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La torre persa


                                   6000 visitas en un día

             Los alminares tienen su más probable origen en las torres persas, que señalaban territorios y que también eran erigidas para usos funerarios. A diferencia de la torre occidental con función defensiva, la torre persa tenía un función distinta, ya fuese de tipo ornamental, decorativo o delimitador de territorios.

             El alminar es una construcción elevada desde la que lanzar advertencias, llamadas a la oración, o simplemente señalar algo . Está más destinado a ser visto que a ver o mirar desde él. La cifra de 6600 visitas alcanzadas por El Alminar de Melilla en el día de hoy, 20 de enero de 2019, se asemeja a una torre persa, según se puede apreciar en el cuadro estadístico que ofrece WordPress al administrador del blog. A su lado, las torrecillas que señalan el resto de las días quedan reducidas a pequeñas marcas que sin embargo suponen una cantidad muy apreciable de vistas, unas 300 diarias, teniendo en cuenta que en los últimos cuatro meses, el blog ha tenido reducida su actividad casi al mínimo posible.

             Desde aquí, esas 300 visitas constantes, pese a que nada nuevo podía encontrarse en El Alminar en los últimos meses, suponen tanto como las más de 6000 del día de hoy, porque esas primera cifra es el cimiento sobre el que se asienta y eleva la segunda. Este blog es un lugar desde el que contar la verdad en el momento en que sea necesario. Se ha mantenido firme a lo largo de estos 7 últimos años y solo en otra ocasión, el 2 de marzo de 2013, se superó la cifra de 6900 vistas. Lo normal, pese a picos muy habituales del millar de visitas diarias, es que el conjunto del blog se sostenga sobre la cifra de 600.

             Lo hemos escrito muchas veces y no nos cansaremos de repetirlo: escribimos igual para aquellos 50 visitantes diarios del origen, como para el primer millar del Alminar más consolidado. Le seguimos dando las gracias a todos/as. Tanto a los 6000 de hoy, como a esos 300 que nos han esperado durante cuatro meses y que seguían entrando aquí, pese a que no había actividad. Esos son los que nos han mantenido y hecho crecer y nos animan y siguen ayudando para aguantar.

El trabajo y la necesidad de podar


           La mayor parte del tiempo, El Alminar navega tranquilo, atravesando tempestades, épocas de calma, mares procelosos o pacíficos lagos. Estamos en donde nuestro trabajo, los colaboradores, y los lectores nos han colocado. Nos hemos erguido como una atalaya, como prefieren llamarle algunos, o como un alminar, como prefiero llamarle yo, y que es el nombre del elemento arquitectónico escogido para el blog. Aun así, cada cual puede llamarlo como desee.

        Cuento esto, porque en los últimos días se han recrudecido las acusaciones por “podar demasiado”, o por no publicar determinados comentarios, o por no permitir determinadas expresiones. Cuando la situación social y política se complica, es una tentación fácil caer en la simplificación de la realidad, y alinearse con posiciones extremar. Mantener la independencia y un criterio equilibrado en situaciones difíciles, suele provocar la ira de tirios y de troyanos. Léase del Poder y sus acólitos y de sus enemigos y detractores. Todos al unísono, arremeten contra el que permanece sin inclinarse en medio de la ventisca.

         Hay un comentarista al que no hemos publicado dos comentarios, Pelayo, y le hemos explicado el porqué. Hay otro que está en lista de espera y cuyo Nick ya es malicioso. Hemos “podado” algunos comentarios porque contenían frases que incitaban al choque entre comentaristas. No es un trabajo fácil, pero cuando se llega a esta altura de visibilidad, hay que vigilar cada detalle. Cada vez hay más problemas legales con expresiones en redes sociales y en blogs, porque la gente piensa que no son medios de comunicación.

           Todo se lee, todo es público, y todo puede tener consecuencias. ¿Preferirían que El Alminar no existiese?. Sin duda. Ocurre que quien intenta ofender lo hace amparado en el anonimato, y desde aquí escribimos a cara descubierta. La vigilancia debe ser permanente. La sombra siempre acecha.

             San Bernardo y la necesidad de podar

            “Creedme: Lo que se ha podado retoña; lo ahuyentado vuelve, lo extinguido se enciende; lo adormecido despierta otra vez. Poco es , pues, podar una sola vez; es necesario podar muchas veces, continuamente, si es posible; porque, si bien te examinas, siempre hallarás alguna cosa que podar”.

Alminar versus campanario


      Enrique Delgado  

      Las iglesias cristianas primitivas  no tenían campanarios. Las más antiguas construidas en España, las visigodas, no tenían un elemento ni siquiera parecido. En realidad no se sabe cuando aparece el campanario. Antes de la aparición de este elemento arquitectónico, solo existían las espadañas o las torres, que en principio no estaban pensadas para alojar las campanas. Se cree que la torre de la iglesia era un elemento defensivo.

       La recién fundada religión islámica inició la construcción de mezquitas en el siglo VII y tampoco tenían alminares. Eran espacios rectangulares o cuadrados, con la qibla como elemento principal e indispensable. La llamada a la oración ritual se hacía desde “la azotea”, pero tampoco existía ese elemento arquitectónico.

       Según algunos tratados de arte, se cree que tomaron ese elemento de un templo romano existente en Damasco, tras el inicio de la expansión islámica. Yo me atrevería a decir, que el alminar es un elemento evolucionado de las antiguas “torres del silencio persas”. Lo persas utilizaban estas torres como elemento funerario (depositaban a sus muertos en el extremo final)  y también como delimitación de territorios y  como monumento conmemorativo. Lo que parece claro, aunque no conozco estudios específicos al respecto, es que no hubo campanarios antes que los alminares. El campanario surge tras el contacto del mundo islámico con el cristiano, hecho que se produjo tanto en la zona oriental (mundo bizantino), como en la zona occidental ( España).

    Las iglesias cristianas adelgazaron sus torres hasta adquirir la forma arquitectónica de los campanarios y en la mayor parte de España, del Tajo hacia arriba, ni siquiera eso. El campanario estilizado solo existe en abundancia desde el Tajo hacia abajo (verdadero frontera entre la España cristiana y la musulmana). Muchos son los antiguos alminares  readaptados al culto cristiano, ya que las nuevas iglesias se edificaron sobre las antiguas mezquitas. En cualquier caso, y en mi opinión, el campanario es una clarísima influencia de la arquitectura musulmana, probablemente la más clara. Nadie encontrará un campanario en ninguna iglesia cristiana de Europa, que sea más antiguo que ningún alminar de mezquita musulmana.

     Me cautivaron los alminares cuando viaje a Estambul en 2001. Nunca los había visto tan estilizados, ni arquitectónicamente tan exquisitos. Fue todo un descubrimiento. En la convivencia entre cristianos y musulmanes se han creado siempre espacios comunes, para mí, el alminar/campanario es el más claro de todos. El Alminar de Melilla busca un espacio común de convivencia y diálogo en nuestra ciudad, por eso escogí este nombre para mi blog.

           Alminar es un nombre sonoro, elevado  y a la vez ligero. Además, alminar es una palabra española. La francesa es minarete, que no me gusta. También he de decir, que Alminar fue mi último nick, en un infausto foro que aunque moribundo, sigue existiendo en Melilla. Me quedé con ese nombre porque no quería que se perdiese o alguien se apropiase de él. Creo, modestamente, que he acertado escogiendo ese nombre para mi blog. Un nombre, lo es casi todo y dice mucho tanto de una persona, como de cualquier otra cosa. Con un nombre nos enfrentamos al mundo. Es la proa de la nave con la que nos abrimos paso. Creo que es una explicación suficiente.