Un edificio menos en el Real


     El barrio antiguo o histórico del Real está perdido. El último edificio derribado ha sido en la calle del coronel Cebollino. El proceso siempre es el mismo e igual de silencioso. Hasta no hace más de cinco años ahí vivían vecinos. Los que se van parchando ya no se alquilan y el edificio se va desocupando. Cuando ya no queda nadie se echa el cierre. Probablemente el edificio cambia de titular y se sigue deteriorando. No se invierte nada y nadie obliga a efectuar la más mínima reparación. Son edificios escondidos que nadie vigila, de los que nadie se preocupa. La batalla se ha centrado en desfigurar el paseo central de barrio, en la calle de La Legión, en donde la gente se ha quedado sin aceras y sin paseo central, porque todo está invadido por las terrazas. El transporte urbano ha desaparecido del centro del barrio, y hay que esperar el autobús en esquinas indignas y peligrosas. Las calles laterales están saturadas de tráfico. La circulación es muy densa y los atropellos y accidentes son constantes. Los árboles han sido desfigurados más allá del límite de lo razonable. Hay giros imposibles para acceder a las calles laterales. La carga y descarga de mercancía es una odisea. El barrio del Real ya es solo una postal fea, en donde hasta pasear,  o circular en bicicleta es peligroso. El aparcamiento ya no existe. Es el cuento de aquellos que se creyeron su propio cuento.

 

El último gran solar del Real


        Solo un vecino mantiene en pie este edificio, último gran ejemplo del modernismo obrero del barrio del Real. El barrio se está saturando de población, y de nuevas viviendas, sin que la Consejería de Fomento haga nada por regular el desordenado y asimétrico crecimiento del barrio. Cada edificio es de una traza, y no hay uniformidad ni siquiera en el tamaño de los edificios. Cada semana o mes se derriba una casa nueva, de la que surgirá un nuevo edificio. La reforma del paseo central, es una de los mayores fiascos de toda su historia. Todavía se está a tiempo de impedir la especulación desaforada, y de reordenar el barrio con un criterio unificador. Los aparcamientos están desapareciendo en todas las calles. La población aumenta y el tráfico se está dirigiendo hacia otras calles, como la de Jiménez Iglesias, que en algunos momentos resulta intransitable. El transporte público (COA), pierde pasajeros porque han eliminado los recorridos y paradas tradicionales. Hacer reformas sin prever sus consecuencias, como la de la calle La Legión, suele crear problemas no previstos.

            Este gran solar, solo queda una casa habitada, ya ha cambiado dos veces de propietario. Si no se corrige el rumbo de la construcción sin límite de edificios, el barrio se macizará por completo. No habrá espacio para nada, ni para peatones, ni para habitantes, ni para aparcar los coches. Si se quiere que se ande, habrá que dejar los coches en algún lado. No todo puede ser derribar una vivienda, y construir 100. El barrio del Real no necesita ya más viviendas.

   Nota: (1)https://elalminardemelilla.com/2014/03/23/la-manzana-de-oro-del-barrio-del-real/; (2)https://elalminardemelilla.com/2012/02/10/la-ley-del-derribo-en-melilla/

Asociación de Vecinos en el Barrio del Real


 

       Ante los problemas que están atravesando los barrios de la ciudad, y sobre todo, el Barrio de Real, son muchos los vecinos y antiguos socios de la  asociación vecinal del barrio, Unidad,  que se preguntan por qué se dejó caer la tradicional asociación, y por que no se relanza la misma.

         Hay decenas de asociaciones culturales y vecinales en otros barrios que reciben ingentes y anuales subvenciones, mientras que la asociación del Barrio del Real desapareció, sin pena ni gloria, hace más de una década.

           Son muchos los vecinos del barrio, de los de siempre o los que llegaron al mismo antes de la expansión inmobiliaria, que piensa que de haber existido un movimiento vecinal articulado, no se hubiera producido el desastre urbanístico del centenario bulevar de la calle de La legión. Un barrio de más de 13.000 habitantes, no puede estar representado por una sola voz. Este es el motivo por el que este grupo de vecinos, intenta volver a poner en marcha la asociación Unidad, que es la que consideran que representaba la voz tradicional del barrio.

              También lamentan la desaparición de la biblioteca, que se formó con las aportaciones de los vecinos, y que hoy sirve de alimento a los roedores y a insectos, que se nutren de la pasta de papel.

           Estos mismos vecinos, quieren ponerse en contacto con los últimos responsables de la asociación, para hacer resurgir el movimiento vecinal del Barrio del Real, uno de los más antiguos de la ciudad, y el más populoso.

Resaltos abruptos en el Real


          Los resaltos sirven para reducir la velocidad de los vehículos, pero deben estar pintados en un color distinto y llamativo. También debe haber una señal que advierta de su presencia y esto no se cumple en ninguno de los instalados en los accesos laterales a la zona de prioridad peatonal de la calle de La legión. Están instalados por las bravas. Sin embargo, el que no estén pintados y señalizados convenientemente es el problema menor, porque ocurre en otras parte de la ciudad.

                 El problema principal, el más peligroso es que no tienen las dimensiones y pendientes exigidos por la normativa sobre este tipo de bandas reductoras de velocidad, no son ni siquiera del tipo «lomo de asno», sino que más bien parecen jorobas de camello. Los instalados en el Barrio del Real son escalones demoledores. Son dañinos para los vehículos, reventadores para los  neumáticos y amortiguadores.  Algunos golpean las cervicales al desplomarse el vehículo. Si esto ocurre con los automóviles, peor debe resultar para motocicletas y bicicletas.

                   Melilla es la ciudad que más asociaciones tiene del mundo, con un mínimo de tres por cada única causa, y no cuenta con una sola de vehículos. El Real Automóvil Club no tiene delegación en la ciudad. Los usuarios de vehículos no tienen quién les defienda, ni haga cumplir la normativa vigente para el tráfico rodado. Casi todas las bandas reductoras, badenes y resaltos instalados en los dos últimos años son, probablemente ilegales. No cumplen con las dimensiones exigidas.

                  Resaltar una por encima de otra en el Barrio del Real es difícil, sin embargo la hemos encontrado. Está en la calle Castilla,  en la intersección con la calle La Legión. El nivel del pavimento es descendente, para de inmediato encontrarse con el resalto ascendente. El vehículo hinca las ruedas  en sentido descendente y casi al mismo tiempo debe realizar el ascenso., con el consiguiente peligro para la seguridad del vehículo, del conductor y de los pasajeros.

                        Como muestra ponemos la imagen de un resalto en una ciudad francesa, el de la calle Luis de Sotomayor, y los escalones del Real.

     Nota:http://www.fomento.es/NR/rdonlyres/180E9859-01CD-45A2-92CB-B5B4D1137624/81033/1160101.pdf

Paralización de obras en El Real


                       Nadie pidió estas obras. Son solo un lavado de suelo de cara a las elecciones. Un millón de euros arrojados al pavimento. Idearon una fantasiosa idealización de «la ciudad de los peatones y de las bicicletas», se ampararon en asociaciones  surgidas «ad hoc», para justificar la necesidad de los injustificable. No contaron con el 90% de los vecinos del Barrio del Real, ni con ninguno de los comerciantes del barrio, a los que están ocasionando un gran perjuicio.

                                 El tráfico rodado en un caos en el Barrio del Real. La pérdida de aparcamientos para los residentes llegará al centenar. Las obras se decidieron de modo «dictatorial», como se hace todo en Melilla. El folleto lo dejaba muy claro: se aceptarán sugerencias, excepto en lo esencial. Todo se justifica virtud de necesidades inexistentes, no reclamadas por los vecinos, y bajo conceptos megalómanos. Son obras electoralistas, que alteran la vida del barrio, dañan su economía, crean más dificultades de las que pretenden resolver (aparcamientos, circulación), y sobre todo, benefician a las empresas constructoras, hinchan sus cajas, y apenas crean empleo.

                                    La paralización de las obras

               Las megalómanas obras del bulevar del Real llevan paradas una semana, y nadie se ha atrevido a hacerlo público (consejerías, medios de comunicación, justificadores de las obras). Las obras, licitadas por 1,2 millones de euros, se adjudicaron por una cantidad sensiblemente menor (algo ya sospechoso), se iniciaron con un considerable retraso (anunciadas en julio e iniciadas en octubre). El Real iba a contar con  una salida al mar, una idea delirante.

             Apenas tres meses después, como siempre, la realidad destruye la propaganda y hace enmudecer a los propagandistas. Las obras esta paralizadas, las calles del Real se han convertido en un almacén de losas de pavimento y depósito de escombros y materiales de obra. Las calles intransitables, el tráfico convertido en infierno, la búsqueda de aparcamiento en un ejercicio estresante, los comercios en graves problemas, y el barrio destruido en su fisonomía clásica. Estas obras son un despropósito y un error desde el principio, algo que dijeron muchos residentes, de verdad, del barrio. Es difícil hacerlo todo bien, pero se antoja más complicado hacerlo todo mal.

Nota: https://elalminardemelilla.com/2015/01/14/sobre-prohibir-obras-en-periodos-electorales/

Derribo a derribo en El Real


 

            Un derribo más, y son incontables los derribos de los que hemos dado cuenta en El Alminar. Es lo mismo que el edificio esté firmado por Enrique Nieto (calle Valencia), que sea de la parte protegida del Barrio de Real, que esté viejo o no. El caso es que éste barrio exterior se desfigura mes a mes, pierde el poco atractivo urbanístico que le quedaba y luego se construye sin pauta arquitectónica. Un derribo más en el único barrio de la ciudad sin asociación de vecinos.

               Muchos de los edificios nuevos del Real son cajas de zapatos, con escaleras intransitables y sin ascensores, pese a tener dos pisos o más. La apariencia externa de los edificios nuevos es buena, pero una vez dentro, muchos son cajas de cerillas, un auténtico submundo de desorden urbanístico. No se entiende nada en Melilla, ni que se autoricen tantas demoliciones, ni que luego se concedan licencias de obras y cédulas de habitabilidad a casas casi infranqueables.

                  El Barrio del Real es el único de la ciudad sin asociación de vecinos. Tras el restablecimiento de La Democracia, la asociaciones vecinales constituyeron importantes centros de cohesión ciudadana y centros de cultura popular, muchas veces opuestas al poder municipal, al que servían de contrapeso. Actualmente, aunque federadas,  suelen formar parte de las redes clientelares que conforman el apoyo al poder ejerciente, pasando de ser su contrapeso a su correa de trasmisión.

La inaccesibilidad del Real


El Real inaccesible

       El barrio del Real tiene 12954 habitantes según el último recuento del INE. Lleva varias décadas sin que ningún ayuntamiento invierta en sus calles un solo euro. Las aceras son barreras infranqueables para personas con minusvalías, para  madres con carritos de bebés, para personas con dificultades de movimientos y un ejercicio constante de subir y bajar bordillos para todos aquellos que estén en un óptimo estado físico. El Barrio del Real tiene 5 grandes calles longitudinales y casi veinte transversales. A cada manzana hay que bajar un bordillo y volver a subir casi inmediatamente. En el mes de julio se iniciarán unas obras de renovación del paseo central, el de la calle La Legión. Se ha informado a la ciudadanía pero muy poco, y sin demasiadas opciones a réplica. Se van a suprimir aparcamientos y los problemas del barrio se van a desviar a las calles laterales. Se pretende esconder los problemas o al menos disimularlos. Un bulevar nuevo y la supresión de aparcamientos gratuitos en Burgos, en Gamonal, sacó a los vecinos de sus casas. Melilla es diferente para todo. Se gastarán casi dos millones de euros para enterrarlos en bordillos.

        En las calles que nadie ve, se seguirán produciendo estas situaciones. Un hombre mayor, en silla de ruedas, solo tiene el recurso de rodar por la calzada, esquivando los coches, en la calle Ceuta, para poder desplazarse por el barrio. Todos los bordillos, aceras, esquinas y manzanas son impracticables. La realidad es esta, pese a  que muestra la propaganda muestre otra cosa. No puede ser que durante 20 años no se invierta nada en hacer la vida cómoda a los ciudadanos, y de repente, y casi sin que nadie lo pida, se gaste una ingente cantidad de dinero en una sola calle.