La historia sin final feliz


Fallece Paqui, la vendedora de la ONCE que luchó por su quiosco

Este fin de semana falleció Paqui, de modo repentino, en una operación rutinaria. Había pasado muchas vicisitudes desde el primer traslado de su quiosco de loterías de la ONCE en el año 2018, desde la calle del general Pareja, en su emplazamiento original, hasta la calle Chacel. Había empezado la peatonalización del centro comercial urbano, y se hizo sin contemplaciones para con los negocios existentes. Pero este primer traslado al menos contó con la pervivencia del quiosco de Paqui, en el que llevaba desempeñando su labor desde los primeros años del siglo XXI. En la calle Chacel se estaba bien, y todavía se contaba con la luz eléctrica en el interior del quiosco, pero era más inclemente, más fría en los inviernos y más calurosa en los veranos.

Pero en 2019 cambió la Administración Autónoma de manos, y la peatonalización llegó a la calle Chacel, y el quiosco fue trasladado a la peor situación posible, sin que la ONCE, una organización benéfica y de interés social, luchara debidamente por el regreso del establecimiento de loterías a su posición original. En 2021, el quiosco situado frente al edificio neomodernista, fue desplazado a la plaza de los Héroes de España, sin conexión eléctrica y apoyado sobre tacos de madera y trozos de ladrillo. El lugar era terriblemente húmedo y sin condiciones laborales. Paqui lo aguantó todo, y desde ese año, empezamos a denunciar su situación fuera de la normativa laboral, y su regreso a la calle del General Pareja. Todo sin éxito, por supuesto. En 2023 regresó la administración originaria, sin que hubiera demasiado interés en su reposición. El quiosco fue cerrado por insalubre, y los trabajadores volvieron a la venta a la intemperie, incluida Paqui. En todo el tránsito habían pasado 8 años desde el primer desmantelamiento. Paqui sufrió el desgaste físico de la situación, pero sin perder la sonrisa o el ánimo. siempre contaba cosas y no perdía la esperanza de regresar a su calle, pero no a la intemperie, y a su quiosco. Bromeábamos sobre el corte de la cinta de reinauguración, y desde el Alminar le prometimos disparar confeti. En 2024 nos preguntábamos si valía la pena escribir.

Solo en el presente año se obtuvo el plácet para su reinstalación. Le quedaban apenas dos años para jubilarse, después de una vida laboral dura. Hasta la semana pasada, cuando comprábamos o cambiábamos los cupones premiados, con el reintegro, la conversación se dirigía hacia el quiosco reubicado, pero sin fecha de reapertura. Paqui siempre decía: «No sé, pero no me veo ahí», y luego añadía «pero ojalá«. Después de 8 años su escepticismo era completo.

El final que ha llegado es otro, totalmente imprevisto. A veces las decisiones llegan tarde y sin reparación posible. Quizá sea hora de ir diciendo lo que Don Quijote, harto ya de palos y de sinsabores: » Vámonos yendo Sancho, que en los niños de antaño, no hay pájaros hogaño«.