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Regreso al hogar melillense


 La oleada de las medusas

      Hasta bien entrado en mes de junio, o incluso los primeros días de julio, las playas melillenses distaron mucho de estar en estado óptimo. Antes de marcharme de vacaciones pudo vivir un día de banderas rojas. En todas la ciudades y pueblos de costa hay problemas de gestión. En Melilla lo que no hay es gestión. Muchos melillenses no pueden salir de la ciudad y solo tienen las playas. Si pudiesen salir y comparar, simplemente con las de ciudades y pueblos pequeños, podrían ver que lo que se nos ofrece a los melillenses es casi nada, pese a las ingentes y desmesuradas cantidades presupuestarias que maneja nuestro Ayuntamiento/Ciudad Autónoma.

     Tras la primera toma de contacto con nuestras turísticas y publicitadas playas, la sensación es desoladora, aunque se vuelva con el ánimo sereno y dispuesto a reconciliarse con nuestra ciudad. La comparación resulta lamentable y siempre en nuestra contra. El mobiliario urbano playero lleva sin renovarse demasiados años. La arena de la playa está cada vez más sucia, llena de anzuelos y todo presenta un aspecto muy deteriorado.

        Por si fuera poco, los problemas para aparcar en la zona de La Hípica (la playa estrella), son tercermundistas, a lo que debe añadirse las obras de saneamiento, que solo podían realizarse en la temporada de baños, para dar mayor  sensación de abandono y falta de gestión ordenada.

        En el agua, que varía según la franja de la playa y las horas, hay zonas de espeluznante suciedad, con el agua muy próxima al estado  de chapaote. Por si faltaba algo en el regreso, llegaron las medusas en oleadas. Las controladoras de playa cumplían con su misión, que es ninguna. No es culpa de los trabajadores.

         Nuestro gobierno, diputado y senadores, regresan poco a poco y ofrecen ruedas de prensa. Por el aspecto broncíneo  y uniforme de su moreno, se nota que ninguno ha pasado en Melilla sus vacaciones, al menos en nuestras playas.

La Hípica. Antiguos privilegios de clase


                                Los muros invisibles de Melilla

         Esta entrada no supone el más mínimo reproche a las Fuerzas Armadas de España, que están perfectamente integradas en la sociedad civil y modernizadas, sobre todo con la llegada de las mujeres, tanto como componentes del  personal de tropa, como del resto de los escalafones del mando. Las FF.AA. de España son democráticas, modernas y nos podemos sentir satisfechos de ellas.

       Lo anacrónico en el 2012, es la existencia del de la Real Sociedad Hípica Militar de Melilla, un club público, pero que funciona como un coto privado y cerrado, al que el 80% de los melillenses no tiene acceso. Recientemente, en una democrática y saludable medida, se unificaron los clubes de oficiales y suboficiales, separados hasta el año pasado de modo feudal. Para muchos que se creen pertenecientes a no se qué elite social, esta medida ha resultado poco menos que una traición a sus ideales y a sus imaginados rangos.

          La RSHM es deficitaria, el nº de oficiales del Ejército es ya muy escaso, la afilicación  es voluntaria, y no conseguían ni siquiera cubrir gastos. Eso ha forzado la unificación de oficiales y suboficiales. Ocurre, como siempre, que algunas de las directivas hicieron gestiones económicas muy poco ejemplares. Técnicamente siempre ha podido entrar el personal civil, pero también es verdad que el cupo siempre está completo, excepto para algunos. Son situaciones anacrónicas e incomprensibles, pues la RSHM siempre ha recibido fondos públicos civiles y municipales, por ejemplo, para la construcción de  la denominada “piscina olímpica” y que ahora está cerrada porque filtra. Con fondos municipales también está construido el pabellón de deportes. También trabajaron allí  forzadamente, presos republicanos.

        Como pese a todo el dinero no les llega y las instalaciones se mantienen a duras penas, se permiten banquetes y celebraciones de civiles (comuniones, bodas, etc). Se quiere el dinero de la sociedad civil, pero no su presencia. Es la mayor situación de apartheid social de Europa, solo que en este caso, los negros somos los civiles. Lo mismo ocurrió con el Casino Militar, salvado gracias a que se abrieron las puertas a la sociedad melillense.

          La culpa de esto la tiene el Poder Público, que no ha sido capaz de resolver esta situación en 30 años de Democracia. Es un enorme espacio casi vacio, en donde algunos todavía recrean la Melilla de la década de 1960. El resto, la parte pública está en un estado lamentable. Hay un gobierno en la ciudad, que pretende cubrir el Río de Oro y realizar obras magnas, como la quimérica ampliación del puerto, pero que no es capaz, despues de 12 años, de convertir esta zona baldía y de aspecto lamentable, en algo de lo que puedan participar todos los ciudadanos de Melilla.

     Nota: El dictador Franco aisló al Ejército de la sociedad civil. Dividió el País en 9 Capitanías generales. Parecía más un ejército de ocupación, que un ejército del Pueblo. La Democracia ha invertido esa situación. La Hípica es todavía el último resto físico, de la separación que pretendió el dictador entre el pueblo español y el estamento militar.

Bote con V de barco


          

        Sábado. Apacible tarde de playa en un nuestro deficiente litoral costero. El cambio a levante todavía no ha enturbiado el agua de modo definitivo y asqueroso. Nuestras playas todavía no han recibido la bandera azul, aunque quizá este año no haya suficiente dinero para comprarlas. Pese a todo, iba dispuesto a pasar una horas agradables, a bañarme con mi familia y amigos, sobre todo para que las niñas jueguen en el agua y en la arena. Este verano no pienso buscar defectos en las playas. Son tan evidentes y el aspecto de las instalaciones tiene tal grado de decadencia, que no pienso pasarme otro verano como el pasado, con las decenas de entradas sobre “el verano azul de Melilla”. También hay que decir y reflejar el grado de maltrato que el melillense inflige al dominio público.

       Al llegar a la zona de La Hípica destacaba una novedad. La instalación de una embarcación perteneciente a la Compañía de Mar. Un homenaje más a la Melilla marinera, en este caso a la marina militar. No hay nada que objetar, salvo en el caso de que la restauración del barco hubiese costado los 200.000€ habituales. Pensé: “Cuando salgamos del agua hago las fotos. Me gusta más la tibia luz del ocaso”.

        Concluye la tarde de playa. Recogémos los enseres playeros y los cargo en dos viajes hasta el coche. Percibo algo raro, creo que he visto escrito “vote”, de embarcación con uve. ¡ No puede ser !. Al regresar del coche veo la palabra “Bote mixto” correctamente escrita. Me dirijo a la parte trasera de la embarcación y allí, tras recorrer toda la eslora del barco,  veo claramente la errata: “Vote Mixto”.  

          Saco la cámara y reflejo el hecho. Mañana o pasado, lo corregirán, pero El Alminar ha llegado antes.    La errata está en la popa, en donde el enemigo suele asestar los golpes más duros.