El muro del referéndum


No es país para referéndums

En 1986, Felipe González derivó a la ciudadanía la responsabilidad sobre la permanencia de España en la OTAN. Está claro que él quería continuar con esa pertenencia y que había cambiado de opinión, pero por si las cosas salían mal, quiso compartir esa responsabilidad mediante un referéndum. Años después Felipe González reconoció su error, entre otras cosas, porque hay cuestiones que no se pueden decidir con un sí, o un no. Los referéndums siempre dividen a las sociedades. Así sucedió en Gran Bretaña con el Brexit, el error de Cameron, y con el de Cataluña, que aunque ilegal, dividió igualmente a la sociedad catalana, y envenenó la política española.

El muro del Parque Hernández

Todo esto nos sirve como antecedente al lío en el que se ha metido la Consejería de Medio Ambiente, de Hassan Mohatar, al organizar el prometido referéndum sobre el derribo del muro perimetral del Parque Hernández. Lo enrevesado de algunas preguntas recuerdan a la redacción de las del Referéndum OTAN: «Estaría usted de acuerdo en que en determinadas condiciones, y sin que eso signifique que está de acuerdo con la peatonalización total del centro, y sin que eso implique el establecimiento de una zona azul, en integrar el Parque Hernández en el centro de la ciudad, en el que ya se encuentra». No se menciona derribo del muro por ningún lado.

La jurisprudencia está devorando a la Justicia, y la judicialización sustituyendo a la política. La clase política, los gobiernos, tiene miedo a tomar decisiones, por miedo a las denuncias. Un gobierno, este o cualquier otro, tiene suficientes competencias legales para poner o quitar un monumento, como hacía el anterior. Un gobierno tiene capacidad legal para cambiar el nombre de 100 calles a la vez, y proponer los que les de la gana, como también hacía el anterior, sin necesidad de ampararse en Ley de Memoria Histórica alguna, que está para cosas de más altos vuelos. Algunos nombres y monumentos deberían salir del callejero y de las calles de la ciudad, sin necesidad de protecciones específicas. Un acuerdo del Pleno de la Ciudad es un acto legítimo en sí mismo.

Esto mismo ocurre con el muro del Parque Hernández, restaurado y embellecido en su aspecto actual por Mustafa Aberchán, cuando fue consejero de Medio ambiente en otro gobierno pluripartidista. Si la Consejería de Medio Ambiente quiere derribar el muro, que lo haga, pero deberá asumir las consecuencias electorales, si las hubiera. El pulso de la ciudadanía es claramente contrario, pero en este embrollo se han metido ellos solos. No se puede preguntar a los ciudadanos sobre qué precio consideran adecuado para un parking, tema que merecerá un espacial del Alminar. ¿Quieren eliminar todos los aparcamientos del centro urbano para que utilicemos los parkings ruinosos? Que lo hagan , estarían en su derecho como gobierno, pero no se atreven porque no saben por qué modelo decidirse.

La última opción del Referéndum Muro Perimetral lo muestra claramente: » si tiene alguna otra idea más, porque nosotros estamos secos, a pesar de todos los altos cargos que hemos nombrado, y es tan amable de decírnosla, escríbala aquí. Eso sí, si se derriba, se pueden guardar trozos de recuerdo, como en el Muro de Berlín. Ya hemos dado una idea.