Imágenes de diciembre


       El sol frío de diciembre deja de verse en Melilla casi media hora antes de su puesta real. La ciudad está situada al nivel del mar, en el borde de la falda de una montaña de casi un kilómetro de altura. También está rodeada de mesetas, como la de Zoco el Had, y esto hace que la luz solar se apague sobre la ciudad antes que la meseta situada detrás del Monte Gurugú. La humedad del mar entra implacable sobre Melilla e inunda calles y plazas., tras el abandono de la protección solar.

         Hemos dejado de escribir sobre lo que acontece. Es tiempo de observar y de ver. Hay muchas más cosas de lo que podemos darnos cuenta. La realidad es más profunda, aunque la visión superficial lo domine todo. Es el ritmo frenético que nos imponen el que nos impide fijarnos bien en lo que sucede. Para poder observar la realidad, alcanzando lo más posible la verdad, hay que detenerse. Lo que nos muestran es mentira, un inmenso engaño. Hay otro modo de ver las cosas, pero las circunstancias no nos permiten contemplar siempre esa otra cara de la moneda que todos vemos.

          Acercarse demasiado a la verdad quema, la cercanía a ella altera para siempre nuestra visión. No es posible contemplarla cara a cara, del mismo modo que es imposible acercarse al centro de La Tierra. La superficie es fría y rígida, pero solo es una  apariencia; apenas una fina capa sobre el interior, compuesto de líquido ardiente.

            El Alminar es imagen y palabra, que existía desde el principio.

La presencia de las garcillas


                Las aves están presentes en toda la ciudad. En contraste con las gaviotas, ruidosas, acechantes y casi hasta amenazadoras, estas garcillas resultan muy educadas. Hoy guardaban rigurosa cola frente a la pescadería del mercado del Barrio de La Victoria. Son silenciosas, no alborotan nada, al contrario que las palomas, que a pesar de la buena fama que tienen son también muy ruidosas. Las garcillas llevan unos años en la ciudad. Era frecuente verlas en la desembocadura del Río de Oro, y también en el pequeño humedal de Mariguari. La sequía y las obras en el cauce del río les han desprovisto de esos pequeños hábitats. Ahora deambulan por la ciudad en busca de comida o de alguna pequeña charca en donde beber e incluso limpiar su plumaje. A algunas se las ve algo sucias. Resultaba gracioso e incluso tierno, verlas guardar cola en espera de que el pescadero les lanzase algún trozo de pescado. Incluso en el desordenado Rastro de Melilla, las garcillas suelen ser muy respetuosas y pacientes. Las vemos muy a menudo. Tienen un aspecto delicado e incluso antiguo. Son las aves de los papiros egipcios.

             Nota: https://elalminardemelilla.com/2012/07/17/la-marisma-del-rastro/

Levantando el vuelo


 

         He visto palomas aprovechar la corriente de aire que se bifurca sobre el capó de un coche para ascender en el último instante. He contemplado como una garcilla levantaba limpiamente el vuelo en apenas un trozo de terreno poco mayor que su cuerpo, lo que no conseguirá casi ninguna aeronave de construcción humana. He podido observar como gaviotas me miraban fijamente sin mostrar temor alguno, ni hacer el más mínimo movimiento. Y toda esa experiencia ya no se perderá.

         Todo está demasiado cerca en Melilla, pero también precisa de una observación continua y muy atenta. La misma fotografía que un día sirve para denunciar una situación en un barrio de la ciudad, otro solo refleja el limpio alzado del vuelo de un ave. A veces solo se quiere observar, sin sacar conclusión alguna.

          Hace un día despedíamos marzo con la imagen de un avión posándose sobre la pista de aterrizaje. Hoy alzamos el vuelo en el mes de abril, sin descanso alguno, sin tregua posible, con una garcilla  que limpiamente se levanta desde el asfalto.