La derrota de Villalar


 

                El 23 de abril de 1521, en el pueblo de Villalar, se enfrentaron las tropas imperiales de Carlos I y las de la autoproclamada Junta de Comunidades de Castilla, a cuyo frente estaban los comuneros Padilla, bravo y Maldonado.  La historia nos cuenta que las tropas del emperador Carlos I no tuvieron dificultades en hacerse con la victoria. Esto sí es cierto, porque es un hecho histórico.

                    Con el paso del tiempo se hizo un mito de todo. Los Comuneros acabaron convertidos en “santos” y la imagen del César Carlos quedó asociada a la del “mal hijo” que encerró a su madre, Juana la Loca, en el castillo de Tordesillas. La historia de la hija de los Reyes Católicos, esposa de Felipe el hermoso y madre del Emperador Carlos I,  acabó siendo falseada y convertida en un mito romántico. Todavía se la venera como la depositaria de las más nobles y rancias de las tradiciones de Castilla, las mismas de las que hicieron bandera Los Comuneros.

                         La historia pone de manifiesto  que quien ganó aquella batalla, Carlos I, en realidad la perdió, y que quienes fueron derrotados, Los Comuneros, a la larga resultaron vencedores, eso sí,  después de muertos.

                                       El otro modo de ver las cosas

                  Si en algún lugar las tradiciones son leyes, ese es Castilla, en donde todo es tan inamovible como las piedras de sus iglesias. Carlos de Gante, al llegar a España y ver el inmovilismo y atraso en que se hallaba con respecto a Europa, encargó un estudio a sus asesores flamencos, sobre las posibles causas. El dictamen fue que la dependencia  española del Vaticano, el tradicionalismo castellano, junto al predomino de la nobleza y la ausencia de un modelo económico moderno, lastraban el posible despegue de España.

                Nada hay más resistente a los cambios que el ser humano. Un rey criado en los Países Bajos, al que se acusaba de no conocer el español, fue rápido pasto del rechazo y de la deformación de su imagen. La realidad es que Carlos I hablaba varios idiomas, aprendió el español con facilidad, mientras que los españoles, casi 500 años después de aquella batalla, seguimos hablando solo uno.

                   Los Comuneros quisieron proclamar regente a su madre, la Reina Juana, quien había dado muestras de estar más sonada que los tambores de la torre del homenaje. Pero todo eso le daba igual al tradicionalismo castellano. El rey extranjero era el malo de aquella película.

                   Villalar de Los Comuneros, la reinvención de un mito

        Viví en Segovia durante los años de La Transición. Asistí al surgimientos del nacionalismo castellano, al surgimiento de la izquierda tradicionalista castellana y a la invención del mito de Villalar. Jamás fui a Villalar. En 1521, en Villalar triunfó el inmovilismo, aunque en apariencia fue derrotado. La nobleza cambió de bando poco antes de la batalla, pasándose al bando de Carlos I, aunque empezara apoyando a Los Comuneros.

                  Carlos de Gante, el César Carlos, sufrió una decepción profunda pese a su victoria sin paliativos, renunciando para siempre a cualquier cambio o modernización del país. En Europa triunfaba el erasmismo y nosotros nos quedamos con La Santa Inquisición (martillo de herejes, espada de Roma y  de Trento). Con el tiempo, sus ausencias de España empezaron a ser constantes y cada vez más prolongadas, convirtiendo años después a su hijo Felipe,  en un regente en la práctica.

                  Todo lo relativo a Villalar, la fundación del Estado castellano y la leyenda de los protomártires castellanos es una invención. En Segovia, encontrar los restos del comunero Juan Bravo, sería comparable al hallazgo de la tumba de Alejandro Magno. Hace ya años, mi hermano Fernando Delgado,  escribió un artículo situando  la posible presencia del cuerpo del comunero segoviano en Muñoveros. El alcalde afirmó que:  ese artículo era lo más grande que se había hecho nunca por el pueblo. El mito sigue en pie. A la leyenda le puso música el Nuevo Mester de Juglaría.

          Nota: el 24 de abril de 1921 fueron ejecutados en Villalar, los comuneros Juan Bravo

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6 Respuestas a “La derrota de Villalar

  1. Muy interesante lo de Los Comuneros. Desconocía lo de Villalar. Y lo de la Reina Juana, y su “locura”…cómo no lo iba a estar, con esas presiones que tenía, con un marido promiscuo, apartada de sus hijos, con media familia en Flandes, sola en España. Siempre he pensado que fue una mujer fuerte, enamorada, pero víctima del poder y de la época. Un tema apasionante.
    Pásame el artículo de tu hermano

    • Qué visión tan clara tenías ya en el tiempo de la Transición!
      Yo me quedé con la versión más fácil, con la reivindicación del nacionalismo castellano, como con la de otros. Sería como reacción a lo que había.
      ¡Qué tiempos aquellos en que oír Els Segadors era poco menos que escuchar La Marsellesa!.
      Me sigue gustando la música de Nuevo Mester de Juglaría. Además de cantar esta historia, tienen unas bonitas canciones populares castellanas.

  2. Es solo una visión distinta, Isa. El río bajó en una dirección distinta a la que yo caminaba. Negrín dijo que: España demostró que se puede tener razón y ser derrotado. A esto habría que añadir que también se puede ganar una batalla y perder. Sobre todo porque hay ocasiones en las que uno no desea esa victoria, porque tampoco se quiso llevar a cabo esa batalla.

  3. Sí, esto último es difícil. Aclarando un poco diría que hay victorias que no satisfacen, porque son en batallas que no se deseaban librar.

    • Ya. Eso que dices puede pasar si se acatan órdenes o se asumen deberes como inevitables, como lo que hay que hacer, dejando de lado las consecuencias para los demás y para uno mismo. Por eso, intento tener deberes los justos imprescindibles, como en el trabajo (fuera de casa) y así. En todo lo que puedo, prefiero guiarme por sentimientos. Creo que de esta forma me equivocaré menos, con los demás y conmigo misma, aunque nunca se está libre de fallar.
      También es cierto que no todos estamos obligados e tener madera de mártires. A veces no hay más remedio que ir a la guerra. O eso parece.

Lo que se ha podado retoña; lo ahuyentado vuelve, lo extinguido se enciende; lo adormecido despierta otra vez. Poco es , pues, podar una sola vez; es necesario podar muchas veces, continuamente, si es posible.

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