La tempestad y la calma en Melilla


      La bahía de Melilla esta formada por dos puertos, uno el español y  otro el marroquí. Al igual que la imagen de un río, es muy cambiante según las circunstancias. Los temporales de levante ofrecen imágenes muy inquietantes.  En la actualidad, parte de la bolsa de inmigración centro africana que espera en los campamentos del Gurugú, entra en la ciudad por la bahía. Melilla no tiene aguas territoriales, pues en los Tratados de Wad Rass nadie pensó en esa posibilididad. Melilla solo quería tierra y ese obtuvo. En aquellas fechas nadie pensó en la posibilidad futura de la independencia de Marruecos. No sé ahora en que momento se inició el movimiento político de las aguas territoriales y en todas esas delimitaciones que nos han traído y traen  de cabeza en los acuerdos pesqueros, o en las inmediaciones de Gibraltar. Es el exceso de regulación el que crea los problemas y no al revés.

          El pasado miércoles, tras las tensiones inmigratorias de las últimas semanas, parece haber vuelto la calma a nuestras aguas y cielos compartidos. Han dejado de oírse los helicópteros  y una fragata de de las Fuerzas Armadas de Marruecos salía plácidamente del puerto de Beni Enzar, atravesaba la linea demarcada por los dos faros y se disponía calmadamente a recorrer las aguas jurisdiccionales marroquíes en busca de pateras o lanchones llenos de inmigrantes. Tempestad y calma se alternarán siempre en nuestra ciudad. Aquí todo es muy visible, muy nítido, a veces.

Las aceras sumergidas


                      El tiempo no se detiene ante nada, ni la vida tampoco.  La climatología avisa en todos los lugares del mundo. La Atlántida se sumergió bajo las aguas hace mucho. Cualquier obra humana, por muy grande que sea, es vulnerable ante los rigores del clima. Cuanto peor esté hecha una cosa, las consecuencias serán mayores. La diferencia de lo sucedido en el terremoto de Japón y el de Haití es notoria, este último país está hundido para muchos decenios y el primero sigue en pie. La naturaleza siempre se abre paso. Muchas de las consecuencias de las últimas inundaciones  en el sur de España, se deben a haber habilitado antiguas ramblas fluviales como zonas habitables, o autorizar la construcción junto a los antiguos cauces. Cuando llegan las inundaciones nada resiste.

        Cuanta ahora, que las tremendas consecuencias del terremoto de Lorca, se agravaron por la sobreexplotación de los acuíferos. Las ciudades se construyen encima, y aumenta el peso de la zona. Los acuíferos se secan y al final el suelo queda sustentado sobre inmensas bóvedas huecas, que ofrecen menos resistencia a las fracturas que provoca un terremoto. Cierto o no cierto, el caso es que cada vez con menos, pasa más. Poco se sabe todavía de las consecuencias que la acción humana está teniendo sobre el planeta, y cuando se sepa, ya será tarde. Algunos y no son pocos, y muy entendidos, niegan la realidad del cambio climático.

               Esta tarde he caminado sobre las aguas, mejor, sobre aceras sumergidas. He visto el agua correr airosa sobre lo que eran sus antiguos cauces, los del barrio del Real. Calzadas anegadas, pasos rebajados para discapacitados convertidos en improvisados pantanos. Arquetas que no podían aliviar  tanta agua. Lo de hoy solo era un pequeña prueba para nuestras renovadas infraestructuras urbanas. El decorado impermeabilizado del Parque Forestal, reparte el agua por todo el barrio del Real. Antaño ese suelo agrícola, absorbía  toda el agua.

Las mejores aceras de Melilla, (II)


         Esta acera pertenece a la calle Roberto Cano y ha sido desposeída de su función de acera. Quisieron impedir que aparcaran los coches de mala manera y lo que han conseguido es eliminar el paso de los peatones.  En caso de abrirse la puerta lateral de la Iglesia Arciprestal, o hacer uso de los salones parroquiales del fondo, el transeúnte debe caminar por la calzada, o cambiarse de acera, con todo lo que eso conlleva. Justo en el otro lado se encuentra la sede del Partido Popular de Melilla y a lo mejor, la reforma solo pretende que caminemos por la acera de enfrente,  en donde se está más seguro y a salvo de todo. Hay un refrán popular que dice: «No es prudente mear contra corriente».  ¿Porqué algunos nos empeñamos en transitar por aceras difíciles o poco frecuentadas, cuando justo cruzando la calle hay otra más grande, amplia y que ofrece mejores cosas?. No hay respuestas fáciles, ni únicas. He escrito muchas veces que la cohesión,  la urdimbre que teje El Alminar es la del día a día. Hay que tocar temas transversales, que nos afectan a todos y también aquellos que conforman lo cotidiano,  pero dándoles también, cuando el tema lo permita, cierto toque de sentido del humor.

El barco que sostiene Melilla


        

                            Husky racer ( el corredor fornido)

             Todos vemos en algún momento de la semana este barco. Incasablemente lo vemos descargar contenedores repletos de mercancía y volver a llevárselos vacíos. Esa es toda nuestra industria y nuestro presente y futuro se concentra en ese pantalán de carga. Hoy leo una noticia que habla de que el tráfico de contenedores se ha incrementado de modo notable. Esa es la madre de todas las claves. La mercancía llega regularmente a nuestra ciudad, se descarga, su cuantifica y paga de modo inexorable el IPSI, que llena y satura nuestras arcas públicas. Estamos en una coyuntura favorable, en Melilla, y eso nos beneficia.  El éxito indudable de la recaudación por IPSI, provoca esa sensación dual de que mientras todo lo concerniente al Estado se esté hundiendo, todo lo relacionado con la Ciudad Autónoma se mantenga a flote.

                Lo único que preocupa es que se esté derrochando a manos llenas, las cifras de gastos inexplicables de la CC.AA. o de la Autoridad Portuaria son sobrecogedoras, y no se está guardando nada para el futuro. quien gasta todo lo que tiene, crea su propia inseguridad para el futuro. En Melilla se gasta hasta el último euro que se ingresa, pero no siempre en cosas que luego permanezcan en la ciudad. Se hacen obras muy caras y que luego resultan de un mantenimiento más caro aún. Hasta ahora parece que se puede pagar todo, pero las coyunturas económicas son así, hoy favorecen y mañana se vuelven en contra. Una política económica sensata y con vistas al futuro, debería estar llenando las cuentas públicas de superavit.

                Cuento esto para que quien no haya  haya pensado las cosas  de esa manera, entienda que Melilla debe aceptar como una compensación obligada, la afluencia de inmigrantes subsaharianos, cuando obtiene tanto del actual comercio fronterizo.

El Alminar en su máximo registro


     ¿Qué imagen escoger para un día así, en el mes en el que mayores tribulaciones han azotado El Alminar?. De repente, en medio del más espeso de los silencios, de las más constante bruma, hoy se han registrado más de 1800 visitas, lo que supone triplicar en una sola jornada, la media de visitas de todo el mes. ¿Qué ha sucedido?. Es imposible saberlo, aunque de repente se corre la voz de que alguien está en algún sitio y el aluvión de visitantes desbarata cualquier estadística anterior. En lo que se refiere a este modesto blog, la anterior cifra máxima  databa del mes de marzo del presente año, en el que en un solo día se registraron 1485 visitas. Hay una cosa que quiero contar, y es que El alminar es una bitácora absolutamente anónima.  Yo no sé ni puedo ver quien se conecta, no sé cual es la personalidad real del comentarista, no puedo averiguar desde dónde se conecta cada cual. Nada de eso es trascendental, lo importante es que se siga acudiendo aquí a buscar cualquier cosa, y que quien la encuentre, se sienta satisfecho y se quede.

          Desde lo más alto, pero si perder nunca de vista el suelo, quizá sea ese uno de los secretos del Alminar, a todos, a los que han entrado por 1ª vez, a los que lo hacen constantemente, o de modo ocasional, siempre, gracias.

Melilla, cuatro gotas y revienta la cloaca


            

         Primera lluvia de otoño, unos pocos litros, 13 por m² y la realidad de una gestión se ve, se pisa y se huele. Echar gasolina en la plaza Martín de Córdoba era un ejercicio ejercicio pestilente esta tarde. La última cloaca de la carretera ha colapsado  anegando toda la zona de aguas negras. Desde la mitad de la carretera de Alfonso XIII, hasta  las inmediaciones del Cuartel de la Guardia Civil y la propia plaza, los restos sólidos y el olor característico de las aguas negras eran más que evidentes. No ha sido ni una tromba de agua, ni la antesala del diluvio universal. Eran solo unos pocos litros y la gestión que «no se ve», pero se huele, se pone entera al descubierto.

        Han sido solo 13 litros por m² y ya se apreciaban las consecuencias de abrir una y vez tras otra las calles, con diferentes niveles de suelo en una misma calzada. Los badenes y las rotondas crean pantanos temporales en donde la circulación es dificil. Los coches, por mucho cuidado con el que se vaya, creaban olas de surf  a su paso, aunque hay muchos a los que les gusta hacerlo. Una noticia y eso que ha sido una cantidad de agua asumible. El torturado y roturado asfalto de Melilla no da para más. El día en que caiga una verdadera tromba de agua o un diluvio intenso y prolongado», se llevará Melilla entera por delante.

     Nota: http://laotramelilla.blogspot.com.es/2012/09/la-plaza-de-espana-como-siempre-cuando.html

                            

Al ras de bordillos y farolas


         Aparcar en Melilla es una suerte, sobre todo si se acude al centro de la ciudad. También hay que decir que Melilla es la única ciudad de España que no cobra por aparcar en el centro ni tiene zona azul. La media hora gratuita en los escasos parkings públicos (Estación Marítima y Puerto Deportivo) es también algo que no existe en ningún lugar del mundo. Todos queremos encontrar un aparcamiento en la calle Marina, en O´Donnell o incluso en la Avenida, pero eso no es siempre posible.

       Hay algo de lo que no se ha escrito hasta ahora en El Alminar, y es sobre la extraña altura de los bordillos de las aceras en algunos puntos de la ciudad, o si se prefiere,  sobre la desproporcionada diferencia de nivel existente entre la calzada y el bordillo de la acera. La diferencia es tal, que provoca que ya casi ningún turismo o monovolumen melillense conserve su embellecedor delantero. El de mi vehículo se fue desmoronando, hasta que tuve que arrancar el resto sobrante. Muchas veces al aparcar oímos un crujido aterrador, producido como consecuencia del roce entrede la protección delantera del vehículo, ya sin embellecedor, y el bordillo de la acera. La situación obliga a dar marcha atrás, con el nuevo raspón y alejar el coche del límite marcado por el bordillo.

         El otro peligro, del que ya hemos escrito en abundancia, es sobre la instalación de farolas, postes telefónicos, poste eléctricos y señales de tráfico, casi raseando los bordillos.