieja, del único refrendo a tener en cuenta en este tipo de eventos, el del público. Hay una parte de la ciudadanía melillense que ya no participó en la Noche de San Juan, y que también parece haber abandonado esta Feria.

              El año pasado titulamos la crónica como: «Del renacimiento al ocaso». En 2017 ya estamos en él, pero hemos llegado demasiado rápido. No hay continuidad, no hay perseverancia. Todo es desidia. Las lechuzas siempre miraban hacia lados distintos, como las dos caras de Jano, deidad de los principios y de los finales.

            Nota:https://elalminardemelilla.com/2016/07/10/del-renacimiento-al-ocaso/

 

 

 

En la hoguera de San Juan, 2017


                        Estopiñán entre las llamas

         Dicen que la hoguera de San Juan cumple un rito purificador, con la que se abre paso al rigor del verano. Es el día más largo y la luz predomina sobre la noche. A lo largo de la última semana de junio y de la mayor parte de julio, los días son los más largo del año. En la hoguera o frente a ella se espera que todo lo malo tenga un fin, y no vuelva a repetirse. En la hoguera oficial debería haber ardido una «representación de la corrupción», del saqueo de los bancos, de las malas prácticas empresariales, y de todas las prácticas administrativas que convierten el ejercicio de la cosa pública en un ejercicio mercantil. En el año 2011 hicieron arder, simbólicamente a la «oposición política».

       Sin embargo, en este año 2017, la significación de la hoguera parece haber cambiando. Hasta en las Fallas de Valencia hay significaciones políticas en los ninots. Aquí se ha optado por la opción Cero, Cero. Se ha quemado una alegoría de la Conquista de Melilla, de Pedro de Estopiñán, y de los 520 años de convivencia, supuesta claro. El lema de 520 años juntos es sencillamente falso. Podríamos hacer un retorcimiento de esa interpretación de la alegoría y pensar que se queman las trabas a esa convivencia mítica, que tanto se fomenta y persigue.

      Una niña en el público preguntaba porqué quemaban eso, y sentía particular pena por la chica que leía en una esquina de la figuración. ¿También van a quemar a la pobre chica que lee?, se preguntaba en su inocencia infantil. Todo, en Melilla se quema y arde todo. La mujer en realidad no leía, sino que parece tener alguna rama o sortilegio entre las manos.

       Fueron los fuegos más extensos de los últimos años, y también los que han contado con una menor participación ciudadana. El Paseo Marítimo tenía muchísimos claros. La hoguera, como siempre ardió demasiado rápido y envuelta en mucho humo. Los productos acelerantes del fuego provocan una combustión fea, y de espeso humo negro. El foco instalado detrás de la figura oficial, resulta muy molesto para la labor fotográfica.

El acoso a las clínicas radiológicas de Remartínez


                

                     Los melillenses acumulan más de 2500 firmas en su defensa

      El médico internista y radiólogo Mariano Remartínez Buera está luchando por su clínica y por su vocación, la médica, que lleva ejerciendo en Melilla más de 50 años. Lo primero que llama la atención cuando uno se acerca a su clínica a recoger la hoja de firmas en su apoyo, es la veneración y cariño que sienten por él sus ocho trabajadores.

     Mariano Remartínez solo pide que se respete el resultado del concurso público de prestaciones y servicios diagnósticos, en el que el Ministerio de Sanidad dictaminó en Madrid que el Scanner y Tomografía Computerizada de Melilla, era la mejor opción y la más asequible, en septiembre de 2015. Además de radiólogo es coronel en la reserva, tiene una amplia y constante formación en su especialidad, pero reconoce que el «genio radiólogo» es su hijo, del que dice le ha superado en todo. A pesar del apoyo que recibe a cada paso que da, a veces no puede evitar cierta depresión. A sus años podría estar al margen de todo esto, pero mantendrá su vocación sanitaria hasta el último momento, como le prometió a su padre.

     Para quien piense que estos contratos son una lluvia de oro, aclararemos que la Administración Pública paga casi lo justo para el mantenimiento de las instalaciones, y aquilata hasta el límite los precios de cada acto diagnóstico. El resultado del concurso, vigente entre 2015 y 2017, establecía una aportación máxima que no puede sobrepasarse en modo alguno. El adjudicatario del concurso debe pagar a los trabajadores  y operarios, el mantenimiento y cuidado de las instalaciones, los equipos y las pruebas diagnósticas, están tasadas entre 9€ y 115€, y también tienen límite, que en caso de sobrepasarse, no serán abonadas. El propio INGESA (Instituto de Gestión Sanitaria) reconoció hace días, que le era menos oneroso y cómodo el concertar estas pruebas con clínicas privadas, que dotar y mantener equipos propios, en referencia a la Resonancia Magnética y al Ortopantomógrafo.

                      La anulación de un Concurso Público

      Las Clínicas radiológicas de Mariano Remartínez y de Enrique Remartínez Escobar, habían sido las adjudicatarias del concurso prestaciones concertadas con Ministerio de Sanidad. Una denuncia de «terceros» por presuntas irregularidades urbanísticas, pide la revocación de la adjudicación. La denuncia se presentó ante la Consejería de Fomento, que dio un plazo a ambas clínicas para subsanarlas, pero sin especificar en principio de cuales se trataban. La orden de Fomento es recogida por la Consejería de Sanidad de Melilla, que solicita la paralización de la adjudicación de modo directo ante las autoridades del Ministerio de Sanidad en Madrid. La revocación de la decisión tomada en septiembre de 2015 se produce justo un año después, en septiembre de 2016, por el mismo departamento que avaló la competencia de ambas clínicas.

      Mientras tanto, y ante de que los radiólogos Mariano y Enrique Remartínez puedan subsanar las «presuntas deficiencias urbanísticas», desde la Consejería melillense de Sanidad y a través de la Dirección Provincial del INGESA, se solicita un dictamen al Consejo de Estado, que avale la revocación del Concurso, cosa que efectivamente hace en septiembre de 2016. Hay que decir que todas estas decisiones están recurridas antes los respectivos y correspondientes juzgados de los Contencioso y ante las áreas administrativas mencionadas.

                           Las irregularidades urbanísticas

       Las más llamativas de las irregularidades que motivaron la suspensión d ela adjudicación son el exceso de 8 cms. en la rampa de acceso para personas con discapacidad, y el exceso en 3mm en la elevación del espejo del aseo para minusválidos. La objeción técnica más acorde con el fin médico era la instalación en el sótano del Ortopantomógrafo, de la clínica de Imagen Diagnóstica de Enrique Remartínez. Esto se hizo así porque el criterio en el momento de su construcción era ese, para evitar la posible exposición de pacientes a radiación indeseada. Todas estas deficiencias fueron corregidas, pero el Consejo de Estado y la Dirección Nacional del INGESA dictaron su resolución sin esperar a su subsanación. Igualmente decimos que todas estas decisiones están recurridas.

         Hemos repasado y leído las exigencias imprescindibles del Consejo de Seguridad Nuclear para «La seguridad y protección radiológica de instalaciones médicas de rayos X para diagnóstico» y pensamos que las instalaciones los doctores Remartínez las cumplen a rajatabla, en caso contrario carecerían de la correspondiente licencia sanitaria. Las instalaciones, la oferta de aparatos y las condiciones económicas eran las mejores, según el Ministerio de Sanidad. Así pues, lo que está en juego en Melilla es algo que no se dice.

                          Melilla al borde de la catástrofe sanitaria

       El estrangulamiento económico es tan severo, todas las compañías privadas excepto DKV, Sanitas y Mapfre, les ha retirado de su catálogo de prestaciones, que están saliendo adelante con recursos propios, en espera que los tribunales les den la razón, con reducción de costes, y reducción de precios de los diagnósticos al mínimo posible, casi al mismo que paga el INGESA.

     La presencia del radiólogo es imprescindible en determinadas pruebas,  porque es él quien decide la implementación de la prueba con una «difusión» o un «contraste», junto al técnico operador del aparato. La presencia del radiólogo  tiene un coste, que muchas compañías pretenden ahorrarse con la emisión del informe de la prueba por parte de otro radiólogo no presente en la misma. Esto es legal, salvo que el radiólogo que firme la prueba esté trabajando para la Seguridad Social, en cuyo caso incurriría en incompatibilidad.

     El posible cierre de una o ambas clínicas incrementaría la aproximación al estado crítico sanitario al que nos acercamos, con la perenne paralización de las obras del nuevo Hospital, y la pérdida de no de los mejores radiólogos de Europa, Enrique Remartínez Escobar. Un radiólogo necesita estar en formación y actividad constante, y si no tiene pacientes queda desfasado, deja de estar en vanguardia. Enrique Remartínez podría tener trabajo en cualquier lugar del mundo en el momento que quisiera. El riesgo es que si no se le permite ejercer su profesión, podría irse de la ciudad, como ya han hecho otros especialistas.

          Lo que está en juego es la calidad de la asistencia sanitaria en Melilla, que muchos ya resuelven pagando o recibiendo tratamientos en la península. Aquí ya empieza a no quedar nada.

 

 

 

 

 

Ardiendo en Puerto Noray


              Mediodía en Puerto Noray. Los que miraban en esa dirección vieron un fogonazo que atribuyeron a un reflejo solar, luego una pequeña detonación, bam, bam, y la llamarada se hizo visible, potente, devoradora, rápida. Como si ver arder un barco fuese lo más normal del mundo, al menos en Melilla, los que estaban en el lugar del suceso no mostraron la más mínima señal de alarma. Solo se acercó al lugar la Guardia Civil, que siempre está, aunque no se la vea.

             En la ciudad que pretende cerrar clínicas médicas con minucias urbanísticas, comprobamos perplejos como el Puerto Deportivo carece de personal específico para la extinción de incendios. Hay bocas de agua y extintores, pero nadie encargado de operar con ellas. Hay decenas de barcos y miles de litros de gasolina repartidos por los pantalanes. El barco ardía, como una anticipada hoguera de San Juan, junto a un vehículo allí aparcado. No hacía aire, lo que evitó la expansión de las llamas. Junto al barco ardiendo solo había otro, que no pareció resultar afectado.

           Los bomberos llegaron con rapidez a la cita con el fuego, al que siempre logran dominar. El brazo automático de acceso a las instalaciones del puerto deportivo de Melilla se bajó accidentalmente, justo cuando el primer camión de bomberos se lanzaba por la carretera de acceso. No se comieron el barrote de milagro.

           Lo sorprendente, lo inesperado, siempre viene en ayuda de la monotonía, en una mañana gris y plomiza de levante. En esto también ha habido suerte. Con un vendaval de poniente las hechos narrados hubiesen sido muy diferentes. Siempre parece que arder en el agua es más difícil que cualquier otra cosa, pero en nuestra ciudad nada hay imposible. Lo que parezca que no va a pasar nunca, pasa. La semana náutica está llamando a la puerta.

 

Melilla hace aguas


             El pasado viernes, en unas declaraciones improvisadas junto a la destartalada e «inaccesible» fachada del Ayuntamiento, oí decir al Consejero de Medio Ambiente esta frase, mientras caminaba por la acera: «La realidad es que no hay agua para todos». En Melilla no hay nada para todos, ni deporte para todos, ni piscina para todos, ni aparcamientos para todos, ni empleos o viviendas para todos. La ciudad nunca ha estado tan deteriorada, con una sensación tan completa de abandono y de ausencia de una gestión eficaz, o siquiera de gestión. Las mismas caras, los mismos nombres desde hace 18 años, en una endogamia política como nunca se había dado antes. Desidia, abandono, dejadez, falta de ideas, pero sobre todo de motivación. También, porque es otra sensación que existe en las calles, es la falta de una alternativa clara y contundente, a una forma de gobernar, que empieza a parecerse ya a una condena (17 años y un día). Es una etapa política, que carece de la posibilidad de renovación; y a la que nada que conozcamos parece tener la capacidad suficiente, como para ponerle su necesario fin.

                                           La ciudad sin agua

               En la parte antigua de la ciudad sigue vigente el recuerdo de un pasado más cercano de lo que parece, los bidones de almacenamiento de agua, porque en esa Melilla de la caverna franquista solo había agua corriente entre las 8 de la mañana y las 3 de la tarde. A partir del mediodía había que economizar el agua, fregar lo justo y ducharse rápido, si no se quería quedarse sin agua, algo que ocurría a menudo; y sobre todo cuando el vecino que había sido menos previsor, levantaba la tapa, metía el cubo y te robaba agua del bidón. Los más sofisticados traspasaban el agua metiendo una manguera y succionando el aire.

                Todas las casas de nueva construcción tienen un aljibe en los sótanos, con sus correspondientes motores de extracción, porque el agua en Melilla no tiene presión. No es un problema de ahora. Esos aljibes evitaban quedarse sin agua, pero el mantenimiento de los motores suponen un considerable gasto  a las comunidades. La realidad es que la ciudad no tiene agua corriente al modo europeo. Tenemos agua con sistemas creados hace 5.000 años. Los aljibes en el subsuelo de los edificios tienen que ser higienizados anualmente. Nada de eso se ve o disfruta en Europa.

          Al principio de la gestión eterna, echaban la culpa a las fugas de agua. Luchaban contra la propia naturaleza del agua, porque ésta siempre tiene a fugarse. Las grandes pérdidas de agua se producen cuando les explotan las tuberías de conducción, incluso las recientes. Así pues hay que buscar un nuevo culpable, este vez es la ciudadanía en general, a la que responsabilizan del exceso de consumo.

         Autocríticas las precisas, como diría un ministro. Conceptos como ineficacia, incompetencia, incapacidad para gestionar el servicio de aguas, o buscar esos posibles consumos disparatados, o el rellenado de piscinas ilegales no entra en sus carteras de eficacia. Como máximo una nueva campaña publicitaria de concienciación sobre el gasto y consumo de agua, que costará un buen dinero, y que nutrirán las faltriqueras de los empresarios de la comunicación.

Las guerras médicas de Melilla


               Los radiólogos Remartínez eliminados del sistema sanitario público

    Mariano Remartínez Buera y Enrique Remartínez Escobar además de padre e hijo, son dos de los profesionales de mayor prestigio en España, en el campo de la radiología clínica. Mariano dirige el Scanner o Unidad de Tomografía Computarizada, y Enrique la Clínica Médico Radiológica.

     Mariano Remartínez, radiólogo médico jubilado, ha visto como el INGESA (Instituto de Gestión Sanitaria), le rescindía el contrato de prestación de servicios con el Hospital público. Enrique Remartínez ha visto como todas las compañías de seguros médicos existentes en la ciudad, le quitaban del catálogo de servicios médicos. Además, éste último profesional (de los mejores del país), ha sido apartado de su puesto de trabajo de radiólogo jefe del Hospital Comarcal, tras una denuncia externa por una supuesta incompatibilidad profesional. Sorprende mucho más, que el INGESA se deshaga de su radiólogo en Melilla, con una sanción de 5 años para su puesto de trabajo, y deje el servicio de radiología en manos de interinos. Sorprende también la dureza de la sanción, inédita en la ciudad de Melilla. La decisión administrativa está recurrida en su correspondiente instancia judicial.

       El solo hecho de que todas las compañías de prestación de servicios sanitarios decidan prescindir de una servicio de radiología, con las mejores dotaciones posibles, y con profesionales radicados en la ciudad y dedicados las 24 horas a su profesión, debería provocar una investigación del Tribunal para la Defensa de la Competencia.

       Es todavía más sorprendente que ni el Colegio de Médicos de Melilla, ni los sindicatos de trabajadores sanitarios  hayan reaccionando ante la sanción a un médico y profesional melillense, insistimos, de gran prestigio, y que podría trabajar en cualquier Comunidad Autónoma de España, o en cualquiera de sus más prestigiosos hospitales. Ya decimos que los servicios de radiología de todo el país, están muy atentos a la situación profesional y humana de Enrique Remartínez. La suerte para Melilla es que éste profesional ama tanto a su ciudad como a su profesión, y mientras pueda (y puede) no piensa abandonar nunca ninguna de las dos cosas. Lo mismo sucede con su padre, Mariano, que pese a su edad, se mantiene activo y con una lucidez intelectual de la época de fin de carrera. El INGESA tiene que dar explicaciones y todos los partidos políticos de la ciudad pedirlas de modo inmediato, junto con el Colegio de Médicos y los Sindicatos Sanitarios. En una ciudad sin especialistas, no se puede permitir la exclusión de Enrique Remartínez.

                                    MUFACE como organismo rector

       ¿Qué ha ocurrido en Melilla, cómo puede haberse producido una situación así y que no se haya ofrecido la más mínima explicación?. La reacción ha surgido de parte de los usuarios, de la gente, que ha iniciado una campaña de recogida de firmas y apoyo a los centros radiológicos de la familia Remartínez.

       Román Dobaños Mourin, Director Provincial de MUFACE nos explica que «la obligación de presentar al menos dos especialistas por área ya no es un requisito del convenio de atención sanitaria», y que está al tanto de la situación pero que no puede intervenir.

     Eso sí, señala que: «las compañías que firman el convenio de prestación de servicios a través de MUFACE, ISFAS o MUGEJU, tienen la obligación de atender todo lo comprendido en la Resolución 13908 de 16 de diciembre de 2015, BOE num 303″. También recomienda que. «todos los usuarios que crean que no se les atiende adecuadamente, que crean que se les deniega una prestación a la que tienen derecho, o que antes de pagar una consulta privada, se acerquen a sus respectivas entidades, citadas arriba, y presenten las correspondientes reclamaciones». Las entidades son las citadas y las compañías de prestación de servicios son Adeslas, Asisa, DKV, SAU o cualquier otra.

    Las compañías se comprometen a prestar una atención eficiente y continuada a los usuarios. La presencia en Melilla de especialistas solo una o dos veces por mes, podría estar incumpliendo ese acuerdo. Para las citas con especialidades como traumatología o dermatología, las esperas pueden ser de hasta dos y tres meses, y la atención se suele necesitar en el momento.

 

En la Tuna del tiempo


 

 

                        Encuentro de Cuarentunas en Melilla

      Existe un libro:  Mitos y evidencia histórica sobre las tunas y Estudiantinas, de Félix O. Martín Sárraga, en el que se deshace cualquier mito sobre el origen de las tunas estudiantiles, y en el que se aclaran todos los datos históricos disponibles sobre su existencia. Las tunas son lo que son, pero no otra cosa.

     No hay relación histórica con los juglares medievales, ni con trovadores, ni con goliardos, ni nada por el estilo. Quevedo no fue integrante de ninguna tuna, ni Cervantes tampoco. La tunas más antiguas existentes se remontan a los primeros años del siglo XX, y se relacionan con las «estudiantinas» de finales del siglo XIX. Su origen está relacionando con «los carnavales», y con la «crítica política». Los uniformes y trajes de los tunos no tienen relación con trovadores, monjes vagabundos o juglares, sino con disfraces carnavalescos.

     Quienes promueven el libro, quienes lo editan e incluso quien lo escriben son tunos, esto es, músicos universitarios, que aplican el rigor científico a la historia. Pretenden darle al fenómeno de los músicos estudiantiles su propio valor, sin necesidad de recurrir ni a leyendas ni a mitos. El autor también hace notar que las agrupaciones de música escolar no tenían continuidad, y que precisaban de constantes refundaciones, desapariciones o de nueva creación tras cada año. Destacando siempre la presencia de crítica y la presencia de mujeres entre sus integrantes. Como tal, el fenómeno de las tunas fue común a varios países europeos. La Tuna Académica del Liceo de Évora, 1903, es la más antigua de la que se tiene constancia y continuidad histórica. En España, la llegada del franquismo en 1939, arrasó con cualquier tradición y evolución anterior.

     Entre las conclusiones del excelente libro de Félix O. Martín Sárraga, destaca que el franquismo creó un conflicto de género en las tunas, haciendo desaparecer a las mujeres de ellas. También que las Tunas del Sindicato franquista de Estudiantes (SUE), sirvieron como vehículo de adoctrinamiento ideológico, intentando además controlar a las que escapaban a su nefasta influencia. Su supuesto origen medieval es absolutamente falso. Hay buena música en las tunas, y muy buenos músicos, y también una imagen que no se corresponde con los tiempos. En el mundo también hay «tunas de mujeres».

         Las cosas por lo que valen, aunque se quiera aprovechar este tipo de certámenes, para dar una determinada imagen de la ciudad, muy aferrada a un pasado que ya tuvo su momento.