Aparcar sin miramientos


   En la mañana de ayer día 21 de diciembre, alguien creyó haber encontrado el aparcamiento de su vida, y sin consideración alguna, sin miramientos de ningún tipo, sin la más mínima voluntad de respeto hacia el resto de los conductores, dejó allí aparcado el coche y se marchó a realizar gestiones, compras o lo que sea. El caso es que cegó completamente el carril de circulación en la plaza de los Héroes de España (la nacional). Llegó la COA, el autobús urbano de Melilla y el atasco monumental. Dos COAs, una detrás de otra, tuvieron que hacer una complicada maniobra marcha atrás y salir en dirección contraria hacia La Avenida, tomando el escape de la calle de Justo Sancho-Miñano.

        Ese aparcamiento fue un acto bárbaro. Hay una minoría que no respeta nada, que aparca como y donde quiere. A la que no le importa dejarte encerrado  el coche, utilizar el espacio de dos aparcamientos o aparcar los vehículos en sentido contrario. Se creen más listos que nadie. Casi todos nos molestamos en buscar aparcamiento en condiciones, en dar vueltas y más vueltas hasta encontrarlo y llegado el caso, procurar dejar el espacio suficiente para facilitar las maniobras. Algunos no, y contra esa minoría hay que ir de modo contundente.

     Estas navidades  tanto la Policía Local,  como los Agentes de Movilidad, están siendo bastante tolerantes. Hay zonas que no son específicamente de aparcamiento, pero en las que se permite hacerlo, porque no se interrumpe el tráfico, ni se dificulta maniobra alguna. Sin embargo, hay una minoría, que acaban estropeando las cosas para todos. Esto que he presenciado, ha sido incalificable, por eso lo coloco en vandalismo urbano, ni siquiera en foto denuncia.

El hombre del reciclado


         Prometimos contar historias diferentes y lo hemos hecho. Dijimos que hablaríamos de aquellos que nadie habla, y en la medida de lo posible, lo hemos hecho. La realidad impone muchas veces sus exigencias y nos aparta del camino inicialmente marcado, pero intentamos no olvidarnos de  nadie, ni de nada.

          Francisco Varea, Paco, es el hombre del reciclado. Lo encontré el pasado mes de mayo en plena campaña electoral municipal. Se iniciaba la campaña para la separación de aceite usado, el de la comida, que no el de los coches. Informaba de que los envases de aceite de cocina deberían ser depositados en el bidón de color naranja y para ello, además del folleto, regalaba un embudo. Aparte del hombre del reciclado, es también el hombre de los regalos. Hace unos días lo volví a ver, y esta vez me regaló un bolsa verde, en la que colocar los envases de cristal para bajarlos ya separados a los contenedores de basura, a los de color verde, el de los envases de cristal.

           Debemos concienciarnos para separar la mayor parte de basura posible. No tirar el aceite de cocina al desagüe. Separar el papel y el cartón y llevarlo al contenedor azul y el vidrio al contenedor verde. Paco Varea, el reciclador, nos espera en la puerta de los mercados municipales, o en la puerta de algunos hipermercado, para recordarnos incansablemente, la necesidad de colaborar en la separación de las basuras. También nos espera con sus regalos.

Los lanceros de Estopiñán


                     Rey en Castilla y Alcalde en Melilla

    Melilla, la ciudad del paro (25%) y de la pobreza (30%), tiene dinero para gastarse 20 millones de las antiguas pesetas (114.000€), en dos lanceros, que más parecen procedentes  del «planeta de los simios» o una versión militarizada del Sancho Panza de la plaza de Menéndez Pelayo. Es incomprensible, inadmisible e injustificable, que además se califiquen estas esculturas como baratas. La justificación es insólita. Nadie está haciendo cosas así, o al menos, si se están haciendo, no de una forma tan descarada.

     Además de lo injustificado del gasto, está la insistencia en la versión falsa de la historia de Melilla. Se les llama defensores de la Melilla de Estopiñán, pero para defender algo, hay que conquistarlo primero y luego, claro está, mantenerlo a sangre y fuego, porque esa ha sido la historia de Melilla durante «la larga noche de los 400 años«.  Esta versión ni es la historia de  Melilla, ni tampoco su memoria, como máximo puede ser «el delirio de grandeza». 

      Melilla, durante 400 años fue un presidio, un lugar de pesadilla, en donde cientos y cientos de presos y de desterrados españoles, perdieron la vida defendiendo sus murallas, o realizando las labores más miserables y arriesgadas. Era un  lugar tan infernal, que muchos presos preferían la incierta aventura de la fuga, con la clara posibilidad de la muerte o la de acabar convertidos en esclavos de los rifeños, antes que mantenerse en la ciudad como prisioneros. 

         En cuanto al resto de la guarnición y los hombres libres, la vida fue tan miserable y penosa, que en algún momento se conspiró para rendir la plaza al enemigo. Homenajear todo eso o idealizar aquel infierno es un despropósito histórico, pero en cualquier caso, eso ahora no importa, salvo dejarlo señalado.

      Lo que asombra en una ciudad, en un país,  en que  la pobreza y el paro campan a sus anchas, es que alguien califique ese gasto injustificado, en el peor momento de la crisis,  como barato. Parece que para algunos, 20 millones de pesetas, ya no es nada.

    Nota: Desde hoy ya no está Zapatero para achacarle todos los males.

Terrazas contra aparcamientos


               

               La instalación de una terraza frente al Teatro Kursaal, llevará aparejada la pérdida de tres aparcamientos en el centro de Melilla. Habrá quien piense que tres no son muchas plazas, pero si vamos sumando las pérdidas por pasos de cebra excesivamente grandes, por los gigantescos chaflanes en algunas calles del centro, por la instalación de contenedores soterrados, y por la mala situación de los contenedores de vidrio y papel, o por la gente que aparca mal e invade dos plazas de aparcamientos, tenemos una situación que empeora día a día. Entre todos estos conceptos, creo que se ha perdido casi la media centena de plazas de aparcamientos en el centro de la ciudad.

           No entiendo esta política de autorizar la instalación de terrazas en zonas de dominio público o a costa del dominio público. Si se trata de burlar la Ley Antitabaco, me parece todavía peor, porque al final el humo del tabaco también acaba entrando en la cafetería. Cada uno tiene el local que tiene, y estas «ampliaciones» sui géneris, se hacen en perjuicio del ciudadano y de su espacio. No está el Centro de Melilla para perder más y más aparcamientos.

             Es una lucha soterrada del Ayuntamiento de Melilla contra la Ley antitabaco del presidente Zapatero, que apoyó Mariano Rajoy y que no va a derogar.

El mérito del obispo emérito Ramón Buxarrais


           Periodista Digital recoge una noticia de El Alminar

        La prestigiosa publicación digital: Periodista Digital, que dirige Alfonso Rojo, ha recogido en su no menos conocido suplemento Religión Digital, una noticia relacionada con Ramón Buxarrais, publicada en El Alminar de Melilla en días pasados.

    En la noticia se daba cuenta de que el obispo emérito de Málaga monseñor Buxarrais, se ha hecho cargo de la misa diaria de la capilla del Centro Asistencial de Melilla y que además, la oficia de modo abierto para el público la feligresía cristiana de Melilla y para los residentes en el  Centro de Caridad .

    Tiene un mérito indudable, pues se trata de un hombre de 82 años (cumplidos el pasado día 12) y que además la oficia en completa soledad. Carece de asistentes y de acólitos que le ayuden en las tareas propias del oficio religiosoL as monjas abandonaron el Centro Asitencial el pasado día 27 de noviembre, y ya carece de cualquier apoyo religioso. Podría no hacerlo, pero monseñor Buxarrais ha decidido llevarlo a cabo, como sacrificio personal y como ejemplo de entrega a su labor sacerdotal. Se le ve cansado y moviéndose con ciertas dificultades.

         No hay gloria sin sacrificio, ni virtud sin pecado y de todos es sabido, que Dios templa las almas de quienes han decidido servirle, en el crisol de las adversidades, pero la prueba más dura de todas es la soledad y ahora, aunque acompañado por todos/as los/as internas del Centro y por los trabajadores, ya se encuentra solo en su labor religiosa y pastoral. Es un ejemplo inmenso para quien en 1991, renunció a la dignidad episcopal activa y a todo lo que ello conlleva.

         Es muy importante que Religión Digital, apartado que dirige el muy conocido José Manuel Vidal, se haya hecho eco de esta noticia, porque hay sacrificios y luchas que no deben pasar desapercibidas y que merecen ser conocidos y reconocidos, aunque él no busque eso.

Nota: http://www.periodistadigital.com/religion/diocesis/2011/12/19/religion-iglesia-misa-obispo-buxarrais-emerito-melilla-capilla.shtml

El túnel de todos los atascos


          Un año después, se ha demostrado como inservible  

            La obra del Túnel de Alfonso XIII se presentó como la mayor obra de ingeniería civil desde el túnel de Canal de La Macha que une Francia con Inglaterra, sin embargo, por debajo de la propaganda con la que se inundó al ciudadano existía la sensación de que algo no les había salido según lo previsto. El túnel de Alfonso XIII ha resultado ser una obra técnicamente muy poco atrevida y lo lógico hubiese sido que tuviese un ramal hacia la barriada Ciudad de Málaga, porque la eliminación de ese acceso ha resultado incómoda y un error que ahora hay que rectificar.
El túnel es demasiado estrecho, motivo por el cual no pueden acceder al mismo,  ni los vehículos pesados, ni lo que es más grave, los vehículos de emergencia de Bomberos, Ambulancias, o los de los diferentes tipos de los cuerpos policiales y de seguridad, ante el riesgo de quedar atrapados en un atasco y no poder cumplir con su imprescindible misión. A los vehículos de emergencias no se les puede poner obstáculos y este túnel ha resultado ser una barrera infranqueable.
Los partidos políticos de la oposición y algunos ciudadanos presentaron públicamente sus objeciones, unos en ruedas de prensa y otros en cartas y opiniones en los diferentes medios de comunicación de Melilla, pero estamos ante un Gobierno Local que nunca reconoce errores y que además descalifica a quien le critica y así el presidente Imbroda llamó “indocumentados” a los que criticaron el resultado final del túnel.
La realidad se impone sobre los hechos y lo que no se ha estudiado todavía es si la eliminación de atascos y retenciones en la zona, algo que realmente se ha producido, se debe al soterramiento parcial de un carril de circulación o ha sido como consecuencia de la desaparición de los semáforos y la realización de la desproporcionada rotonda en superficie.
Mi opinión es que la descongestión del tráfico se ha producido por la desaparición de los semáforos y la regulación en superficie que produce la rotonda, pero, claro, mantener esta tesis supone que estamos ante un nuevo despilfarro económico y una inversión exagerada, 5 millones de euros, para un resultado técnico tan pobre.
Los túneles tienen preferencia de salida salvo en Melilla, que desemboca directamente en una rotonda con obligación de ceder el paso. Si se quiere acceder a esta barriada, hay que subir hasta la rotonda de Lo Güeno, bajar y realizar un giro al límite hacia el antiguo acceso al barrio, junto a la Torre Picasso, donde los carriles en superficie son demasiado estrechos y camiones y autobuses casi rozan con las barandillas protectoras del túnel.

     Los atascos se suceden en las horas punta. El mal diseño de los pasos de cebra y de la rotonda, provocan atascos en todos los ramales afluentes a la rotonda en superficie. La salida del túnel está colapsado y la rotonda de Lo Güeno, entorpece la salida del mismo.

       Con la regulación en superficie y la eliminación de semáforos, hubiese bastado. Con menos de una quinta parte de lo gastado, se hubiese obtenido casi el mismo resultado. La clave ha sido eliminar los semáforos.

Las caleras de Melilla


Últimos restos de la industria de la cal,  en Melilla

  En diciembre de 2010 encontré este resto de una antigua calera en la calle Arroyo de Mª Cristina. Fue una sorpresa, porque no pensaba que quedasen restos de este tipo de industria. La verdad es que toda esta zona guarda nombres relacionados con canteras o con caleras, aunque se tiende a hacer desaparecer cualquier nombre con significado en Melilla. Hasta ese momento, desconocía el alcance del desaparecido sector industrial de Melilla, y que surgió tras los acuerdos con Marruecos en 1860. Casi toda Melilla desconoce estos aspectos de su pasado, porque casi nadie se ha encargado de conservar estos restos, o  de censar estas actividades, o si quiera de mencionarlas, en los libros «oficiales» de la supuesta historia de Melilla.

         Al menos en la pesca sí se ha hecho y se han fijado los nombres de los barcos de la flota pesquera, e incluso dicen que se prepara un libro relacionado con la historia de las familias de pescadores. Tienen que ser los propios interesados los que se encarguen de reconstruir p de salvar su propia historia, porque si no, nadie se interesará por ello.

         El caso es que en mis archivos tenía las fotos de la calera, pero no sabía como enfocarlo, por carecer de cualquier tipo de información al respecto. Sin embargo, y guiado sabe Dios por qué mano, me encontré con este artículo del empresario e interesado por temas culturales, Ginés Adán Avila, que resolvía todos mi problemas y que además, estaba ilustrado con la misma fotografía.

           Lo más sorprendente es que el artículo es de hace exactamente 20 años y el autor, se quejaba de exactamente las mismas cosas que yo, en síntesis, de que no hay el más mínimo interés por conservar estos restos del pasado industrial de Melilla. Con la «reaparición» del artículo resuelvo dos cosas. Publico las fotos de la caleras y rescato un artículo sepultado por el olvido.

          Nota: El artículo menciona una cosa interesante y es que esa zona de canteras y de caleras, podían estar  en uso desde mucho tiempo antes, quizaá desde época romana y árabe, que eran maestros en el uso de estos materiales. Sería una zona interesante para realizar excavaciones o documentar ciertos aspectos del pasado de Melilla