Carlota Leret O´Neill


              La imborrable estela de Virgilio Leret

            Carlota O¨Neill dejó la llama de la memoria encendida con su libro » Una mujer en la Guerra de España». Allí quedó fijada para siempre la memoria de la represión franquista en Melilla, sobre todo la de la represión sobre las mujeres. Carlota anotó una recopilación de nombres, que de otro modo hubiesen desaparecido. Sobre su novela está siempre presente la figura y el nombre de Virgilio Leret y el de las hijas de ambos, Carlota y Gabriela. Carlota O’Neill se colocó en el lugar en que la calidad de su obra, su esfuerzo y su mérito merecían. Pero todo esto es de sobra conocido.

                                       El origen de la historia 

           Levantar el nombre de Virgilio Leret de la sombra a la que había sido arrojado, es un mérito único y exclusivo de su hija Carlota Leret. Hoy, tras la elaboración del documental «El Caballero de Azul», de Euskal Irratia  Telebista, y la publicación de la última biografía sobre el comandante republicano y  aviador Leret, ha alcanzado ya, el lugar al que por sus propios méritos debería haber llegado por si mismo. Sin embargo, para llegar hasta este punto, hubo que partir de cero.

             En 1999 en Melilla no había nada específico publicado sobre el inicio de la Guerra Civil. Apenas un par de trabajos basados en la referida obra de Carlota, y unos pocos artículos sobre hechos concretos del Alzamiento. Todo era un mar de olvido. El libro de Carlota era una referencia poderosa, pero aislada.

            Cuando inicié la publicación en El Telegrama de Melilla de la colección de artículos que titulé como «La historia nunca contada sobre el Alzamiento en Melilla», lo hice sin saber con claridad qué me iba a encontrar, ni que clase de fuerzas iba a desatar. Con el material proporcionado por Lidia Falcón preparé uno de los artículos estrella, el dedicado a la familia Leret-O’Neill, contando por primera vez con material gráfico. La historia debió empezar y concluir en aquel punto, pues nada se sabía de las hijas de Leret. Ocurre que cuando se abre una puerta, se suele desconocer qué hay al otro lado.

                                          Una carta desde Venezuela *

               Medio año después de haber publicado el artículo en El Telegrama de Melilla, recibí en casa una carta desde Venezuela, firmada por Carlota y Gabriela, las hijas de Carlota y Virgilio. Fue una auténtica conmoción, pues no esperaba que los artículos que había enviado a Venezuela, hubieran llegado a lugar alguno. La misma Carlota se sorprendió que la hubiera enviado a una dirección tan extraña, pues era una dirección de un club deportivo que apenas frecuentaban.

               Carlota me envió aquella carta, y un mail posterior a los que no contesté, en parte porque en lo que decidía qué hacer y qué decir, habían pasado varios meses y segundo porque me hallaba envuelto en un proceso judicial por esos mismos artículos y que me llevó 10 años cerrar. Sin embargo, el vendaval humano de Carlota Leret ya se había puesto en marcha y me iba a alcanzar de modo inesperado. La puerta de la historia ya estaba abierta, abierta firmemente por la hija de Leret. En el verano de 2000, una mujer se presentó en mi trabajo y me dijo que por qué me escondía de ella, era Carlota y me quedé absolutamente sorprendido. Yo me marchaba de vacaciones ese día y ella al siguiente. Le expliqué lo que acabo de narrar y desde entonces, nuestras vidas y las de nuestras familias, están entrelazadas de modo indisoluble. El destino no puede evitarse. Estaba escrito que Carlota me encontraría, de la misma y sorpresiva manera en que yo la encontré a ella.

                                           En el nombre de su padre

              La historia de Carlota en busca de la memoria de su padre, es la historia de la tenacidad. En apenas una década (2001-2012), removió 60 años de olvido. Registró todo los archivos existentes, y sacó a la luz todo lo existente acerca de Virgilio Leret, salvo el expediente judicial de su procesamiento (si es que llegó a hacerse), y la verdad sobre su «asesinato» o ejecución sumarísima. Todo eso acabará por aclararse, pero la realidad es que ya nadie olvidará jamás el nombre de Virgilio. La memoria de Melilla sigue teniendo demasiadas lagunas, y una de las principales es esta, la relacionada con los hombre y mujeres del periodo republicano.

                            Un instante en el cementerio de Melilla

                Carlota ha venido muchas veces a Melilla. En una de ellas, visitamos el cementerio, el llamado osario militar, en donde supuestamente yacen los restos de su padre, junto a los de otros centenares. Fue decretado así, pues en la parte trasera del oficio del enterramiento se puede leer: «Pasen sus restos a la fosa común, para que no puedan ser encontrados nunca». Carlota nunca mira hacia el lugar en donde está enterrado su padre, al que tanto ella como su hermana Gabriela siguen refiriéndose como «papá».  Esta es la parte humana de la historia, aunque no toda, que me quedaba por contar.

         Nota: * La carta está reproducida en el libro «Mujeres en Melilla» Mª Ángeles Sánchez, junto con toda la historia de Carlota y de sus hijas. http://www.stes.es/melilla/revista/mujer_melilla.pdf

         PD: https://elalminardemelilla.com/2011/09/20/la-memoria-seguira-esperando-en-melilla/

El convento de Capuchinos de Melilla


De hotel con encanto a hospedería fantasma

  La Consejería de Turismo de Melilla es una de las que ha hecho más propuestas, muchas de ellas  quiméricas, y que luego se han disipado como el humo. Una de las más llamativas fue la de transformar el antiguo convento en hotel con encanto, o incluso hospedería. Hubo un Vicario Arciprestal, Antonio Ramos Ayala,  que pensó en utilizarla como vivienda arciprestal. El caso es que casi 20 años después de su abandono por la comunidad de monjes capuchinos de Melilla, sigue siendo un espacio vacío. Podría ser utilizado como archivo diocesano, si se consiguiesen recuperar, digitalizados, los archivos parroquiales que se fueron a la Catedral de Málaga, y que podrían ser puestos al servicio y consulta de los investigadores melillenses.

          Habría mil y una formas de poner en uso, para todos los melillenses, el antiguo convento, sin que caiga en manos de alguna nomenclatura, o de que sea entregada a alguna entidad fantasma que la explote con ánimo de lucro. Un centro de investigación sobre Melilla La Vieja, sede de la Agrupación de Cofradías, biblioteca.  Podrían ser varios los usos y se podría hacer sin un coste excesivo, algo sin lo que este gobierno autonómico no sabe hacer casi nada. La hospedería no parece aconsejable, tanto por los problemas de acceso a la ciudad vieja, como los relacionados con la seguridad. En las noches del «pueblo» se dan cita gran cantidad de merodeadores, que lo mismo le sierran un brazo a Estopiñán, que causan cualquier otro tipo de problemas.

            He aprovechado esta historia casi olvidada de la hospedería, para recuperar este interesante artículo de José Luis Blasco, sobre la propiedad del convento y su relación con la comunidad capuchina, escrito hace ya 19 años. Siempre ha habido gente que se ha preocupado por la historia de Melilla. La lástima es que el archivo de prensa no esté digitalizado. Hay dinero para cualquier proyecto, menos para hacer accesible la cultura y la historia de la ciudad.

         Nota: El convento de Capuchinos de Melilla, José Luis Blasco. El Telegrama de Melilla, 18/abril/1993.

La estatua de Isabel La Católica


          El Alminar redescubre la autoría de una estatua en Melilla

               Restituto Martín Gamo también realizó la estatua de Isabel La Católica que se encuentra en la céntrica plaza  de Torres Quevedo. La acción bárbara y hostil llevada a cabo por los activistas del senador marroquí Yahia Yahia, en el corazón de Melilla La Vieja, ha servido para que todos los melillenses, nacidos o de adopción, prestemos atención a las estatuas que adornan nuestras calles, y lo que es más importante, ha conseguido que se busque, recuerde y redescubra el nombre de los autores, muchos de los cuales habían quedado perdidos en los cajones del olvido.

             La primera aportación la hizo el investigador religioso e historiador José Luis Blasco, quién recordó que el 20 de septiembre de 1995, la Asociación de Estudios Melillenses (AEM), en su revista Trápana, publicó un trabajo relacionado con el autor de la estatua de Pedro de Estopiñán, al cumplirse los 25 años de su instalación emplazamiento en su anterior situación. La firma del artículo correspondía a José Luis Blasco, a la sazón Presidente de la AEM.

           La calidad de una información no es solo por la redacción o por las novedades que aporta, sino también por las fuentes que se citan. Es muy importante y obligado, mencionar y citar a cualquiera que haya realizado en un trabajo sobre ese mismo tema. Como decía un historiador, profesor y amigo, al historiador se le reconoce por las fuentes que cita. Menciono esto, porque en los dos últimos días, la Fundación Melilla Monumental se ha apropiado de los datos proporcionados por El Alminar y sus colaboradores, como José Luis Blasco, en relación al autor de la estatua de Estopiñán.

              Tanto Imparcial, como Miguel Angel, señalaron el extraordinario parecido de esta figura de San José, de la iglesia madrileña de San Agustín de Tagaste , y atribuida también a Restituto Martín, con la de Pedro de Estopiñán, de la que parece su hermano gemelo.

            Nota: https://elalminardemelilla.com/2012/12/01/el-autor-de-la-estatua-de-estopinan/

 

Aomar M. Duddú en busca de su padrón


 

                 El histórico dirigente  busca su residencia en Melilla

           El pasado 18 de septiembre, citado por la Consejería de Administración Pública, llegó a la ciudad el histórico dirigente del colectivo musulmán de Melilla    de la década de 1980, para resolver su reclamación administrativa en torno a su solicitud de empadronamiento, pues parte de su familia sigue empadronada en Melilla. Queda por resolver el empadronamiento del cabeza de familia y de su hijo menor.  Aomar no ha sido desposeído nunca de su nacionalidad española, no puede serlo, pero le fue denegada la renovación del documento nacional de identidad en 1997. Este es el único motivo en el que se fundamenta la decisión contraria a su empadronamiento, por las actuales autoridades melillenses.

            Aomar Mohamedi Dudú, melillense, hijo y nieto de melillenses, ya está jubilado en su cargo como delegado cultural del norte de Marruecos, y que dependía del Ministerio del Interior marroquí. Ha desaparecido por tanto su vinculación, nunca de rango funcionarial, con el gobierno de Marruecos, lo que haría desaparecer la posible excusa lega y reticiencia política, para denegarle el empadronamiento en su ciudad natal.

                                       Aomar, pasado y presente

              Reiteraré que la reacción tan violenta y extrema de la derecha melillense (nucleada en torno a Alianza Popular)  y de sus bases sociales, ante las justas demandas del colectivo liderado por Aomar Duddú, desplazó todo el arco político hacia la derecha, incluida una parte del Partido Socialista. El PSOE intentó arreglar un problema heredado del pasado, con una herramienta errónea, la Ley de Extranjería, pero a la postre acabó pagando íntegra la factura política de Proceso de Regularización del Colectivo Musulmán de Melilla, sin el cual, no existiría la ciudad de las 4 culturas, de la que tan orgulloso se sienten,  aquellos que intentaron impedirla a toda costa.

          En aquello momentos históricos, los socialistas no fueron tan  malos como a la postre se ha querido hacer ver y ha quedado fijado en la memoria de los melillenses, ni los que pasaron por  defensores a ultranza de la ciudad, la derecha de Alianza Popular, fueron realmente tan buenos como ellos se recuerdan a sí mismos.  El caso es que sin aquellos hechos no existiría la Melilla de la convivencia, pero aquella ciudad que estaba en proyecto y que fue cercenada por la violenta reivindicación callejera, no se parecía en nada al actual modelo. Aquel movimiento  era social, cultural y laico y al modelo actual le sobra religión por los cuatro costados. Errores los cometieron todos.

               Que nadie se engañe. En la manifestación del 6 de diciembre de 1985, la llamada contramanifestación, estuvieron todos los partidos políticos y asociaciones de Melilla

                                 Aomar, su mezquita y los viajes a La Meca

              Auto exiliado de la ciudad u obligado a abandonarla, fijó su residencia en la vecina localidad de Nador, y en terrenos de su propiedad, edificó una pequeña y bella mezquita, con superficies equivalentes para hombres y mujeres. Es una de las más frecuentadas de la capital nadorense.  A los pocos años fue trasladado a Rabat, capital del Reino de Marruecos.  Desde entonces, y por mandato de la Monarquía Alauíta, primero con el Monarca Hassan II y luego con su hijo Mohamed VI, se dedica a la tramitación de los viajes de peregrinación de los musulmanes melillenses, a la ciudad santa de La Meca, y que son pagados por la Casa Real marroquí, a través de Ministerio de Asuntos Religiosos.  ¿Se cerrará ahora un círculo histórico de 25 años?.

 

En el interior de una cueva mora


                  La población bereber del norte de África, presente en la zona desde tiempos inmemoriales, desarrolló una alta capacidad para la excavación de cuevas y túneles, que podían servir como refugios, almacenes, pasadizos de comunicación. Los bereberes, sea cual sea su origen,  constituyeron la base poblacional de la conquista musulmana de la península ibérica. En Guadalajara, en las islas Baleares, en el Reino nazarí de Granada, dejaron abundantes muestras de este tipo de infraestructura, de utilidad tanto poblacional como defensiva. En todos lados se las conoce como «cuevas moras», salvo en Melilla, en donde se las cataloga como  púnicas.

         Toda Melilla está llena de cuevas de este tipo, y muchas de ellas siguen siendo utilizadas para las mismas funciones que antaño. La he visto excavadas en la roca y en uso como cabrerizas, en la zona que lleva ese nombre. He localizado ese tipo de refugios y excavaciones (bien  naturales o artificiales), en el barranco de Horcas Coloradas, que luego fueron utilizadas como infraviviendas por la población española, en los inicios del siglo XX.

             Melilla y en las zonas de España que un día fueron fronteras entre cristianos y musulmanes, servían como parapeto a las incursiones de los ejércitos que se disputaban el solar ibérico. En la España actual, quedan todavía multitud de leyendas sobre tesoros escondidos en «las cuevas moras», ante la inminencia del avance cristiano. Ninguno de ellos se ha encontrado jamás, quizá porque la memoria de su localización se perdió con la población hispano morisca expulsada entre 1492 y 1611.

                                    Interior de una cueva en Melilla

          Esta cueva en la que ha entrado El Alminar la ha visto casi todo el mundo en Melilla. El tramo de las fotografías comunica la plaza de Armas con la Ensenada de Los Galápagos. Es muy angosto y solo puede pasar por ella una persona de mediana estatura  o alguien ágil y esbelto. Su función primordial pudo ser la de comunicación, escape o rápido acceso desde la playa hasta lo que era la zona de comercio o medina de la Melilla musulmana. Con las llegada de los españoles en 1497 toda la zona sufrió una transformación profunda, que llegó a ser total en los siglos posteriores.

             La parte alta de lo que es el auditirium al aire libre, llegó a ser utilizado como prisión hasta el siglo XIX. Los galeotes y desterrados de Melilla cumplían aquí sus penas de rpisión en condiciones tales, que la alternativa solo era la muerte o el intento de fuga hacia el campo rifeño y la conversión al islam. Son los renegados de Melilla, un interesante aspecto de la historia melillense que sólo trata un libro: «Las memorias del ayudante Álvarez».

          Toda la zona se está derrumbando. La rehabilitación consistirá en cegarlo todo y anularlo para su estudio o visita. Pese a que el orígen histórico y los añadidos posteriores se mezclan, la zona conserva un alto interés para los investigadores.

El disputado premio del Sr. Margallo


                   Las razones de un reconocimiento honorífico

             Las razones para otorgar el título de Hijo Adoptivo de Melilla al Ministro García Margallo en 2012, son exactamente las mismas que para no haberlo hecho desde 1982, fecha en la que dejó de ser diputado de UCD (Unión de Centro Democrático) por Melilla, tras las elecciones de octubre de 1982, ganadas por los socilistas de Felipe González. No voy yo a cuestionar las capacidades o méritos del Ministro Margallo, ni a señalar defecto alguno. Vamos solo a enfrentar los hechos a la historia.

    Premiarlo ahora y decir que ha sido el mejor diputado por Melilla de toda la historia y que su decicación a Melilla ha sido permanente, es simplemente reescribir la historia. Lo que decía Alianza Popular (matriz del Partido Popular)  en 1982 era justamente lo contrario: «El señor García Margallo, persona inteligente donde las haya, de filiación melillense desconocida, experto nadador de las innumerables crisis de la UCD……El señor Margallo, que con poca frecuencia nos visita..». La carta, que es una réplica a una previa entrevista del diputado Margallo, y que califica su gestión por la ciudad como nula, fue publicada en El Telegrama de Melilla el 13 de agosto de 1982.

                 La reforma del Código Civil en materia de nacionalidades

           El 28 de abril de 1982 una nota del Congreso de Los Diputados informaba de que se había aprobado una reforma del Código Civil, en materia de nacionalidades, que tendría gran incidencia para Melilla. En realidad supuso el bloqueo del acceso a la nacionalidad española por parte de los musulmanes residentes en Melilla. Este hecho desencadenará a finales de 1985 el movimiento de los rifeños melillenses por sus derechos civiles y el estallido social de 1986*. Será un problema que tendrá que arreglar el PSOE, con los diputados elegido ese año (José Luis Estrada, Julio Bassets y Miguel Angel Roldán. Los que sustituyeron a la UCD de Margallo.

             Es verdad también que nadie supo prever las consecuencias de esa reforma llamada ya para siempre como «la reforma Margallo». En los días previos y posteriores, desde las formaciones políticas existentes, nadie hizo el más mínimo comentario. Solo el periodista Ricardo Crespo, desde una columna llamada El Alminar, intentó hacer un bosquejo de las posibles consecuencias de la reforma y de las obligaciones a las que debía atender. Ricardo Crespo publicaría posteriormente un libro titulado «Melilla en el aire», y acabó sus días en la ciudad con fama de maldito y anti melillense. La Melilla de 1982 era muy dura, nacionalista y muy intolerante. Alianza Popular era por entonces derecha extrema y la moderación política corría a cargo de UCD. Los rifeños melillenses solo eran percibidos entonces como quinta columnistas, como el enemigo alojado dentro del caballo de Troya. La expresión de la época, acuñada o recogida por el Cronista Mir Berlanga era la de: » La marcha de la tortuga».

                  El fin de UCD y la separación de los tres parlamentarios

       UCD estalló, en ella se quedaron el diputado García Margallo y en esa formación acabó sus días. Fue leal hasta el final a la formación política ucedista, desde la que se pilotó la llamada Transición política. El otro senador leal fue el doctor Juan Ríos, que permaneció fiel al que fuera el alma mater de La Transición, Adolfo Suárez, uno de los políticos a los que más le debe España. El doctor Juan Ríos se fue con el CDS (Centro Democrático y Social) de Adolfo suárez y desapareció políticamente con él. El buen alcalde Rafael Ginel Cañamaque decidió no presentarse a las elecciones y al año siguiente entregaría el testigo de la Alcaldia de Melilla al socialista Gonzalo Hernández.

                                   Premiar sin ofender nadie

           Se puede premiar a quien se quiera y siempre habrá quien acepte esas razones y quien no. Hacerlo diciendo que «estos fueron los mejores de todos», incluyendo a quien hace la entrega del premio, supone un cierto agravio gratuíto a todos los representantes políticos que ha tenido Melilla. Mas acertado uno y menos acertados otros. En cualquier caso, sus «enemigos» de AP destacaban siempre su gran inteligencia política.

                                      Mi mundo en 1982

                   En marzo de 1982 yo había concluido mis 20 meses de servicio militar, pasando a la reserva como cabo 1º de Infantería. Dos meses más tarde y tras acudir al grupo ecologista CEDENA (Colectivo Ecologista para la Defensa de la Naturaleza), embrión de cualquier grupo ecologista de Melilla. En octubre de ese año, fuí candidato al Senado por un una formación política de ideología trotskita, el partido Socialista de los Trabajadores. Nos retiramos  para no restar votos a la candidatura del PSOE.

        Nota: * La Ley de Extranjería en 1985, de Fernando Belmonte. Edición del Instituto de Las Culturas de Melilla.

Día de Melilla, 2012


        La maldición de la conquista de Melilla

                         Un Consejero honesto,  Martín Galindo, dice a los Reyes Católicos aquello que debe decir y no lo que esperan oír, formuló la maldición de Melilla de una manera precisa en 1494: Melilla es una ciudad rodeada de moros alárabes, que antes será carnicería de cristianos  que población de ellos. La contundencia de la afirmación hace desistir a Los Católicos del empeño de conquistar la ciudad, tal y como había sido establecido en el Tratado de Tordesillas en ese mismo año. Martín Galindo dijo esto tras visitar la ciudad y su entorno en el año 1494. Será el único que escapará a la maldición por negarse a participar en la conquista de la ciudad. No ocurrirá lo mismo con todos aquellos que de una manera u otra participasen en el hecho de la Conquista o la propiciasen en algún modo, como los alguaciles traidores. A todos les alcanzará la muerte en un plazo no superior a diez años.

            En 1504 fallecerá la propia Reina Isabel, que felicitó al III Duque de Medina Sidonia por la conquista de Melilla, calificándola como “muy querida”. Tres años antes, en 1501 murió en combate en la Serranía de Ronda el insigne Secretario Real Francisco Ramírez de Madrid, apodado “el artillero”, quien viajó a Melilla en uno de los viajes de reconocimiento junto a Pedro de Estopiñan, y del que dicen diseñó el operativo de la conquista militar. En 1505 morirá de extraña y no aclarado manera el propio conquistador de Melilla, Pedro de Estopiñán. Juan de Guzmán, III Duque de Medina Sidonia y de quien se dice que pudo comandar la expedición de conquista, falleció en 1507. Cristóbal Colón, el almirante de la Mar Océana, murió en Valladolid en 1506. Cristóbal Colón opinó y desaconsejó la conquista de la ciudad, añadiendo que retrasaría los viajes a América. Al final se plegó a los deseos de la Reina Católica y accedió a que parte de la flota española participase en la conquista de la ciudad norteafricana.

        El fin de los alguaciles traidores y de su linaje en España

               Un grupo de pobladores de Melilla, entre los que estaba el propio caíd de la ciudad,  entabló contacto con las autoridades de Castilla para ceder o facilitar la conquista de la antigua ciudad omeya. Enterados los habitantes de este intento de traición, se sublevaron y expulsaron de la ciudad a los alguaciles traidores. Pese a todo, ellos se presentaron a Los Reyes Católicos y pidieron lo suyo, que se les entregó en forma de terrenos en las inmediaciones de Torrox y de La Axarquía. Tras la primera sublevación de La Alpujarra y de todos los territorios moriscos a principios del siglo XVI (1501-1505), los alguaciles traidores y sus familias, que adoptaron el apellido de Melila o Melulo (los de Melilla), fueron despojados de sus tierras. Algunos prefirieron el regreso voluntario a Marruecos, otros fueron directamente expulsados. Los que quedaron en España perdieron todas las propiedades que habían obtenido por “su traición”. El fin total del linaje de los Melila se produciría en la última y definitiva sublevación de la población morisca, a finales del siglo XVI. Allí destacó entre todos, según el relato de Hurtado de Mendoza, el general Melulo, quien al final no tuvo más remedio que acabar defendiendo a los de su Fe y los de su etnia.

            2012, de Pedro de Estopiñán a Juan José Imbroda

            La legitimidad histórica y política asiste al Presidente Imbroda, 515 años después de la conquista de Melilla, tanto a él, como a todos los que le han precedido en el cargo. La línea de soberanía histórica de España no ha sido interrumpida desde entonces. Sin embargo, la historia de Melilla es esta, la que hemos contado en estos dos días. La conmemoración de la conquista es un invento histórico del franquismo. Melilla no va a dejar de ser española porque se traslade la celebración de día. Tampoco vamos a perder un ápice de los derechos  históricos que Melilla ha consolidado a lo largo de los siglos.

        Hay otra fecha, la del 7 de junio de 1556, que comienza a abrirse paso, fecha en que Melilla de modo real y efectivo se incorporó a la Corona de España. Llevo reivindicándola en solitario desde hace una década. Buscar una fecha que sirva para el futuro de Melilla exige el consenso y el debate de todos. El 17 de septiembre es una fecha del pasado. Mientras se mantenga, Coalición por Melilla no puede asistir a la misma, pues han hecho de esa postura una cuestión de identidad,  y mientras CpM no acuda, el 17 de septiembre pierde casi todo su sentido. Siempre hay otro modo de ver las cosas, siempre hay dos caminos a seguir. Veremos si se deciden por el que suponga un futuro amplio para todos. Si piensan más en el porvenir de los melillenses que en el futuro propio.