La catedral de Sevilla


              Hagamos una obra tal, que los que la vean nos tengan por locos

    Para hacerse una idea de la colosalidad de la catedral de Sevilla, emplazada sobre el solar que ocupaba la mezquita, de la que sobrevive el también colosal alminar almohade conocido como La Giralda, hay que irse a un punto alejado, desde el que se puedan apreciar ambos. La fotografía está hecha desde el mirador de la Torre del Oro. Solo así puede apreciarse el enorme tamaño de  ambas edificaciones.

     La mezquita sobrevivió dos siglos a la conquista cristiana de 1248, pero en el inicio del siglo XV, el Cabildo de Sevilla insistió en la edificación de una catedral para el culto cristiano, que diese por finalizado el tiempo de la mezquita reutilizada. La historia no nos ha legado ninguna imagen de la mezquita de Sevilla, ni descripciones, de un edificio que rivalizaba con la mezquita de Córdoba. La nueva catedral se construyó entre 1403 y 1506. Sin embargo, el polo de rivalidad religiosa ya no sería con Córdoba, sino con la recién conquistada Málaga, 1487, que edificará una gran catedral, pero que no podrá concluir.

                          Grandes pecadores, grandes catedrales

         Este es un libro del italiano Cesare Marchi, publicado en 1988, en el que describía las principales catedrales europeas, y los motivos que llevaron a construirlas. Cuanto mayor fuese el deseo de expiación de los pecados, ya fuese individuales o colectivos, más voluminosa debería ser la obra a erigir. La catedral de Sevilla resulta una obra inmensa, de 116 x 76 metros, más el añadido de la Capilla Real, de otros 20 mts. Tiene cinco naves, 54 capillas y 80 altares. El el libro relata como otro italiano viajero, Edmundo de Amicis, escribe lo siguiente acerca de esta catedral: “Para describir como es debido este desmesurado edificio, habría que tener a mano una colección de todos los adjetivos más desaforados y de todas las más estrafalarias comparaciones que hayan brotado de las plumas de los hiperbolizantes de todas las procedencias, cada vez que les haya tocado describir algo prodigiosamente alto, monstruosamente ancho, espantosamente profundo, increíblemente grandioso..

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2 Respuestas a “La catedral de Sevilla

  1. Una entrada de evasión, frente al peso de la realidad.

  2. Creo haber estado alguna vez en el interior de ella. El recuerdo que guardo, a modo de visión fugaz, es el cuatro figuras que portan unas parihuelas a modo de catafalco, cerca de una de las naves de acceso. Y alguna referencia a la posible sepultura de Cristóbal Colón. Por lo demás, con el mayor respeto a los sevillanos, me quedo con el esbelto alminar de la mezquita.

Lo que se ha podado retoña; lo ahuyentado vuelve, lo extinguido se enciende; lo adormecido despierta otra vez. Poco es , pues, podar una sola vez; es necesario podar muchas veces, continuamente, si es posible.

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