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El fuego de San Juan


                El viento de levante, pero en total calma, presidió este año la noche de San Juan. El levante era el viento que no le gustaba al almirante de la Mar Océana, y fue la objeción que puso para desistir de la conquista de Melilla, cuando fue consultado sobre ello.

                   Todo empezó este año con rigurosa puntualidad, a las 00h 00´, como mandan los cánones y tras la llegada del presidente de la Ciudad. Una vistosa traca se acercó hasta la representación de los dioses antiguos que gobernaban los elementos; aire, agua, tierra y fuego. Todo ardió demasiado rápido, pero es que también había muy poco que quemar. Los años de austeridad han ejercido su efecto también sobre la imaginación. La bola de fuego se apoderó de toda la figura, envolviéndola y devorándola sin tregua. El fuego se alimenta de todo lo que está a su alrededor. Cualquier cosa que esté a su alcance es devorada por las llamas.

               Sin aire, sin vendavales, sin humedad, sin nada que alterase el trabajo de las llamas y de los artificieros, el fuego hizo su trabajo sin necesidad de que interviniesen los bomberos. La consunción de la figura oficial, llegaron los fuegos artificiales, que este año fueron muy vistosos. Pero como su propio nombre indican, fueron efímeros. Esta es una máxima de la vida. Las llamas seguirán atrayendo siempre a la humanidad. Sus figuras son siempre atractivas y cambiantes.

               Nada seríamos sin el fuego, siempre presente en la naturaleza. El uso, el dominio y la producción del fuego, fue lo que nos permitió llegar hasta el lugar en donde estamos. El fuego tiene su liturgia, y sus servidores. No faltó ni siquiera la aparición de la Luna.

 

El fuego de San Juan


Las hogueras de San Juan ya solo son un resto atávico, al menos en las ciudades, que nos vincula a un pasado del que desconocemos casi todo. En las ciudades, el fuego ha desparecido de las casas, salvo los que todavía fumen, o quienes todavía tengan calentadores de gas. El fuego empieza a ocupar un marginal en nuestras vidas, pese a haber sido el descubrimiento (la capacidad de crearlo), más importante de la historia humana. Hace unos 800.000 años, según el consenso arqueológico, el ser humano, tenía capacidad para transportarlo, iluminar las cuevas, y soportar las bajas temperaturas nocturnas. Sin el fuego, la humanidad no hubiese sobrevivido.
El fuego estaba en la naturaleza, es parte de él, y la noche humana debió ser larguísima y oscura. Pero en algún momento, los humanos y las humanas se dieron cuenta de que podían transportarlo, alimentarlo y conservarlo. Más tarde vendría la capacidad de crearlo, con el rozamiento de piedras, de maderas, haciendo prender la hierba seca. Ese sencillo y complejo paso, costó cientos de miles de años de observación, de esperar en la obscuridad absoluta en las cuevas, a la incierta salida del Sol al día siguiente. ¿Fue un invento de las mujeres o de los hombres. Nunca lo sabremos, pero es una pregunta interesante.
Aunque ya no seamos conscientes de ello, esa es la razón por la que el fuego nos fascina y hechiza. Es algo que está dentro de nosotros, y cuya relación se conserva mejor en los pueblos que en las ciudades. Quemada la hoguera, la noche de San Juan se convierte en un botellón. Cada vez nos quieren más alienados y sometidos. Ni siquiera en las iglesias se permite ya el fuego de las velas de cera. Todo se sustituye por la electricidad y es una lástima, porque el contacto con el fuego es algo místico, crea un instante especial.
La noche de San Juan
Dicen del nacimiento del Bautista, qes el único santo del que se celebra su natalicio, y es verdad, como también lo es que La Iglesia reinante se asentó sobre la religiosidad pagana y sus celebraciones anteriores. Como era imposible suprimir las hogueras del solsticio de verano, lo asimilaron instituyendo la festividad del natalicio del Bautista, que es imposible o no saber si nació el 24 de junio o cualquier otro día.
No había demasiada gente esta año en la celebración de San Juan. La crisis y la depresión se están adueñando de las ciudades, por mucho que a algunos no les guste que se diga, No llegaban a tres mil personas en todo el Paseo Marítimo, cuando hace apenas dos años no cabía allí un alfiler. El espectáculo previo fue ver al helicóptero de la Guardia Civil atravesar tres veces la bahía melillense, con su cañón de luz en busca de alguna patera, que pretendía arribar a las arenas melillenses.