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El último puente del ferrocarril


             Las necesidades militares, y la explotación del mineral en cercanos montes de Uixan, conformaron un modelo urbanístico específico de ciudad. Desde el puerto, desde el antiguo cargadero del mineral, hay un eje de comunicación directo hasta la frontera, y antes hasta el mismo interior de Marruecos. El transporte de las tropas y la carga del mineral eran dos necesidades perentorias que condicionaban el modelo urbano de Melilla. También estaban las necesidades de comunicación del centro urbano con lo que se denominaba como campo exterior, e incluso los fuertes allí instalados, y también las canteras, de las que se extraía material de construcción y de defensa. Los barrios exteriores de la ciudad era muy humildes e insalubres. La mortandad infantil y las enfermedades infecciosas hacían estragos en la población. Todo lo que rebasaba la línea del Río de Oro era tierra hostil y de pobreza. Hay un libro de Francisco Narváez, sobre el intento de articular la comunicación en la ciudad mediante una línea de tranvías, llamados de sangre por el tipo de tracción, o sea, animal. Nada de eso fue posible. Melilla es la ciudad de los proyectos perdidos. Las necesidades bélicas, la escasez de recursos económicos, y los vaivenes políticos provocados por los conflictos armados, dieron al traste con mucho de esos proyectos. El desarrollo de la ciudad solo ha sido posible en paz, y con La Democracia. El libro de Narváez no se limita solo a recoger el intento de establecer una línea de tranvías en la ciudad, sino que también lo sitúa en el contexto social y político del momento, y describe las duras condiciones de vida de la población más pobre, totalmente anónima y que también contribuyó a forjar su historia. Son cosas que no suelen ser reflejadas. Parece que nuestra historia se ha limitado siempre a heroicidades y a las hazañas bélicas. Melilla ha tenido muchos héroes anónimos, hombres y mujeres, que soportaron penosas condiciones de vida, y sin los cuales, nada hubiese sido posible.

             De aquel pasado queda muy poco, pese a ser bastante reciente. Además de lo conocido en el centro urbano, en el exterior queda solo estos dos pilares del antiguo ferrocarril de Horcas Coloradas, y un pequeño resto del trazado de la línea.

El paso perdido


        

           Buscando fotos del ferrocarril, encontré ésta del antiguo paso a nivel existente junto al entonces activo Hospital Militar. Melilla es una ciudad que conserva muy pocas cosas de su pasado. Todo ha sido barrido en un momento u otro. Primero desaparecieron los pasos a nivel y las vías del ferrocarril y ahora, solo la paralización de las obras del nuevo hospìtal, ha detenido la acción de la piqueta. Por eso he podido obtener la imagen de las antiguas oficinas del Hospital e identificar el lugar de paso a nivel.

          En la carretera del Tiro Nacional, todavía existen las pilastras del antiguo puente ferroviário del Rastro o Polígono, perfectamente integradas en las nuevas viviendas.  Algo más arriba, junto a la entrada del polvorín de Horcas, quedan los restos de otro puente, y su antiguo vano de luz.

       Nota: He colocado una fotografía del montaje fotográfico de Uno de Melilla, porque además de ser muy bueno, él es el pionero de este tipo de montajes entre el pasado y el presente en Melilla.  Incluiré una fotografía de las pilastras del puente de Sidi Musa, y otra de las vías férreas en medio de la ciudad, aunque por esa época, ya no circulaban los trenes.

 

  

La ruta del ferrocaril en Melilla


                Son bastantes los restos que quedan en Melilla de su pasado relacionado con el ferrocarril. Dos puentes, el cargadero del mineral, los railes en la dársena del antiguo puerto pesquero, y también los pretiles en algunos puntos de la ciudad. Además, queda este pequeño monumento, supuestamente dedicado al ferrocarril, sin placa o identificación de ningún tipo. En los archivos fotográficos existen decenas de fotografías del pasado ferroviario. Sin embargo, nada de esto está agrupado o señalado como tal. Se ha realizado un libro sobre un proyecto para hacer circular el tranvía por la ciudad, pero no se ha agrupado la información relacionada con el ferrocarril. 

               Con el fin de la explotación (en ambos sentidos) minera del Rif, el ferrocaril quedó sin uso en nuestra ciudad. El desarrolismo urbano de la década de 1960 acabó con cualquier vestigio de las estaciones ferroviárias que existían dentro de Melilla, algunas muy bonitas como la del Hipódromo. Los antiguos “pasos a nivel, como el del Hospital Militar se mantuvieron hasta la década de 1970. Lo más importante, como eran las locomotoras y los vagones, fueron desapareciendo sin que nadie pudiera evitarlo. Hasta hace no muchos años, locomotoras de los ferrocarriles se mantuvieron en la antigua estación de Beni Enzar, sin que nadie las reclamara o intentara recuperalas. Da la sensación, que los políticos franquistas pensaron que Marruecos jamás accedería a su independicia, y que su proclamación les pilló por sorpresa, dada la gran cantidad de material de todo tipo, administrativo incluso, que quedó en el país alauita.