El ángel del silencio en Melilla


 

 

                      Desde la mirada del ángel

        Mostrar lo mismo pero desde un punto de vista diferente. Mirar en donde otros han mirado y ver lo que otros no han visto. En el día 2 de noviembre, el de los difuntos, en la hora tórrida, nos hemos acercado al cementerio de Melilla, vacío ya casi de gente y sobre todo de autoridades. Un ardiente Sol de noviembre se desplomaba de modo homogéneo sobre la filas del campo santo melillense.

          El ángel de África vigila solemne y silencioso todo el área del cementerio de Melilla. Su imponente figura se ve desde cualquier punto. Su protección alada, la del silencio, se extiende de modo uniforme, tanto sobre aquellos de los que se recuerda el nombre, como de los héroes anónimos y forzados que durante décadas fueron enviados a las Guerras de Marruecos o a las de Melilla, que es la otra denominación por las que son conocidas.

          Las Guerra de Marruecos alteraron la política española durante casi un siglo, desde 186o hasta 1956, año en el que Marruecos accedió a su independencia. El último actos funerario solemne fue el traslado de los restos de los héroes y mártires anónimos desde el camposanto de Monte Arruit, al cementerio de nuestra ciudad en 1949.

            Las dos inmensas fosas comunes que cubre con su mirada, son las que están frente al Mausoleo de las Campañas de África, extendidas bajo sus alas y frente a su incansable mirada. Albergan miles de cuerpos anónimos de soldados españoles, héroes forzados traídos hasta aquí bajo los símbolos y emblemas de La Patria, pero que solo vinieron a defender los intereses económicos de unos , de todos aquellos  que se hicieron ricos en las campañas de Marruecos, territorio que a la postre hubo que abandonar por completo. Tanto esfuerzo, tanta sangre del pueblo, tanto sufrimiento, para reposar aquí, en silencio absoluto y anónimo, amparados al menos, por el Ángel de África.

                                           La señal del ángel 

              La enorme figura de bronce recibía hoy el brillante Sol de noviembre con tanta intensidad, que su ala izquierda, la orientada hacia el Oeste, mostraba hoy un intenso color blanco, hasta casi hacerla parecer irreal. Un extraño efecto óptico que nunca había visto. Aquí ya solo reina el silencio inalterado, bajo la mirada del ángel.

La llegada del picudo rojo


 

               El picudo rojo ha llegado a las palmeras melillenses. Cada vez son más las afectados por este insecto, originario del sudeste asiático. En Europa fue detectado por primera vez en Almuñecar en 1995. Al parecer empieza afectado a palmeras de cierto tamaño, muy antiguas, mal podadas, según informa un muy interesante página de la Junta de Andalucía, que explica cómo detectar el mal y cómo actuar contra el mismo.

             En el Parque Hernández son cada vez más las palmeras a las que se les ha podado la corona, y que están cubiertas por el clásico capuchón de plástico.  El desprendimiento de las ramas secas, de gran peso y desde gran altura, puede suponer un grave riesgo para las personas. Aunque hay otro peligro aún mayor y es que se pudra el tronco, se seque y este se parta y caiga. Las palmeras son muy flexibles, pero si están secas en su interior o podridas por la acción del picudo rojo, pueden partirse y caer.

               En la parte del parque más cercana  ala plaza de España, hay ya varias palmeras afectadas por este mal. Se les ha desmochado la corona y la tienen cubierta con plástico. Junto a una de estas palmeras, hay otra muy esbelta e inclinada, que parece haber superado el límite de la verticalidad. La exagerada inclinación empieza en el primer tramo del tronco, justo en su parte más delgada. El tronco de la palmera parece bastante seco en esa parte. Ya se cayeron y partieron en primavera dos pinos en el parque Lobera. Ha ocurrido en los parques de Madrid.

Nota: http://www.juntadeandalucia.es/agriculturaypesca/portal/areas-tematicas/agricultura/sanidad-vegetal/plagas/picudo_rojo_palmeras/