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Edificios históricos de Melilla


                             La ciudad de Melilla y sus destructores

        “Uno de los principales valores de Melilla, y desde luego, el que le da mayor carácter de universalidad, es la belleza de su trazado urbano y la monumentalidad de su arquitectura. Cualquier paseo por alguna de sus calles, nos pone inmediatamente en contacto con una ciudad que fue construida a lo largo del siglo XX con un evidente sentido de la estética y de la armonía”. Esto escribía Antonio Bravo Nieto en un libro fundamental para entender y conocer la arquitectura urbana de Melilla; La ciudad de Melilla y sus autores. El libro solo adolece de una mayor abundancia de una mayor profusión de fotografías, y de una mejor sistema para identificar los edificios y sus autores.

       En días pasado, un comentario de Uno de Melilla rescataba una antigua lista* de 6 edificios de los cuales solo queda ya dos, y uno por poco tiempo, éste de la calle Aizpuru que ya ha sido vaciado, tapiado y señalado para un derribo próximo. Se trata de un bonito edificio que no ha tenido ningún mantenimiento desde su construcción, y que se ha deteriorado de modo irreversible en las últimas décadas. La superficie sobre la que se asienta es grande, y situado en la calle del general Aizpuru, multiplicará por 10 su valor en cuanto las palas excavadoras lo conviertan en un solar.

      La ciudad de Melilla no solo está perdiendo la armonía y estética de la que hablaba Antonio Bravo, sino que también está viendo alterado su trazado urbano con reformas desfiguradoras como la del barrio del Real. Solo en la zona centro hay casi un centenar de edificios que serán demolidos antes de que acabe la presente década. El negocio de esta ciudad, su mina de oro, es el suelo. Lo peor, porque siempre hay algo peor, es que los edificios que sustituyen a los derruidos no tiene estética ni carácter alguno.

       Muchos de esos edificios son solo cajas de zapatos, cuyo aspecto actual es peor que aquellos que fueron derribados, con escaleras inverosímiles, incluso sin ascensor y con un aprovechamiento del espacio que hace difícil entender cómo se les concedió cédula de habitabilidad. El ascensor se hurta con el truco de la entreplanta, a la que se denomina como tal, o con la palabra bajo, para enmascarar la 3ª planta, que sí convertiría en obligatoria su presencia. En Melilla suceden más cosas de las que pueden ser escritas. La desidia y la acedia se ha apoderado de ella.

         La cuenta atrás ha comenzado. En Melilla poner algo en el catálogo, antes que salvarlo, sirve más para que se acelere su demolición.

       Nota:*https://elalminardemelilla.com/2012/10/12/modernismo-en-ruina-tecnica/

 

 

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Las caras ornamentales de Melilla


 

           Resultan llamativas, estas son las menos conocidas, pues están en el monte de La Libertad o Calvo Sotelo, y las otras en el barrio del Real. La de este último ya están condenadas. Es un manzana casi deshabitada de gran valor crematístico, y que será demolida en un plazo no muy largo de tiempo. La del monte de La Libertad son menos afamadas, diríamos que son las únicas del barrio o las últimas del barrio. Las del Real son de una mujer coronada, varias veces repetida,  mientras que las  del Monte parecen las de un niño. Todas responden a un patrón o molde. Son solamente elementos ornamentales, pero aportaban un matiz distintivo y característico a los barrios exteriores de la ciudad. No solo el centro de la ciudad y su burguesía tenían derecho a tener filigranas modernistas o Art Decó. Las familias más acomodadas de las clases trabajadoras también disfrutaba de sus caprichos ornamentales.

         El mayor estudioso melillense sobre el modernismo, el historiador Antonio Bravo Nieto, lo explica en su guía de Melilla, de la editorial Everest: “Debemos precisar que cuando se habla coloquialmente de arquitectura modernista en Melilla, en general suele incluirse a todos los estilos decorados del primer tercio del siglo XX”. Se utiliza una denominación genérica que engloba estilos decorativos muy diferentes. En esa variedad ornamental se utilizaron todo tipo de elementos, ya sea florales, gárgolas, rostros de jóvenes, representaciones de animales, y ornamentos de todas clases.  El concepto desarrollado Antonio Bravo es que ese estilo decorativo estaba presente en toda la ciudad, en todos sus barrios y la dotaba de una unidad estética. Cada elemento ornamental, independientemente de donde estuviese localizado, le hacía formar parte de un todo.

       La desgracia, es que todo eso está desapareciendo por la presión especulativa sobre el suelo. Los barrios están perdiendo sus características propias y los elementos ornamentales están desapareciendo de nuestras calles. La unidad decorativa desaparece y ya quedan solo pequeñas islas inconexas. Las caras de Melilla, testigos mudos de un pasado no muy lejano, desaparecen en los barrios exteriores, lo de la expansión, sin que sea advertido el hecho, ni llame la atención. Hace unos meses se derribó un edificio en el Real, que jamás debió permitirse. Esas caras están incluso labradas en madera en algunas puertas. Ya no quedan muchas. Estos son casi las últimas que quedan.

         Estos elementos ornamentales deberían mantenerse de modo obligatorio en las edificaciones de nueva construcción, tras sacar los moldes de modo obligatorio. Los rostros demolidos en el Real, calle Jiménez Iglesias, eran iguales que los de la casa del Monte, pero se aprecia más claramente en el edificio desaparecido, que las niñas están adornadas por un collar de perlas.

       Nota:https://elalminardemelilla.com/2014/03/23/la-manzana-de-oro-del-barrio-del-real/