Gaza, la matanza de los inocentes


 

               

               El Rey Herodes pasó a la historia con su matanza de niños inocentes, por mucho menos de lo que está haciendo en la Franja de Gaza, Benjamín Netanyahu y su gobierno, al que no mezclamos con el Estado y el pueblo de Israel, no alcanzarán en la historia semejante categoría. Es un gobierno de halcones y se están comportando de esa manera. Todo Estado tiene derecho a defenderse, pero no a agredir de esta manera. La descompensación de fuerzas en conflicto es descomunal. La cohetería y las bravuconadas de Hamás, no pueden equipararse al infernal despliegue militar puesto en marcha por uno de los ejércitos más poderosos del mundo, que es el israelí. La exhibición de fuerza bruta, aleja al gobierno de Israel de cualquier pretensión justificadora que pudiera alegar. La demolición de infraestructuras, algo habitualmente practicado por los gobiernos israelíes, es un castigo añadido y extendido a una población indefensa e inocente. Siempre hemos defendido el derecho de Israel a su existencia, pero también la necesidad de que se cumplan todas las resoluciones de la ONU, incluidas aquellas que obligan al Estado Israel en sus excesos, y a los Países Árabes en su falta de reconocimiento al Estado israelí, algo que de por sí es un hecho incuestionable. Aún así y pese a todo, hay que evitar cualquier apasionamiento ciego en torno a este conflicto, en el que la tentación del pensamiento antisemita está demasiado cerca. Este es el brutal mundo que han conseguido se ha construido a lo largo de la historia. Triunfa y sale adelante el poderoso, que cuanto menos escrúpulos tenga mejor le irá. La razón es algo que ya no es determinante en nada. La razón que impera es la de Estado, la de Maquiavelo.

En torno al fuego verde


           La llama verde fue una de las mayores sorpresas y descubrimientos del año en curso. Encontrarme con su existencia fue algo completamente inesperado. Nunca antes había pensado en ver y producir llamas verdes. Alguien dijo aquí que era cosa de brujos y de brujas. Sin embargo, lo portan como ornato en una cofradía de Cristo, aunque muy antigua. Quizá tengamos un poco de todo. Contemplar el fuego es  relajante. La palpitación de la llama hipnotiza. No sé quién o por qué se dice que el fuego purifica. El fuego lo consume todo. No se mezcla con nada y se aviva con el aire, del que extrae el oxígeno indispensable para la combustión.  La purificación por el fuego fue un recurso bárbaro de La Inquisición, con el que se quemaron a mujeres y a herejes. Por mucho que se pida perdón por semejante atrocidad, jamás podrá borrarse el daño de haberlo hecho.

               El fuego quema y se asocia indistintamente con el infierno y con el amor. Esto llama también la atención, conceptos antitéticos asociados bajo la misma metáfora. Se nos amenazó durante siglos con las llamas del fuego eterno, pero San Juan de La Cruz, al escribir sobre el amor místico,  hablaba de la llama que consume y no da pena, y Lope unía ambas cosas: creer que un cielo en un infierno cabe. Una vez encendido el fuego, de cualquier clase,  es muy difícil de apagar y exige alimento y cuidado constante.  Cuesta más trabajo mantener el fuego que iniciarlo. Muchos prefieren la segunda labor, la más fácil, nuestro trabajo, de siempre, es el primero, el más dificultoso. Las denominaciones opuestas existen también en botánica, resulta muy llamativo ver las denominaciones comunes de las plantas. En Melilla hubo un árbol, al que no he vuelto a ver florecer, al que se llamaba como árbol del amor o de Judas. Creo que las podas acabaron con él.

            Encontrar la combinación exacta, la mezcla adecuada, el grado de intensidad suficiente para que la llama caliente e ilumine, pero no queme ni nos deje pronto a oscuras, centra ahora nuestra atención. Ahora se entiende el por qué el presidente de aquella cofradía guardaba en celoso secreto la mezcla y composición  del fuego verde. Hay algo más difícil de conseguir que el propio fuego verde y es el silencio en torno a él. Necesitamos el silencio. No oir, no escuchar nada y dejar que únicamente nos ilumine la llama verde.

                El rojo que hay detrás es aparente. Es una combinación buscada para crear un determinado efecto visual. El fuego verde arde con mucha intensidad. Su llama es muy viva y resulta atractiva. El verde es más intenso y puro cuando se acerca a su final y la llama es más débil y su oscilación más pausada. No ha resultado tampoco la imagen buscada, se acerca a lo que pretendemos, pero no estamos cerca de la combinación buscada. La alquimia es un proceso que combina cosas de diversa índole para producir efectos o cosas diferentes. Algo de eso también pretendemos. Combinar lo que es diferente, para buscar y provocar sensaciones distintas. Hay que huir siempre de los caminos marcados. Que nadie nos encuentre en el lugar en el que creen que estamos. El mundo se mueve contantemente y nosotros también. Las cosas fijas son las que guían. Después de esto, el silencio se asentará sobre El Alminar. Llega agosto, el que fríe el rostro. El adormecedor canto de la chicharra se adueña de los campos.

Incluso el Sol se pone


 

       El Sol de julio también se oculta, aunque  encendido como una antorcha. Su color rojo deja ver que ha convertido el aire una densa masa cálida y ardiente. Ese Sol  recuerda a la profecía de Malaquías: Llegará un día semejante a un horno encendido, en que los impíos arderán como la estopa. Durante mucho tiempo, a los excesos de los poderosos solo se les ponía el límite de la justicia divina, porque en la humana no ha confiado nadie nunca, por mucho que haya que decir otra cosa.

       La frase la leí hace tiempo en una novela titulada «Los Leones de Al Rassan». Parece que no dice nada, pero sí. Como todo, puede aplicarse a muchas cosas, pero encierra una verdad imposible de ser obviada. Es sencilla

          Julio y su Sol convertido en una tea, en una brasa suspendida del cielo, impone un ritmo más lento, una parsimonia mayor a la hora de hacer las cosas, sobre todo, porque detrás de su paso está el mes de agosto.

           El Sol de julio se pone incluso para El Alminar. Siempre quedaran historias por contar y a las que prestar atención. En los últimos días hemos saldado cuentas pendientes. Una parte de lo que tenía que ser escrito, ya lo esta. Ahora es necesario no pensar más.

Los largos días de junio


     Barranco de Cabrerizas

                      De la noche más corta y los días más largos

         El dominio de la luz solo se manifiesta en el mes de junio con un incremento de diez minutos a lo largo del mes. Los días empiezan muy pronto, a las 06 h 44´desde el día 18, y se prolongan hasta las 21 h 49´ del día 30. A partir de ese día el Sol va retrasando su salida minuto a minuto, mientras que adelanta su ocaso casi del mismo modo. Hay casi dos semanas en las que las luz del Sol se mantiene en su punto máximo. Junio abre la puertas de un largo y cálido verano que se extiende a lo largo de los  meses, julio y agosto, y hasta bien entrado septiembre.

           Iniciado el mes de julio, el periodo de vigencia de la luz solar se mantendrá casi en todo ese tiempo de modo uniforme, retrasándose el amanecer significativamente a partir de su mitad. A lo largo del mes de julio la luz solar se reducirá en 42 minutos, pero se mantiene en su parte más tórrida. El ocaso solo se adelanta un cuarto de hora en julio, situándose a las 21h 32´en su último día. Las noches son cortas, el aire se calienta a lo largo de días muy largo, y no da tiempo a que descienda la temperatura en su etapa nocturna. El verano es el tiempo del insomnio, de las dificultades para dormir y de los sueños inquietos. Es  tiempo de siestas,  de aturdimiento y de higueras.

   Nota: http://sociedad.elpais.com/sociedad/2014/06/27/actualidad/1403882291_329326.html

                          

Desde la fuente de las aves


 

                   Apenas han pasado tres días desde que estuvimos en esta fuente. En la última visita había más aves que en el día anterior, en el que levantaban el vuelo de modo lento y pesado. En esta ocasión volaban delante nuestra con total soltura. Ejecutaban sus movimientos alrededor de la fuente de modo más llamativo, lo que nos ha permitido obtener mejores imágenes. La señal que habíamos buscado sigue  presente.

             El tórrido sol ha dado paso a unos días de levante, preferidos por muchas/os,  en el que las nubes proporcionan  protección frente a los rayos solares. Quizá por ese motivo se encontraban más activas, más generosas en sus movimientos. Varias cosas podemos aprender de todo esto, una de ellas  es que todo seguirá sucediendo pese a que no se encuentre observador alguno que las describa. Todo seguirá estando ahí. Todos los días hay sucesos. Tampoco se trata de registrarlo todo, porque además es imposible.  Las aves nos seguirán esperando siempre en torno a esa fuente, mientras exista, aunque no serán siempre las mismas. Todo cambia y a la vez todo permanece.

        Ese grupo de aves en torno a esa fuente nos están enviando mensajes claros. Importa tener un lugar al que retornar y al que no se debe dejar de acudir.  La migración de las aves es eso. Se van pero siempre vuelven. Mantener el lugar importa, porque cada espacio de libertad que se deje libre, es ocupado por sus enemigos, y hay muchos. Estamos rodeados de lobos. Las noticias que nos llegan del mundo, están tan filtradas y seleccionadas, que ni siquiera merece la pena detenerse en ellas. La verdad se encubre cada día, pero aún conociendo todo, nuestras posibilidades de éxito en esa lucha sería pequeñas. La gente se está articulando para defenderse, para darse protección. Es la única manera de resistir. Una persona aislada, por muy hábil y brillante  que sea, tiene muy pocas posibilidades de mantenerse en pie frente a esta oscuridad.

         No es fácil la decisión de alzar el vuelo, pero es algo que debe hacerse. Un aluvión de entradas se han sucedido  desde el momento en que lo anunciamos. Había cosas pendientes, situaciones y cosas sobre las que escribir, que no podían dejarse de lado. Es preciso retirarse en algún momento, para poder regresar siempre que sea necesario. Las circunstancias cambiarán, pero todo seguirá de igual modo. Siempre habrá un nuevo suceso que nos vincule a la realidad, a la parte del mundo a la que pertenecemos, pero en algún momento se necesita «no escribir mas», como decía el emperador Claudio en sus memorias noveladas por Robert Graves, el gran conocedor de los mitos griegos.

            Nos quedamos con la danza de las aves en torno a la fuente, porque seguiremos estando y desde ahí regresaremos. Todo está ya dicho, pero también siempre quedará algo más por escribir. El tiempo es largo, no conviene agotarse ahora.

           Nota: https://elalminardemelilla.com/2012/05/06/el-fin-de-la-2a-salida/

Levantando el vuelo


      Nadie puede perseguir a un ave. En cuanto sienten el más mínimo indicio de amenaza, levantan el vuelo delante nuestra y desaparecen. No tiene mayor trascendencia el hecho. Levantan el vuelo y se van. Lo hacen de manera sencilla, aprovechando una corriente de aire y desplegando sus alas. Vigilan nuestros movimientos por el rabillo del ojo y cuando nos sienten demasiado cerca, con suave movimiento de las alas, se elevan. No hacen un esfuerzo innecesario y calculan perfectamente el empuje adecuado para elevarse. La única manera de cazarlas es intentar mantenerlas pegadas al suelo, en donde el fango y la ausencia de aire les limitan los movimientos.

      Hay miedo a la libertad, de siempre. Quien se atreve a pensar por sí mismo, a no seguir las sendas marcadas, es rápido objeto de ataques y de asechanzas. La seguridad es vivir sin cuestionar nada, aguantando una tiranía insoportable, respirando un aire envenenado por los vapores sulfurosos, mezclados con todo tipo de gases tóxicos y nocivos. Mirar al suelo para no ver los deleznables comportamientos que se nos muestran. Eso sería lo fácil y lo sencillo. Ocurre que los humanos somos gregarios, y cuando alguien se separa del grupo, se le anatemiza, se le califica de hereje y de cismático. Quien demuestra que se puede vivir sin participar del cieno, crea inseguridad en los que le rodean. Por eso se les acosa y juzga

      No aceptamos el tipo de lucha que nos proponen. El suelo es nuestro medio, porque somos humanos, pero el fango y el lodo, no. Hoy levantamos el vuelo.  Mañana ya veremos.

Atrapados en las redes


 

                                           La tecnología que nos gobierna

                 En la serie televisiva de Cañas y Barro, de Vicente Blasco Ibáñez, un agricultor de la albufera valenciana malgastaba su vida y su salud desecando a capazos una laguna que le habían vendido como terreno cultivable. Luchar o pretender ir en contra de la redes sociales es un esfuerzo perfectamente inútil que no vamos a emprender en modo alguno. No es este el objeto de nuestra reflexión. Hay que conocer todo y utilizarlo de la manera más conveniente, intentando evitar que altere nuestras vidas, porque se trata de modos de comunicación que alteran nuestros hábitos cotidianos. Empleamos una determinada cantidad de tiempo gestionando todo lo relacionado con las redes sociales y los mensajes que nos llegan. Aunque sean mínimas, todos/as debemos hacer algunas concesiones.

              Cuando decimos que cada vez tenemos menos tiempo para las cosas, se debe, entre otras, a todo el tiempo que empleamos en descargar y almacenar fotografías, leer mensajes, ordenar archivos, reponer la carga de las baterías, y en atender la información que nos llega a través de ellas. Es lógico, son redes de comunicación y al otro lado hay personas, nuestros conocidos y familiares. Algún beneficio en nuestro favor deben tener. No se trata de convertirse en un huraño ni en un eremita. Nada de lo que escribamos o podamos decir tendrá efecto alguno sobre el devenir del mundo. Si se escucha una sirena o se ve una columna de humo, se quiere saber qué pasa al instante y en apenas un minuto, ya habrá colgadas en las redes decenas de fotografías del supuesto suceso y de sus posibles explicaciones.

               Las baterías de móviles y dispositivos electrónicos tiene una autonomía limitada. En viajes largos, sobre todo en tren, hay que gestionar adecuadamente la carga, si no se quiere estar en apagón total en la última hora de trayecto. Siempre se puede realizar una carga furtiva en el lavabo del tren o tirado en la estación, si se encuentra un enchufe libre. La ansiedad y sensación de desamparo de que genera el quedarse sin batería o sin cobertura, aunque sea por un breve tiempo, resulta injustificable si se piensa que seguimos dentro de una ciudad y sus múltiples recursos. Ocurre que ya no hay nada gratis, y si se quiere recurrir a una cabina se necesitan monedas, y tampoco recordamos la mayor parte de los móviles que almacenamos en la agenda.

                                                La nueva ferralla tecnológica

                    En un hogar normal, de cuatro personas, en donde tenga a su disposición dos teléfonos móviles, un cámara de vídeo , una o dos televisiones (salón y dormitorio), una cámara fotográfica, un reproductor dvd, y una o dos consolas de juegos para los niños/as, necesitan al menos un cajón, para almacenar todos los cables, cargadores y ferralla diversa relacionada con todos esos aparatos. Nos dicen que la comunicación es inalámbrica, que todo navega por el aire y se almacena en la nube, pero nadie advierte del soporte terrestre de todo eso. El o la cabeza de familia encargado de mantener todo eso operativo, debe tener controlado en todo momento la posición de cables, cargadores y mandos, o perderá el juicio entrando de una habitación en otra buscando un elemento indispensable perdido. Nunca mejor dicho, todo depende de un hilo, o de un cable, el del router anclado a la roseta de la pared de la que dependen todas las comunicaciones de la casa. Cualquier fallo en este sistema, una caída de red, provoca reclamaciones sin fin hacia la persona encargada de mantener todo en orden. Si el fallo o la pixelación de la imagen se produce durante la emisión de una serie o programa de máxima audiencia, el lío está servido. Una caída de red provoca una crisis y nos hace sentir incomunicados, cuando en realidad no es así. Nos han creado esas necesidades.

                 Así pues, la más potente red de comunicaciones jamás conocida, depende, finalmente de una cable y de la electricidad. Es un gigante, pero con los pies de barro, o de cobre, si se quiere ser más exacto. Toda la gestión y almacenamiento de ese caudal de comunicación está controlado a su vez por un puñado de servidores. Todo es fácil de controlar. La desaparición del secreto de las comunicaciones se han volatilizado delante de nuestros ojos, y con nuestra colaboración y consentimiento. No controlamos nada y nos controlan todo.

              Las cokies informan detalladamente de qué cosas nos interesan o visitamos, de nuestros hábitos y horas de conexión y de nuestros tendencias. La posición Gps de los móviles y de las fotografías realizadas nos indican qué lugares son más visitados y de las calles más transitadas, en donde luego se instalarán las tiendas y restaurantes de moda.

                              Las redes que carga el diablo

                El nombre está muy bien puesto, pues se trata de redes de arrastre, como las de los barcos, que atrapan tanto a peces grandes como a chicos. No solo los pertenecientes al pueblo llano estamos inmersos en ella, cada uno/a con un grado distinto de implicación, sino también los políticos e incluso jefes de Estado. Ya no falta ni el Papa en ellas. Decía Juan Luis Arsuaga, que nuestra capacidad de establecer relaciones se sitúa entre 100 y 150 personas. Más allá de esa cifra no hay posibilidad de gestionarlas. Por tanto el tener varios cientos, mil, decenas de miles, e incluso centenares de miles de contactos o agregados, no resulta ni útil ni posible.

               Si le diablo existe o existiese, la inspiración de las redes sociales se le debe atribuir sin duda alguna. Somos nosotros mismos, nuestros familiares cercanos y conocidos, los que llenamos el capazo de la pesca. La inmensidad de los blogs red también están dentro de esa red de arrastre, Dan la oportunidad de expresarse al margen de los medios de incomunicación de masas, pero también se cobran su precio temporal.

                  Son muchos los que dicen que el diablo no existe, incluso la propia Iglesia niega su existencia y la del infierno, pese que constituye una piedra fundamental de la predicación evangélica. Si no existe el diablo ni quien  intente hacernos descabalgar de nuestros proyectos y propósitos, con sus constantes acechanzas, tampoco existe Dios, ni santos que nos ayuden.  Entonces estaríamos solos, frente a la red de redes.