Más allá de los baches


        Son muchos los que nos preguntan por qué prestamos atención a cosas aparentemente banales, como un bache, el derribo de un edificio, o a una farola devorada por la herrumbre. Siempre respondemos de igual forma: Para escribir sobre lo grande, debes también hacerlo sobre lo pequeño. No hay historia sin importancia y aquello de lo que no se escribe desaparece.

       Hay temas que acompañan al Alminar desde su origen, y uno de ellos es el de los baches y el estado del pavimento en la ciudad, más deteriorado que nunca. Las calzadas romanas, con sus 2000 años de antigüedad, están en mejor estado que algunas calles de la red vial melillense. Hemos localizado la entrada más antigua sobre las calzadas de la ciudad y data del año 2012. El estado actual de la zona no es mucho mejor, pese a que ha pasado un lustro.

     La falta de coordinación de obras en Melilla, hace que una calle recién asfaltada sea triturada por zanjas para inserción de toda clase de tubos, a poco de ser terminada. La falta de una campaña de cuidado de mantenimiento del pavimento, hace que haya barrios y calles sin revisar desde hace una década, como es el caso de este tramo de la avenida de las Infantas, en el barrio del Real.

     La mezcla de materiales (cemento, adoquines, asfalto), provoca que el agua se filtre y el terreno que sustenta el firme, o bien se levante o bien se hunda, como es el caso.. La falta de prisa en arreglar el desperfecto, hace que éste se mantenga durante semanas, hasta que se toma la decisión sobre el material de reparación: más cemento, o alquitrán.

     La última razón para escribir sobre todo tipo de cosas es la necesidad de dar continuidad al blog y a lo que pretende, que es mantener el contacto con los lectores/as, y servir de testimonio sobre lo que ocurre en la ciudad. Y lo que ocurre es lo que se ve.

   Nota:https://elalminardemelilla.com/2012/11/10/cuando-el-asfalto-es-puzzle/

 

Melilla hace aguas


             El pasado viernes, en unas declaraciones improvisadas junto a la destartalada e «inaccesible» fachada del Ayuntamiento, oí decir al Consejero de Medio Ambiente esta frase, mientras caminaba por la acera: «La realidad es que no hay agua para todos». En Melilla no hay nada para todos, ni deporte para todos, ni piscina para todos, ni aparcamientos para todos, ni empleos o viviendas para todos. La ciudad nunca ha estado tan deteriorada, con una sensación tan completa de abandono y de ausencia de una gestión eficaz, o siquiera de gestión. Las mismas caras, los mismos nombres desde hace 18 años, en una endogamia política como nunca se había dado antes. Desidia, abandono, dejadez, falta de ideas, pero sobre todo de motivación. También, porque es otra sensación que existe en las calles, es la falta de una alternativa clara y contundente, a una forma de gobernar, que empieza a parecerse ya a una condena (17 años y un día). Es una etapa política, que carece de la posibilidad de renovación; y a la que nada que conozcamos parece tener la capacidad suficiente, como para ponerle su necesario fin.

                                           La ciudad sin agua

               En la parte antigua de la ciudad sigue vigente el recuerdo de un pasado más cercano de lo que parece, los bidones de almacenamiento de agua, porque en esa Melilla de la caverna franquista solo había agua corriente entre las 8 de la mañana y las 3 de la tarde. A partir del mediodía había que economizar el agua, fregar lo justo y ducharse rápido, si no se quería quedarse sin agua, algo que ocurría a menudo; y sobre todo cuando el vecino que había sido menos previsor, levantaba la tapa, metía el cubo y te robaba agua del bidón. Los más sofisticados traspasaban el agua metiendo una manguera y succionando el aire.

                Todas las casas de nueva construcción tienen un aljibe en los sótanos, con sus correspondientes motores de extracción, porque el agua en Melilla no tiene presión. No es un problema de ahora. Esos aljibes evitaban quedarse sin agua, pero el mantenimiento de los motores suponen un considerable gasto  a las comunidades. La realidad es que la ciudad no tiene agua corriente al modo europeo. Tenemos agua con sistemas creados hace 5.000 años. Los aljibes en el subsuelo de los edificios tienen que ser higienizados anualmente. Nada de eso se ve o disfruta en Europa.

          Al principio de la gestión eterna, echaban la culpa a las fugas de agua. Luchaban contra la propia naturaleza del agua, porque ésta siempre tiene a fugarse. Las grandes pérdidas de agua se producen cuando les explotan las tuberías de conducción, incluso las recientes. Así pues hay que buscar un nuevo culpable, este vez es la ciudadanía en general, a la que responsabilizan del exceso de consumo.

         Autocríticas las precisas, como diría un ministro. Conceptos como ineficacia, incompetencia, incapacidad para gestionar el servicio de aguas, o buscar esos posibles consumos disparatados, o el rellenado de piscinas ilegales no entra en sus carteras de eficacia. Como máximo una nueva campaña publicitaria de concienciación sobre el gasto y consumo de agua, que costará un buen dinero, y que nutrirán las faltriqueras de los empresarios de la comunicación.

El último día del Banco Popular


                                  

                                          Génesis y ocaso del Banco de Dios

      En el mundo de la política, en el del deporte, y en otros muchos, el pez chico se puede comer al grande, incluso en el relato Bíblico David derribó a un gigante de una pedrada. En el mundo de las finanzas, y de la banca, de la economía salvaje, esto no sucede. El pez grande, el tiburón blanco, siempre se come al pescado pequeño y obtiene su botín.

      Ayer, 6 de junio, efeméride del desembarco de Normandia en 1944, el conocido como Banco de Dios, el que salvara al Vaticano tras la quiebra del Banco Ambrosiano, sucumbía en el precipicio de los activos tóxicos, los bonos basura y el ladrillo envenenado. Una intuición me llevó a hacer la foto, en un día que había sido muy agitado y en el que ya se barruntaba el gran zarpazo.

       En sus tiempos fue un bocado muy apetecible, pero siempre se resistió a las fusiones y al harén bancario que ha hecho desaparecer a tantos bancos y cajas (Caja Postal, Argentaria, Caja San Fernando, Caja del Duero, Caja de Ahorros de Antequera, Vizcaya, Meridional), incluido el  Banco Pastor, una filiar del Popular y que estaba lleno de toxinas.

      El Banco Popular Español nació en 1926, con el nombre de Banco Popular de los Previsores del Porvenir, siendo su fundador Emilio González LLana y Fagoaga, siendo sucedido por Millet Maristany. A partir de 1947, el Banco Popular recibió a consejeros y accionistas del Opus Dei (Obra de Dios).

      El año 2014 caía depredado en Portugal el Banco do Spirito Santo. En España el nombre del Banco estuvo asociado a los hermanos Valls Taberner, uno de cuyos familiares, Joaquín Navarro Valls fue durante dos décadas portavoz del Vaticano y de Juan Pablo II.

         Era un concepto de banca diferente, casi familiar, que apreciábamos hasta ayer, quienes hemos sido clientes del Banco Popular. A partir de hoy, ya es un banco más. La historia del Banco Popular, se acabó ayer 6 de junio de 2017.

 

Reencontrando a Encarna León


 

              Escribir exige  libertad y a la vez implica servidumbres, porque  no siempre se vive lo que se quiere, ni se consigue aquello que se anhela. La vida está llena de antítesis y de opuestos, entre los que a menudo hay que escoger.

         Aunque había leído cosas, nunca me había adentrado con profundidad en la poesía de Encarna León. La encontré en la pasada Feria del Libro y mantuve con ella una breve pero productiva charla, en la que me indicó que la edición de su obra entre 1984 y 2010, casi su obra completa, El Color de Los Ritos, contaba con un estudio introductorio de mi admirado profesor de Literatura José Luis Fernández de La Torre.

        Encarna León y mi profesor de literatura del Instituto. No podía concebir una tentación mayor, a la que sucumbí de modo casi instantáneo. Compre el libro y me lo firmó su autora. Lo primero que me vino a la cabeza es que el que fuera director provincial de Cultura en Melilla, entre el final de la década de 1980 y principios de 1990, no le dedica un estudio introductorio a cualquier obra. Hasta ahora, y que yo sepa, solo lo ha hecho con Miguel Fernández, un grande de la poesía contemporánea española.

                                     Recreando un tiempo

           «El mundo cantado» es el título que Fernández de La Torre escoge para dar forma a su soberbia introducción, en donde muestra su erudición, y su conocimiento casi completo sobre la literatura en castellano. Sin embargo, y sin enmendarle la plana al que todavía considero mi profesor, aunque también sea amigo, creo que le sería más ajustado el de «recreando un tiempo», porque Encarna León recrea el tiempo en el que convivió entre los grandes, con cimeras cumbres como el aludido Miguel Fernández,  y la académica Carmen Conde, ambos equiparados con la titularidad de un centro educativo, dedicados a la pervivencia de sus nombres y de su obra. Además, Encarna León recrea el tiempo en que convivió literariamente con Jacinto López Gorgé, Pío Gómez Nisa, Juan Guerrero Zamora y Antonio Abad.

         Para describir a Encarna León, Fernández de la Torre se lanza sin solución de continuidad a la búsqueda de sus influencias, entre las que destaca por encima de cualquier otra la del poeta, la de amigo, la del maestro e introductor, Miguel Fernández, del que su obra está completamente atravesada o transida. También señala, de modo original, las dedicatorias de sus libros, en las que está presente en sus primeras creaciones el poeta Walt Whitman, continuando luego con Luis Cernuda, Pedro Salinas, para volver definitivamente a ese padre literario que es Miguel Fernández, y del que no puede separarse. Su obra deriva de aquella, a la que está indisolublemente unida.

       De esos grandes maestros, toma muy grandes influencias y recursos, que despliega en una panoplia de imágenes literarias, descripciones, en las que intenta poner color y sonido a sus vivencias, emociones y recuerdos. Es una poetisa del «yo», en lo que tiene de racional y de irracional a la vez. Intenta describirse y explicarse a sí misma a través de imágenes escritas, a la vez que muestra esa parte de su espíritu a los demás, sin desvelarse demasiado, porque es a su vez, una autora muy intimista.

                                            Artificios de otoño

             El irreversible otoño alcanza a cualquiera. No vale revelarse contra la muerte, o hacer preguntas sobre la irreversibilidad del paso del tiempo. El otoño llega y nos va dejando solos. «Este contemplarse por encima de los cotidiano es la necesidad de escribir, de re-presentar, de sobrevivir al instante de lo vulgar o, de manera más abstracta, de la desdicha, ese ámbito en el que ahora no hay lugar para el elogio, excepto la empatía con el propio yo», dice Fernández de la Torre.

            En la dura faz del existencialismo no cabe la transcendencia. No hay más allá. Quedamos abocados al eterno presente con un pasado que se va alargando y haciendo más lenta la vida, más pesada. No hay un puente hacia la mística. Se nota en ambos, introductor y autora la carga existencialista, pese a un intento de incursión en la poesía religiosa, que coincide con su lectura del Pregón de Semana Santa en 2003. En este caso, es una poesía dirigida hacia las imágenes, que no transciende.

        Representaré siempre a Jose Luis Fernández de la Torre entre las densas humaradas de Benson & Hedges, con los dedos metidos en el cabello, mirando de soslayo, y  diciendo: Sr. Delgado, ¿qué tiene que decir del Siglo de Oro español?. Pues esto mismo.

                   Cualquier instante de la vida humana   
                   es nueva ejecución, con que me advierte
                   cuán frágil es, cuán mísera, cuán vana.    

Las guerras médicas de Melilla


               Los radiólogos Remartínez eliminados del sistema sanitario público

    Mariano Remartínez Buera y Enrique Remartínez Escobar además de padre e hijo, son dos de los profesionales de mayor prestigio en España, en el campo de la radiología clínica. Mariano dirige el Scanner o Unidad de Tomografía Computarizada, y Enrique la Clínica Médico Radiológica.

     Mariano Remartínez, radiólogo médico jubilado, ha visto como el INGESA (Instituto de Gestión Sanitaria), le rescindía el contrato de prestación de servicios con el Hospital público. Enrique Remartínez ha visto como todas las compañías de seguros médicos existentes en la ciudad, le quitaban del catálogo de servicios médicos. Además, éste último profesional (de los mejores del país), ha sido apartado de su puesto de trabajo de radiólogo jefe del Hospital Comarcal, tras una denuncia externa por una supuesta incompatibilidad profesional. Sorprende mucho más, que el INGESA se deshaga de su radiólogo en Melilla, con una sanción de 5 años para su puesto de trabajo, y deje el servicio de radiología en manos de interinos. Sorprende también la dureza de la sanción, inédita en la ciudad de Melilla. La decisión administrativa está recurrida en su correspondiente instancia judicial.

       El solo hecho de que todas las compañías de prestación de servicios sanitarios decidan prescindir de una servicio de radiología, con las mejores dotaciones posibles, y con profesionales radicados en la ciudad y dedicados las 24 horas a su profesión, debería provocar una investigación del Tribunal para la Defensa de la Competencia.

       Es todavía más sorprendente que ni el Colegio de Médicos de Melilla, ni los sindicatos de trabajadores sanitarios  hayan reaccionando ante la sanción a un médico y profesional melillense, insistimos, de gran prestigio, y que podría trabajar en cualquier Comunidad Autónoma de España, o en cualquiera de sus más prestigiosos hospitales. Ya decimos que los servicios de radiología de todo el país, están muy atentos a la situación profesional y humana de Enrique Remartínez. La suerte para Melilla es que éste profesional ama tanto a su ciudad como a su profesión, y mientras pueda (y puede) no piensa abandonar nunca ninguna de las dos cosas. Lo mismo sucede con su padre, Mariano, que pese a su edad, se mantiene activo y con una lucidez intelectual de la época de fin de carrera. El INGESA tiene que dar explicaciones y todos los partidos políticos de la ciudad pedirlas de modo inmediato, junto con el Colegio de Médicos y los Sindicatos Sanitarios. En una ciudad sin especialistas, no se puede permitir la exclusión de Enrique Remartínez.

                                    MUFACE como organismo rector

       ¿Qué ha ocurrido en Melilla, cómo puede haberse producido una situación así y que no se haya ofrecido la más mínima explicación?. La reacción ha surgido de parte de los usuarios, de la gente, que ha iniciado una campaña de recogida de firmas y apoyo a los centros radiológicos de la familia Remartínez.

       Román Dobaños Mourin, Director Provincial de MUFACE nos explica que «la obligación de presentar al menos dos especialistas por área ya no es un requisito del convenio de atención sanitaria», y que está al tanto de la situación pero que no puede intervenir.

     Eso sí, señala que: «las compañías que firman el convenio de prestación de servicios a través de MUFACE, ISFAS o MUGEJU, tienen la obligación de atender todo lo comprendido en la Resolución 13908 de 16 de diciembre de 2015, BOE num 303″. También recomienda que. «todos los usuarios que crean que no se les atiende adecuadamente, que crean que se les deniega una prestación a la que tienen derecho, o que antes de pagar una consulta privada, se acerquen a sus respectivas entidades, citadas arriba, y presenten las correspondientes reclamaciones». Las entidades son las citadas y las compañías de prestación de servicios son Adeslas, Asisa, DKV, SAU o cualquier otra.

    Las compañías se comprometen a prestar una atención eficiente y continuada a los usuarios. La presencia en Melilla de especialistas solo una o dos veces por mes, podría estar incumpliendo ese acuerdo. Para las citas con especialidades como traumatología o dermatología, las esperas pueden ser de hasta dos y tres meses, y la atención se suele necesitar en el momento.

 

La lucha contra el cáncer


 

       Nada sobre en la lucha contra el cáncer y hace falta de todo. Hacen falta recursos públicos, dinero para investigación, unidades de oncología, información sobre hábitos perjudiciales. En Melilla la situación suele agravarse por la falta de especialistas en la ciudad, por la saturación del Hospital Comarcal, y por los traslados a Málaga para recibir tratamientos específicos.

      La estancia en la capital malacitana supone añadir muchos inconvenientes a cualquier tratamiento para esta enfermedad. Por ello, la delegación de la Asociación Española Contra el Cáncer realiza las cuestaciones anuales y también otro tipo de acciones para el mismo fin, que es sostener la red de viviendas existentes en Málaga para ayudar a pacientes melillenses y sus familiares, que precisan desplazarse a la capital de la Costa del Sol.

       Ana Rodríguez es desde hace dos años la presidente de la Delegación de Melilla. Es una profesional muy reconocida en la ciudad, una gran persona, y también la ha padecido, en una modalidad muy agresiva. Desde hace seis años está libre de cualquier sombra de la enfermedad. Por ello, es muy de agradecer que personas como ella, dediquen parte de su tiempo a ayudar a otras personas, para ofrecer recursos, y sobre todo, esperanza. Quien la ha padecido en un forma extrema, puede ofrecer una gran ayuda con su ejemplo.

      No es esperar a que llegue el día de la cuestación y hacerse la fotografía. Hay que poner todos los recursos a disposición de los ciudadanos. No malgastar lo existente y seguir apostando por un modelo sanitario público. Ana Rodriguez ha relanzado la Asociación en Melilla, tras la amplia etapa de Lely Muñoz. Ha cambiado la sede de localización y está ampliando su radio de acción. Es una asociación que hay que consolidar en la ciudad. Su ubicación actual está en la calle Pedro Navarro.

                                              El Iris Blanco

     Hoy regalaban un iris blanco a aquellos que se acercaban a la mesa para contribuir con su pequeña o gran colaboración. Lo que importa es ser constante. El iris blanco es la flor de la esperanza, un estado de ánimo que pretenden que brote en los pacientes que sean diagnosticados con esta enfermedad, o que ya la hayan padecido. Entre las muchas personas que se han acercado a las diferentes mesas instaladas en la zona centro, hemos visto y fotografiado al Vicario Arciprestal, junto a la presidente de la asociación Ana Rodríguez.