El fuego de San Juan


                El viento de levante, pero en total calma, presidió este año la noche de San Juan. El levante era el viento que no le gustaba al almirante de la Mar Océana, y fue la objeción que puso para desistir de la conquista de Melilla, cuando fue consultado sobre ello.

                   Todo empezó este año con rigurosa puntualidad, a las 00h 00´, como mandan los cánones y tras la llegada del presidente de la Ciudad. Una vistosa traca se acercó hasta la representación de los dioses antiguos que gobernaban los elementos; aire, agua, tierra y fuego. Todo ardió demasiado rápido, pero es que también había muy poco que quemar. Los años de austeridad han ejercido su efecto también sobre la imaginación. La bola de fuego se apoderó de toda la figura, envolviéndola y devorándola sin tregua. El fuego se alimenta de todo lo que está a su alrededor. Cualquier cosa que esté a su alcance es devorada por las llamas.

               Sin aire, sin vendavales, sin humedad, sin nada que alterase el trabajo de las llamas y de los artificieros, el fuego hizo su trabajo sin necesidad de que interviniesen los bomberos. La consunción de la figura oficial, llegaron los fuegos artificiales, que este año fueron muy vistosos. Pero como su propio nombre indican, fueron efímeros. Esta es una máxima de la vida. Las llamas seguirán atrayendo siempre a la humanidad. Sus figuras son siempre atractivas y cambiantes.

               Nada seríamos sin el fuego, siempre presente en la naturaleza. El uso, el dominio y la producción del fuego, fue lo que nos permitió llegar hasta el lugar en donde estamos. El fuego tiene su liturgia, y sus servidores. No faltó ni siquiera la aparición de la Luna.

 

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3 Respuestas a “El fuego de San Juan

  1. Me imagino dentro de dos milenios la hoguera realizada con representaciones de los dioses de las religiones actuales… hace dos milenios sería impensable quemar a los Dioses Mitológicos… ahora lo vemos bien.

  2. La Noche Mágica

    El curso académico
    ya había finalizado
    las niñas/os alegres
    se hicieron los amos
    de las calles y plazas
    de nuestro querido
    Nador emblemático.

    El día 23 de junio
    se acercaba había
    que trabajar duro
    para organizar la
    Hoguera del Barrio
    y que esa noche
    estallase el júbilo

    Todos los pequeños
    recogiendo enseres
    caseros en pésimo
    estado o cualquier
    objeto carente de
    valor para conseguir
    el anhelado sueño.

    Me ofrecí voluntario
    para recoger matas
    y arbustos resecos
    Donde estaba el pozo
    de la Junta y cerca
    del Tejar de Marín.

    Conseguí una soga
    larga de esparto para
    acarrear toda la carga
    que abultaba más que
    un niño de diez años
    Con el fin de lograr
    un fuego purificador
    y que brillase la llama.

    Y como si se tratara
    de construir la Torre
    de Babel esta crecía
    cada vez más hasta
    formar una montaña
    artificial de desechos
    maderas y ropa vieja

    Las madres previsoras
    habían adelantado la
    cena y el menú en mi
    casa aquella noche
    sanjuanera consistió en
    Pescado recién frito de
    la cercana Mar Chica
    una sabrosa ensalada
    y de postre una sandía
    roja de la bella Restinga.

    Empezó la Noche Mágica
    la sultana la Luna Llena
    bella como una azucena
    hacia su ronda nocturna
    Mientras se encendió la
    hoguera y la algarabía
    se adueñó del lugar ardió
    el muñeco de trapo hecho
    por las habilidosas vecinas.

    Se consumió la hoguera
    como se consume la vida
    y los jóvenes más decididos
    empezaron a saltar sobre
    las brasas incandescentes
    como si fuesen jinetes.

    Las mamás con sus retoños
    como Patas con sus alegres
    patitos camino de la playa
    Daba la sensación de que
    San Juan nos esperaba para
    bautizarnos en el rio Jordán
    a todas/os los niños de Nador.

  3. La noche que se quema lo viejo, lo que ya no sirve, lo que están quemando son los cuatro elementos de la naturaleza, supuestamente bajo el símbolo de dioses antiguos. Parece una burla o una representación inconsciente de lo que hacen en realidad. Una ocurrencia como esta no podía ser más que de seguidores de una ideología destructora de la vida y del mundo.
    Dos mil años son demasiados para mí, para imaginar qué sucederá, lo que me preocupa es algo más inmediato, cómo será la tierra, el aire, el agua, para mis nietos y sus contemporáneos por el camino que vamos. ¿Y en nombre de qué Dios? No tiene nombre pero sí numerosos y fervientes adeptos. A ese es al que tenemos que quemar.

Lo que se ha podado retoña; lo ahuyentado vuelve, lo extinguido se enciende; lo adormecido despierta otra vez. Poco es , pues, podar una sola vez; es necesario podar muchas veces, continuamente, si es posible.

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