El largo brazo de Rabat


 

                  La mayor afrenta a la historia de Melilla

      Se trata , se mire como se mire, de la mayor afrenta política a la historia de Melilla.  No es lo mismo que ciudadanos españoles y melillenses digan que no es oportuno conmemorar el 17 de septiembre, o que manifiesten dudas sobre si Estopiñán conquistó o no, la ciudad de Melilla en 1497, y otra muy distinta que activistas marroquíes de un comité para la liberación de las ciudades norteafricanas, se introduzcan en la ciudad, le sierren el brazo a la estatua de Pedro de Estopiñán, en el corazón de la ciudad vieja, y luego exhiban «la reliquia» por todo Marruecos, para befa y mofa de las autoridades españolas, que siguen sin reaccionar.

      Lo último que nos quedaba por ver, era el brazo en Rabat, capital del Estado de Marruecos, ofrecido como un estandarte al Ministro de Cultura marroquí, por los dos activista que han reivindicado la acción, el senador marroquí, ex residente en Melilla, Yahia Yahia y a Said Chramti, «el gigante».

    Si después de que el brazo de Estopiñán sea mostrado ante el mundo, en la capital marroquí, las autoridades españolas no reaccionan, de las melillenses ya no esperamos nada, entonces es que la burla y el escarnio es mayor del previsto, y el panorama más negro del que nos imaginamos.

      Se quedarán con el brazo en un museo marroquí, hasta el día en que puedan unirlo al resto de la estatua. Esa es su intención.

     Notas: http://blogs.elpais.com/orilla-sur/2012/12/la-provocacion-de-un-celebre-senador-de-marruecos-1.html.

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Día de La Constitución y del trabajo


 

        La clase política melillense conmemora hoy el día de La Constitución en la plaza de España con un acto Institucional. Después de esa dura jornada de trabajo, imagino que se producirán varios ágapes donde poder enjugar con vino y rosas, los sinsabores del trabajo político. A la vez que se produce esa imagen, que El Alminar no recogerá, esforzados trabajadores de las empresas contratadas por el municipio, desgranan con sus martillos hidráulicos las calles, para rebajar las aceras y hacer accesibles las mismas a las personas cono discapacidad. Es un contraste representativo y adecuado de lo que está pasando en Melilla, en otras comunidades, incluso  en El Estado. La falta de sintonía entre la gente y sus problemas, y la clase política,  es algo que ya pone de manifiesto todo el mundo. Sin embargo, la disociación entre clase política gobernante y pueblo es lo más parecido al abismo.

           Por supuesto que hay que celebrar el día de La Constitución, pero el gesto de poner una corona de flores frente a un monolito no sirve para nada, si no va acompañado de otros gestos, el más inexcusable es que el día sea festivo para el mayor número de trabajadores posibles, salvo en los centros de trabajo en donde se trabajas las 24 horas del día. Proseguir con el rebaje de aceras en un  día así,  no tiene sentido alguno, es absurdo. Existe el derecho al trabajo y también al descanso. Eso debería cuidarse, al menos desde la propia Administración

                  En Melilla, la clase política gobernante no ofrece nada, en el Día constitucional, a las clases populares y trabajadoras. Ni un sólo acto lúdico o festivo, o testimonial. Al menos, al igual que se invitan a las autoridades a los actos, y en esa lista no falta ni uno, se debería invitar, al menos por un día, a los colectivos desfavorecidos de la ciudad. Representación de los parados, de los alojados en albergues, de los inmigrantes, de asociaciones de barrios humildes. Eso sí, ellos se han gastado 30.000€ en comprar 55 Ipad, para ayudarse a desempeñar su duro trabajo, y no han reservado ni un solo euro para conmemorar La Constitución junto al pueblo. Nada de jornadas de visita al Palacio Municipal, al Salón de Plenos, al Salón Dorado, o una recepción del Presidente a una representación de los ciudadanos. Viven en su zona privada, de espaldas a la realidad, o volando por encima de ella.

La entropía en la ciudad


 

                  Los árboles que se elevan

     Cuando no existen nuevas ideas, ni un proyecto nuevo para una ciudad, entonces del cajón del que se echa mano es del de las ideas viejas ya fracasadas, y volverlas a poner en marcha para ver si vuelven a funcionar. Una de ellas es la de la peatonalización del centro de la ciudad y de algunas de sus calles. En su momento, cuando se intentó hacer, generó un fuerte rechazo entre los propios comerciantes, que incluso llegaron a crear una plataforma en contra del proyecto. Ahora parece que esos mismo comerciantes lo demandan. No hay manera de entender a Melilla, ciudad en la que se defiende con la misma virulencia, lo que 10 años después se condena, incluso con las mismas personas al frente.   Una de las calles «peatonalizadas» fue la de Severo Ochoa, que hoy presenta la característica singular de que algunos de los árboles se están elevando del suelo, casi arrancando los alcorques y creando nuevas oportunidades para tropezar en pleno centro comercial, abierto o cerrado, según la perspectiva desde la que se mire.

                           El aumento de la entropía en Melilla

        La entropía es un concepto físico que se ha extendido también al lenguaje cotidiano. Es una medida del orden o del desorden de un sistema determinado. Hay dos tipos de entropía, la reversible y la irreversible.  Una copa de cristal es un sistema ordenado de moléculas, que si se arroja al suelo estalla en mil pedazos, dando lugar a una situación de entropía irreversible. Todo sistema tiende hacia la entropía, y para frenar el continuo aumento del desorden, es necesario realizar un trabajo constante para frenarlo. Este tipo de entropía es reversible.

          Tal es el caso de las calles de una ciudad. Cuando se asfaltan, urbanizan e inauguran, suelen estar casi siempre en perfecto estado de orden, pero al cabo del tiempo, y por mil diversas causas, todo se empieza a desordenar, a ofrecer un aspecto descuidado. Hay que invertir trabajo, tiempo y dinero para hacer volver todo al estado inicial. Si ese trabajo no se realiza de modo constante, entonces la entropía se adueña de todo y consigue hacer parecer viejo, lo nuevo. Este sucede en un sistema físico, en una ciudad, en la propia vida personal o incluso en nuestra propia casa.  El inexorable avance de la entropía es una constante universal.

La fuente que mana y corre


             La Consejería repone la grifería de  Explanada de Camellos

          Sólo han pasado dos días desde la entrada anterior , y los cinco grifos de la fuente de la Explanada de Camellos ya han sido repuestos. Es sorprendente y desde El Alminar nos congratulamos por ello, y si la Consejería de Medio Ambiente ha rectificado su anterior decisión la felicitamos por ello, aun cuando esto no quiere decir que estén dando marcha atrás en sus planes. La crítica ciudadana, la labor de vigilancia da sus frutos.

           No es fácil estar aquí, en esta misión auto impuesta, la de estar frente al Poder y sus abusos, protegiendo a los desamparados, dando voz a los que no la tienen. No gozamos de ninguna estructura de protección, aunque sí vamos tejiendo una urdimbre distinta, día a día, que no se ve pero que se consolida. Amigos,  colaboradores, lectores, personas que no conoceremos nunca, gente que saluda por la calle.  Es algo que se nota, que se percibe, y es que El Alminar ya ofrece una sensación de amparo.

             No podemos estar aquí todos los días, escribir se hace a veces muy cuesta arriba, resistir no es una labor fácil. Hay que tener un objetivo, una disciplina interna, una fe laica,  en lo que se está haciendo. A menudo no se percibe nada, no se ven consecuencias visibles de lo que se hace, sin embargo, hay una fuerza interior que nos mantiene en este lugar y de este modo.

              Hoy, en nuestro camino en busca de las fuentes de donde brota el agua, en nuestro particular viaje hacia el corazón de las tinieblas, hemos llegado a la más alta fuente de Melilla, o el punto habitado más elevado de nuestra ciudad. Nunca dejamos nada abandonado, ni olvidado. Es la fuente del barrio de Cabrerizas, la que se encuentra frente al acuartelamiento del Tercio Gran Capitán, 1º de La legión.  Faltaba un grifo y alguien que estaba allí, nos dijo que llevaba mucho tiempo en esa situación. Por las tardes, es una de las fuentes más activas de la ciudad.

Los garraferos de Melilla


 

        Los pobres son pobres, no admiten ninguna otra definición ni eufemismo. En argentina, los garraferos son los vendedores de garrafas de gas.  No se me ocurre otra palabra más adecuada para describir  esta particular y específica actividad económica de subsistencia, visible solo en Melilla. Dentro del amplio mundo de personas que subsisten en nuestra ciudad con la actividad de rebuscar entre la basura, el garrafero es uno de los grupos más característicos. Suelen dedicarse solo a eso, para lo que precisna recorrer varios kilómetros diarios de modo constante e incansable. No conozco qué cantidad de garrafas de agua son necsesarias para alcanzar la cantidad que le asegure la subsistencia. El paso siguiente es la venta directa de las garrafas, bien a un intermediario o transportista, que las introduzca en Marruecos, aunque sí he podido ver como muchas de ellas se venden en los zocos o se llevan directamente a los pueblos en donde es necesario almacenar agua. En muchos pueblos de la zona norte marroquí, no existe el aguan corriente, lujo de los países desarrollados, por lo que se hace necesario almacenarla. Un trabajo propio de mujeres y de niños, es el de ir en los burros hasta los manantiales con las garrafas vacías, y volver con ellas llenas.  Las  garrafas de transporte son más grandes y estas pequeñas son en las que luego se distribuye el agua. En el pueblo marroquí en donde tuvimos una casa de campo, como muchos melillenses, toda garrafa que se llevase era bien recibida.

          Esta actividad de los garraferos, libra a nuestra ciudad de muchísimas toneladas de residuos plásticos. Yo suelo entregarlas en la mano cuando hay un garrafero cerca del contenedor, o las aparto para que sean luego recogidas. Este acto ya será sancionado con el nuevo reglamento de la Consejería de Medio Ambiente de Melilla.  Lo que me produce curiosidad, es pensar en donde almacenará la Consejería Medioambiental el material reciclable incautado,  si se deciden a aplicar el Reglamento recién aprobado, que penaliza la actividad de las personas no autorizadas para la recogida de residuos urbanos (garraferos), que procederá también a la incautación del residuo reciclable y a la sanción del que de en la mano la garrafa de agua.

           Por alguna razón que no llego a comprender, este tipo de actividad despierta mucha inquina en algunos sectores de Melilla.

La tempestad y la calma en Melilla


      La bahía de Melilla esta formada por dos puertos, uno el español y  otro el marroquí. Al igual que la imagen de un río, es muy cambiante según las circunstancias. Los temporales de levante ofrecen imágenes muy inquietantes.  En la actualidad, parte de la bolsa de inmigración centro africana que espera en los campamentos del Gurugú, entra en la ciudad por la bahía. Melilla no tiene aguas territoriales, pues en los Tratados de Wad Rass nadie pensó en esa posibilididad. Melilla solo quería tierra y ese obtuvo. En aquellas fechas nadie pensó en la posibilidad futura de la independencia de Marruecos. No sé ahora en que momento se inició el movimiento político de las aguas territoriales y en todas esas delimitaciones que nos han traído y traen  de cabeza en los acuerdos pesqueros, o en las inmediaciones de Gibraltar. Es el exceso de regulación el que crea los problemas y no al revés.

          El pasado miércoles, tras las tensiones inmigratorias de las últimas semanas, parece haber vuelto la calma a nuestras aguas y cielos compartidos. Han dejado de oírse los helicópteros  y una fragata de de las Fuerzas Armadas de Marruecos salía plácidamente del puerto de Beni Enzar, atravesaba la linea demarcada por los dos faros y se disponía calmadamente a recorrer las aguas jurisdiccionales marroquíes en busca de pateras o lanchones llenos de inmigrantes. Tempestad y calma se alternarán siempre en nuestra ciudad. Aquí todo es muy visible, muy nítido, a veces.

Las aceras sumergidas


                      El tiempo no se detiene ante nada, ni la vida tampoco.  La climatología avisa en todos los lugares del mundo. La Atlántida se sumergió bajo las aguas hace mucho. Cualquier obra humana, por muy grande que sea, es vulnerable ante los rigores del clima. Cuanto peor esté hecha una cosa, las consecuencias serán mayores. La diferencia de lo sucedido en el terremoto de Japón y el de Haití es notoria, este último país está hundido para muchos decenios y el primero sigue en pie. La naturaleza siempre se abre paso. Muchas de las consecuencias de las últimas inundaciones  en el sur de España, se deben a haber habilitado antiguas ramblas fluviales como zonas habitables, o autorizar la construcción junto a los antiguos cauces. Cuando llegan las inundaciones nada resiste.

        Cuanta ahora, que las tremendas consecuencias del terremoto de Lorca, se agravaron por la sobreexplotación de los acuíferos. Las ciudades se construyen encima, y aumenta el peso de la zona. Los acuíferos se secan y al final el suelo queda sustentado sobre inmensas bóvedas huecas, que ofrecen menos resistencia a las fracturas que provoca un terremoto. Cierto o no cierto, el caso es que cada vez con menos, pasa más. Poco se sabe todavía de las consecuencias que la acción humana está teniendo sobre el planeta, y cuando se sepa, ya será tarde. Algunos y no son pocos, y muy entendidos, niegan la realidad del cambio climático.

               Esta tarde he caminado sobre las aguas, mejor, sobre aceras sumergidas. He visto el agua correr airosa sobre lo que eran sus antiguos cauces, los del barrio del Real. Calzadas anegadas, pasos rebajados para discapacitados convertidos en improvisados pantanos. Arquetas que no podían aliviar  tanta agua. Lo de hoy solo era un pequeña prueba para nuestras renovadas infraestructuras urbanas. El decorado impermeabilizado del Parque Forestal, reparte el agua por todo el barrio del Real. Antaño ese suelo agrícola, absorbía  toda el agua.