Luz en el túnel


                 

           El espesor del silencio es a veces demasiado grande, y no siempre se encuentra a quien  se atreva a romperlo. Pienso en quien cliquea vez tras vez la página del Alminar y no encuentra nada nuevo desde hace un día. Muchas veces me siento y pienso en qué escribo hoy sin encontrar un tema convincente.  El Alminar de los primeros días estaba hecho de pequeñas cosas, de ocurrencias instantáneas o de cosas que llevaban alojadas cierto tiempo en mi cabeza y a las que simplemente dejé fluir. Las obligaciones, por pequeñas que sean, cuestan un esfuerzo. Quise desde el instante que al menos hubiera un tema por día, para crear la sensación de ligazón, y hasta ahora lo he conseguido. La mecánica cuántica afirma que: «El observador modifica el hecho observado» y eso se ha cumplido con este blog. Los cientos de observadores diarios y constantes, y los otros cientos de observadores esporádicos han modificado mi propia concepción de El Alminar, su propia forma.

      Estamos en un túnel y no se trata tampoco de abrumar al que lee con las mil y una incertidumbres que nos acechan, aunque no a todos. Se trata de ofrecer propuestas que sirvan también de vías de escape, de instrumentos para buscar otras salidas, pero tampoco se pueden eludir los temas, lo que espera ahí fuera, lo que vemos cada día. Es complicado. También he tratado siempre que cualquier cosa escrita, cualquier fotografía subida, tenga que ver con Melilla. Hay muchas cosas por escribir, pero todo lleva su tiempo y hay que ir dándole forma a todo, porque tampoco se trata de escribir por escribir.

¿Saturación en el Hospital Comarcal?


     Es un tema recurrente, utilizado según en qué momento, para desprestigiar al Gobierno del Estado, dependiendo de la uniformidad política entre Melilla y Madrid. En los últimos ocho años, cual letanía o salmodia, el Partido Popular repetía los males que aquejaban al Hospital Comarcal y que básicamente se concentraban en «la atención hospitalaria a los ciudadanos de Marruecos». Hace tan solo una semana, el Gobierno de España creyó descubrir el mal que agujereaba a nuestro Hospital: » El turismo hospitalario  procedente del Reino alauíta». Igualar el placer del turismo con la necesidad de acudir a un hospital, me parece una símil cruel y desconsiderado.

         Una vez identificado el problema, los medios de propaganda abrieron sus hojas informando de que se iba a poner freno al asalto de Marruecos a nuestra sanidad pública (pueden leerse los titulares y declaraciones de los días pasados).  Hoy, el director General del INGESA (Instituto de Gestión Sanitaria), José Julián Díaz Melguizo, en unas declaraciones muy sensatas, dice que se va a seguir prestando la atención sanitaria a marroquíes, en los mismos términos en que se venía haciendo. Él mismo ha desmentido de manera muy elegante, todo lo que se venía diciendo en días pasados. Melilla está donde está y eso nada, ni nadie puede evitarlo. Ya no volveremos a oir hablar de cómo la atención a los marroquíes devora cual termita la sanidad melillense. Algunos dejarán de hacer preguntas parlamentarias constantes en ese sentido. Algo hemos ganado.

                ¿Cuál es el problema de la sanidad en Melilla?

     Aunque mucha gente le tenga manía a los funcionarios públicos, debo decir que si algo aportan al conjunto de la sociedad, es tranquilidad y eficacia. En el Hospital de Melilla, casi todos los profesionales trabajan con una atención y dedicación muy por encima de las exigencias de sus convenios laborales o de la Ley de Función Pública. Cualquiera que haya estado en el Hospital sabe de lo que hablamos. Siempre hay alguien que sabe lo que tiene que hacer y eso es lo que queremos todos en cualquier situación, sobre todo en las relacionadas con la salud. Introducir el elemento de la intranquilidad y de la inestabilidad en los colectivos de funcionarios, es un error que no debe cometerse.

       Los problemas reales de la Sanidad en Melilla son otros, y pienso que en la posible saturación del Hospital de Melilla, algo de responsabilidad tendrán las compañías de seguros sanitarios, que jamás han ofrecido una clínica privada a los melillenses. Ofrecen consultas de profesionales, pero no todas las requeridas, compartiendo también a los médicos especialistas. Al final, cualquier operación o cualquier prueba diagnóstica recae sobre el Hospital Comarcal. En días atrás, una colaboradora hablaba de la necesidad de una clínica de salud mental.

        Ahora sí es cuando hay que recordar, que el último solar libre de la explanada de San Lorenzo, destinado a equipamiento sanitario y a la construcción de una clínica privada, fue un propósito que nunca llegó a fomentarse, recalificándose el terreno  para hacer un nuevo edificio de viviendas. La falta de especialidades, de cierto tipo de profesionales, obliga a realizar muchos traslados a Málaga, lo que incrementa tanto el gasto sanitario como el de las familias y el consiguiente riesgo para los enfermos.

        Yo sigo siendo un defensor de lo público, de la gestión correcta de los recursos del Estado. Hay muchas preguntas por hacer sobre la sanidad en Melilla. ¿Se cobra a las compañías privadas todas las prestaciones realizadas a sus asegurados?. ¿Se puede racionalizar el gasto y acabar con el despilfarro, sin sobrecargar las plantillas, sin reducir personal y sin reducir la calidad de la atención sanitaria?. Creo que se puede cobrar parte de la atención hospitalaria que se presta, tanto en el caso personal, como mediante convenios con Marruecos.

   Vista la situación de saturación muchos hospitales españoles, la situación melillense no parece igual. Nadie va un hospital por gusto y en Melilla, muchas veces el propio paciente paga parte de sus consultas o tratamientos, sin necesidad del «copago». Hay excesivo ruido de fondo en todo este tema, que enmascara un problema que sigue sin salir a la luz, o sin saber abordarse.

  Nota: Todos los excombatientes marroquíes del ejército de Franco, siguen teniendo derecho a la asitencia sanitaria española, tanto ellos (que cada vez quedan menos), como sus familias hasta la 3ª o 4ª generación. Eso fue una concesión graciable de Franco, por su ayuda en la victoria final sobre La República  española.

      PD: http://www.infomelilla.com/noticias/index.php?accion=1&id=32353

El color del silencio


    

       ¿Tiéne color el silencio?, ¿tiene sonido pese a lo que dijera canción?. ¿Porqué lacera tanto el silencio?, ¿es más dañíno que las palabras?. Personalmente no lo creo, como dijera Franz Rosenzweig: «El lenguaje es más que sangre». Si con algo se puede enmascarar la realidad es con las palabras. De eso estamos viendo mucho en estos tiempos. Todos nos enteramos de  cosas, pero luego no vemos casi  nada reflejado, ni  en lo que oímos, ni en  lo  que leeemos. Hay un silencio mediático. Hay tambien un exceso de propaganda, una sobre difusión de información tóxica, vacia y que luego se repite haciéndola girar como un caravasar, para hacerla pasar por algo creible. El problema es que incluso los grandes difusores de mentiras, se muestras a sí mismos como defensores de la verdad, y al final todo es confusión y oscuridad. Lo que ellos tienen muy claro es que aquello de lo que no se da noticia no existe, y que lo que se publica, aun siendo notoriamente falso, es creído por la gente. Ellos disparan con cañones mediáticos y nosotros nos defendemos con «la honda» de David.  ¿Cómo distinguir algo entre todo eso?. ¿Cómo seguir y sobre todo, para qué?.

              Quien piensa alberga dudas, quien siente también padece. Sumida en el horror y la misera de la ciudad de Calcuta, la  madre Teresa se encontró con el silencio más absoluto, el vacío más grande, con una total ausencia de respuestas: «Señor, mi Dios, ¿quién soy yo para que me abandones? … Yo llamo, me aferro, quiero, pero nadie responde, nadie a quien agarrarme, no, nadie. Sola, ¿dónde está mi fe? Incluso en lo más profundo, no hay nada, excepto vacío y oscuridad, mi Dios, qué desgarrador es este insospechado dolor, no tengo fe … Tantas preguntas sin responder viven dentro de mí».

            

La parábola del manto


                         » A vosotros os ha sido dado a conocer los misterios del Reino de Dios, pero a los otros de fuera todo se les presenta en parábolas, para que: Mirando, miren y no vean; oyendo, oigan y no entiendan, son sea que se conviertan y sean perdonados»Marcos 4, 11-13

            Cada viaje estacional a Almería, queda marcado en mi vida por una nueva búsqueda, o por una circustancia distinta. Llevo apenas un año escribiendo en el blog de El Alminar, sin embargo, llevo 6 años escribiendo de un modo regular y constante, los cinco anteriores en los periódicos de Melilla, en donde he dejado escritos varios cientos de artículos. He conocido cosas nuevas y también he profundizado en otras que ya sabía. A lo largo de la vida de cualquiera siempre se distinguen varias líneas que la recorren. En una época tendrán más intensidad unas que otras, pero a la larga, el tapiz que componen siempre cobra un sentido.

               La semana del manto de La Virgen de San Pedro

     Esta Semana Santa del año 2012 quedará por el encuentro con el maravilloso manto de la Virgen de Los Dolores de la parroquia almeriense de San Pedro, que a su vez había pertenecido a la Virgen de Los Dolores de San Agustín de Melilla. Era algo buscado y se ha podido culminar. Las imágenes ya están ahí para siempre, para la memoria de la Melilla actual y la pasada, que tan ingrata fue para con las cosas que componían su entramado religioso. Sé que muchos silenciaron lo ocurrido durante 30 años, que incluso hubieran preferido que jamás se hubiese vuelto a hablar de ello, pero eso es una de las cosas que no pueden impedir. El derecho a la memoria y al recuerdo. Quería hacer unas fotos de la Virgen y de su manto en plena procesión, tal y como la vieron los melillenses durante décadas. La localicé regresando a su templo, el de San Pedro, arropada por sus fieles, envuelta en incienso y  música.

              Retirando el manto de protección social

                Sin embargo la paradoja del manto de protección empieza ahora. Ayer, un nuevo e impetuoso colaborador, Alminarense, que ya ha dado nombre a todos los seguidores de la Comunidad de El Alminar, nos sumergía de lleno en lo que nos espera tras el letargo litúrgico semanosantero. Nos espera la crisis, que no es global sino Europea, que en España tiene el añadido del estallido de «la burbuja inmobiliaria». Nos espera un millón de parados más a final de año y el sentimiento de inseguridad para todos los trabajadores que hasta le fecha podían considerarse inamovibles, los de La Administración del Estado. Ese tipo de trabajo que casi nadie quería en los tiempos de bonanza, y a los que ahora casi todos desean ver caer, o al menos recortados en sus derechos y salarios.

                El nuevo gobierno ha decidido retirar el manto de protección que amparaba al último sector de trabajadores, el de los asalariados  estatales. Ha empezado a retirar también el manto de protección, casi sin que se note, al resto del paraguas social, el de la Sanidad, el de la Educación, el de los Servicios Sociales. La calidad de los servicios que proporcionaba el Estado, va a empeorar de modo irreversible en los próximos años. Sin embargo, los que están tomando esas medidas, no van a notar ninguna de las consecuencias de esas medidas. Están protegidos por la nomenclatura que constituyen, y por los privilegios que se han  ido concediendo a lo largo de décadas, y a los que no están dispuestos a renunciar.

           Todavía no he oído que vayan a reducirse a la mitad los sueldos de los políticos, y de su pléyade de cargos de libre designación,  en Ayuntamientos y diputaciones. El salario medio de un político es entre tres y cuatro veces más alto que el sueldo medio de cualquier trabajador español, por lo que reduciéndose a la mitad, seguiría siendo 1½ superior, o incluso el doble, que el asalariado medio de su ciudad. Esta sería medida de obligatoria e inmediata adopción.  Estas cosas deben empezar a ser exigidas por los ciudadanos. Debemos empezar a exigiarlas. No pueden obligar a hacer sacrificios a los ciudadanos, ya bastante y siempre sacrificados, y no hacer «ellos» y sus nomenclaturas ninguno.

      ¿Por qué mezclo lo sagrado con lo profano?. Por que está absolutamnete mezclado y relacionado. Ayer, Alminariense me sacó del letargo y ya le he dado una primera medida contra la crisis, como me pidiera Empirismo.

Alexander Solzhenitsyn


                              Un hombre frente a Stalin

    Recuerdo perfectamente su aparición en un programa de Televisión Española de la década de 1970. El presentador era José María Iñigo. En un momento de la entrevista, el presentador le preguntó  que cómo era la vida en una dictadura, a lo que Solszhenitsyn respondió: «De eso saben Vds, es lo mismo que con Franco». Recientemente en el programa de RNE en el que interviene José Mª Iñigo, reconoció que se quedó blanco con esa respuesta. No supo qué hacer, ni que decir. Recuerdo también, que el  primer libro de Solzhenitsin, entró en mi casa en un tambor de detergente Dixan, que regalaba su novela: » Un día en la vida de Iván Denisovich». Todavía la tengo. Todo el mundo tiene claro que Stalin era un tirano, a nadie se le ocurre ya defenderlo, salvo en Corea del Norte. Sin embargo, la mitad de este País duda que Franco lo fuera, un tirano, e incluso se le defiende y se consienten sus estatuas en la vía pública. Esa paradoja sigue causándome una gran perplejidad.

            La izquierda comunista siempre trató mal a Solzhenitsyn, y le clasificó como a un agente del capitalismo. Conforme ha pasado el tiempo y Rusia ha ido ajustando sus cuentas con el pasado stalinista, la figura de Alexander Solzhenitsyn se ha ido agigantando. Hace unos años compré una vieja edición de su genial novela: «El primer círculo», en la que habla de las relaciones de poder en el círculo del tirano, en el sometimiento de las gentes que rodeaban al círculo íntimo de Stalin, o de cualquier otro ejemplo de tiranía. El culto a la personalidad, la idiolatría que se ejerce en torno al jerarca.

                 Vladimir Putin calificó a Solzhenitsyn como «la conciencia moral de Rusia». Su hierática figura me recordó siempre a la figura del «starets», un  personaje que en la vieja Rusia podría ser el equivalente a un asceta, un santón. El que mejor refleja la figura del starets, es Dostoyevski en Los Hermanos Karamazov. Ludwig Wittgenstein quedó impresionado por la figura del starest y siempre quiso asemejarse al personaje de la inmortal obra de Dostoyevski, el starest Zosimo.

                 Reconozco que tenía una vieja cuenta pendiente con Solzhenitsyn. He ido leyendo cada uno de sus libros y me siguen produciendo asombro.  No solo por la precisión con la que reflejaba cada rasgo de la tiranía de Stalin y de la dictadura soviética, sino también por el modo en que fue recopilando y guardando esos datos. Estuvo doce años preso en un campo de trabajo del Archipiélago Gulag, en los que fue escribiendo y ocultando de manera milagrosa lo escrito. Una vez liberado, enterró sus escritos en el jardín de su casa, hasta que pudo publicarlo todo, una vez derrumbada la Unión Soviética. Nadie se ha enfrentado nunca a un tirano semejente, pero demostró la necesidad moral de hacer frente a la dictadura.

          En el capítulo XXI de: El primer círculo, describe así a Stalin, al que llamaba «el inmortal»: «Por su parte, el inmortal, excitado por grandes pensamientos, caminaba a largas zancadas por el despacho. ¿Descontentos?, quizá hubiera descontentos. Siempre los había habido y siempre los habría. Pero a través de sus conocimientos de historia universal, Stalin sabía que con el tiempo los hombres perdonan e incluso olvidan todo mal, y hasta llegan a recordarlo como un bién… Está bién. Construirse monumentos; todavía más altos, todavía más grandes. Lo que se llama propaganda monumental».

 

      

La ciudad del comercio cautivo


              Melilla, año 2012, sigue sin una gran superficie comercial. La llegada de los productos de consumo, de cualquier producto de consumo, está sometida en Melilla a la ley del embudo. Todo entra por un estrecho pasillo en el que dos o tres firmas comerciales se hacen cargo del transporte de la península a Melilla. Una vez dentro de la ciudad, se ponen en marcha las empresas de distribuciones comerciales. Se compre el producto en donde se compre, el beneficio recae siempre sobre las mismas personas, que son las que dirigen todo el volumen del comercio en Melilla. Las pequeñas tiendas son solo eso, autoempleos de subsistencia familiar. Tenemos uno de los comercios más anticuados de toda España. Toda la ciudad está dominada por monopolios, que sumados, totalizan casi  toda la actividad comercial de la ciudad. Cualquiera que viaje fuera de Melilla sabe de lo que hablo.

               En nuestra ciudad no se puede comprar cualquier cosa. Hay productos que nunca llegan. Se acaparan bajos comerciales en el centro de la ciudad, para impedir el acceso de la competencia en un determinado sector. Si no fuese por la instalación de las franquicias, el centro de Melilla estaría muerto. Subsisten un tipo de comercio, que hace años que ya no se ve en ninguna ciudad de España. Los melillenses no podemos escoger que comprar. Hay que atenerse a lo que hay en la ciudad, en sectores reservados, en donde es casi imposible la competencia, pese a que hay una Ley para la defensa de la competencia. ¿ A quién no le ha sucedido que hasta que no se acaba un determinado producto en los supermercados, no se reponen los nuevos?: ¿ Por qué hay muchas cosas que nadie trae a Melilla?. ¿ Por qué está todo tan controlado que hasta cuando se instala una determinada marca comercial, hay que hacer un sin numero extraño de recalificaciones y permisos?. ¿ Por qué si el IPSI  es menor que el IVA y el transporte está subvencionado una botella de agua mineral es más barata en la península que en Melilla?. ¿ Por qué ya nada es más barato en nuestra ciudad ?.

             No les gusta que lo recordemos, pero el punto 7 de la moción de censura que acabó con Ignacio Velázquez, estaba motivado en haber «intentado una Gran Superficie Comercial en Melilla». Los que están hoy en el gobierno dirigieron esa moción de censura, entre otros por ese motivo,  apadrinados por los Empresarios de Melilla y por la Asociación de Comerciantes. En 1997 declararon el boicot comercial a la Feria de Melilla y declararon un anticonstitucional cierre patronal. Defenderse con «artificios legales» de esa moción de censura, es la causa de la inhabilitación política de Ignacio Velázquez.

                      La situación comercial de la ciudad ya es irreversible. La economía española está basada en el consumo. Lo que nos han negado siempre a los melillenses. O vivir escenas propias de la España de Franco para comprar en un vulgar Lidl. Esa es nuestra modernidad. Con la crisis encima del país ya poco hay que hacer. La oportunidad se perdió hace 15 años

        

La cuestión de las imágenes


              Todos los años, cuando llega la Semana Santa y veo una imagen detrás de otra, ricamente adornadas, a veces excesivamente, surge en mí la misma reflexión. ¿A quíen se le tiene la devoción, a Dios y a la Virgen o a sus representaciónes?. Que nadie piense que la respuesta es fácil, pues esta cuestión llevó a una guerra abierta entre la Iglesia de Roma y la de Bizancio, que supuso a la larga, la ruptura absoluta entre las dos ramas principales de la Iglesia cristiana. Existe otra iglesia , muy santa también, defensora de la misma Fe en Jesucristo y que suele ser conocida como iglesia ortodoxa.

              Aunque no muchos lo conozcan, existe un patriarca, tan antiguo como el Papa de Roma y con la misma categoría ecuménica, que es el Patriarca de Constantinopla, con el título de «primero entre iguales». La prevalencia del Papa de romano, su doctrina de la infalibilidad pontificia, son en realidad,  casi una herejía doctrinal, inaceptable para el resto de las iglesias cristianas, a saber:   El Patriarca de Antioquía,  el Patriarca de Jerusalén,  el Patriarca de Moscú y de todas las Rusias, el Patriarca católico de Georgia,  el Patriarca de Serbia, el de Rumania, el de Bulgaria, el arzobispo de Chipre, de Atenas y de toda Grecia; el metropolitano de Polonia, el metropolitano de Praga y de toda Bohemia, y el arzobispo de Nueva York y de Norteamérica. 

       En toda la iglesia cristiana ortodoxa de Oriente no existe una sola imagen en volumen de Jusucristo, de la Virgen o de ninguno de sus santos. La Virgen no ostenta título alguno, salvo el de María Teótokos (madre de Dios). Es más, el 90 % del santoral romano no es ni siquiera aceptado por ninguna de las iglesias de Oriente. Desde que viajé a Grecia en 1998 y ví las iglesias ortodoxas, llenas de iconos y de velas, tuve la sensación íntima de que si alguien está más cerca de la herejía y casi de la idolatría, es la iglesia de Roma. La lucha entre iconódulos (partidarios de las imágenes) y los iconoclastas (defensensores de su eliminación), tuvo su abanderado más célebre en el emperador Bizantino León III el isaurio, en el siglo VIII. Dicen también que Constantinopla cayó abatida por sus inmumerables pecados, que siempre pesan más que las virtudes, que también fueron muchas.

         El mandato del Padre fue claro: «No haréis imagen alguna ni la adoraréis». Y Jesucristo dijo: «No he venido a abolir la Ley del Padre, si no a hacerla cumplir». La cuestión no es fácil y sigue abierta.  Aparte de la cuestión de las imágenes, existen otras diferencias doctrinales importantes. En las iglesias de Oriente no se acepta el dogma de la Inmaculada Concepción, ni la Asunción de la Virgen. Solo conmemoran «la dormición» de La Virgen. Muchas de las basílicas de Oriente llevan ese título, el de «la dormición». Si alguien me preguntase de qué posición me siento más próximo, diría sin dudar  que del de la cristiandad ortodoxa, más allá de la falta y debilidad  de mi Fe, en el sentido tradicional y romano del término.

             También reconozco la belleza de las imágenes y de la hermosa estética de muchas procesiones, e indudablemente, existe una manifestación de Fe real en ellas. Solo quiero decir que nunca hay una única visión,  y que Roma no es toda la cristiandad, ni su visión es única y excluyente.

              Nota: Web del Patriarcado de Constantinopla. http://www.patriarchate.org/index