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El presidente frente a la Arciprestal


Elecciones en el Año de La Misericordia

           Intentamos evadirnos y alejarnos de la realidad, pero no se posible. Encontrarse con el presidente de Melilla, Juan José Imbroda,  iniciando la primera mañana electoral frente a la iglesia Arciprestal, en el inicio del Año de la Misericordia, no es algo que se pueda eludir. Es una imagen que quiere enviar un mensaje. Es un mensaje que debe recoger un lugar como El Alminar.

           En la mañana de San Juan Damasceno, ocultado por los cañonazos de Santa Bárbara, patrona del Arma de Artillería, el presidente de La Ciudad convocó una rueda de prensa bajo los tenues rayos solares. Son tiempos fríos, de cambios en el panorama político. El próximo gobierno ya no será monocolor. El bipartidismo se ha acabado, al menos para unas cuentas legislaturas.

          Frente a La Arciprestal, que vive horas muy bajas y que todavía no tienen colocadas las estelas del Año de La Misericordia, inaugurado por el Papa Francisco en África, el continente negro, Juan José Imbroda, presidente de Melilla, iniciaba la campaña electoral que va a transformar el país. Los creyentes solicitan el perdón en La Iglesia, los partidos políticos en las urnas. Da igual que cumplan o no  sus promesas, que lleven a cabo su programa electoral, o lo conviertan en papel mojado. Que cumplan o no la penitencia o que aprendan de los errores cometidos.

      Si los votantes otorgan a un partido la estela de ser el más votado. o sea, la victoria electoral, poco se puede hacer luego. Es hora de pedir perdón por los pecados y faltas, pero también debe existir el propósito de enmienda. En caso contrario, de nada vale toda esta parafernalia.

     Es hora de cambiar las cosas, de mandar al “purgatorio” de la oposición al que se lo haya merecido. Es el momento y la ocasión, y sobre todo, hay un modo de hacerlo, que es castigando incumplidor retirándole los votos, y premiando o votando al que prometa hacer algo distinto, en beneficio de todos. Esta vez las opciones son muchas. Eso sí, cada uno tendrá una idea distinta de lo que ha sucedido en los cuatro últimos años.

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El barco malo de Acciona


       Un nuevo concepto apareció en el mundo económico, el del “banco malo”, como si lo hubiera bueno. Ya lo dijo León Trotsky: Solo hay una cosa peor que robar un barco, fundarlo.

      En nuestra ciudad  ha aparecido un nuevo concepto, el del barco malo, compuesto por casi las mismas letras. Casi podríamos decir que solo hay una cosa peor que hundir un barco, y es traerlo a las líneas marítimas de Melilla. El ideólogo de este concepto del barco malo es nuestro Presidente Imbroda, dos palabras ya inseparables, quien dijo hace unas pocas fechas: “el barco de Almería es malo como para hundirlo”.  Ha sido dicho y hecho, no lo de hundirlo, que hubiese sido una acción mala, sino la de traerlo de nuevo a la línea marítima melillense, que resulta peor.

        Las acciones de Acciona para con Melilla, resultan de escasa consideración y aprecio, por no decir de puras y duras bofetadas. Por dos veces ha renunciado a presentar su opción en el concurso marítimo, dejándolo desierto. Estamos en situación de prórroga administrativa y con un futuro incierto y nada halagüeño. Durante todo el verano hemos visto pasar el barco rápido en dirección a Beni- Enzar y ahora, tras las presidenciales palabras, nos devuelven el barco malo.

                      Creo que hay relación de causa efecto en todo esto. Las campañas en contra de Acciona, la naviera de la familia Entrecanales, secundadas por el corifeo mediático de hace dos años, nos están pasando factura. Por si fuera poca toda esta situación, a finales de año venderán la naviera Trasmediterránea al mejor postor. Si en en algún lugar encaja mejor la expresión de: comulgar con ruedas de molino, es en todo lo concerniente al nuevo contrato marítimo con Melilla. Esto es lo que hay, aunque la prensa sometida ni siquiera pueda tratarlo.

El patriarca en su otoño


            

         

                      Fabio, las esperanzas cortesanas
                       prisiones son do el ambicioso muere, 
                       y donde al más astuto nacen canas.

           Sobre  Juan José Imbroda, Presidente de Melilla, se ha escrito muy poco en términos que no sean hagiográficos o de claro culto a la personalidad. Hay miles de fotografías suyas, en cualquier parte y actividad, pero todas son “posados”. Apenas hay fotografías que le muestren en actitudes cotidianas y sin que él mismo perciba que está siendo observado.

           En El Alminar mantenemos un equilibrio escrupuloso entre los actos de su gobierno, que juzgamos con dureza, y el respeto a su persona, a la que no juzgamos en momento alguno. La simbiosis es perfecta, porque cualquier imagen no preparada del Presidente melillense supone un éxito numérico en las visitas al  blog, pero sin que ello suponga ningún otro beneficio, aunque tampoco perjuicio.

           Nos consta, desde hace mucho, que el Presidente Imbroda lee cualquier referencia a a su persona, y que si ésta tiene la más mínima traza de verdad, se cuida de atenderla o desmentirla en cuanto le es posible.  Si hay algún integrante del Ejecutivo local que se puede ver paseando por la playa, o andando en  lugares en los que otros integrantes de su gobierno no se atreven, es al Presidente Imbroda. Desconozco hasta qué punto es una imposición propia o una actitud personal, pero es un hecho.

                                 La máfora del Poder

       Ver abdicar a un rey, renunciar a un Papa, o cesar por propia voluntad el mandato de un político, son anomalías. Hay contados casos a lo largo de la historia. El poder es una pasión que rara vez se abandona. Solo cataclismos sociales, revoluciones, o la propia naturaleza retiran a un dinasta o jerarca.

          En el año 2011 concedió una entrevista en la que dijo  lo siguiente: veo próximo mi retiro, quiero disfrutar de lo que he conseguido. probablemente se trate de la expresión de un sentimiento real, que no ha podido llevar a cabo porque está atrapado por las circunstancias “personalistas” de su propio poder.  Todo depende de él y todos/as dependen de él. El Presidente Juan José Imbroda se encuentra en el otoño de su vida y en el otoño de su poder. Es la mejor época para disfrutar de aquello que se ha conseguido, siempre y cuando uno se encuentre en óptimas condiciones físicas y mentales, lo que parece ser el caso, aunque pudiera seguir ganando elecciones otros  “doscientos años”.

          Frente al vendaval de las sospechas e imputaciones judiciales, frente al calor del verano y a las críticas sobre el estado de las playas, el Presidente de Melilla, acompañado de su esposa y también diputada local Francisca Conde, recorrió el litoral melillense desde un extremo hasta el otro. Como cualquier otro ciudadano, recogió un trozo de cristal o algún elemento peligroso de la arena y lo depositó en el cubo de basura más próximo. Hace solo dos días habíamos escrito que los altos cargos melillenses no se dejaban ver por las arenas melillenses.

           Como siempre, todo fue casual, simplemente estábamos ahí. Ni demasiado lejos, ni demasiado cerca, en el fino equilibrio del Alminar.

      Nota: https://elalminardemelilla.com/2012/09/28/coloso-o-gigante-con-pies-de-barro/

El secreto de Los Secretos


La última noche de los conciertos de “Música a la Luna” escondía un secreto, que no era la presencia del grupo Los Secretos, sino la del presidente Imbroda. Nos fuimos a la parte más alta de la Plaza de Armas y nos demoramos mucho charlando con amigos y conocidos y dejando que las niñas jugaran y corretearan por la zona. Salimos entre los últimos grupos de público asistente y al pasar por el túnel de la plaza, que da acceso al foso del Hornabeque, me fijé en que delante de nosotros, y en coincidencia no forzada, iba el presidente Imbroda, acompañado por dos consejeros de su gobierno (Mateo y Villena), y por su esposa y concejala Paqui Conde. Salvo en muy contadas ocasiones y descartados las artículos y entrevistas hagiográficas, y los únicamente descalificatorios, son contadas las personas que se han atrevido a analizar algún aspecto del “ejercicio del Poder” por parte de Juan José Imbroda.

El caso es que caminé detrás de él, sin atreverme a adelantar a su grupo, y a los dos escoltas que le cubrían la espalda. La providencia había hecho un nuevo regalo al Alminar, pues una imagen casual del Presidente de Melilla, supone una subida inmediata de audiencia. No podía alertar al grupo de mi presencia con la luz del flash, así que tuve que esperar la ocasión en la que la luz del entorno me ayudase. Esta se produjo en el foso del Hornabeque, poco antes de entrar en el túnel de San Fernando. No era mal símbolo, el presidente justo antes de entrar en el túnel.

                                     ¿Cuál es la naturaleza del Poder?

Mucho se ha reflexionado sobre esto. El Poder es algo temporal y se debe estar siempre dispuesto a dejarlo, pero como el ser humano no es capaz de hacerlo por sí mismo, y su ejercicio, aunque sea en Democracia, otorga innumerables beneficios y privilegios, lo normal sería limitar su mandato, en cualquier situación, a un máximo de dos o tres periodos legislativos. Da igual que sea en gobiernos nacionales, autonómicos o municipales. Los mandatos también deberían ser limitados en partidos políticos y sindicatos. Es la única manera de evitar las dañinas nomenclaturas, y el surgimiento de redes clientelares y cortesanas.
                                              Retirarse a tiempo

Es uno de los asuntos más difíciles. Decidir cuando la propia obra personal ha concluido. En España, el caso más ejemplar de esta actitud fue la del más grande de todos los monarcas, el también emperador Carlos I. En cuanto a etapas democráticas está el ejemplo del almeriense Nicolás Salmerón, que dimitió como presidente de La I República, con solo unos meses en el cargo, por negarse a firmar unas condenas de muerte.
Un gran final, en el momento oportuno, elimina la mayor parte de los errores que se hayan podido cometer, y la situación inversa también. Un mal final, puede arruinar todo lo bueno que se haya hecho por una ciudad, nación, o región. En 1970, el diario Madrid publicó un artículo con este titulo y referido al General De Gaulle. Franco entendió el mensaje y ordenó a su ministro Manuel Fraga el cierre del periódico y la demolición del edificio en el que se ubicaba. Ocurre también que después del poder ya no se es nada, y la situación de los ex presidentes los convierte casi en “espectros” vivientes: Felipe González, José María Aznar o Rodríguez Zapatero. Solo uno de ellos designó su propio final, pero coincidió con el peor momento posible, no supo escogerlo. Los otros no lograron hacerlo a tiempo y fueron devorados por su propio éxito el primero, y por su propio fracaso el segundo. En todos destacó la extraordinaria resistencia al cambio en sus ministros y colaboradores, y acabaron pagando los errores de todos ellos. Hay muchas lecciones que extraer de todo, pero todavía no se ha aprendido ninguna.
Todos prefieren ser derrotados, antes que irse por propia voluntad. Todo eso se eliminaría con la limitación temporal de los mandatos. Así, cada mandatario quedaría enfrentado únicamente a sus obras. Uno comete sus errores, pero no los de los demás.

Estampas de la Cabalgata de 2013


 

      Los Magos, el Presidente, el Droner y el Alminar

        Todos loa años comienzan de una manera distinta, ningún año acaba igual. Algo cambiamos nosotros en cada tránsito anual. Este año 2013 había menos aglomeración en el centro de la ciudad. La tarde era apacible y la temperatura agradable. No había la humedad de días pasados y no se sintió el frío de otros años. El Rey Mago Baltasar fue como siempre el más generoso con los caramelos.  La Cabalgata discurrió de un modo más pausado y tranquilo. No hubo apresuramientos ni incidentes dignos de destacar, todo parecía más ordenado y tranquilo y no faltaron  los habituales comentarios sobre el sorteo de las carrozas entre las asociaciones de vecinos, o sea, el porqué les toca a unas y no a otras.  Imagino que eso es algo inevitable, se haga como se haga. Festejos debería explicar cuál es el sistema de reparto y asignación de carrozas, si las asociaciones que participan en un desfile no repiten en el siguiente, y demás cuestiones relacionadas con este evento.

        Desde hace algunos años, buscamos situarnos al inicio de la marcha, entre la plaza Héroes de España y su feo monumento, y la calle O´Donnell. A veces incluso hemos estado en la calle Sidi Abdelkader. Una vez que los niños han visto las carrozas y se han relajado, vemos el segundo pase por la avenida junto al monumento antes mencionado.

                           El Presidente entre la gente 

        El Presidente de Melilla estaba viendo la cabalgata como un ciudadano más, ignoro si lo ha hecho en otras ocasiones, el caso es que fue sorprendente verlo allí, a pie de calle, aunque eso no es inusual en él. Suele pasear por el Paseo Marítimo o bañarse en la playa durante la temporada de verano, incluso suele acudir andando a sus funciones presidenciales, en los días apacibles, acompañado de su esposa. Pese a los años que lleva en la más alta representación de la ciudad, no ha cambiado de hábitos, al menos en lo que el resto de los mortales podemos percibir. Alejado de su corte, acompañado solamente por su familia y una discreta escolta, parece menos distante que cuando ejerce sus funciones magistrales. Para cualquier dirigente, es importante lo que se dice de él, y la imagen que ofrece. Llega un momento en que lo que reflejan los medios oficiales no resulta satisfactorio, porque todo está demasiado controlado y encorsetado, hasta el punto en que no resulta real.  Una imagen como esta que ofrecemos, en un lugar considerado  adverso, resulta a la larga más beneficiosa, que 10 campañas de propaganda. Ya lo decía San Jerónimo: “La lengua del adulador daña más que la espada del enemigo”.

                                              El Droner

             Fue la gran sensación. Hemos oído hablar de ellos y se han visto sobre manifestaciones en ciudades grandes. Son aeronaves no tripuladas, dotadas de una cámara de grabación. Pueden guiar a misiles hasta su objetivo y resultan ideales para saber cuanta gente hay en un lugar concreto, e incluso para localizar quién está allí y quién no.  Es un instrumento útil para la ubicación tanto de adversarios como de “falsos amigos”, esos que dicen que estuvieron en la manifestación de apoyo y luego no se dejaron ver.

           Llamativa resultó también la presencia de esos extraños pájaros azulados, híbridos entre gaviotas y cisnes. ¿ Mensajes subliminales?. ¿Quién sabe?.

Carta al director


 

                  Carta abierta a un Presidente ceñudo    

                                          Ignacio Velázquez Rivera  

     Podría haber calificado al Presidente Imbroda  con cualquiera de los miles de adjetivos que, por su manera de hacer política, adornan su personalidad, pero he preferido utilizar este pseudónimo de amenazador para que no dé la sensación de que me siento amedrentado ante  esa deposición que efectuó el otro día, por la que, simplemente, me desterraba de la Ciudad. La  frase que utilizó era de tinte apocalíptico, o sea, revelador: “éste no tiene cabida en Melilla”, refiriéndose a mi persona. Y digo revelador, porque nos enseña el obsesivo deseo de un presidente devorado por el miedo y el despotismo. Miedo a mi presencia y, por ende, hacedor de frases típicas de déspotas medievales: me expulsa, me arroja, me lanza, me despide, me destierra, me excluye, me echa, me prescribe una proscripción, un extrañamiento, tal como los señores feudales solían finiquitar sus cuitas con aquéllos que les quitaban, una veces la razón, otras veces a la dama y, siempre, el sueño.

Todo ello viene a cuento de la tergiversación de mis palabras, cuando dije que Melilla no se merecía un presidente que “le gusta” que un diputado y viceconsejero suyo llame “hijos de puta” a unos periodistas y “maricones y cornudas a sus compinches”, por otras que yo nunca dije: que Melilla no se merecía un presidente como Imbroda.

Pero a la vista de lo visto y oído, voy a tener que darle la razón, no para que no me aplique el extrañamiento, sino porque, efectivamente, Melilla no merece un presidente de tal jaez. Porque Imbroda tiene la mala costumbre o el mal quehacer de no saber separar el ámbito político de las demás esferas del hombre; el discernimiento no es una de sus mejores virtudes y, así, su vituperio lo extiende como una mancha que todo lo inunda en contra de los que no coinciden con su pensamiento, que es único y verdadero, con el intento de anular cualquier voz discrepante.

Yo quiero recordarle al Presidente Imbroda que he vivido 26 años en Melilla, que he sido Jefe del Servicio de Anestesia del Hospital Militar, Adjunto y Jefe de Sección del Hospital Comarcal, Responsable de la Unidad del Dolor, Tesorero del Colegio de Médicos, fundador de la Revista Ánfora Médica, jugador, entrenador, médico y presidente de un equipo de Baloncesto, Presidente de la ciudad durante siete años, ciudadano y promotor del pabellón deportivo que, actualmente, lleva el nombre de su hermano por decisión suya y que, para desmontar al GIL, partido que consideré nefasto para la Ciudad,  lo voté a él en dos ocasiones como Presidente de la Ciudad Autónoma, sin haberme arrepentido de ello. Fundé una familia, estando alguno de mis hijos aún trabajando en la ciudad, aunque otro de ellos tenga que emigrar a Alemania para trabajar, pues ya ha sufrido su política de persecución, de extrañamiento, al no renovarle el contrato que tenía desde hacía más de dos años.

Finalmente, quiero terminar diciéndole que mi decisión de trabajar como anestesiólogo en Melilla es personal y profesional, no política. Melilla necesita más especialistas en anestesiología, Sr. Imbroda. Actualmente, se están incumpliendo las mínimas normas de seguridad para atender las urgencias, pues se precisa un anestesiólogo de presencia física por cada 1.500 partos y no sé si sabe que en Melilla el pasado año hubo 2.600. Son normas de la SEDAR y la SEGO. En Antequera, por ejemplo, hay 9 anestesiólogos; en Motril, 9; en Ceuta, (sé que le irrita) 9; en Guadix, 6; y en Melilla, 5. Todas esas ciudades tienen un menor número de partos y una menor presión asistencial.

El acoso que está ejerciendo para desterrarme sólo contribuirá a que en Melilla disminuya, como ya sucede, la calidad asistencial. Su sectaria, cobarde y miserable venganza política sólo conseguirá que Melilla sea cada vez más pequeña a costa del agrandamiento de su soberbia y de su orgullo, Presidente ceñudo.

PD:  Por cierto, en mi rueda de prensa denuncié las subvenciones dadas a dedo a asociaciones afines y de los insultos vertidos contra periodistas y miembros de la oposición. Su respuesta: la descalificación y el mencionado  extrañamiento. Se califica por sí mismo.

 Nota de El Alminar de Melilla:  El que fuera primer Presidente de la Ciudad de Melilla, Ignacio Velázquez Rivera, nos ha remitido una carta que ya no le publican en ningún medio de comunicación escrito de Melilla. Las cosas han llegado en Melilla a este incalificable  extremo. En las normas del periodismo más elemental, se dice que para que algo sea publicable debe tener uno de estos dos requisitos: “calidad de la noticia o calidad de la persona”. Un ex presidente de Melilla, debería tener derecho a que se publique una carta suya. En El Alminar hemos dicho que le daremos voz a los que no la tienen, o se la quitan, como es el caso. Por este motivo incluimos la carta de Ignacio Velázquez.