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La playa rota del Hipódromo


              ¿Se puede romper una playa?. La ciudad de Melilla demuestra que sí. Los temporales de invierno e incluso los primaverales, se llevan la arena de las playas en cualquier ciudad de costa, pero luego, los responsables de Medio Ambiente deben dragar y rellenar la arena. Esto es obligado en una ciudad que oferta sus playas en la Feria Internacional de Turismo. Los temporales de levante anteriores al inicio de la temporada estival se llevaron la arena de parte de la playa del Hipódromo. Lo insólito es que se haya mantenido todo el verano en estas condiciones., con parte de los aseos sostenidos sobre un pequeño precipicio desde el que es muy fácil caerse.

       La línea de costa de las playas de “bandera azul” quedó cortada y las rocas de los antiguos espigones del Hipódromo empezaran a asomar sus cortantes bordes.  Para muchos melillenses, el mejor mes de playa en la ciudad es el de septiembre, pero tampoco es cuestión de gustos. La entropía, el desorden, impera en la ciudad desde una punta a la otra. Ya no es un problema de nombres al frente de las áreas, pues no hay un gestor peor que el anterior, ni otro mejor que el siguiente. A una ciudad se la lleva a este estado tras muchos años de ineficacia y gestión desordenada.

       Tal es el gobierno tal es la gestión. Estamos en la ciudad de la desidia. Cambian los nombres de los gestores, muy pocos y todo sigue deteriorándose más. Lo incomprensible es que la bandera azul playera sea por tramos. Las obras  de acondicionamiento de la zona de La Hípica, han mantenido las playas en un estado insufrible, a lo largo de todo el verano.

Regreso al hogar melillense


 La oleada de las medusas

      Hasta bien entrado en mes de junio, o incluso los primeros días de julio, las playas melillenses distaron mucho de estar en estado óptimo. Antes de marcharme de vacaciones pudo vivir un día de banderas rojas. En todas la ciudades y pueblos de costa hay problemas de gestión. En Melilla lo que no hay es gestión. Muchos melillenses no pueden salir de la ciudad y solo tienen las playas. Si pudiesen salir y comparar, simplemente con las de ciudades y pueblos pequeños, podrían ver que lo que se nos ofrece a los melillenses es casi nada, pese a las ingentes y desmesuradas cantidades presupuestarias que maneja nuestro Ayuntamiento/Ciudad Autónoma.

     Tras la primera toma de contacto con nuestras turísticas y publicitadas playas, la sensación es desoladora, aunque se vuelva con el ánimo sereno y dispuesto a reconciliarse con nuestra ciudad. La comparación resulta lamentable y siempre en nuestra contra. El mobiliario urbano playero lleva sin renovarse demasiados años. La arena de la playa está cada vez más sucia, llena de anzuelos y todo presenta un aspecto muy deteriorado.

        Por si fuera poco, los problemas para aparcar en la zona de La Hípica (la playa estrella), son tercermundistas, a lo que debe añadirse las obras de saneamiento, que solo podían realizarse en la temporada de baños, para dar mayor  sensación de abandono y falta de gestión ordenada.

        En el agua, que varía según la franja de la playa y las horas, hay zonas de espeluznante suciedad, con el agua muy próxima al estado  de chapaote. Por si faltaba algo en el regreso, llegaron las medusas en oleadas. Las controladoras de playa cumplían con su misión, que es ninguna. No es culpa de los trabajadores.

         Nuestro gobierno, diputado y senadores, regresan poco a poco y ofrecen ruedas de prensa. Por el aspecto broncíneo  y uniforme de su moreno, se nota que ninguno ha pasado en Melilla sus vacaciones, al menos en nuestras playas.

La playa puede esperar


              Melilla no vive del turismo, eso es una evidencia para Melilla entera. Los únicos usuarios de las playas de la ciudad son los propios melillenses, pero estos no les importan a nadie, al menos al Gobierno de Melilla. Es incomprensible que a día 2 de mayo,  las playas de la ciudad estén en este estado. Ahora, cuando ya sabemos lo que estaba pasando en la Consejería de Medio Ambiente,  entendemos el porqué del estado de las playas.

     En el mes de abril, en la localidad almeriense de Aguadulce, hace exactamente un mes, las playas estaban completamente operativas, en perfecto estado y con los chiringuitos a pleno rendimiento. En Aguadulce tienen un Puerto deportivo, con locales de copas, pizzerías, cafeterías y está en perfecto estado el año entero. No tienen ni de lejos, los problemas que dice tener la Autoridad Portuaria en Melilla. El problema en Melilla es de “esclerosis múltiple” del gobierno. La diferencia es que Aguadulce y Roquetas de Mar (el ayuntamiento matriz) sí viven del Turismo y no representan una farsa como en Melilla.

       Hoy para vergüenza de los melillenses, en un diario local, se suplicaba al gobierno de la ciudad, que tuviese a bien concedernos el que se adelantase en unos días, la temporada de playa. Hay que arrodillarse y postrarse ante esta manifiesta y clamorosa  incapacidad de gestión, incluso hasta para pedir que nos coloquen las sombrillas llenas de chinches, las hamacas viejas y que pongan en estado mínimamente operativo, las duchas , los aseos y los vestuarios playeros.

        No hace falta recordar, o tal vez sí, que el presente año, en FITUR 2012 (Feria Internacional del Turismo) , el producto destinado a ser la imagen de Melilla, era el ofrecer a la ciudad como destino de sol y playa.

       Nota: “Busque, compare y si encuentra algo mejor y puede, váyase allí“. Este sí parece ser nuestro principal lema. El esfuerzo de la Viceconsejería de Turismo, es absolutamente baldío, si lo que se encuentra el visitante es esto.