La mancha amarilla de Endesa


      En los días muy claros y con el viento en calma, se puede apreciar perfectamente la línea amarilla del humo de las chimeneas de Endesa, la fábrica de luz de Melilla. La diferente consistencia y color del humo  procedente de sus chimeneas, compone  una fina y delgada capa amarilla que va ascendiendo lentamente a la atmósfera. Son motores que funcionan constantemente a lo largo de todo el día y de todo el año. No reparamos en este humo, salvo cuando el viento racheado de poniente lo lanza contra las Torres del V Centenario. La carbonilla se mete en los ojos y en los pulmones de cualquier usuario que pase por la zona o trabaje en ellas. En un tipo de contaminación que casi no se ve ni se percibe, pero está ahí de modo permanente, y que nos contamina.

             Es una línea difusa que parece partir la fotografía y el horizonte. Nadie ha propuesto todavía una solución a esto. Además del humo también está el ruido continuo de los motores. Melilla tiene grandes problemas sin resolver. Da igual el número de veces que se escriba sobre algo.  Hay cosas que siempre estarán ahí.

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Lo que se ha podado retoña; lo ahuyentado vuelve, lo extinguido se enciende; lo adormecido despierta otra vez. Poco es , pues, podar una sola vez; es necesario podar muchas veces, continuamente, si es posible.

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