Maneras de construir en Melilla


           En Melilla, una ciudad con el suelo finito, hay que buscar alternativas para la ampliación de los solares. Una de ellas es el denominado «voladizo», que incrementa la superficie a construir a partir del primer piso, y además genera unos derechos en forma de impuestos y tasas que nutren la arcas municipales. Debería unificarse el tamaño de los voladizos, porque a veces el perfil de algunas calles melillenses es lo más parecido a un acordeón y las afea mucho. Las diferentes medidas de unos y otros da una sensaciónde caos y de falta de control.

             Eso sí, a veces sirve como curiosidad y genera noticias atractivas que al menos sirven para distraer la mente d ela presiónd e esta crisis sin tregua, fin, ni fondo, en la que ya nadie sabe qué hacer, incluido el Gobierno.

            Son muchas las veces que he escrito en El Alminar sobre la desordenada instalación de postes eléctricos, telefónicos y farolas, que hacen difícil aparcar o transitar por algunas calles, aparte de constituir un peligro potencial de accidentes. Sin embargo, este caos aparente o real, también ocasiona problemas en la construcción. Las dos primeras fotos son del año 2007 y pertenecen a un edifico ya acabado y que al encontrarse con la farola y los postes en medio de la acera, no tuvieron más remedio que integrarlos dentro del mismo. En aquel caso, o sobraba farola o voladizo.

          Un caso similar, pero en un edificio de menores dimensiones  se ha producido en la calle del Gral. Polavieja, junto al Hipersol. Si el permiso para retirar el poste telefónico no llega pronto, el nuevo inquilino se encontrará con su casa abierta por el balcón y deberá completarla después. Mientras tanto, los albañiles sortean el problema como pueden.

El efecto desvastador del calor


              Nunca me he creído lo de la posición privilegiada de La Tierra con respecto al Sol. La realidad es que salvo por la protección que dispensa al planeta la capa de ozono, cada vez más deteriorada y agujereada, estábamos destinados a convertirnos en una plancha ardiente como Mercurio o en un desierto desolado y frio como Marte. Los días de calor, como los dos últimos, ponen claramente de manifiesto la potencia de nuestra estrella regente.

        La vida en La Tierra ha sobrevivido de modo milagroso. Las extinciones de especies, la caída de meteoritos o las glaciaciones alternadas con etapas de efecto invernadero, han colocado al planeta en el precipicio de la desaparición de todo vida conocida. Más que la distancia al Sol, que está claro que no es del todo suficiente, lo que ha permitido que existamos es la inclinación del Eje terrestre, que cual sombrilla playera, ha obligado a los rayos solares a llegar de forma oblicua. De haber recibido de forma directa los rayos del inmenso brasero solar, nuestro destino hubiese sido el de tostarnos cual asado en la parrilla de San Lorenzo. Nada está a salvo de una tormenta solar. El efecto y la acción del hombre han causado destrozos en el clima, pero también nos ha permitido sobrevivir. Sin tecnología (invención del fuego, hacha de piedra , rueda o el Ipad), no estaríamos aquí. Tanto leyendo como escribiendo.

           Todo esto sirve como preámbulo y explicación al «accidente» que he presenciado esta tarde. La somnolencia que provoca el calor, el aturdimiento de los sentidos. la inconsciencia momentánea, ha llevado a este vehículo a estrellarse directamente contra el  carillo de helados en la plaza de Torres Quevedo.  Quizá todo fue fruto de un espejismo o el deseo de algo fresco en un oasis salvador. Todo ha sido muy aparatoso, pero afortunadamente sin daños personales de consideración. Quizá  quiso esquivar un obstáculo. Parece un accidente imposible.

Volveremos siempre a Trápana


                    Melilla es una ciudad cíclica. Todo lo que pasa y nos escandaliza ha pasado ya anteriormente. Hace un año hubo ola de calor, rotura de tuberías de aguas fecales sobre nuestra maltratada playa urbana, y la gente buscándose la vida para bañarse en los mismos sitios en donde tradicionalmente se ha hecho. Cala de Trápana, ensenada de Los Galápagos, Aguadú, playa de La Alcazaba. Es una paradoja o quizá no, pero en donde no actúa la mano del hombre, ni la del gobierno local, la situación es paradisiaca. El 18 de julio de 2011, en las entradas del Alminar perdido, hice un comentario sobre gente bañándose en esa evocadora playa, tan vinculada a la historia de Melilla.

          Hoy con playa azul cerrada hasta nueva orden de La Autoridad, los melillenses volvían a recorrer senderos olvidados para acceder a esta playa, que ofrece siempre imágenes idílicas, de absoluta reconciliación con la naturaleza, esa que afortunadamente está al margen de la acción de nuestro gobierno y de su promoción turística.

    Nota: https://elalminardemelilla.com/2011/07/18/la-cala-de-trapana/

Cabinas telefónicas en Melilla


                                 Relíquias útiles

   En Melilla todavía pueden verse cuatro o cinco de las antiguas cabinas telefónicas, que a la luz de las nuevas tecnologías de comunicación se nos aparecen como artefactos antediluvianos o totalmente anacrónicos. Sin embargo, nada más lejos de la realidad. A la compañía Movistar, antes Telefónica, le cuesta mucho dinero su mantenimiento, pero siguen resultando muy útiles, pues no siempre se dispone de una teléfono móvil, de hecho todavía hay quien no lo tiene y solo efectúa sus llamadas por las lineas regulares, las de cableado. Muchas veces nos encontramos con la sorpresa de que hemos olvidado el teléfono móvil, o no se ha descargado la batería, o también, se ha desconectado el satélite y nos encontramos con una zona de sombra o de apagón y no podemos efectuar la llamada. En una situación así, tener cerca un «poste telefónico» resuelve más de una situación comprometida.

          Si uno lo piensa, ya resulta extraño hablar con un poste, metiendo una moneda en una ranura  y que alguien te oiga. Resulta más lógico y aceptado coger una pastilla de plástico y hablar con alguien al otro lado del mundo y sin necesidad de cables o hilos,  enviarle una fotografía por el aire, o el eter, que tanto da. ¿Cuánto durarán las cabina?. Nadie lo sabe, pero de momento, ya las he utilizado recientemente y siguen siendo muy útiles. Nunca se puede desdeñar lo viejo solo por serlo; ni tampoco por su aspecto. Hay cosas que aunque no reparemos en ellas, son necesarias.

Revientan una parte del monolito de Arruit


         

              El ángulo izquierdo del monolito de Monte Arruit ha sido deshecho de un golpe. Es la fractura más grande del histórico monolito, desde que empezáramos a dar noticia de su lento deterioro el día 4 de enero de 2012 (https://elalminardemelilla.com/2012/01/04/el-monolito-de-monte-arruit/). Fue una primera entrada con 68 comentarios. Luego seguirían otras entradas como la del 8 de febrero con 77 comentarios y otras dos posteriores. Lo sucedido ya no admite añadir nada más. Han pasado 7 meses y el daño al monolito es ya irreparable.

Bote con V de barco


          

        Sábado. Apacible tarde de playa en un nuestro deficiente litoral costero. El cambio a levante todavía no ha enturbiado el agua de modo definitivo y asqueroso. Nuestras playas todavía no han recibido la bandera azul, aunque quizá este año no haya suficiente dinero para comprarlas. Pese a todo, iba dispuesto a pasar una horas agradables, a bañarme con mi familia y amigos, sobre todo para que las niñas jueguen en el agua y en la arena. Este verano no pienso buscar defectos en las playas. Son tan evidentes y el aspecto de las instalaciones tiene tal grado de decadencia, que no pienso pasarme otro verano como el pasado, con las decenas de entradas sobre «el verano azul de Melilla». También hay que decir y reflejar el grado de maltrato que el melillense inflige al dominio público.

       Al llegar a la zona de La Hípica destacaba una novedad. La instalación de una embarcación perteneciente a la Compañía de Mar. Un homenaje más a la Melilla marinera, en este caso a la marina militar. No hay nada que objetar, salvo en el caso de que la restauración del barco hubiese costado los 200.000€ habituales. Pensé: «Cuando salgamos del agua hago las fotos. Me gusta más la tibia luz del ocaso».

        Concluye la tarde de playa. Recogémos los enseres playeros y los cargo en dos viajes hasta el coche. Percibo algo raro, creo que he visto escrito «vote», de embarcación con uve. ¡ No puede ser !. Al regresar del coche veo la palabra «Bote mixto» correctamente escrita. Me dirijo a la parte trasera de la embarcación y allí, tras recorrer toda la eslora del barco,  veo claramente la errata: «Vote Mixto».  

          Saco la cámara y reflejo el hecho. Mañana o pasado, lo corregirán, pero El Alminar ha llegado antes.    La errata está en la popa, en donde el enemigo suele asestar los golpes más duros.

 

La madre de todas las placas


    

                 Siempre me ha gustado el milagro de las bodas de Canaan por dos motivos. El primero es porque siempre me ha parecido un buen detalle el reservar algo de  lo mejor para el final. El segundo es porque se demuestra lo que es «una madre». Los invitados de la boda se habían quedado sin vino y María, madre de Jesucristo le hace notar el hecho a su hijo: «No tienen vino», a lo que su hijo  responde de no muy buen modo: ¿Y qué tiene que ver eso contigo y conmigo?. María, madre de Dios, pasa directamente del desplante de su hijo y le dice a los criados que llenen seis tinajas de agua. Seguidamente les advierte: «Haced lo que Él os diga».  Sin necesidad de repetírselo, no duda ni por un instante, que su hijo va a convertir el agua en vino. Eso es una madre, pero también es algo que La Iglesia no ha conseguido comprender todavía. Una madre le dice a su hijo lo que tiene que hacer, por muy Hijo de Dios que sea.  Como dice mi cuñada Mabel: «Una madre es siempre una madre».

                      La madre de todas las placas

         Por el motivo anterior, cuando se quiere aludir a que algo es lo más de lo más, se alude a que es la madre de todo, inmortal concepto acuñado por el dictador iraquí y gran amigo de Occidente Sadam Hussein. Hemos hablado de placas de todas las formas, tamaños, colores y sabores, pero no habíamos llegado hasta «la placa», la que puede ser considerada como la madre de todas las placas de Melilla. Hay cosas muy singulares en esta placa, instalada en el nº 1, por supuesto,  de la calle Castillejos.

        Sorprende lo tardío de su erección, año 1971, en la ciudad que tanto le amaba. Llama la atención la desconsideración hacia el Jefe del Estado, al que solo se llama D. Francisco, como si fuera uno más. El modo correcto de denominarlo era: «Su Excelencia el Jefe del Estado,  Generalísimo Franco», nunca D. Francisco. El último dato erróneo de la placa es que en esa casa nunca vivió el Jefe del Estado, si no el Jefe del Tercio de Extranjeros o La Legión, una vez que la divina providencia le hubiese auxiliado una vez más, quitándole de en medio al Tte. Coronel Valenzuela.

     Nota:    Este es el único número que nunca cambia por más remodelaciones del callejero que se hagan. También es el único número que nadie se atreve a cambiar, que todo hay que decirlo.

    PD: Como en las bodas de Canaan, solo relatadas por el evangelista Juan, en El Alminar estamos reservando lo mejor para este, ya próximo, final de la primera etapa.