La fuente del Parque Hernández


La fuente del parque

                  Esta todo tan descentrado que al primer golpe de vista parece un juego óptico provocado con un objetivo desenfocado. No se sabe que es lo que está derecho y qué torcido. El suelo se levanta levemente en una hilera de losas , la fuente se alza y vence hacia adelante por la base y la farola, el único elemento recto, parece salir de la fuente también inclinada. La sinuosidad del borde del parterre también colabora en la sensación de derrumbe o de movimiento de las cosas. Lleva así meses o un tiempo que nadie sabe precisar. El conjunto no invita a beber de esa fuente, con agua de no se sabe qué procedencia. No hay ninguna indicación de que sea agua potable, algo preceptivo en cualquier fuente pública. Es el descuido absoluto, el abandono generalizado, el triunfo de la herrumbre.

Atravesando La Vía Láctea en Melilla


 

24 bandas reductoras de  velocidad en una sola vía

       La carretera de la Vía Láctea, nombre absurdo donde los haya,  comienza junto al callejón de Pandora (carretera de Hidúm) y acaba junto a la Fuente de Trara (carretera de Rostrogordo). Es, era, una vía muy adecuada, pues comunica la zona de alta de Tiro Nacional y el Poblado legionario, con la carretera de Farhana en apenas 5 minutos, yendo a 50 kms/h, velocidad recomendada en vías urbanas. Es una vía que suelo utilizar para cambiar de un sector a otro de la ciudad, sin necesidad de pasar por el saturado tráfico del centro. También sé que esta zona no es transitada por la mitad de la población de Melilla, pese a que aquí hay un mirador con las mejores vistas de la ciudad y del barranco de Cabrerizas.

          Reconozco que cuando leí en prensa que un grupo de vecinos de la zona protestaban por la instalación de bandas reductoras de velocidad me extrañó por un doble motivo. El primero porque nunca había oído noticia alguna sobre excesos de velocidad en esta zona, o accidentes, que sí suelen ser frecuentes en otras parte de Melilla, como el Paseo Marítimo (antiguo y nuevo), la carretera de Alfonso XIII o la calle Álvaro de Bazán. El segundo motivo de extrañeza era el propio hecho de protestar, pues las bandas reductoras han sido instaladas en otros lugares de nuestras calles y nadie ha protestado, es más, se han recibido como «una bendición».

                        Bandas reductoras de lomo de asno

       A principios de la semana tuve que utilizar esta vía de comunicación y me encontré con una auténtica tortura sobre el asfalto. Se han instalado 18 bandas reductoras del tipo lomo de asno, construidas en cemento, que se añaden a las 6 existentes , lo que ofrece un total de 24, sobre una de vía de 2 kms, o sea, algo más una cada 1oo metros. En dos tramos concretos hay instaladas 3 consecutivas (cemento, goma rígida, cemento), en distancias que no superan los 50 metros entre las tres. Es un despropósito y una auténtica ruina para los amortiguadores.  Ahora entiendo por qué, todas las piezas de los amortiguadores de los vehículos, son las estrellas en las tiendas de repuestos automovilísticos. No solo son los baches, socavones y hoyos en las vías, son también las bandas reductoras de velocidad, especialmente las de goma rígida, especialmente dañinas para la amortiguación, según me contaba alguna de las personas a las que pregunté, si la situación del tráfico en la zona aconsejaba una acción tan contundente y desproporcionada.

      Después de ver el resultado, que ha costado 67.000€, y de leer los consejos del Ministerio de Fomento sobre la instalación de este tipo de medidas disuasorias de la velocidad, tengo mis dudas de que se correspondan con la normativa y sobre el material elegido, el cemento, que se deteriora con mucha rapidez, como es el caso de las instaladas hace poco más de dos año sen diversos lugares de la ciudad, como la de la calle Ibañez Marín, que en realidad es un paso sobreelevado y que ya es una ruina. Pero todo esto ya lo escribimos hace tiempo.

             Lo que resulta absolutamente incomprensible es la situación de los márgenes de la carretera, llenos de escombros y de basura desde hace meses.

         Nota: (1) http://www.fomento.es/NR/rdonlyres/180E9859-01CD-45A2-92CB-B5B4D1137624/81033/1160101.pdf.

                          (2) https://elalminardemelilla.com/2011/12/31/pasos-sobreelevados/

La invasión de las ultraterrazas


 

         Las terrazas son otra cosa, las que conocemos en cualquier otra ciudad de España en donde se respete la ley y exista alguien que la haga cumplir. En Melilla no hay ni lo primero, ni lo segundo. Las terrazas o veladores son ampliaciones temporales de un local de restauración, mediante la instalación de mesas, sombrillas o toldos, que llegada la hora de cierre se recogen y la zona queda limpia y despejada. La hora de cierre tampoco se respeta en nuestra ciudad, pero es que la propia asociación de hosteleros pide que se les permita incumplirla, para aumentar los beneficios.

         Lo que está ocurriendo en Melilla es que se está permitiendo la ampliación de los locales comerciales, mediante la construcción de instalaciones fijas, de madera o aluminio, a costa del espacio público, ya sea en una plaza, en una acera o  mediante la eliminación de aparcamientos públicos. La situación empieza a desbordarse en el Barrio del Real, resulta insólita en la Plaza de Las Culturas, en donde una de ellas tapa una de las torres de ventilación del aparcamiento subterráneo, y en las calles del mismo centro de la ciudad.

      Algunas obstaculizan la maniobrabilidad en la calzada, otras son utilizadas como lugar para estacionar en doble fila, otras dificultan la visibilidad de pasos de peatones y su señalización, o dejan las aceras y el espacio público reducido al mínimo. En Melilla impera el desorden urbano.

     Salvo en los chiringuitos de los paseos marítimos, esto no se ve en ningún lugar del mundo. La casi totalidad de las terrazas son solo permitidas en los meses de verano, y nunca mediante la ocupación permanente  del espacio público.

El barco malo de Acciona


       Un nuevo concepto apareció en el mundo económico, el del «banco malo», como si lo hubiera bueno. Ya lo dijo León Trotsky: Solo hay una cosa peor que robar un barco, fundarlo.

      En nuestra ciudad  ha aparecido un nuevo concepto, el del barco malo, compuesto por casi las mismas letras. Casi podríamos decir que solo hay una cosa peor que hundir un barco, y es traerlo a las líneas marítimas de Melilla. El ideólogo de este concepto del barco malo es nuestro Presidente Imbroda, dos palabras ya inseparables, quien dijo hace unas pocas fechas: «el barco de Almería es malo como para hundirlo».  Ha sido dicho y hecho, no lo de hundirlo, que hubiese sido una acción mala, sino la de traerlo de nuevo a la línea marítima melillense, que resulta peor.

        Las acciones de Acciona para con Melilla, resultan de escasa consideración y aprecio, por no decir de puras y duras bofetadas. Por dos veces ha renunciado a presentar su opción en el concurso marítimo, dejándolo desierto. Estamos en situación de prórroga administrativa y con un futuro incierto y nada halagüeño. Durante todo el verano hemos visto pasar el barco rápido en dirección a Beni- Enzar y ahora, tras las presidenciales palabras, nos devuelven el barco malo.

                      Creo que hay relación de causa efecto en todo esto. Las campañas en contra de Acciona, la naviera de la familia Entrecanales, secundadas por el corifeo mediático de hace dos años, nos están pasando factura. Por si fuera poca toda esta situación, a finales de año venderán la naviera Trasmediterránea al mejor postor. Si en en algún lugar encaja mejor la expresión de: comulgar con ruedas de molino, es en todo lo concerniente al nuevo contrato marítimo con Melilla. Esto es lo que hay, aunque la prensa sometida ni siquiera pueda tratarlo.

Volviendo a la incineradora


 

        Las acciones del pasado nos han conducido a la realidad  presente, y el daño que se está haciendo hoy  a la sociedad española se verá dentro de dos décadas, pero entonces ya no habrá a quien reprocharle nada.

       Esta historia arranca en un pasado muy lejano, aunque no tanto, apenas un cuarto de siglo, allá por 1990. El gobierno del alcalde socialista Gonzalo Hernández, para resolver transitoriamente el problema de las basuras generadas por nuestra ciudad, construyó una primitiva incineradora, que en realidad era un quemador gigante de basura. El error fue apostar por un modelo especialmente dañino para la salud ciudadana. Y como en la política no se aprende de los errores anteriores, el alcalde popular Ignacio Velázquez no solo siguió la senda marcada por su antecesor, sino que además multiplicó por diez el tamaño de la incineradora. El actual gobierno de Juan José Imbroda, que lleva más de otra década en el poder, ha seguido dejando hacer, o sea «quemando basura», sobre las mismas cabezas de los ciudadanos/as que allí viven.

          La incineración de residuos es una opción muy contaminante y peligrosa para la salud pública y no puede hacerse dentro de un casco urbano, porque la ley obliga a que existan dos mil metros de distancia mínima entre estas plantas y las zonas habitadas. En Melilla se conculcó esa ley, pero lo que es peor es que un Tribunal afirmó en sentencia, que al no existir esos 2 kilómetros de distancia, no podía cumplirse ese apartado específico. Todo un despropósito que seguimos pagando los ciudadanos, nos demos cuenta o no, porque el aire envenenado de la incineradora nos alcanza de una manera u otra.

                           La vida en la calle de la incineradora

       Los vecinos de la carretera de Horcas Coloradas y los del poblado que existe junto a la Planta de Incineración de Residuos, soportan un ruido infernal las 24 horas del días, situación que se amplifica durante el silencio de la noche. Ese ruido constante provoca problemas nerviosos de toda índole. Los olores y los humos, a veces insoportables, las plagas de moscas, las de insectos, e incluso las de unos animales que los residentes en sus inmediaciones llaman «los bichos», porque les parecen demasiado grandes para ser roedores.

      En la última década se han gastados cantidades exorbitantes de dinero en obras faraónicas, en rotondas inservibles, en obras incomprensibles o duplicadas, mientras que no se ha invertido un solo euro en sacar de este insalubre lugar,  a la treintena de familias que viven justo debajo o enfrente de la incineradora. Son infraviviendas, es el inframundo de Melilla, es la tierra de los desheredados de la sociedad. El Gobierno de Melilla se va a gastar 4 millones de euros en aceras en el Barrio del Real, Carlos de Arellano, o plaza Héroes de España, pero ni un solo euro en este lugar, que recuerda a los barrios extramuros de las ciudades medievales. Esto es Magma Melilla. Las vistas son magníficas, a un lado el cementerio, al otro el horno.

                       La higuera de la incineradora

        En medio de la desolación, la gente lucha por abrirse paso, y junto a ella la naturaleza. Una higuera se yergue orgullosa ofreciendo sus atractivos frutos, aunque no se pueda disfrutar de su envolvente fragancia porque hay otra superior y cercana que la oculta, menos respirable y nada poética. Dentro de un mes, el día uno de octubre, la Planta Incineradora entrará en su parada técnica anual. El único olor que se percibirá entonces y a lo largo de un mes, será el de la basura. Las incineradoras solo ocultan el problema de los residuos sólidos urbanos, no lo solucionan.

       Nota: https://elalminardemelilla.com/2012/11/15/el-barrio-de-la-incineradora/

A rebato en torno a La Patrona de Melilla


 

        Han tocado a rebato en torno a La Patrona. Este año 2014 no ha faltado nadie, nos referimos a autoridades,  en la procesión de La Virgen de La Victoria, patrona de la conquista de Málaga y de Melilla, advocación heroica de los franciscanos de la Orden Mínima, y que nada tiene que ver con la victoria de Lepanto. Faltaba, como siempre, público, pero al menos podemos decir que los 100o de La Patrona se mantienen. Había gente en las inmediaciones, que no se ha acercado a ver el desfile y procesión que pone el broche a las fiestas patronales de la ciudad, al que le falta marketing. Estaban todos, menos los sarracenos, cosa lógica por supuesto, pues las imágenes de Dios o de sus seres cercanos, suena a herejía en el resto de las religiones monoteístas. El desfile de la Madre de Dios, una de las tres personas indivisibles de la Santísima Trinidad, no es entendido por nadie, salvo por los cristianos.  También hemos de decir que a La Patrona de Melilla, La Virgen de La Victoria, le ha faltada una Junta de Gobierno integradora, y la actual, aunque nos pese decirlo,  ha creado más división que unión. Han hecho cosas, indudablemente, pero también le han faltado otras muchas.

                                Procesión y desfile en 2014

       El Gobierno en pleno, mujeres y hombres, junto con la oposición y las autoridades militares, han participado en el desfile procecional. No ha faltado nadie, pero ha destacado, el reencuentro con La Dama de Melilla, Angelita Hernández Lopez, tras un paréntesis temporal, en una mujer no puede decirse años, que por problemas de salud e incluso protocolarios, la han tenido ausente hasta la procesión del presente año. Iba en solitario, como corresponde a su categoría, por delante del resto de mujeres vestidas con el traje regional de Melilla. Han procesionado las Fuerzas de Regulares Indígenes, como suelen hacerlo desde hace décadas, los representantes de las Casas Regionales de Melilla, representantes de otras instituciones y bastante  gente de a pie. Faltaba público, pero esto ya es habitual desde hace algunos años. Muchos dicen que todos los años es la misma procesión y yo creo que cada año hay un elemento diferente.

Conducir en la ciudad de Mad Max


 

          Mad Max es una legendaria película australiana de ciencia ficción del año 1979. Retrataba un mundo imaginario en el que había desaparecido cualquier tipo de normas de circulación. Se conducía por cualquier lugar, de cualquier manera, y sobre todo, con cualquier artefacto. La gasolina era un bien preciado, casi como ahora,  y solo al alcance de unos pocos. Se destilaba cualquier cosa que pudiera servir como combustible y sobre todo, se robaba. Los ladrones de combustible constituían una verdadera plaga. En Melilla no hemos llegado a esos extremos, pero casi, por lo menos en cuanto a artefactos e ingenios mecánicos se refiere.

          Vehículos del tamaño de carros de combate, camiones de la II Guerra Mundial, o incluso palas excavadoras utilizadas casi como utilitarios. Todo es posible en la ciudad sin normas.  Melilla tiene un espacio físico limitado y tiene la población que tiene. Resulta absurdo añadir más dificultades a las que de por sí ya hay. En esta ciudad solo hay un lugar en el que realizar un carril para bicicletas, y eso solo es posible en la carretera de La Alcazaba y el nuevo Paseo Marítimo. He estado en otras ciudades y solo los he visto en las zonas de costa, en grandes zonas verdes o en los paseos marítimos. En los centros urbanos no existen.

           Los vehículos no sobrepasan a lo largo del mes los 16 km/h de media si solo se ha conducido en el casco urbano, y eso teniendo suerte porque lo normal es no pasar de los 14 km/h. Instalar más caballones, pasos sobre elevados puede servir en algunas circunstancias excepcionales, pero si se convierte en noma, solo añadirá una mayor dificultad a lo que ya de por si es un tráfico infernal.

           La acumulación de obras, el asfalto demolido, lleno de costurones y de baches convierten la circulación en un una «carrera» de obstáculos. Hay más accidentes, pero no son por el exceso de velocidad, salvo en casos excepcionales, sino en la nula regulación del tráfico, la falta de visibilidad en los cruces, el exceso de obras y la proliferación absurda de rotondas, algunas inservibles y mal diseñadas. La peatonalización de determinadas zonas en barrios periféricos, en lugares de la ciudad que no lo necesitan, y la pérdida constante de aparcamientos públicos gratuitos, son elementos que se añadirán a una ciudad ya de por sí insostenible. Hemos escrito de todo, pero les da igual.

             Estamos en septiembre Nos espera la vuelta al colegio, al trabajo, al horario normal, Bienvenidos a la ciudad de Mad Max.

      PD: El camión de transporte de mercancías, merece estar en el Museo del Automóvil.

      Nota: https://elalminardemelilla.com/2014/07/13/real-y-arellano-obras-que-no-se-entienden/