Final de abril en Melilla


 

            Al principio o al fin , abril suele ser ruin. Para todos habrá gusto y opiniones, pero el final del mes ha sido portentoso. Malo en lo climatológico, con un temporal inesperado, que nos ha recordado a los del mes de marzo, o a los clásicos de febrero. Muchas son las imágenes y recuerdos que dejará en todos abril de 2017, pero nada comparable a “la sanjurjada”, y al descubrimiento de un enterramiento mantenido en secreto y que fue desvelado desde El Alminar al mundo. Una primicia periodística, que si a nosotros nos honra,  a ellos les envilece. El vendaval  de Sanjurjo  se ha llevado muchas cosas por delante, por más que ya impere un silencio mortal. Ahora ya es igual que callen, tuvieron la oportunidad de hablar y la rechazaron. Muchas cosas han cambiando

         Para El Alminar ha supuesto el volver a sobrepasar el listón de las 20.000 visitas mensuales y sobre todo,  abrirlo y mostrarlo  al conocimiento del mundo. En solo 5 días cumpliremos el sexto aniversario, tiempo en el que hemos visto caer y cerrar otros medios de comunicación, como El Telegrama o La Luz.

         La realidad es que la línea que separa el éxito, del fracaso; el recuerdo, de la memoria; la vida, de la muerte; o la amistad, de la rivalidad, es tan débil como el destartalado puente de La Alafía. De un estado se pasa a otro en un solo instante. Nada puede preverse. Hoy se está aquí y mañana no. Hoy se goza del favor popular y al día siguiente cualquiera puede sumergirse en el ostracismo. La única consigna es resistir, perseverar.

        En muchas ocasiones hemos insistido y repetido que no creemos en eso de que “el que resiste vence”, pero para tener alguna opción de salir adelante sí es un requisito imprescindible resistir. Nuestra pretensión solo es dejar constancia y testimonio. No buscamos victoria alguna frente a nada, ni nadie. La pretensión del Alminar es solo mantener encendida la lámpara. Mirar hacia el horizonte como esa gaviota que otea tranquila y confiada hacia el Gurugú, igual también que ese gorrión que reposa en su árbol devastado. Quisimos crear un espacio diferente, libre y mantenerlo a través del tiempo y abierto a todas/os. En eso seguimos.

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Lo que se ha podado retoña; lo ahuyentado vuelve, lo extinguido se enciende; lo adormecido despierta otra vez. Poco es , pues, podar una sola vez; es necesario podar muchas veces, continuamente, si es posible.

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