Tras el manto de la Virgen de los Dolores


El manto que llegó de Melilla a La Virgen de los Dolores de San Pedro

        Dos años siguiendo el rastro de un manto del que solo tenía la referencia testimonial, proporcionada por Pepe Vacca en 2006. Me decía que era un manto hermoso, espléndido, que procedía a su vez de la Virgen de la Paloma de Málaga. Debió llegar a Melilla en la década de 1940, cuando se reflotó y puso en marcha la Semana Santa melillense. El manto lo lució siempre la Virgen de Los Dolores del barrio del Real, hasta que en 1980, la renaciente Semana Santa de Almería, viajó a nuestra ciudad en busca de tronos, enseres, ornamentos e incluso las propias tallas. Encontraron muchas cosas en Melilla, y la verdad es que le dieron a todo un uso santo. Con el paso del tiempo desaparecieron algunas cosas, se reformaron tronos, ornamentos, pero algo permaneció de modo espléndido, inigualable, porque la hermosura del manto impresiona.

           A pesar de sus 100 años de antigüedad, se ven como nuevas las espléndidas palomas bordadas que hablan del origen del manto, la Virgen de la Paloma de Málaga. Tiene un impresionante escudo de Alfonso XIII bordado en la espalda, que indica la secuencia temporal de su creación. El manto es largo y de una densa tela.  Su textura me recuerda a los tapices del Palacio Real de  San Ildefonso, en Segovia. Desprende el mismo aroma. Se nota el tiempo y las historias que acumula entre sus tramas.

             Me contaba Pepe Vacca que el manto había sido rebordado y restaurado por las Adoratrices de Melilla. Murió sin poder llegar a ver ninguna de las cosas de las que me había hablado y de las que yo desconocía todo. En 30 años nadie fue capaz de encontrar a la antigua virgen de Los Dolores del Real o al Nazareno de Vélez de La Gomera, hasta queen  unas navidades, las del 2008, encontré ambas tallas en la iglesia de La Concepción en Barlerma, localidad de la costa del poniente de Almería.

              El último de esos trabajos de localización era el de este singular, irrepetible y compartido manto (Málaga, Melilla y Almería).  En las navidades pasadas fue iglesia por iglesia de Almería en busca de las vírgenes dolorosas, hasta que en la parroquia de Santiago me informaron de que la virgen y el manto que buscaba, se encontraban en la iglesia de San Pedro. Curiosamente San Pedro tenía las llaves de mi última búsqueda, la que hoy ofrezco y comparto con Melilla. El manto de la Virgen de los Dolores de San Pedro solo lo usa en Semana Santa, en la procesión del Viernes Santo, a la que pienso asistir y buscar.

              Desde el Lunes hasta el Jueves Santo,  la Virgen de los Dolores se encuentra expuesta, con su trono y manto procesional, en la nave lateral de la iglesia, fuera de la capilla en donde pasa el resto del año. Había quedado en Navidad con los encargados de la parroquia de San Pedro, para fotografiar a placer, en Semana Santa,  a la Virgen y a su manto, encontrándome y cerrando con este encuentro, una busqueda que había prometido culminar hace ya más de cinco años.

Carta al director


 

                  Carta abierta a un Presidente ceñudo    

                                          Ignacio Velázquez Rivera  

     Podría haber calificado al Presidente Imbroda  con cualquiera de los miles de adjetivos que, por su manera de hacer política, adornan su personalidad, pero he preferido utilizar este pseudónimo de amenazador para que no dé la sensación de que me siento amedrentado ante  esa deposición que efectuó el otro día, por la que, simplemente, me desterraba de la Ciudad. La  frase que utilizó era de tinte apocalíptico, o sea, revelador: “éste no tiene cabida en Melilla”, refiriéndose a mi persona. Y digo revelador, porque nos enseña el obsesivo deseo de un presidente devorado por el miedo y el despotismo. Miedo a mi presencia y, por ende, hacedor de frases típicas de déspotas medievales: me expulsa, me arroja, me lanza, me despide, me destierra, me excluye, me echa, me prescribe una proscripción, un extrañamiento, tal como los señores feudales solían finiquitar sus cuitas con aquéllos que les quitaban, una veces la razón, otras veces a la dama y, siempre, el sueño.

Todo ello viene a cuento de la tergiversación de mis palabras, cuando dije que Melilla no se merecía un presidente que “le gusta” que un diputado y viceconsejero suyo llame “hijos de puta” a unos periodistas y “maricones y cornudas a sus compinches”, por otras que yo nunca dije: que Melilla no se merecía un presidente como Imbroda.

Pero a la vista de lo visto y oído, voy a tener que darle la razón, no para que no me aplique el extrañamiento, sino porque, efectivamente, Melilla no merece un presidente de tal jaez. Porque Imbroda tiene la mala costumbre o el mal quehacer de no saber separar el ámbito político de las demás esferas del hombre; el discernimiento no es una de sus mejores virtudes y, así, su vituperio lo extiende como una mancha que todo lo inunda en contra de los que no coinciden con su pensamiento, que es único y verdadero, con el intento de anular cualquier voz discrepante.

Yo quiero recordarle al Presidente Imbroda que he vivido 26 años en Melilla, que he sido Jefe del Servicio de Anestesia del Hospital Militar, Adjunto y Jefe de Sección del Hospital Comarcal, Responsable de la Unidad del Dolor, Tesorero del Colegio de Médicos, fundador de la Revista Ánfora Médica, jugador, entrenador, médico y presidente de un equipo de Baloncesto, Presidente de la ciudad durante siete años, ciudadano y promotor del pabellón deportivo que, actualmente, lleva el nombre de su hermano por decisión suya y que, para desmontar al GIL, partido que consideré nefasto para la Ciudad,  lo voté a él en dos ocasiones como Presidente de la Ciudad Autónoma, sin haberme arrepentido de ello. Fundé una familia, estando alguno de mis hijos aún trabajando en la ciudad, aunque otro de ellos tenga que emigrar a Alemania para trabajar, pues ya ha sufrido su política de persecución, de extrañamiento, al no renovarle el contrato que tenía desde hacía más de dos años.

Finalmente, quiero terminar diciéndole que mi decisión de trabajar como anestesiólogo en Melilla es personal y profesional, no política. Melilla necesita más especialistas en anestesiología, Sr. Imbroda. Actualmente, se están incumpliendo las mínimas normas de seguridad para atender las urgencias, pues se precisa un anestesiólogo de presencia física por cada 1.500 partos y no sé si sabe que en Melilla el pasado año hubo 2.600. Son normas de la SEDAR y la SEGO. En Antequera, por ejemplo, hay 9 anestesiólogos; en Motril, 9; en Ceuta, (sé que le irrita) 9; en Guadix, 6; y en Melilla, 5. Todas esas ciudades tienen un menor número de partos y una menor presión asistencial.

El acoso que está ejerciendo para desterrarme sólo contribuirá a que en Melilla disminuya, como ya sucede, la calidad asistencial. Su sectaria, cobarde y miserable venganza política sólo conseguirá que Melilla sea cada vez más pequeña a costa del agrandamiento de su soberbia y de su orgullo, Presidente ceñudo.

PD:  Por cierto, en mi rueda de prensa denuncié las subvenciones dadas a dedo a asociaciones afines y de los insultos vertidos contra periodistas y miembros de la oposición. Su respuesta: la descalificación y el mencionado  extrañamiento. Se califica por sí mismo.

 Nota de El Alminar de Melilla:  El que fuera primer Presidente de la Ciudad de Melilla, Ignacio Velázquez Rivera, nos ha remitido una carta que ya no le publican en ningún medio de comunicación escrito de Melilla. Las cosas han llegado en Melilla a este incalificable  extremo. En las normas del periodismo más elemental, se dice que para que algo sea publicable debe tener uno de estos dos requisitos: «calidad de la noticia o calidad de la persona». Un ex presidente de Melilla, debería tener derecho a que se publique una carta suya. En El Alminar hemos dicho que le daremos voz a los que no la tienen, o se la quitan, como es el caso. Por este motivo incluimos la carta de Ignacio Velázquez.

Pasando por el Arco Iris


                   

       Siempre hay solicitudes para  pasar por debajo de algún arco, o por un aro. Muchas instituciones, la sociedad, otras personas; nos han  solicitado que pasemos  por algún aro, o por debajo de algún arco de triunfo?. Ya lo decía el poema:  » A la gente no gusta que uno tenga su propia fe». Son muchos lo que no se arriesgan a caminar solos, sin la protección que otorga el rebaño, la creencia ciega y aciaga. Caminar contra corriente no suele ser prudente y más si se escribe de modo público, ante el mundo entero, delante de todo aquel que quiera leernos. Mirar en donde otros han mirado y ver lo que otros no han visto, o no han querido ver.  

                      Yo escogí este camino siempre, hace muchos años ( no siempre con el mismo tino y acierto),  allá por 1990, cuando empecé a escribir  en los periódicos de Melilla.  Inmediatamente quedé fuera de cualquier nomenclatura, y en aquella época uno se enfrentaba al «rodillo socialista», que no era ninguna tontería. Hoy estamos frente a «la marea azul».  A lo largo de los años uno va encontrando su lugar, su estilo. Se van corrigiendo errores, puliendo defectos y sobre todo, se va tallando el estilo, la forma de escribir, que es con la que expresamos lo que queremos decir y mostrando aquello que no decimos, pero que también se manifiesta.

                    Parte de mi producción está perdida en el mundo opaco anterior a internet, porque eso también existió, aunque hoy no resulte  difícil imaginar un mundo sin la comunicación total e inmediata que supone internet. 

                    Nunca había visto un Arco Iris en el mar. Fue un regalo visual, una de esas imágenes que a veces nos concede la naturaleza. En el mar no existen los obstaculos que interrumpan la visualización de un fenómeno así. Todo es diáfano  en la circunferencia que nos rodea. Es el máximo campo de visión posible.  La curvatura terrestre (esa que descubrieron los griegos y que el occidente civilizado  y la santa Iglesia tardaron 15 siglos en admitir), concede en el mar la visión  de la mayor  superficie terrestre posible, aunque parezca una antinomia decir que se ve superficie terrrestre en el mar .  Ocurre que en el mar, no hay nada que ver salvo agua. Aunque en este caso no.  Apareció un inmenso e intenso Arco Iris. Luminoso, pleno, gratificante. Y tal y como lo vi, lo comparto en el blog, que eso es también El Alminar.   Por debajo de algunos arcos no importa pasar.

La desaparición del Hospital Militar


           El viejo y clásico perfil del Hospital Militar de Melilla está a punto de desaparecer,  aunque como hospital  dejara de funcionar hace ya unos años. Su entrada era un vinculo a la vieja Melilla que desaparece día a día. En poco menos de dos años, un hospital moderno cubrirá las necesidades de los melillenses para todo el siglo XXI. Sin embargo, con la eliminación de esta entrada desaparecerá también una parte de nuestros recuerdos. El Hospital Militar Fidel Pagés fue fundado durante la campaña bélica del año 1909, utilizándose un modelo de pabellones conocidos como Docker y Hospitalier. Por este motivo, muchos melillenses lo seguían llamando Hospital del Docker.

   Generaciones de melillenses y soldados de todas las provincias españolas han pasado por sus dependencias a lo largo de sus cien años de historia. Una historia que está a punto de concluir fisicamente. En estos días, los ingenieros topógrafos estan procediendo a las mediciones necesarias, para proceder a su derribo y explanación. Una entrada completamente distinta, un helipuerto y otras dependencias, sustituirán a esta emblemática entrada, presidida por la Cruz de Malta, en su versión blanca sobre fondo negro, divisa que corresponde a los Hospitalarios.

       Su actual nombre, que esperemos que no desaparezca completamente, corresponde al médico militar Fidel Pagés, muerto en accidente de tráfico en 1923, que ejerciera aquí parte de su carrera y profesión. En cierta época, se le consideró como uno de los precursores de la anestesia epidural, y era una figura muy venerada por el también médico y militar, Ignacio Velázquez Rivera, ex presidente autonómico de Melilla, que también desempeñó parte de su profesión en este hospital.

         Mucha historia de Melilla, mucha vida, mucho dolor, mucha alegría y también mucha pena, quedará en la bruma de la historia y de los recuerdos, cuando esta legendaria puerta desaparezca de la faz de Melilla.

Elecciones transparentes


        Si en algo me he acostumbrado a mi trabajo, además del gusto por las estadísticas, es a  la transparencia en los procesos electorales. Por eso, cuando acudí el pasado día 25 de marzo a la Iglesia de La Purísima, para participar en el proceso electoral de La Congregación, me quedé helado al comprobar que la cabina de votaciones no existía, que se estaba obligado a coger las papeletas prácticamente delante de todo el mundo. El otro detalle que activó mi alarma fue que no existía sobre en donde meter la papeleta, con lo cual, pese a que doblé cuatro veces la papeleta de mi voto, tuve  la sensación de que no servía de nada.

            El detalle de la papeleta transparente era muy fino, porque aunque se doblase por la mitad, tampoco se escondía la intención de voto, como puede comprobarse en la fotografía. Todo era transparente, aunque yo creía hasta ese momento, que la transparencia electoral era otra cosa. Una cosa es no tener secretos ante Dios y otrra carecer de ellos ante los hombres y mujeres.

            El cuarto detalle (ausencia de cabina, ausencia de sobre y papeleta transparente), era que prácticamente toda la Mesa Electoral, o parte de ella,  formaba parte de una de las candidaturas presentadas. En lo que no me fijé fue en el sistema de señales, por si fallaba el asunto de las papeletas transparentes. No es buscar defectos, o ir a perseguir el error, es simplemente que de cosas así, dependen claramente un resultado electoral. Reitero que hay al menos 4 motivos para impugnar esas elecciones. La victoria se produjo solo por nueve votos. Ya me lo advirtió mi cuñado Manolo: Tú en una cofradía, no duras ni una levantá.

Semana Santa 2012 en Melilla


         

 

                        Ayer empezó la evacuación de la ciudad con destino a todos los puntos imaginables de la península y de Marruecos, tras iniciarse las vacaciones de Semana Santa en los colegios de Melilla. Durante el fin de semana se seguirá evacuando la ciudad de modo ordenado, por parte de trabajadores privados  y estatales. En unos días la ciudad quedará casi desierta, prácticamente con el personal de guardia. Esta es la idiosincracia de Melilla y también el gran cruz de nuestra Semana Santa. Hay que buscar un modelo de Semana adaptado a las especiales circunstancias de nuestra ciudad, más pequeño, más concentrado y a la vez más intenso. Solo así podrá sobrevivir esta tradición religiosa de la población cristiana de Melilla, que no es toda la bautizada.

         Una casualidad santa, provocó que ayer El Alminar dispusiera del bonito, cuidado y probablemente caro programa semanosantero melillense. En esta edición han participado todas las cofradías de Melilla, muchos particulares, el eclesiólogo José Luis Blasco, Carlos Rubiales, poetas de Melilla del Sindicato Nacional de Escritores,  y el Grupo Photowalk Melilla. Digo una causalidad santa, porque el programa ha sido  puesto en circulación muy tarde, y también por que a pesar de haber hecho «pasillo» en los arrabales de la nomennclatura, en el kiosco de Turismo frente al Casino Militar, en los aledaños de la Vicaría Episcopal, y de casi mendigar a particulares vinculados a las cofradías, no pude hacerme con él.

             Ya me había olvidado del programa, había renunciado a hacerme con un ejemplar, cuando alguien que en modo alguno esperaba, y que nunca había identificado como católico practicante, puso en mis manos un ejemplar del Programa Oficial de la Semana Santa de Melilla. Sé que la nomenclatura lo recibe mediante el envío de sobres personales e individuales. No es algo que me importe. Yo solo quiero disponer de un ejemplar en lugares concretos y en las colas en donde los que pertenecemos al  pueblo llano,  obtenemos las cosas. Como idea apuntar a que para próximos años, se confeccionen unos programas pequeños, de mano, y que se repartan día a día, con los itinerarios, los horarios y la composición de las procesiones .

Estación, plaza de culturas y cintas de churros


          

                El antiguo edificio de la estación de autobuses le daba un aire singular a esta plaza, aunque se fue desmontando a lo largo de los años. En lo que quedaba de él,  existían cuatro establecimientos comerciales muy característicos, de los que dijeron que se quedarían allí. El parking público era absolutamente necesario y la plaza se ha convertido en un lugar de encuentro de los melillenses, en un lugar en donde se puede estar sin la invasión de los coches. A día de hoy sigo pensando que se podría haber mantenido este edificio, pero eso ya no es el caso, porque se buscaba asegurar la visibilidad de Melilla La Vieja.

           Justo al lado del  edificio del Hotel Anfora, en lo que era el fuerte de San Miguel, se va a construir el Centro Tecnológico y hay que construir un vial de acceso al tráfico rodado. Lo van a tener difícil porque allí hay restos de las fortificaciones del siglo XVII y aunque las catas arqueológicas no han dado resultados positivos, nunca se puede estar seguro de que no aparezca algo inesperado, aunque tampoco quiero hablar de eso en este momento.

          Me interesa solo la churrería, de la que ya hemos hablado en El Alminar. Una churrería que debería haber vuelto a la plaza, pero que en una decisión incalificable, fue relegada y postergada. Hoy están en medio de una zona de obras, y me consta que quieren hacer ( la Consejería de Fomento), un nuevo apaño. Quieren dejarla en ese lugar, entre grúas, hormigoneras y camiones de obras subiendo y bajando por las inmediaciones, lo que es un auténtico despropósito, cuando lo que debieron hacer en su momento es darle el local que les correspondía en la plaza de Las Culturas, de la que dejaron fuera a una cultura concreta, a la de los churros me refiero.

        Alguien tomó hace diez años la decisión de dejar fuera de esta plaza a la churrería, y desde entonces nadie se ha molestado en explicar el por qué, ni se han puesto los papeles encima de la mesa. Una decisión injusta se puede enmascarar bajo una maraña de vericuetos administrativos, para que la decisión tomada, siendo   igualmente injusta, sea perfectamente legal, salvo que los Tribunales de Justicia dictaminen otra cosa. ¿Qué van a hacer ahora, repararán el daño hecho, tienen realmente la intención de tomar ahora una decisión correcta?.

            El aspecto interno y externo de la churrería  es lamentable, mientras que los negocios instalados en La Plaza están progresando de modo evidente. Han hecho un daño claro a uno de los establecimientos más representativos del centro de Melilla. Tendrán que decidir algo en un tiempo muy breve. Las obras han empezado y la situación actual no se puede mantener más tiempo. Cinco familias dependen de la actividad de ese local.

        Nota:  https://elalminardemelilla.com/2012/01/09/la-churreria-olvidada/