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El circo de Domiciano


 

El circo de la bestia del apocalipsis

        Apenas un mes después de haber aclarado en El Alminar el acertijo del número de la bestia del Apocalipsis (DCLXVI), según la numeración romana, y no el 666 de la numeración árabe, no existente en los tiempos evangélicos, nos encontramos con el circo de Domiciano, uno de los dos emperadores romanos a los que se hacía alusión mediante el acertijo o fórmula cabalística.

         La plaza Navona en Roma tiene un forma singular, cuya explicación se encuentra en el subsuelo, que coincide de modo exacto, con la forma y tamaño del circo de Domiciano,  décimo emperador romano (X), de la familia Flavia. Tanto Nerón, quinto de los emperadores de Roma (V), como él tenían el mismo nombre: Domicio, utilizado por el evangelista Juan en su acertijo (Domicio César). Parece ser el evangelista Juan, escribió el apocalipsis en la isla de Patmos, a donde había sido desterrado por orden de Domiciano.

         Ambos persiguieron con dureza a los cristianos, y ambos llevaron vidas depravadas y disolutas. Tanto es así, que el nombre de ambos están asociados a los vicios de cualquier tipo. Pese a todo, es claro que los escritores que relataron sus biografías exageraron sus defectos, aunque en su conjunto, no son modelos de buenos gobernantes. Nerón edificó la Domus Aurea para inmortalizar su nombre, que está siendo excavada en la actualidad. Domiciano, ordenó la construcción de un circo de carreras para el mismo fin, parte del cual se muestra en un museo subterráneo en Roma, justo debajo de la plaza Navona, con la que coincide en forma y tamaño.

         Desde entonces, los nombres de Nerón y de Domiciano, han quedado asociados al uso depravado en el ejercicio del poder, hasta tal punto que un Papa, Bonifacio IX, recibió el dudoso honor de ser calificado como “el Nerón de San Pedro”.

          Es cierto que el evangelista Juan habla de una primera bestia ¿Nerón? ,  y de una segunda ¿Domiciano? , y dice lo siguiente: ” Y que nadie pudiese comprar o vender sino el que tuviera la marca, el nombre de la bestia o el número de su nombre. Aquí está la sabiduría. El que tenga inteligencia calcule el número de la bestia, porque es número de hombre. Se número es seiscientos sesenta y seis”, DCLXVI. Esto parece aludir al uso de monedas con las efigies y nombre tanto de Nerón, como de Domiciano.

El nombre y el número de la bestia


      El Apocalipsis o revelación,  son las visiones del evangelista Juan en la isla de Patmos, lugar al que fue relegado por orden del emperador Domiciano (81-96), uno de los más duros perseguidores del incipiente cristianismo. ¿Por qué no reveló Juan  el nombre la bestia y lo dejó todo pendiente de un acertijo numérico?.  En aquel momento, el de la revelación, debía ser ya un hombre anciano, que había sobrevivido a todos sus compañeros, sin poder contemplar el regreso definitivo del Mesías, que siempre se consideró inminente.

    Lo primero que hay que decir es que el número de la bestia no puede ser 666, porque éstos son números árabes y no existían en esa época. La bestia y sus seguidores, los que se dejan seducir por ella, no pueden llevar tres seises escritos., aunque sí llevarán una señal reconocible.

    La otra cosa que hay que señalar, es que la revelación pudo ser recibida a finales del siglo primero, pero no podemos saber cuando fue puesta por escrito. El idioma original de los evangelios es el griego, y al igual que el resto de las lenguas habladas en aquel momento, no disponían de números, por lo que asignaban un valor a cada letra para poder representar las cantidades. En griego, seiscientos sesenta y seis se representaría así: χξζ (ji-xi-dseta), y se escribiría como, ἑξακόσιοι ἑξήκοντα και ἕξ (hexakóisioi hexékonta kai hex).  Leído y oído de esta manera, carece de sentido para nosotros, dos mil años después, pero no en aquel momento. Juan escondió el nombre y los camufló en una cifra.

     Sin embargo, en latín, las letras empleadas para designar los números se escribirían así DCLXVI y formarían un acrónimo. Los evangelios también fueron luego escritos en latín, tras ser volcados del griego. Es probable que Juan sí conociese el latín y el significado que otorgaba a esas cifras fuese el siguiente, según la interpretación de Robert Graves en su obra La Diosa Blanca: Domitius César Legatos Xristos Violenter Interfecit, que traducido sería Domicio(nombre original de Nerón) César mató con violencia a los legados de Cristo. Los cristianos primitivos tenían tal terror a Nerón que siempre pensaron en que se reencarnaría, de hecho Domiciano, tenía un nombre parecido al de Nerón, antes de ser adoptado por Claudio como heredero, Domicio, en realidad su nombre era Lucio Domicio Claudio (LDC), que alterados en su orden compondría las tres primeras cifras del número de la bestia DCL.

      El emperador Nerón, gran perseguidor de los cristianos, a los que acusó, según las crónicas históricas, del incendio de Roma, mató a los principales apóstoles de Jesucristo. Esto es cierto y esta sería la solución del enigma. Para mayor coincidencia, las excavaciones bajo el Vaticano, han puesto de manifiesto que bajo su suelo, se encuentra la famosa Domus Aurea, o gran palacio de Nerón.

      Pese a todo, el Apocalipsis se trata de una revelación, de una profecía que se repite a lo largo de la historia y que no se detiene en los acontecimientos que narra. No habrá una única bestia, sino muchas, que se sucederán a lo largo de la historia, y siempre tendrá sus seguidores, que serán siempre reconocibles, porque llevarán la marca de la bestia, la que corresponda en cada momento. No habrá pues un único final, sino muchos y serán continuados. Y todo se repetirá de modo cíclico, hasta el instante final. Todo será anunciado desde los cielos, para que pueda ser percibido y visible para todos/as.