Tras los pasos de La Patrona de Melilla



¿Se debe ir en busca de La Patrona, se debe esperar a que ella llegue al encuentro o se debe acompañarla?. Cualquier es actitud es válida. Cada uno hace lo que puede, o lo que quiere hacer en cada momento. La imagen de La Virgen de La Victoria acompañó a los melillenses en «la larga noche de los 400 años», el larguísimo periodo de tiempo que mantuvo encerrada a la población de Melilla en «el peñón rocoso», en el árido solar que conquistara La Casa de Medina Sidonia en 1497.
En la tarde de ayer mantuve las dudas sobre si acudir al encuentro con el desfile procesional, y que llevo realizando en los últimos diez años. Al final me decidí a acudir y a no faltar por mi causa, al tradicional encuentro en las calles, pese a que son decenas de veces las que visito la Iglesia de La Concepción a lo largo del año. La Imagen, La Patrona, no tiene responsabilidad en lo que sucede en torno a ella, no solo ahora, sino también en otras épocas.
Fui en busca de La Patrona, a encontrarla en lugares diferentes, lejos de la desangelada avenida, pero mis dudas, sobre si acudir o no, fueron castigadas con el olvido de la tarjeta de memoria de la cámara, en casa, lo que me imposibilitó buscar imágenes diferentes. Solo mi modesto móvil me permitió realizar algunas fotografías, no las que hubiera querido, pero al menos pude obtener las imágenes necesarias para plasmar la cita, y volver a hablar de ello aquí.

¿Patrona o Matrona?
No entiendo el por qué la palabra «patrón» no tiene la misma equivalencia que la de «matrona», no entiendo por qué se habla de santo patrón y no de santa matrona, o por qué el sustantivo patronazgo, no tiene su equivalente en matronazgo. Vamos a ver, sí lo entiendo, pero es solo una pregunta retórica. El caso es que este año he visto muy vacías, me refiero a las calles por las que hace su recorrido la imagen de La Patrona de la ciudad de Melilla. Yo siempre escribo acerca de los mil de La Patrona, pero con una generosidad que luego no se suele tener conmigo. Y vuelvo a decir que esta talla, de tipo galeona, de mujer sedente, del siglo XVI, fue casi el único amparo de los melillenses en «la larga noche de los 400 años». En general iba poco arropada por el público, muy poca gente la esperaba en la plaza de Menéndez Pelayo, y casi nadie en Ejército Español o La Avenida. Muchas ausencias notables entre los hombres y mujeres de Fe de Melilla, bastantes huecos entre la autoridades, escasa presencia de otras cofradías, pocas caras conocidas entre el público. La excusa de que era domingo, o de que el lunes también era fiesta, no vale siempre. He visto procesiones patronales en pueblos y pedanías, en donde no falta un solo vecino, ya sean gañán, aparcero, o potentado. Algo pasa, algo está ocurriendo, y nadie habla.

La cuestión de La Victoria

Poco antes de iniciar los diversos periodos vacacionales, sobrecogimos al mundo del Alminar anunciando que nos habían puesto una querella, y no pudimos dar más datos ni cuenta del motivo. Ahora sí lo vamos a hacer, ante La Patrona de Melilla, porque la querella o su anuncio, todavía no sé si ya está presentada, viene precisamente de aquí. Llevo escribiendo 6 años sobre el mundo religioso y cofrade de Melilla, he escrito más de una docena de veces sobre La Virgen de La Victoria y su Cofradía o Hermandad, que tanto da. Las cofradías son entidades públicas incardinadas dentro de la Iglesia y por tanto sometidas al articulado del Código de Derecho Canónico. Hicimos una especulación sobre una anomalía en la constitución de La Junta de Gobierno actual, relativa a que hasta el mes de junio no había sido refrendado el nombramiento por el Obispado de Málaga, pese a haberse celebrado el Cabildo electoral un año antes. Los componentes de la Junta de Gobierno actúan y representa a la cofradía de modo público y por tanto pueden ser objeto de opiniones y de discrepancias, dentro del ejercicio de ese función. El Alminar, su autor, pertenece a esa la Cofradía de La Victoria, e Imparcial es uno de los mayores historiadores religiosos de la ciudad. Ambos fuimos denunciados por un miembro de la Junta de Gobierno de La Cofradía. Pese a que nunca fue mencionado con nombre y apellido, se sintió agraviado tanto en el aspecto personal, como en el de integrante de la Junta de Gobierno de La Victoria. Solo se mencionaron cuestiones relativas al ejercicio público de su cargo.
¿Qué imagen se da de una cofradía si a dos miembros activos que discrepan, se le amenaza con una querella, muy dura en condiciones y exigencias?. Pues que es un mundo cerrado, cuasi fanatizado y hostil a cualquier mirada que se considere externa. La Hermana Mayor de La Victoria, en una entrevista publicada en El Alminar, me dijo: La Patrona, lo es de todos, sin distinción. Lo hechos parecen haberla desmentido. La Patrona parece ser solo de aquellos que la consideran suya, y al que disiente, aunque pertenezca a la Cofradía, solo le espera «la estaca». Con sucesos como este que he relatado, lo que me extraña, es que a la Procesión de La Victoria, todavía sigan acudiendo mil personas.

Nota: Reitero el ofrecimiento al miembro de la Junta de Gobierno de La Victoria que se sintió ofendido por una noticia aquí publicada, que tiene este espacio abierto.
(1) https://elalminardemelilla.com/2012/03/17/los-dos-candidatos-a-la-victoria/

Toros en Melilla


El oscuro final de Miraclaro

¿Qué legislación se cumple en Melilla: la Taurina del Ministerio de Interior o la de Sanidad?, mejor dicho, ¿se cumple alguna Ley en Melilla, en el mismo modo en que se hace en cualquier otra ciudad de Españaº?. No soy taurino, no he ido jamás a una corrida de toros y tampoco pienso ir, pero tampoco me encuentro entre los antitaurinos. Todo esto viene a cuento por el oscuro final de un toro indultado en la plaza de Melilla el pasado 4 de septiembre, de la ganadería de Manolo González Encaste Nuñez, de Aracena, de nombre Miraclaro y que pese a recibir el indulto y ser salvado de la muerte en plaza, fue ajusticiado en la oscuridad de los toriles.
Es un incumplimiento clamoroso del Reglamento Taurino, legalizado por el Ministerio de Interior, y que pese a la magnitud del suceso, no ha tenido respuesta ni eco en los medios de comunicación. Ningún taurino se ha sentido en la obligación de explicar el hecho a la afición taurina, ni siquiera por parte del presidente de La Plaza, el diputado Antonio Gutierrez. Entendemos eso de que un animal de pezuña que ha entrado en Melilla, ya no puede volver a Europa en ningún caso, en el inexorable principio formulado por Manuel Céspedes en su etapa de Delegado del Gobierno: «en Melilla se entra, pero no se sale». Claro que el afamado delegado gubernativo socialista se refería a «vivo», y a una situación administrativa. Nadie imaginó nunca que eso pudiera llegar a producirse, pero en una situación definitiva y sin rectificación posible, como es la muerte. ¿No pudo buscarse una solución para el animal en Melilla?. El toro Mircaclaro se había ganado el derecho a vivir en la plaza, tal y como recoge el tríptico editado por la Comisión de Festejos. El pañuelo naranja exhibido por el Presidente de la Plaza equivale a «indulto», no a ejecución oscuro en el callejón de toriles. Incluso se le podía haber buscado una solución en vital en Marruecos. Cualquier cosa antes de mostrar al mundo que «indulto» en Melilla equivale a ser disecado.
Hace solo un año falleció una gran melillense y una gran antitaurina, Mª Orlinda Montiel, que me regaló un libro titulado «Los cuernos del diablo», que son una recopilación de artículos contra la fiesta de los toros, escritos por un periodista que murió en un extraño accidente de tráfico. Mª Orlinda y su asociación Protectora de Animales hubiese escrito su artículo de rigor contra la tarde de toros en Melilla, este año no lo ha hecho nadie; y también hubiese organizado un formidable escándalo contra la ejecución de un «toro indultado».
Si existe un reglamento debe cumplirse. Las fotos de la plaza son cedidas por Uno de Melilla.

De higos a brevas


Es una expresión clásica que genera no pocas discusiones, pues existe una confusión formidable sobre los frutos de la higuera y su tiempo. Unos dicen que los higos son los oscuros y otros que son los de color verde. El caso es que nadie se pone de acuerdo, ni sobre cuando empieza la temporada ni sobre cuando acaba y las desavenencias se mantienen durante años.
La expresión de higos a brevas marca un ciclo, que va desde el mes de septiembre hasta el mes de mayo del año siguiente. Es un ciclo anual, de un año hasta el próximo. Melilla es una ciudad de higueras, pero salvajes, pues en los parques públicos no hay ninguna. La higuera tiene muchas leyendas y refranes acerca de ellas, e incluso maldiciones si son taladas. La Reina Isabel II ordenó talar una en Melilla, que era milenaria y sagrada, y acabó su reinado en el exilio. De esta higuera y de su historia hemos escrito en El Alminar, y de esta reina escribiremos próximamente.
La cuestión es que la higuera es un árbol que da frutos dos veces en un año, diferenciados en forma, color y sabor. En mayo se inicia el primer florecimiento de la higuera, y esos frutos son las brevas, que pueden ser negras y verdes. En agosto y septiembre culmina la 2ª floración, con los higos, que mantienen ambas tonalidades. Los higos son más pequeños, redonditos y dulces, mientras que las brevas son más alargadas. Eso sí, cuando el color rojo aflora por sus grietas, es que ya empiezan a estar pasados.

PD: http://www.hogar.mapfre.com/noticia/975/los-higos-combaten-como-nada-el-estrenimiento-y-las-verrugas
Notas: (1) https://elalminardemelilla.com/?s=tiempo+de+higueras. (2) https://elalminardemelilla.com/2012/09/21/una-higuera-centenaria-en-melilla/.

Iglesia de San Agustín del Real


Campaña para captar fondos para arreglar la cubierta

Con las catequesis, las comuniones y los bautizos las iglesias se llenan, incluso en la misa del Domingo. El problema está en el día a día y en el mantenimiento. Siempre hay gastos y no siempre suelen estar abiertas. La iglesia de San Agustín fue una de las más ricas de Melilla, tanto en exornos como en propiedades, pues los fieles del barrio del Real donaban incluso inmuebles a la Iglesia. La gran reforma, que amplió los locales sociales colindantes, e incluso la renovación de la cubierta del edificio (antiguo almacén de intendencia), se llevó a cabo en el final de la década de 1980. Hubo reformas necesarias y otras discutibles, como la instalación y mantenimiento del costoso órgano, hoy ya apenas utilizado. El mantenimiento y conservación del órgano tiene que ser llevado a cabo por expertos. Era la iglesia de Melilla que tenía más imágenes y altares y un día desapareció casi todo.
Se creó una comunidad, dirigida por el Padre Hurtado, que dio buscó una nueva forma de entender, tanto la iglesia como la vida en comunidad de creyentes, y los que no comulgaban con «esa vereda o senda», se apartaron o fueron apartados de la vida parroquial.
Hace dos años, el Episcopado de Málaga intentó reconducir la vida eclesial y nombró a un sacerdote diocesano para dirigir la parroquia, acabando así con 70 años de dirección de los padres paúles. La comunidad cristiana preexistente, parece no haber sintonizado con la dirección de la parroquia y ha abandonado la misma, distribuyéndose por otras parroquias de la ciudad. Es una situación extraña.
El caso es que los años de suntuosas reformas pasaron a la historia y el edificio empieza a notar síntomas de agotamiento. Hay cosas que tienen que ser reparadas con urgencia, como las tejas de la cubierta, cuyas filtraciones provocan goteras y humedades. El párroco ha lanzado una campaña de captación de fondos para diversos arreglos y reparaciones, abriendo la propia cuenta parroquial (2103/2031/96/0010108401), para las donaciones, bajo el lema: Colabora con tu Parroquia.
En los pasados días 27 y 28 se conmemoraron las festividades de San Agustín y de su madre Santa Mónica, hechos que pasaron prácticamente desapercibidos para la feligresía del barrio. Hoy ya casi nadie hace caso de los santos, y eso que San Agustín, tuvo una vida prodigiosa, y merecedora de ser leída, sobre todo, sus «Confesiones», el libro que más le gustaba a Wittgenstein.

San Agustín, la vida prodigiosa de un santo

Agustín nació en Tagaste, lo que hoy sería Túnez, en el año 354 de Nuestra Era. Durante un largo tiempo se dedicó a una vida licenciosa, narrada por él mismo en “Las Confesiones”. Dedicado a la lujuria, al robo, a los amores deshonestos, o como él mismo decía: “Al gusto por hacer el mal”. Durante años visitó todos los lupanares de la costa africana, o las ciudades más famosas por tener los más atractivos de todos ellos: “me revolcaba en su cieno, como si se tratara de un ungüento oloroso”. Aborrecía las Sagradas Escrituras por aburridas y se convirtió en seguidor de una herejía, la maníquea.

San Agustín muestra claramente dos cosas, una es la perniciosa influencia que ciertas cosas, aparentemente buenas y bellas, pueden tener sobre los blandos espíritus de los adolescentes. La otra es la gran importancia que tienen “las compañías” sobre los jóvenes. Esta última es la gran preocupación de cualquier madre o padre. Agustín tuvo una madre, Mónica (que acabaría siendo santa), que anduvo detrás de él, no dejándole solo en sus fechorías e intentando mitigarlas en todo lo posible. Al final consiguió detener la loca carrera de su hijo; aunque tuvieron que pasar más de diez años para ello. Agustín vio una luz durante una predicación de San Ambrosio.

Desde ese momento, se convirtió en un exégeta de las Sagradas Escrituras y en firme azote de toda herejía, especialmente duro fue con la que había sido su secta nodriza, la de los maníqueos. A partir de ese momento y además de explicar claramente cuales son los caminos que conducen al “pecado”, ideó La Ciudad de Dios, un lugar imposible y a salvo de todo mal. Actualmente, proliferan en todas las religiones, grupos que intentan preservar a los suyos de todo mal, o de todo contacto con el supuesto “pecado”, construyendo oníricas ciudades de Dios, en las que si hay algo ausente no es el pecado, y sí la presencia de Dios, en cualquiera de sus múltiples interpretaciones. Al final, el diablo, como el humo, entra por cualquier rendija.

Si San Agustín enseñó algo, y enseñó muchas cosas, fue que tanto el bien , como el mal, deben ser descubiertos por uno mismo. De lo que hay que dotar a las almas de las personas, es de instrumentos para discernir ambos caminos, incluso que después de haber caído en el malo, uno sepa darse cuenta y rectificar su rumbo. Hay cosas, no muchas, que pueden y deben evitarse.
Nota: https://elalminardemelilla.com/2011/10/24/cambio-de-rumbo-en-la-iglesia-de-san-agustin/

Frontera, del colapso al coladero.



«En Melilla se entra, pero no se sale». Manuel Céspedes

Hay frases que no merecen perderse y ésta, del que fuera Delegado del Gobierno socialista entre 1986 y 1996, es una de ellas. Por aquél entonces, le reclamábamos al entonces delegado gubernativo, que dejara salir de Melilla a dos ciudadanos búlgaros que habían quedado atrapados en nuestro perímetro. Tanto le insistimos a Manuel Céspedes Céspedes, que en apenas un mes, que a nosotros nos pareció una eternidad, firmó una orden de expulsión y repatriación a Bulgaría; único modo de salir de la ciudad en aquella época. Manuel Céspedes nos dio la orden de expulsión en mano, no era un hombre que soliera esconderse de sus acciones, y nos dijo: «la próxima vez decidle a vuestros amigos que: en Melilla se entra pero no se sale». En su momento, la frase nos pareció propia de un cinismo administrativo casi intolerable, sin embargo hoy, con la perspectiva, me parece una de las frases más acertadas que se hayan dicho nunca, acerca del problema fronterizo de la ciudad. Se atraviese la frontera en el sentido que se atraviese, nuestra frontera es un cáos o un coladero. Entonces pensábamos que estábamos ante los mayores problemas fronterizos de la historia.
El más que evidente colapso en la frontera, está reventando las posibilidades de Melilla con su entorno, y está creando alteraciones dentro de la propia ciudad. Esta mañana, intentar salir del polígono industrial, por la carretera de Huerta de Cabo, era un ejercicio imposible, salvo que se incumpliese todas las normas posibles de circulación. Da miedo pensar que esta es la zona en la que se han planteado instalar «Centro Comerciales». Con esta situación fronteriza, cualquier posibilidad de la zona es solo una especulación onírica.
No hablo del «comercio atípico», sino simplemente del intercambio comercial y humano normal, del que disfrutábamos en el pasado tanto melillenses, como marroquíes. Hoy todo eso es historia, solo los más aguerridos se atreven a soportar las interminables e inhumanas colas de la frontera. Que se puede atravesar a partir de las ocho de la tarde es algo que ni es útil, ni sirve a nadie.
El atasco tiene su extremo a casi un kilómetro de la frontera de Beni Enzar, y la fila de coches es doble.

La luz de Atón


“Si yo doy testimonio de mí mismo, mi testimonio no es válido. Hay otro que da testimonio de mí y sé que es válido el testimonio que da de mí. Vosotros enviásteis mensajeros a Juan y el ha dado testimonio de la verdad. No es que yo dependa del testimonio de un hombre. Si digo esto es para que vosotros os salvéis. Juan era la lámpara que ardía y brillaba, y vosotros quisísteis gozar un instante de su luz”. Juan 5, 31-47

El 28 de febrero de 1998 publiqué un artículo sobre Akhenatón, el faraón seguidor de la luz, e instaurador de la primera experiencia monoteísta. La semana pasada apareció en Melilla un nuevo semanario, denominado La Luz de Melilla, que dirige mi amigo Miguel Gómez Bernardi, del que escribimos hace mucho en El Alminar. Hoy nos devuelve la cita haciendo mención del Alminar, y dando a conocer nuestro trabajo.
Muchas gracias. Ahora sí, esto es Alfa y Omega.

Nota: https://elalminardemelilla.com/2011/05/19/miguel-gomez-bernardi/

La caída de los mercados en Melilla


La visita, recomendada por el Gobierno de Melilla, a los mercados de la ciudad produce una impresión desoladora. La ciudad oficial y la de la propaganda gozan de muy buena salud, la real se hunde poco a poco y sin remedio. La venta de pescados, frutas, verduras, e incluso pan, en las calles lleva años agujereando como una termita a la red de mercados de Melilla: Central, Real, Barrio de La Victoria, Cabrerizas y Buen Acuerdo, Todos tienen cada día más mármol libre y disponible. Solo resiste todavía parte de la venta de pescado, algunas fruterías y puestos de verduras y las carnicerías. En este último sector se está produciendo una gran inversión, pues cada vez proliferan más la carnicerías «halal», las de productos de carne tratada según el rito islámico, y resulta cada vez más difícil encontrar una carnicería en donde se pueda encontrar productos del cerdo, animal impuro para las otras religiones del Libro. Las carnicerías «cristianas» están ubicadas en los mercados o en los supermercados, salvo tres que están en el centro de la ciudad, por lo que a la mitad de la tarde, resulta una odisea encontrar un «hueso de jamón» para hacer un caldo.
Hay una ausencia de control sobre determinados sectores económicos, en donde se permite el florecimiento constantes de «fruterías», con bajísimos márgenes de beneficios, en detrimento de las tiendas o puestos de los mercados municipales, y de las tiendas de barrio. Hay también una ausencia de control sobre el comercio que es objeto de la licencia, que inicialmente es una cosa, y con el paso del tiempo acaba vendiendo absolutamente de todo, lo que supone una competencia desleal con respecto a la pequeña tienda o el puesto de mercado, que solo vende aquel producto para el que tiene la licencia en vigor.
La venta de alimentos en la calle resulta un mal imposible de erradicar, es más, incluso parece haberse tirado ya la toalla en este aspecto. La situación del Rastro y de sus calles es tercermundista, en lo que respecta a la venta y el corte de pescado en la vía pública. Nada de esto es propio del tipo de ciudad que se intenta ofrecer al mundo. Hay que recordar que la fuente del Bombillo y la Mezquita Central, son lugares de visita turística. Hay situaciones dantescas en los alrededores de estos dos emblemáticos lugares.
Yo soy un usuario y comprador en los mercados, de todos. Jamás he comprado un solo kilogramo de nada en las calles y he de reconocer que «las cañaillas» que se venden junto al mercado del Real, son una de las mayores tentaciones existentes. Sin la cañailla, el producto sin el cual no hubiese existido Rusadir, no hubiese venido nadie hasta aquí, y menos un pueblo tan comercial como los fenicios.
La cañailla debería ser uno de los emblemas de la ciudad y figurar en su escudo. El color púrpura debería ser también parte de la bandera de la ciudad. Es el auténtico sabor de Melilla, por encima del invento del «rape a la rusadir».