Colapso en las fronteras


                   Melilla tiene fronteras y límites. Nos quedamos sin comunicaciones aéreas con Granada y Almería. Las fronteras de la ciudad están colapsadas por la actividad del «comercio atípico». La situación del ciudadano melillenses es la de estar encerrado en una jaula. Hoy no se podía acceder a la carretera de circunvalación en su trama de Farhana a Mariguari. Normalmente hay un carril reservado a los vehículos que transportan mercancías a Marruecos. No hay nada señalizado, ni  en condiciones ni sin ellas. Esta mañana la fila era triple y el bloqueo total. El llamado transporte público o COA, no podía pasar de este punto.

                      No hay un tránsito aceptable ni siquiera por motivos de ocio. Es imposible salir de la ciudad con normalidad. Estamos cada vez más aislados de nuestro entorno. Si nadie da cuenta de esto, no existe.

                       También hay que mencionar la desesperación que supone esta situación para quien este tipo de comercio es su medio de vida, y la tensión para los funcionarios de la Seguridad del Estado, que deben poner orden en semejante caos.

Observatorio de Calar Alto


               Son las últimas imágenes del año 2016, que se enlazan sin solución de continuidad con el año nuevo 2017. Nada se interrumpe, todo continua. Las montañas parecen surgir entre la nubes, intentando abrirse paso. Se trata de la montaña de Calar Alto, en la Sierra de Los Filabres, en Almería. Allí, a 2168 metros de altitud, se encuentra el Observatorio Astronómico Hispano-Alemán de Calar Alto, en el pico más alto de la Sierra homónima.

               La interminable sucesión y combinación de azules, unos del cielo, de las nubes o de las mismas montañas,  resultan adecuados para enlazar el año ya pasado, con el que acaba de iniciarse. Resulta un símil adecuado con respecto al Alminar, que también es un observatorio. Hay que elevarse, alejarse, para observar todo con mayor precisión.

               Se trata de una visión relajante, en un lugar alejado y aislado, en donde siempre se está observando. El pasado y el futuro siempre se unen en ese tiempo al que llamamos presente. Nada se detiene. Estamos frente a Sierra Nevada, las montañas que se ven en días claros desde el Rif, en donde se encuentra el pico más alto de la península Ibérica, el Mulhacén.

        Nota:http://www.caha.es/

El mundo desde el cielo


          ¿A qué se asemejan las nubes?. La respuesta clásica es compararlas con el algodón, pero en el último viaje, tras escrutarlas con atención, creo que se asemejan a las zonas polares, con sus glaciares y las distintas alturas y niveles de la nieve. Todo está lleno de paradojas. Por muy nublado que esté el día, en los aviones siempre hay Sol. Un mismo día es distinto dependiendo de la posición del observador. Lo hemos escrito en muchas ocasiones, pero rara vez se puede contemplar.

              El avión ya es un artículo de lujo en Melilla. Entrar y salir de la ciudad es una odisea. Cada vez hay menos vuelos y son más caros. Volveremos al barco, a la galera. No es que se prefiera, es que no quedará más opción. Retrocedemos y eso es un hecho comprobable. Hay que buscar soluciones y alternativas nuevas. Hay que mantener todas las líneas, recurriendo a las modificaciones legislativas que sean necesarias. Sin comunicación no hay desarrollo ni futuro.

            ¿Por qué no se limpias los cristales exteriores de los aviones, ni los interiores tampoco?. Es algo que me he preguntado muchas veces. Cuando toca el asiento de la ventana se pueden observar muchas cosas. A veces es necesario tomar una distancia grande sobre los acontecimientos u objetos que vemos a diario, para poder analizarlos en su totalidad, e incluso para poder comprenderlos.

                    Esta entrada estaba prevista para  mucho antes, pero  en el mes de diciembre nada está resultando según lo previsto.

Un brindis en Navidad


                         

                      Cuando el Presidente lo lee todo

   Desde que Charles Dickens escribiera su inmortal Cuento de Navidad, con los tres espíritus de las Navidades. Nadie quiere acabar su tiempo como Mr. Scrooge. En Navidad hay una mayor proclividad a saludarse, a dejar atrás diferencias personales. Aún así hay personas que no sienten empatía por casi nadie y otras con las que es imposible trabar relación alguna, aunque sea meramente formal.

    Hace mucho que sabemos en El Alminar, que el Presidente de la Ciudad lo lee todo, es la única manera de estar atento a la opinión de los ciudadanos, y paliar en alguna manera el mal de altura. Es una manera de no desvincularse de la realidad. Sin embargo, una cosa es intuir que ese todo incluye al propio Alminar y otra cosa que te lo diga él mismo. Juan José Imbroda es una persona que siempre saluda. No es un presidente lejano, pues lo puedes encontrar en cualquier lugar de la ciudad, incluida la playa o en el mercado navideño de la Plaza de las Culturas. Al finalizar el brindis con el que Irene Flores agasajó a todos los que fuimos al homenaje a Fernando Belmonte, Juan José Imbroda se me acercó y además de saludarme, me dijo: «Quiero que sepas que leo todo lo que escribes, y no lo digo por decir. Me gusta que busques siempre la historia de la ciudad. En especial, me gusta la última línea que estás siguiendo».

      Obviamente le agradecí tanto el saludo, como sus palabras. Luego, repuesto del asombro, ya pensé en el alcance de ese «todo». Todo es un absoluto, no deja nada fuera. Lo normal, en un alto cargo público, es que su equipo de asesores le filtre y seleccione lo publicado. En las altas esferas de gestión pública, hay muy poco tiempo libre. Todo quiere decir todo. Saber que el Presidente de la Ciudad pertenece a ese grupo de lectores atentos y silenciosos, que conocemos como «la comunidad del Alminar», es algo que llena de satisfacción, y además, que aparte de leer le guste. No es usual que una personalidad pública se manifieste de esta manera.

         Toda persona que escribe pretende, entre otras cosas, influir y contribuir a mejorar el entorno en el que vive. Aportando reflexiones y su particular punto de vista. Si toda esta inmensa actividad iniciada en mayo de 2011, es de alguna utilidad y ayuda a reflexionar, incluido al presidente de esta ciudad, entonces es que nuestro modesto objetivo se está cumpliendo.

La catedral de Sevilla


              Hagamos una obra tal, que los que la vean nos tengan por locos

    Para hacerse una idea de la colosalidad de la catedral de Sevilla, emplazada sobre el solar que ocupaba la mezquita, de la que sobrevive el también colosal alminar almohade conocido como La Giralda, hay que irse a un punto alejado, desde el que se puedan apreciar ambos. La fotografía está hecha desde el mirador de la Torre del Oro. Solo así puede apreciarse el enorme tamaño de  ambas edificaciones.

     La mezquita sobrevivió dos siglos a la conquista cristiana de 1248, pero en el inicio del siglo XV, el Cabildo de Sevilla insistió en la edificación de una catedral para el culto cristiano, que diese por finalizado el tiempo de la mezquita reutilizada. La historia no nos ha legado ninguna imagen de la mezquita de Sevilla, ni descripciones, de un edificio que rivalizaba con la mezquita de Córdoba. La nueva catedral se construyó entre 1403 y 1506. Sin embargo, el polo de rivalidad religiosa ya no sería con Córdoba, sino con la recién conquistada Málaga, 1487, que edificará una gran catedral, pero que no podrá concluir.

                          Grandes pecadores, grandes catedrales

         Este es un libro del italiano Cesare Marchi, publicado en 1988, en el que describía las principales catedrales europeas, y los motivos que llevaron a construirlas. Cuanto mayor fuese el deseo de expiación de los pecados, ya fuese individuales o colectivos, más voluminosa debería ser la obra a erigir. La catedral de Sevilla resulta una obra inmensa, de 116 x 76 metros, más el añadido de la Capilla Real, de otros 20 mts. Tiene cinco naves, 54 capillas y 80 altares. El el libro relata como otro italiano viajero, Edmundo de Amicis, escribe lo siguiente acerca de esta catedral: «Para describir como es debido este desmesurado edificio, habría que tener a mano una colección de todos los adjetivos más desaforados y de todas las más estrafalarias comparaciones que hayan brotado de las plumas de los hiperbolizantes de todas las procedencias, cada vez que les haya tocado describir algo prodigiosamente alto, monstruosamente ancho, espantosamente profundo, increíblemente grandioso..

El día después


The day after

           Solo queda la imagen de la desolación, de lo que sorprende. Es difícil describir lo que se siente y lo que se piensa sobre lo sucedido. No puede describirlo el que lo contempla, y no puede explicarlo quien lo ha perpetrado. Las imágenes transmiten por sí mismas y cada uno podrá pensar lo que quiera. Queda aquí para siempre, un antes y un después, con solo un año de diferencia. Los medios de comunicación de la ciudad, Melilla Hoy y Faro nos han dado espacio y «la fechoría» ha quedado también plasmada en la prensa. Se lo agradecemos a ambos.

      Así ya todo queda fijado. Durante esta semana nos hemos cruzado con decenas de personas en esta calle. Nadie decía nada, miraban los árboles y el ánimo quedaba preso de la incredulidad y del espanto. Las miradas se cruzaban y transmitían complicidad. Quien haya querido transmitir temor, no lo ha conseguido. Lo que sí han sembrado en muchos espíritus con esta acción, son sentimientos muy diferentes y  contrarios a lo pretendido. Esta acción y sus imágenes, les perseguirá siempre.

El agente naranja: 3, 2, 1


Los tres ficus del edificio de Correos

    El edificio de Correos tenía tres ficus frondosos, aunque en principio fueron cuatro. Esos tres ficus habían extendido sus ramas y sus hojas por toda la acera sobre la que se encuentran. Estaban en perfecto estado. Las ramas no alteraban ni suponían peligro para la fachada, ni las raíces para el suelo. No ensuciaban la acera y proporcionaban una sombra abundante en los meses de calor, que en Melilla son la mitad del año, desde mayo hasta octubre.

   La Consejería de Medio Ambiente, o herboricida, según se la catalogue por su denominación o por sus actos, resulta perjudicial para el arbolado de la ciudad, pues lo somete a constantes y agresivas podas, que no detiene en ningún momento del año. Cuando se fijan en una zona verde, en perfecto estado de conservación, la somete sin más a un agresivo desmochado. Al igual que en Corea del Norte, o cualquier otra democracia popular de ese estilo, no atienden a consejos ni recomendaciones. Les da igual que se presente una queja, una reclamación, o un bono bus. Ellos podan u ordenan podar. Envían a su agente naranja, disfrazado de motosierra y proceden a la devastación del árbol o árboles. El resultado de esta última acción, que estamos siguiendo día a día, lo veremos en los próximos años. Nadie volverá a ver estos árboles, tal cual los vimos hasta el domingo pasado.