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El monumento fascista de Enrique Nieto


     Cualquiera que sea abierta o secretamente defensor del Frente popular, debe ser fusilado. Hay que sembrar el terror, dejar sensación de dominio eliminando sin escrúpulos ni vacilación a todos los que no piensen como nosotros. Emilio Mola

      La remodelación de la plaza Héroes de España (caídos falangistas de la Bandera de Marruecos), transformará todo el aspecto de la zona, excepto de aquello que debe demolerse hasta el mismo suelo, el feo monumento fascista y de agresiva estética erigido en 1941, y al que nunca se supo qué nombre darle. La parte trasera albergaba unas placas de mármol con los nombres de los caídos falangistas en los diferentes frentes de batalla de la península. En realidad es un monumento a La Victoria, de un ejército sublevado contra su país y contra su gobierno. Es un monumento fascista, tanto de ideología como de estética, auspiciado por La Falange de Jose Antonio, organización hermanada con las SS hitlerianas  (Schutzstaffel) de Heinrich Himmler. En su momento se le denominó como monumento al ejército.

         Esta es la historia del monumento que es defendido a toda costa por los integrantes de la Comisión del Patrimonio de Melilla, basándose en el falaz argumento de que el boceto o proyecto del monumento, era de Enrique Nieto, el santo fundador del modernismo melillense. Hay que decir que nadie se ha atrevido públicamente a defender el monumento, todo se hace entre bambalinas y pasillos. No hay una sola prueba pública de la autoría “niestista” del mamotreto que descompone toda el orden arquitectónico de la avenida del rey emérito Juan Carlos I. Nadie lo defiende en público porque eso significaría dar la cara, y exponerse al bochorno intelectual de defender una obra semejante.

         Decía o dijo algún consejero del gobierno de Melilla, que se le iba a desposeer de toda la simbología franquista. Eso es algo que resulta imposible,  porque se trata de un monumento franquista, y de concepción fascista. De hecho, las alas del águila llevan las “sigmas” nazis en los laterales, aunque  en posición invertida, de modo que una se ve siempre en posición correcta. Todo esto ya está escrito una y mil veces, pero como  persisten en la intención de dejar ese monumento en medio de la plaza, a la que ni siquiera piensan cambiar de denominación, hay que volver a escribir una y otra vez sobre lo mismo.

       El arquitecto Enrique Nieto tuvo un lado oscuro en la época franquista, no demasiado divulgado y conocido, y es el de su militancia falangista. Las actas de los Plenos municipales de la época republicana melillense, muestran su carácter irascible. Tanto que en una ocasión fue suspendido de empleo y sueldo por amenazar de muerte al concejal socialista Aurelio Solís Díaz. Éste concejal y también médico municipal, apareció asesinado en una calle de Melilla el día 27 de julio de 1936. Enrique Nieto aparece también como contribuyente neto, en la cuestación  voluntaria y patriótica en favor del Ejército Nacional, como muchos otros melillenses, pero con cantidades de 500 ptas, nada desdeñables para la época. Nada de esto le quita mérito artístico al arquitecto catalán afincado en nuestra ciudad, pero si resulta un elemento más para solicitar la demolición completa del monumento.

         Lo único que tiene valor artístico es la escultura Vicente Maeso Cayuela, hijo del escultor Vicente Maeso Tortosa, quien fue expulsado de Falange por descubrirse su vinculación masónica. Es claro que el hijo pagó con su escultura la ausencia de una represión dura hacia su padre.  Vicente Maeso, uno de los mejores retratistas españoles, a la altura de Antonio López, jamás regresó a Melilla y se exilió en Brasil hasta el fin de la dictadura de Franco, y nunca más volvió a realizar otra escultura. Sobran los motivos para demoler y destruir un monumento tan ofensivo, e incluso los exponemos y los damos a conocer al mundo entero, justo lo que no hacen quienes quieren hacerlo pervivir a toda costa, incluso aunque el precio sea el de la deshonra de la ciudad.

                        Represión republicana y represión franquista

          No pueden equipararse en ningún caso, ni siquiera en cuanto al dato numérico. La represión franquista triplicó a la republicana. El golpe de Estado de 1936 y la posterior sublevación del Ejército de Marruecos, liquidó el Estado republicano, destruyó al gobierno e hizo saltar en pedazos su control sobre el orden público. Los más de 70.000 asesinados por fuerzas izquierdistas republicanas, en su mayoría anarquistas, se produjeron en los meses posteriores a la sublevación militar, y al margen del control de Estado o del gobierno de La República. Cuando el Gobierno legítimo de La República recuperó el control, no volvieron a producirse hechos de esta naturaleza. Nunca existió una represión orquestada desde el gobierno republicano.

            Sin embargo, no puede decirse lo mismo de la represión franquista, que puede atribuirse casi desde el primer asesinado, al Estado franquista en formación, y del que La Falange fue su brazo ejecutor. La represión de Franco fue sistemática. continuada, extensa y profunda, y se desencadenaba en cada nueva provincia conquistada o arrebatada al Estado republicano. La cifra supero ampliamente los 200.000 ejecutados. El carácter de esta represión era exterminadora, y buscaba asentar el nuevo Estado sobre una ausencia absoluta de una futura oposición.

               La más perversa y mendaz de las acusaciones contra La República fue la de quienes habiendo asaltado la legalidad y destruido el Estado, le exigieron que garantizase un  orden público, que ellos mismos (los sublevados), habían destruido.

       Nota:https://elalminardemelilla.com/2015/08/23/el-monumento-perverso-de-melilla/

                       

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