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La oportunidad perdida


           En Melilla todo existe hasta que se pregunta por ello. Es posible descargarse colecciones completas de periódicos y revistas de la Biblioteca Nacional, incluso de la homóloga de Francia, pero no es posible tener una copia digital de un determinado año del Telegrama del Rif. Se puede acceder a catálogos digitales con fotografías de cualquier parte del mundo, pero es imposible  acceder a catálogos fotográficos de la ciudad, que no sean los comunes que circulan por las redes sociales. Se da también la circunstancia de que los archivos personales, están más nutridos que los públicos y repletos de materiales inéditos. Se pueden obtener decenas de fotografías de excavaciones arqueológicas de cualquier lugar de España, pero ni una sola del “muerto” hallado en el 4º Recinto defensivo de Melilla, que se protege cual si fueran las fotografías de los extraterrestres estrellados en el desierto de Arizona.

                El resultado de una búsqueda individual y libre suele acercarse al cero absoluto, un concepto que existe en el plano teórico, pero que es imposible alcanzar de modo físico. En el cero absoluto, la energía del sistema es la más baja posible, y el movimiento nulo.

                    Cuento esto por una experiencia vivida recientemente, en la que me negaron la existencia de unas fotografías que ya tenía, y que me habían ofrecido como muestra hace dos años, al interesarme por ellas en el momento presente. La disponibilidad de los trabajadores que atienden es máxima, pero el resultado suele ser infructuoso, debido quizá a que existen “máximas no explicitas”, de no facilitar o reconocer la existencia de cierto tipo de materiales. Una de esas fotografías muestras el sector remodelado, en el tiempo actual, de la plaza Héroes de España, tal y como se encontraba en el pasado, década de 1930. Lo fotografía muestra un espacio diáfano, que no rompía la armonía de la avenida principal de Melilla con sus calles adyacentes, algo que sí hace el feo mamotreto franquista, que el Gobierno de la ciudad ha decidido mantener en su posición.

                       El monumento lleva rompiendo la línea estética de la avenida, desde 1941, en que fue inaugurado. Ahora se ha remodelado la plaza, pero manteniendo el desproporcionado adefesio  franquista. Para colmo, en vez de crear un espacio diáfano y armónico, se han añadido unos enormes bancos o futuras fuentes (existen dudas sobre qué función realizarán), que rompen el espacio arrebatado a los vehículos y crean una sensación de apelmazamiento, relacionado eso sí, con la brutal estética fascista del mamotreto, dicen que diseñado por Enrique Nieto.

                       Es una oportunidad más, perdida por la ciudad de Melilla para crear entornos agradables, armónicos y de futuro para los ciudadanos/as. Los gobernantes de la ciudad, siguen mirando hacia un pasado extinto y que representa a unos pocos, en vez de crear una imagen de futuro, con elementos comunes, y que represente a todos y todas. Otra fotografía, difundida en internet, muestra la desproporción del mamotreto, con respecto a la plaza remodelada, y que se adueña del espacio existente. No sabemos si será demasiado pedir, que también se busque un nuevo nombre para la plaza, aunque esto parece lejos de los alcances de mira que predominan en este tiempo presente.

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Cierre después de un siglo de historia


La droguería Vicente Martínez cierra tras un siglo de actividad

         Todo el edificio es propiedad de la familia Martínez, muy vinculada a la historia de la ciudad e integrada siempre en su actividad económica. Tanto el edificio como el diseño de la tienda de productos de droguería es obra del arquitecto Enrique Nieto. Todo fue construido en 1914, hace exactamente un siglo. La tienda siempre se ha dedicado a la misma actividad desde el momento de su apertura, y desde entonces nunca ha dejado de pertenecer a la familia. Todo esto puede cambiar a partir del miércoles, último día de abril, cuando a las ocho de la tarde cese en su actividad centenaria. El cambio del modelo económico de Melilla y la proliferación de comercios del mismo tipo ha modificado todo el panorama del denominado como “comercio tradicional”. Los tiempos actuales exigen una constante evolución, y una necesaria adaptación a cualquier novedad. La gestión económica debe ser impecable para sobrevivir en un mundo tan competitivo, marcado por las normas del voraz mercado del liberalismo. La historia, el pasado, los trabajadores:  no cuentan nada en un mundo así. Es el darwinismo económico, sus implacables leyes y su falta de escrúpulos. Hay muy poca gente en la ciudad que no haya entrada al menos una vez a comprar aquí. Era la tienda de las cosas imposibles de encontrar en otro lado. Tenía marcas características y ya casi históricas. Hasta la tarde del miércoles se puede comprar algún producto, muy rebajado en una tienda que ya resultaba cara, aunque sea al menos por tener un último recuerdo de su existencia. Los propietarios del comercio, son varios herederos, no tienen decidido que ocurrirá en el futuro comercial de la droguería, aunque en principio parecen estar decididos a que la futura actividad mantenga las características esenciales del comercio. Aun así, el dinero no siente nostalgia por nada y en nuestra ciudad ya hemos visto caer y desaparecer lugares emblemáticos, como la cafetería California, o Casa Solís. La lista sería interminable e inútil reproducirla. La droguería fue fundada por Vicente Martínez Martín, del que el establecimiento lleva el nombre.

 

 

 

 

 

 

Todos al suelo


                          La liquidación modernista de Melilla

       Es la  célebre frase del guardia civil golpista, Antonio Tejero, y  resulta idónea para describir cual es la situación del modernismo en Melilla, en proceso de liquidación absoluta. Refrendado por el nuevo Plan de Ordenación Urbana, y con el visto bueno de los integrantes de la Comisión de Patrimonio, los edificios modernistas, algunos muy emblemáticos y conocidos, siguen cayendo uno detrás de otro. El ritmo de derribo es frenético. No hay tiempo material para hacer un seguimiento. Todo sucede de un día para otro y salvo que se haya acertado a hacer la foto de modo casual, los edificios desaparecen sin dejar el menor rastro. Esto ha sucedido con este emblemático y único edificio del barrio del Mantelete. Habíamos escrito acerca de su situación en noviembre de 2011. Era un edificio de 1930, firmado por Enrique Nieto, el único con balcones de madera, del estilo de los del Paseo Marítimo de A Coruña. En este momento, cubierto por lonas, se encuentra en estado de demolición. Mientras asistíamos distraídos al derribo del edificio de la calle Polavieja, la demolición de este otro pasaba desapercibida. Solo la casualidad ha hecho que podamos plasmar el suceso, a apenas 60 metros de la sede de la Consejería de Fomento.

                 No hay nada más que decir. Solo ser testigos y dejar constancia.

   Nota: https://elalminardemelilla.com/2011/11/17/edificios-en-ruinas-la-historia-en-peligro/